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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2005

Los suyos no lo recibieron

Leonardo Boff
Koinonia


De todas partes del mundo venan Cardenales de la Iglesia Catlica, cargando cada cual las angustias y las esperanzas de sus pueblos, unos martirizados por el sida y otros atormentados por el hambre y por la guerra. Llegaban a la sede de Pedro para elegir a un nuevo Papa. Siguiendo el rito, se reunieron en cnclave para juntos rezar y discutir el estado de la Tierra y de la Iglesia y considerar, a la luz del Espritu de Dios, cul de ellos sera ms apto para cumplir la difcil misin de confirmar a los hermanos y hermanas en la fe, mandato que el Seor haba dado a Pedro y a sus sucesores.

Mientras estaban all, encerrados y aislados del resto del mundo, he aqu que aparece un seor que por el modo de vestir y el color de su piel pareca ser semita. Lleg a la puerta de la Capilla Sixtina y dijo a uno de los cardenales retardatarios: puedo entrar con Usted, pues todos los Cardenales son mis representantes y necesito urgentemente hablar con ellos. El Cardenal, pensando que se trataba de un loco, hizo un gesto de irritacin y benvolamente le dijo: resuelva su problema con la guardia suiza. Y entr.

Entonces, este extrao seor, se dirigi calmadamente al guardia suizo y le pregunt: puedo entrar para hablar con los cardenales, mis representantes? El guardia lo mir de arriba abajo, no dando crdito a lo que oa y, perplejo, le pidi que repitiese lo que haba dicho. Y l lo repiti. El guardia, con cierto desdn, le dijo: aqu entran solamente los cardenales, y nadie ms. Pero aquella enigmtica figura insisti: pero yo acabo de hablar con un cardenal y todos ellos son mis representantes, por eso tengo derecho a estar con ellos.

El guardia, con razn, pens que estaba ante uno de esos paranoicos que se presentan como Csar o Napolen. Llam al jefe de la guardia que haba odo todo. ste lo agarr por los hombros y le dijo con voz alterada: Esto no es un hospital psiquitrico. Slo un loco imagina que los cardenales son sus representantes. Mand que lo llevasen al jefe de polica de Roma. All se oy el mismo pedido: necesito hablar urgentemente con mis representantes, los cardenales. El jefe de polica ni siquiera se tom la molestia de escucharle. Con un simple gesto orden que lo retirasen. Dos policas robustos lo metieron en una celda oscura.

All dentro continuaba gritando. Como nadie consegua hacerle callar, le dieron puetazos en la boca y muchos golpes. Pero l, sangrando, segua gritando: necesito hablar con mis representantes, los cardenales. Hasta que un soldado enorme irrumpi celda adentro y comenz a golpearlo sin parar hasta que cay desmayado. Despus le amarr los brazos con un trapo y lo colg de dos ganchos que haba en la pared. Pareca un crucificado. Ya no se oy ms gritar: necesito hablar con mis representantes, los cardenales.

Sucede que este misterioso personaje no era cardenal, ni patriarca, ni metropolita, ni arzobispo, ni obispo, ni cura, ni bautizado, ni cristiano, ni catlico. Por eso jams podra entrar en la Capilla Sixtina. Era un hombre, un judo. Tena un mensaje que poda salvar a la Iglesia y a toda la humanidad. Pero nadie quiso escucharlo. Su nombre es Jeshua.

Cualquier semejanza con Jess de Nazaret, de quien los cardenales se dicen representantes, no es mera coincidencia sino la pura verdad. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, observ tristemente un evangelista suyo.




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