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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2011

Durban o el sndrome maya

Florent Marcellesi
Diario Vasco


Segn el historiador medioambiental Jared Diamond, unas sociedades deciden perdurar y otras, de forma inconsciente, desaparecer. Por ejemplo, ante un proceso avanzado de deforestacin, erosin de los suelos, sequa, cambio climtico y guerras, explica de la siguiente manera una de las razones del colapso de la civilizacin maya en el siglo IX: los reyes y nobles no consiguieron detectar y resolver estos problemas aparentemente obvios y que socavaban la sociedad. Su atencin se centraba en la preocupacin a corto plazo por enriquecerse, librar batallas, erigir monumentos, competir entre s []. Al igual que la mayor parte de los lderes de la humanidad, los reyes y nobles mayas no tuvieron en cuenta los problemas a largo plazo, en la medida en que realmente llegaran a percibirlos.

Por desgracia, la historia se repite y las negociaciones climticas caen cada vez un poco ms en el sndrome maya. Si bien desde 1992 existe a nivel internacional un marco legal para luchar contra el cambio climtico, lo cual representa una mejora en comparacin con la nobleza maya que ni siquiera lleg a diagnosticar correctamente las amenazas que enfrentaba, no deja de sorprender en la Cumbre de Durban la incapacidad de los lderes mundiales a dar una respuesta a la altura de la gravedad de la situacin. La firma de un acuerdo in extremis no puede esconder una huida hacia delante de los jefes de Estado y negociadores ms preocupados por la reconfiguracin de los intereses geopolticos a escala mundial donde predominan la competicin a ultranza, la lucha por los recursos naturales y una carrera por el crecimiento.

Primero, porque ni se cumplen las (pocas) promesas de cumbres anteriores y no se atiende a los avisos de los cientficos agrupados en el Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climtico (GIECC). Mientras que se acord en Copenhague en 2009 no superar un aumento de 2 grados en comparacin con niveles preindustriales (lmite para no exponerse a cambios totalmente imprescindibles y extremos segn el GIECC), las promesas de reduccin de gases de efecto invernadero realizadas en Sudfrica suponen, ni ms ni menos, un aumento irresponsable de temperatura de casi 4 grados en 2100.

Segundo, porque la puesta en marcha en 2020 de un nuevo acuerdo vinculante llegar demasiado tarde. Estamos trabajando a contrarreloj. Hace poco, la muy institucional Agencia Internacional de la Energa pona 2017 como fecha lmite para acotar el incremento de temperaturas a niveles no irreversibles, lo cual supone (fuertes) reducciones de gases de efecto invernadero en esta dcada, no en la siguiente.

Tercero, porque se ha vaciado de su sustancia al protocolo de Kyoto: a pesar de la prrroga establecida para satisfacer a la Unin europea, solo representar un 15% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Adems de la ausencia de EEUU y China, hoy en da los principales emisores de CO2, han prometido descolgarse Rusia y Japn, mientras que Canad ya ha sido el primer pas en abandonar el Protocolo de Kyoto, entre otras cosas para salvar los polmicos yacimientos petrolferos de la provincia de Alberta.

Ante este escenario, nuevas estrategias se imponen. Por un lado, el concepto de justicia climtica se est reforzando como eje estratgico y punto de encuentro para sumar personas y movimientos de diferentes procedencias y horizontes. Adems de las organizaciones ecologistas y de solidaridad internacional en el Norte y en el Sur, es grato ver que organizaciones como la Confederacin Sindical Internacional relaciona con claridad un mal acuerdo en Durban con daos irreversibles para las personas trabajadoras, en trminos de seguridad alimentaria, proliferacin de catstrofes, prdida de salud pblica y crisis de empleo. Fue tambin de gran inters descubrir en esta cumbre a los indignados climticos a travs de Occupy COP17, una simbiosis entre los movimientos de justicia climtica y los indignados de Plaza del Sol y de Wall Street. Esta bifurcacin entre movimientos de justicia ambiental, social y democrtica a nivel local y mundial es una necesidad imperiosa para poner en marcha en la calle y en las instituciones cambios que los lderes actuales no parecen ser capaces de decidir en estos momentos.

Por otro lado, por la falta de acuerdo para una verdadera mitigacin en esta dcada, hace falta reconocer que es muy probable que no estabilicemos la subida de temperatura en lmites razonables. Por tanto, los prximos aos y decenios se vern marcados por la incertidumbre ante un cambio climtico ya inevitable pero cuyas formas y consecuencias reales desconocemos en gran parte: ya no solo estamos en la sociedad del riesgo sino tambin, como la llama Lester Brown, en la edad de la impredecibilidad. En este marco, nuestra primera meta, ms all de la reduccin, es poner la mayor parte de los recursos y energas disponibles para construir sociedades resilientes y cohesionadas, es decir preparadas para enfrentarse a cambios bruscos y a probables puntos de ruptura e inflexin. Asimismo, las iniciativas de las ciudades en transicin son un buen ejemplo de este trabajo de adaptacin desde abajo y capaz de generar nuevas sinergias entre movimientos sociales y polticos de diferentes ndoles.

La ceguera se puede entender, segn la Real Academia Espaola, como una alucinacin, afecto que ofusca la razn. Algunos siglos atrs esta ceguera ensombreci la visin de los mayas. Hoy, por, desgracia amenaza de lleno a los reyes y nobles de los tiempos modernos. Sin embargo, conocemos la Historia y est en nuestras manos cambiar de gafas para que una civilizacin sostenible perdure.

Fuente: http://www.diariovasco.com/v/20111215/opinion/articulos-opinion/durban-sindrome-maya-20111215.html



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