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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2011

Entrevista a Fernando Hernndez Snchez sobre Guerra o Revolucin. El Partido Comunista de Espaa en la guerra civil
El PCE interpret la guerra como total, en la que la intensidad del esfuerzo para sostenerla habra de ser mxima, y su duracin, prolongada

Salvador Lpez Arnal
Rebelin

Han aparecido versiones de esta entrevista en las revistas El Viejo Topo, septiembre de 2011, y Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n 115, invierno de 2011, pp. 189-202.


Doctor en Historia contempornea por la UNED, miembro de la Asociacin de Historiadores del Presente y colaborador del Centro de Investigaciones Histricas de la Democracia Espaola, Fernando Hernndez Snchez es profesor asociado de la Universidad Autnoma de Madrid y de Enseanza Secundaria. Preside actualmente la Asociacin Entresiglos 20-21: Historia, Memoria y Didctica dedicada a la investigacin sobre la enseanza escolar de la historia reciente.

Las investigaciones de FHS se centran en la historia del movimiento comunista en Espaa. Autor de numerosos artculos sobre el tema en revistas como Historia 16, La aventura de la Historia, Historia del Presente, Cuadernos Republicanos o Ebre 38, es autor de Comunistas sin partido. Jess Hernndez, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (2007) y coautor, junto a ngel Vias, de El desplome de la Repblica (Crtica, 2009)

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Despus de felicitarle por su magnfico (e imprescindible) libro, me gustara preguntarle por algunos temas generales, para centrarme posteriormente en los puntos ms criticados y discutidos de la actuacin del PCE durante la guerra civil espaola. Djeme empezar por esto ltimo: nuestra guerra civil fue propiamente una guerra civil?

Fue eso y mucho ms. En su etiologa se encuentran causas profundamente arraigadas en el espesor de una evolucin histrica caracterizada por la existencia de una economa dual, con un peso abrumador de una agricultura arcaica y la debilidad de una industrializacin dispersa; por una poltica incapaz de menoscabar el poder de una oligarqua anclada en la extensin de una vasta red clientelar injertada en los resortes de la administracin y usufructuria en exclusiva del rgimen poltico hasta el advenimiento de la Repblica; y en ltima instancia, por una modernizacin fallida en lo educativo, en lo cultural, en la edificacin de un Estado laico, en la configuracin de una estructura territorial descentralizada. S, en todos estos sentidos fue una guerra civil, un agudo conflicto de clases, una pugna agnica entre modernidad y reaccin. Pero, adems de todo eso, fue una guerra ideolgica total, en la que chocaron por primera vez fascismo y antifascismo; y fue tambin una guerra internacional por interposicin, en la que las potencias del Eje pudieron ensayar sus tcticas de agresin, en la que la URSS intent configurar, fallidamente, un sistema de seguridad colectiva con las potencias occidentales, en la que se mostraron las incomprensiones de los sistemas democrticos, manifestadas en el estupor francs y la pasividad cmplice del apaciguamiento britnico, polticas erradas que acabaran por arrastrar a ambos pases a la guerra mundial que haban querido exorcizar dejando en el abandono a la Repblica espaola.

La URSS intent configurar fallidamente, dice usted, un sistema de seguridad colectiva con las potencias occidentales. a qu sistema de seguridad colectiva se est refiriendo? Por qu se negaron las potencias occidentales?

Despus de la revolucin de Octubre y de la Primera Guerra Mundial, la URSS fue relegada por las potencias occidentales a un papel de Estado-paria en las relaciones internacionales. Aislada inicialmente, intent un acercamiento a la Alemania de Weimar basndose en la enemistad compartida contra Polonia. Pero la llegada de Hitler al poder oblig a Stalin a reconfigurar su diplomacia. La decidida y no oculta voluntad nazi de expandir el Reich hacia el este llev al Kremlin a resucitar un viejo principio de la poltica exterior rusa: establecer una alianza con Francia para obligar a Alemania a combatir en dos frentes.Para cerrar este marco era necesaria tambin la presencia de Gran Bretaa. Pero los ingleses estaban jugando por entonces la carta del apaciguamiento. Preferan dejar que Alemania seorease la Europa central si eso supona diferir el peligro de una nueva guerra y si, adems, Hitler segua ejerciendo su papel de valladar contra la expansin del comunismo hacia Occidente. De ah que no les inquietara ni el golpe de estado faccioso en Espaa ni la intervencin abierta la lado de Franco de las potencias nazi-fascistas: cualquier cosa mejor que el estallido de un nuevo foco revolucionario en el flanco sudoccidental del continente. Y Francia, mientras tanto, debatindose entre los compromisos de solidaridad del gobernante Frente Popular y el temor al contagio de una guerra civil por la amenaza de sus propias ligas de extrema derecha y el antisemitismo rampante contra Leon Blum. Pero, si hay que fijar un responsable principal del fracaso del sistema de seguridad europea contra Hitler, ese responsable es, sin duda, el Reino Unido.

El ttulo de su ensayo es Guerra o revolucin. Por qu no Guerra y revolucin? No era posible ganar la guerra sin renunciar, o aparcando ms bien, finalidades de orientacin socialista?

El ttulo tiene su explicacin: la interpretacin cannica comunista de la guerra civil, redactada en los aos 60, se titul Guerra y revolucin en Espaa. Los presupuestos de sus autores (una comisin encabezada por Dolores Ibrruri) fueron que durante la guerra se dio un autntico proceso de revolucin, no socialista, sino en un sentido nacional-revolucionario. Es decir, la guerra posibilit la consecucin de las tareas pendientes de la revolucin democrtica, nunca antes consumadas en Espaa por el fracaso de la revolucin burguesa del siglo XIX, gracias a una amplia alianza de clases populares que inclua al campesinado, el proletariado industrial y la burguesa democrtica. Y todo ello en el contexto de una guerra de independencia frente a la agresin exterior de las potencias fascistas. Fue, por una parte, la aplicacin a la historiografa del frentepopulismo y un intento de refutacin de las acusaciones anarcosindicalistas o trotskistas sobre la supuesta traicin del PCE a la revolucin. Mi ttulo, Guerra o revolucin se fundamenta en que, frente a los lugares comunes difundidos hasta ahora por ambas partes, en el seno del PCE se reprodujeron a escala las tensiones que atravesaron la sociedad republicana en su conjunto, encarnadas en la coexistencia de dos tendencias a la vez complementarias y contrapuestas: una de carcter pragmtico, dirigida por Togliatti y personificada en Jos Daz, seguidora de los postulados estrictamente frentepopulistas de la Komintern; y otra radical, alentada por Stepanov y seguida por Dolores Ibrruri o Jess Hernndez, inspirada por el modelo revolucionario bolchevique y refrenada por la primera. La pugna entre ambas, sorda hacia el exterior, pero dura internamente en algunas ocasiones, marc la evolucin del partido durante todo el periodo y dejara heridas para el futuro, abiertas en torno a lo que fue y a lo que poda haber sido de haber tomado otros rumbos.

Lucha de tendencias, dura internamente en algunas ocasiones afirma. Puede darnos algn ejemplo de esa dureza? Por lo dems, aunque quiz no sea sta la tarea principal de un historiador como es usted, cul de esas dos tendencias era la ms razonable, la que tocaba ms realidad, la que estaba mejor enraizada en el devenir histrico del momento?

Hay tres momentos significativos. El primero, en plena euforia de la primavera-verano de 1937, frenados los rebeldes ante Madrid, eliminado el POUM, cado Caballero y desorientada la CNT tras los hechos de mayo, la tendencia radical impulsada en ese momento por Codovilla- se plantea abiertamente el avance de posiciones de poder; la Komintern responde enviando a Togliatti para sustituir a Codovilla y templar la estrategia comunista; el segundo, la discusin abierta en el seno del mximo rgano de direccin, el Bur Poltico, con motivo de las directrices de Stalin acerca de la convocatoria de elecciones en la zona republicana y la salida de los comunistas del gobierno, a finales de 1937 y comienzos de 1938, debates en los que Togliatti solo cuenta con el apoyo incondicional de un recin llegado Santiago Carrillo para imponer los dictados de Mosc, mientras el resto de la direccin veterana se opone a cumplir tales rdenes, lo que se materializar en la salida de uno solo ministro quedar en su puesto Uribe hasta el final de la guerra- en la remodelacin del gabinete Negrn de abril de 1938; y el tercero, la respuesta multifocal al golpe de Casado, que va desde la vigilancia expectante hasta el combate abierto contra el Consejo Nacional de Defensa por parte del aparato poltico y militar del partido (frente a la inercia del sector ministerial), a despecho de las indicaciones de negociacin y retirada emanadas de los asesores soviticos.

Es difcil juzgar cual de las dos posturas era ms adecuada al contexto. Lo ms certero es contemplarlas como fenmenos complementarios derivados de la complejidad de la situacin: sin una visin pragmtica, el PCE no habra avanzado tantas posiciones como alcanz, pasando de ser un partido marginal antes de la guerra a ocupar una posicin de centralidad en su cnit; y sin la tendencia radical, inspirada en la pica del Octubre sovitico, no habra logrado mantener pulsada la tecla de la movilizacin entusiasta que tanto contribuy a mantener el espritu de resistencia antifascista.

Afirma en su libro que el PCE se erigi en un puntal bsico del sostenimiento del esfuerzo de guerra republicano, manteniendo hasta el final la lealtad al gobierno Negrn. Dos preguntas sobre ello. La primera: por qu estuvo el PCE tan slo en esa tarea? Complementariamente: estuvo realmente slo?

Las razones son varias: primero, fue quizs la nica fuerza poltica de entidad los partidos republicanos apenas dejaron de ser meros grupos de notables con escassimo msculo militante- que ley la guerra en clave de guerra total, de conflagracin moderna en la que haban desaparecido las diferencias entre frente y retaguardia, en la que toda la sociedad deba implicarse en su sostenimiento y todo quedaba supeditado a la victoria. Esto implicaba el mantenimiento de una movilizacin prolongada y sostenida por campaas propagandsticas de alta intensidad, lo que hizo que, desparecido el entusiasmo inicial, aplazada y, ms tarde, perdida toda esperanza en una victoria definitiva, el PCE apareciese cada vez ms ante la sociedad republicana como el partido de la guerra, con el consiguiente incremento del rechazo hacia l y su poltica. Tampoco se debe olvidar que esa vanidad organizativa, esa sensacin de sentirse el que acierta siempre frente a los que yerran, determin la ejecucin de una poltica con rasgos de marcado sectarismo que enajenaron al partido sustanciales apoyos.

En qu momento cree usted que se perdi toda esperanza razonable en una victoria definitiva? Por lo dems, qu sustanciales apoyos perdi el Partido Comunista de Espaa por sus rasgos de marcado sectarismo?

Hay una concordancia general en pensar que la esperanza en la victoria militar se pierde definitivamente, por los republicanos, tras el corte de la zona y la separacin de Catalua a comienzos de 1938. Ello dio alas a sectores, vinculados al presidente Azaa y a Prieto, que insistieron desde entonces en la consecucin de un armisticio con mediacin internacional para intentar poner fin a la guerra. Respecto a los apoyos que se enajen el PCE hay que contar, en primer lugar, con los de sus propios cuadros militares (algunos de ellos emblemticos, como Gustavo Durn; o circunstanciales compaeros de viaje, como el general Miaja) que observaron que la poltica del partido derivaba en un voluntarismo sin fundamento. Los propios informes internos del PCE hablan de su escasa penetracin entre los trabajadores de las industrias de guerra. Asimismo, la persecucin contra los disidentes de izquierdas comenz a pasar factura entre los intelectuales. Por ltimo, con el retroceso territorial, su propia base militante fue desmoronndose.

Vuelvo al punto anterior. La segunda pregunta que quedaba pendiente: Juan Negrn fue una marioneta movida por los hilos del comit ejecutivo del PCE, teledirigidos a su vez por el PCUS y el KOMINTERN?

En absoluto. Esa es la lectura que se impuso a posteriori, merced, entre otros, a algunos de sus antiguos compaeros de partido, como Largo Caballero, Indalecio Prieto o Luis Araquistain. Todos ellos encontraron un terreno comn en la debelacin de la figura de Negrn, cuando lo cierto es que fueron sus respectivas posiciones contrapuestas las que privaron a Negrn de una base organizativa propia en la que sustentar su poltica de resistencia. Ante ello, tuvo que recurrir al apoyo proporcionado por el PCE, pero lo que sabemos a partir de las fuentes primarias de la poca es que era Negrn el que trazaba el rumbo y los comunistas quienes le seguan, no al revs. Esto se fue poniendo de relieve cada vez ms en los ltimos y decisivos compases de la guerra. Los informes internos del PCE recogieron amargas quejas acerca de que Negrn jugaba sus cartas sin comunicar nada. En los balances de postguerra elevados a la Komintern, no son pocos los cuadros que se quejaron de que los dirigentes del partido que tenan responsabilidades ministeriales o cercanas al gobierno no haban hecho otra cosa desde 1938 que vagar tras Negrn y alejarse de la realidad imperante en la zona republicana.

Si esto es as, si la relacin Negrn-PCE es la que usted apunta y defiende documentadamente, por qu se ha impuesto como un lugar comn historiogrfico, transitado por casi todos, la tesis opuesta?

Bueno, quizs porque es cmoda. Piense en el xito literario de la figura del compaero de viaje y del camuflaje de sus verdaderos fines ejercida por la perfidia comunista. Hay que aadir que, como se dice, la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es hurfana. Fueron muchos los que lavaron sus errores volcando dicterios contra Negrn: los seguidores de Caballero, cuyo radicalismo revolucionario se haba demostrado como poco ms que un testimonialismo gesticulante; los de Prieto, que se apoder del aparato y los recursos del PSOE en el exilio expulsando a Negrn y los suyos; los anarquistas no repuestos de la quiebra abierta en la prctica entre su teora antiestatalista y su colaboracin gubernamental...

Por qu cree que el PCE puso tanto nfasis durante la contienda, y no slo entonces, en temas o enfoques patriticos hablando, por ejemplo, de dignidad nacional, de guerra de liberacin, de la Patria en peligro o afirmaciones similares?

Como ya he dicho antes, el PCE interpret la guerra como una guerra total, en la que la intensidad del esfuerzo para su sostenimiento habra de ser mxima, y su duracin, prolongada. Ello requera convocar a la base social ms amplia posible y movilizar las referencias imaginarias ms potentes, y ninguna lo era ms, a todos los efectos, que la apelacin a un patriotismo popular que hunda sus races en un ideario republicano de izquierdas, transversal y popular, forjado en el periodo en entresiglos, uno de cuyos hitos fundacionales era la evocacin de la resistencia del pueblo a la oligarqua traidora y al invasor extranjero tal como haba ocurrido en la Guerra de la Independencia. La ayuda nazifascista a Franco estimul tal sentimiento. Se podra decir que fue en la Espaa republicana donde se aplic, con antelacin a la URSS en 1941, el concepto de guerra patritica.

El joven y magnfico historiador Mario Amors ha sealado en una entrevista reciente que su obra, el libro que estamos comentando, pone fin a 70 aos de manipulaciones y propaganda. Cules han sido en su opinin las principales manipulaciones que se han hecho sobre el papel del PCE en la guerra?

Hay dos corrientes que confluyen en el establecimiento de las mistificaciones sobre el papel del PCE en la guerra: la memorialstica de postguerra y la historiografa de la Guerra Fra. Alguien echar de menos la propaganda franquista, pero yo considero que se trata de un epifenmeno que se alimenta parasitariamente de ambas escuelas para sus fines de instrumentacin de una literatura barata de combate contra la subversin. Las memorias de postguerra profundizaron en las heridas abiertas tras la derrota y no cicatrizadas por el exilio. De las plumas de Prieto por parte socialista- o Abad de Santilln por el anarquismo- surgen algunos de los artefactos interpretativos ms extendidos: el ya citado compaerismo de viaje de Negrn, la subordinacin del PCE como fuerza cipaya a los intereses de una potencia extranjera, el proselitismo asfixiante o la traicin a la revolucin proletaria. Continuando esta estela, la publicstica de la Guerra Fra vino a ofrecer un anlisis reconfortante en un momento en el que el Mundo Libre estaba recomponiendo sus relaciones con un antiguo aliado del Eje. Su gran corolario es la obra de Burnett Bollotten, cuyos ejes argumentativos giran en torno al concepto de camuflaje de la poltica comunista en Espaa, consistente en el enmascaramiento de sus objetivos finales a fin de cimentar en la Pennsula un rgimen precursor de las democracias populares del Este de Europa. Se trata de una autntica trampa de acero interpretativa con carcter polivalente, que han adoptado hasta hoy muchas escuelas, desde las ms descaradamente derechistas a buena parte de las corrientes crticas con el estalinismo.

Se refiere usted con esto ltimo a las aproximaciones trotskistas? La tesis de la traicin a la revolucin proletaria no es una posicin poltico-historiogrfica en la que confluyen anarquistas y personas prximas al legado del POUM?

S, es un territorio comn en el que confluyen todas las interpretaciones anticomunistas. No es solo Bolloten quien edifica el artefacto: aquellos aos son tambin los de la actividad del Congreso para la Libertad de Cultura impulsado por Julin Gorkin, que dar a la luz lo que se conoce como literatura del desengao, la memorialstica elaborada por antiguos miembros del Komintern y sus secciones nacionales expulsados de sus partidos y pasados en mayor o menor medida al antiestalinismo, desde Koestler o Borkenau a Castro Delgado o El Campesino. Lo curioso es que buena parte de esas obras que loan la revolucin y abominan de la traicin comunista a sus postulados estuviera sufragada con fondos de los servicios de inteligencia norteamericanos, como demostr en su momento Herbert Soutworth.

Lo dejamos aqu por el momento si le parece. Me gustar preguntarle a continuacin sobre la racionalidad de las posiciones del PCE durante la guerra.

De acuerdo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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