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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2011

Defensa del lujo

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Lea hace poco la noticia de que en uno de los palacios del depuesto dictador tunecino Ben Ali, su mujer, Leila Trabelsi, guardaba mil pares de zapatos de las marcas ms caras y prestigiosas. Mil pares de zapatos! La seora Trabelsi no era, no, un monstruo polpodo que caminase sobre dos mil tentculos -como quizs podra imaginar un arquelogo del futuro que encontrase los restos materiales de la dictadura-; a la seora Trabelsi le pasaba como a la mayor parte de los humanos y le faltaban 1998 pies, con sus respectivas piernas, para lucir tantos calzados. O le sobraban zapatos? O es que tena justo el poder que hay que tener, ni ms ni menos, para desdear la relacin que existe entre un cuerpo y un objeto? Era el privilegio de aos de corrupcin y saqueo: si Leila Trabelsi no poda tener ms pies que el resto de los tunecinos, al menos poda tener muchos ms zapatos.

Tampoco la novia de Cristiano Ronaldo, la modelo Irina Shayk, tiene ms orejas, cuellos o manos que el resto de la humanidad, pero puede lucir pendientes, anillos y brazaletes de diamantes, regalo de su enamorado, por valor de 117.000 euros. En este caso, no es el nmero de joyas lo que apabulla sino el precio; y el gasto de Cristiano exige la colaboracin de los peridicos y medios de comunicacin, sin los cuales nadie reparara en esos tesoros. Un albail o un contable sienten menos amor por sus novias? Probablemente no; lo que les falta es precisamente el dinero que hay que tener, esa cantidad y no otra, para distinguirse de un albail o de un contable. Si Irina y Cristiano no pueden tener ms riones o ms hgados que el resto de la humanidad -ni llevarlos por fuera-, al menos pueden colgarse de las orejas y de las muecas, como en los pueblos brbaros, miles de billetes de banco.

La desproporcin entre lo que somos y lo que podemos se llama lujo, que literalmente quiere decir exceso. Todos somos casi nada y todos podemos algo ms de lo que somos, incluso si tenemos muy poco: el ms miserable de los seres humanos puede ponerse un flor detrs de la oreja o secarse al sol despus de un aguacero de verano. Pero cuando esa desproporcin viene definida por la posicin social o econmica en un rgimen de desigualdad estructural, el "lujo es al mismo tiempo una descomunal equivalencia. Me explico: al lujo no le falta ni le sobra nada. Ni le faltan pies ni le sobran zapatos; ni le faltan riones ni le sobran billetes de banco. El lujo tiene exactamente el poder que hay que tener para demostrar que se tiene poder; tiene exactamente el dinero que hay que tener para dejar claro que se tiene dinero.

Para el sentido comn, el lujo, en todo caso, est relacionado con la idea de gasto innecesario o suntuario, lo que constituye en realidad una redundancia, pues suntuario procede del latn sumptus, literalmente gasto o desgaste (en francs degat ) o, lo que es lo mismo, destruccin. Se habla, por ejemplo, de los daos o costes (dgats) de una guerra. Recuerdo que un interesante filsofo francs al que le mucho cuando era joven, George Bataille, trataba de elaborar en su obra una teora liberadora a partir de lo que el llamaba el gasto improductivo. Combinando de un modo provocativo a Marx, Nietzsche y Sade, reivindicaba todas esas formas de destruccin sin objeto, provecho o beneficio, que parecen situarnos al margen de una lgica puramente econmica: el arte, la orga, la guerra y el lujo.

Lo que olvidaba Bataille es que en el capitalismo el gasto improductivo, la destruccin anti-econmica, juega un papel econmico fundamental. Es la destruccin al margen de toda racionalidad contable -desde la obsolescencia programada de las mercancas hasta la doctrina del shock, desde la aniquilacin de excedentes hasta la produccin y uso de armas letales- la que reproduce el sistema en su conjunto. Lo verdaderamente productivo para el capitalismo es el gasto, el desgaste, la destruccin. Eso vale tambin para el lujo. Reparemos, por ejemplo, en que -en medio de la crisis- el mercado de los productos de lujo no es slo el que menos inflacin de precios ha experimentado sino aqul en el que ms ha aumentado la demanda. Mientras en Espaa crece todos los das el desempleo (hay ya ms de 4.300.000 parados), la gente pierde sus casas y los trabajadores sus derechos, leamos recientemente la noticia de la creacin de Luxury Spain, la Asociacin Espaola del Lujo, presidida por Beatrice d'Orleans, quien recordaba que este sector haba movido el ao pasado 170.000 millones de euros en todo el mundo: el lujo es muy difcil de derribar. Adems, aada, genera empleo y promueve la actividad empresarial.

Pero si definimos el lujo como gasto improductivo o como la diferencia entre lo que somos y lo que podemos debemos concluir, paradjicamente, que lo que el capitalismo no permite son precisamente los lujos. Lujo es igual a humanidad. La espectacular cola del pavo real es todo lo contrario de un lujo o un gasto improductivo: es la garanta del apareamiento y, por lo tanto, de la reproduccin de la especie. Lo mismo pasa con los mil pares de zapatos de Leila Trabelsi o los 170.000 euros que Irina Shayk se cuelga de una oreja: no es que sean excesivos, es que se ajustan perfectamente -como la exhibicin del pavo macho- a su propsito reproductivo. Un gasto verdaderamente improductivo slo puede serlo una inversin, al margen del sistema, en humanidad. La humanidad es un lujo. Es precisamente la diferencia entre la nada que somos y lo poco que podemos; todos esos gestos prescindibles para la vida pero necesarios para definirse, frente a la naturaleza, frente a los pavos reales, las Leilas Trabelsis y los Cristianos Ronaldos, como seres humanos. Todos tenemos, por ejemplo, un cuerpo, que no es slo una convergencia de funciones orgnicas que hay que conservar, sino adems un territorio, un lienzo, un gancho; podemos marcarlo, pintar sobre l, colgarle banderines, como a un pas o a una fiesta. El adorno es un hecho definitorio de la cultura humana, un derecho de su dignidad sobre-natural. Colgarse 170.000 euros de una oreja es un gesto de barbarie y de animalidad; colgarse una semilla coloreada es una reivindicacin de humanidad.

Entre lo que somos y lo que podemos, la humanidad es siempre suntuaria y suntuosa. Podemos imaginar muchos gestos lujosos, improductivos, que ostentan slo el poder que tenemos como simples humanos. El gesto de una madre que arropa a un nio que no tiene fro, no es literalmente un lujo? El gesto de mirar a los ojos el cuerpo en el que nos fundimos placenteramente, no es literalmente un lujo? El gesto de grabar en un rbol el nombre del enamorado, no es literalmente un lujo? El de hacerse una trenza, el de ceder el asiento a un anciano, el de aadir un adjetivo, el de perdonar a un enemigo, el de poner un mantel, el de incubar un pensamiento, el de caminar muy despacio, el de velar a un enfermo, el de contar un cuento, el de compadecer a un asesino, no son todos ellos literalmente un lujo?

El capitalismo nos prohbe todos los lujos.

Nada de lujos. Slo lo estrictamente necesario: el derroche, el incendio, la destruccin, la muerte.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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