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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2011

Una mirada a Etiopa

Jorge Albuixech
Rebelin


Etiopa, el segundo pas ms poblado de frica y uno de los ltimos pases del mundo en lo que a IDH se refiere. Un pas en el cuerno de frica donde gobern durante ms de treinta aos la deidad del movimiento rastafari Haile Selassie.

Etiopa te da la bienvenida en su capital, Addis Ababa, con luces parpadeantes que parecen avisarte del choque cultural que se avecina cuando el avin aterrice. Si optas por adentrarte en la Etiopa profunda desde el domestic airport de Addis Ababa puedes volar hacia las principales capitales regionales. A precios que rivalizan con el low cost occidental viajars a lugares donde las terminales aeroportuarias no son ms que cobertizos construidos con planchas metlicas. Uno de estos lugares es Bahar Dar.

Calles repletas de gente que no conoce el significado de la palabra estrs, basculas de alquiler y limpiabotas que aguardan a los clientes, docenas de triciclos motorizados que circulan por doquier, tierra roja, rica en hierro, que cubre las aceras y ayuda a distinguir a los peatones habituales de los espordicos, trajes almidonados en exceso y cuyo color original resulta imposible determinar, algn blanco despistado que te mira furtivamente buscando complicidad, un hombre completamente desnudo pidiendo en la puerta de una iglesia copta, guardas que dormitan en los jardines de las casas habitadas por forengys, bellos rostros femeninos tatuados con cruces y rayas, abundantes bazares que rotulan conocidas marcas comerciales en sus fachadas y carecen de ellas en sus existencias, pies descalzos que identifican a quienes estn tras las estadsticas de las Naciones Unidas, burros y bicicletas, muchas bicicletas

As es un paseo por las principales calles de Bahar Dar. Solo unos pasos separan a esa gigante televisin de plasma del nio semidesnudo que duerme resguardado en una glorieta. Las desigualdades crecen a medida que el capitalismo y la globalizacin avanzan, sin embargo, las grandes corporaciones se resisten a conquistar este recndito lugar. En una de las principales avenidas las camareras del Starblaks ofrecen, con su exiguo ingls, un exquisito caf nacional mientras plantan cara al avance de las transnacionales con una falsa franquicia que promociona el comercio y el empleo local.

La expresin ser un blanco perfecto cobra sentido, y no precisamente en su matiz racial. El blanco de muchas miradas, el blanco de la mendicidad, el blanco de los mosquitos, el blanco de aquellos que buscan ganarse la vida brindando su ayuda al forengy y, en definitiva, el blanco que trajo el capitalismo y la esclavitud. El color de piel te delata.

El abigarrado abecedario amhrico esconde muchos secretos que solo unos pocos forengys han conseguido descifrar. La afluencia de voluntarios, organizaciones no gubernamentales e incluso constructoras asiticas, han impuesto el bilingismo en los carteles de la ciudad y han diseado una red de hoteles, restaurantes y algn que otro resort para encerrar al forengy en su burbuja occidental. Con todo, una mirada hacia fuera desde la ventana del hotel te devuelve a la realidad. Casas de adobe donde las mujeres muelen el grano y cocinan injeras con lea. La amarga injera se acomoda mejor en los delicados estmagos de los forengys cuando se comparte con un etope, que te ilustrar en la maestra de comer con los dedos, algo que el progreso occidental se encarg de que olvidaras.

En Etiopa el tiempo no tiene prisa. Segn el calendario etope seguimos en 2004, no hay mejor clnica de rejuvenecimiento. Sentirte 7 aos ms joven cuesta el equivalente a 50 cntimos de euro, el precio de 6 fotos de carnet con la impronta del ao etope. Los dictmenes de la globalizacin hacen que la hora etope empiece a estar en peligro, sin embargo, aun son muchos los lugares en los que la salida del sol marca el inicio de la cuenta horaria.

Tras aos de abstinencia informativa he vuelto a encender la tele. El nico canal del hotel, Al Jazeera News, me hace recordar que la globalizacin suele dejar huella en sus victimas, y parece haber pasado por aqu. La tierra africana que mejor resisti la embestida colonialista no ha podido resistir el envite de la globalizacin.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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