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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2011

Sobre capitalismo, chimpancs y otros primates

Jorge Riechmann
Tratar de comprender, tratar de ayudar


La economa poltica fundada por Adam Smith y David Ricardo se estableci sobre la base de un individuo guiado por mviles egostas: es el famoso Homo economicus maximizador de su propia funcin de utilidad, que hoy, dos siglos despus de Smith, sigue campando por sus respetos por toda la mainstream economics (o sea la economa neoclsica convencional)[1].

Podemos preguntarnos al menos tres cosas: si este modelo antropolgico presupuesto por la economa convencional se asemeja en algo a los seres humanos reales; cmo puede uno llegar a pensar que s se asemeja; y si es bueno para la ciencia econmica trabajar a partir de un modelo antropolgico tan extremadamente tosco y reductivo.

La respuesta a la primera pregunta es, de manera bastante obvia, que no. Los seres humanos no son siempre y en toda circunstancia egostas conscientemente maximizadores de su propio inters. Las motivaciones de sus actos son complejas, y entre ellas desempean un papel importante, por ejemplo, las normas sociales (una de cuyas importantes caractersticas es precisamente que la conducta guiada por normas sociales no se preocupa por los resultados)[2]. La famosa serie de experimentos que desarrollaron Daniel Kahneman y Amos Tversky a partir de los aos setenta del siglo XX mostr que la conducta humana en contextos econmicos reales esta lejos de ajustarse a las simplezas de la maximizacin de utilidad[3]. Y, ms recientemente, en diversos experimentos con estudiantes universitarios occidentales (vale decir, con sujetos juveniles expuestos a una socializacin de mercado que presumiblemente alentar las disposiciones egostas) se ha visto que slo la cuarta parte, aproximadamente, se ajusta a las preferencias egostas del Homo economicus.[4]

Un aspecto interesante de estas investigaciones con seres humanos y otros primates es que muestran que, aunque los seres humanos no ajustemos nuestra conducta a la del modelo que supone el Homo economicus, los chimpancs s que lo hacen en gran medida! Parecen ser maximizadores racionalmente egostas de una forma que a nosotros nos resulta ajena.

En efecto, el conocido juego del ultimtum se ha adaptado para chimpancs (con uvas en vez de monedas: las uvas estn entre los alimentos que ellos ms aprecian). Recordemos que se trata de un juego experimental de economa en el cual dos partes interactan de manera annima y slo una vez (por lo que la reciprocidad no entra en consideracin). El primer jugador propone cmo dividir una determinada suma de dinero con el segundo (por ejemplo diez euros; o diez uvas, en el caso de los chimpancs). Si ste ltimo rechaza la oferta, nadie obtiene nada. En cambio, si la acepta, el primer jugador obtiene lo que propuso y, el segundo, el resto.

Como nos recuerda Wikipedia, entre los seres humanos todas las pruebas que se han hecho de este juego muestran que nunca el que propone el ultimtum consigue abusar del que lo recibe, quien prefiere renunciar a un beneficio pequeo castigando al que pretende obtener un beneficio mayor basado en la decisin racional. En la prctica, en la mayora de los casos el oferente propone un reparto equitativo y en muchos casos, espontneamente, ofrece una cantidad superior a la que se reserva. El juego del ultimatum se usa como evidencia contra las teoras del homo economicu,s pues muestra que las elecciones a partir de criterios de justicia priman sobre las de beneficio. En efecto, en la gran mayora de las culturas humanas el proponente ofrecer el 40% o ms de la cantidad en juego, y el receptor no aceptar cantidades por debajo del 30%. Sin embargo, entre los chimpancs el proponente ofrecer el mnimo posible (una uva de diez, por ejemplo) y el receptor aceptar cualquier cosa por encima de cero (esa msera uva, aunque el otro se quede con nueve) No castigan las ofertas injustas como lo hacemos los seres humanos! [5] En fin, quizs el capitalismo podra funcionar bien si estos primos cercanos nuestros sumasen a sus disposiciones naturales cierto salto cognitivo y un afn por la bsqueda despiadada de la ganancia, pero en el mundo humano el capitalismo resulta ms bien antinatural

El ilustre economista (y premio Nobel) Amartya Sen ha sealado que no contamos con ninguna evidencia ni de que la maximizacin del propio inters suponga la mejor aproximacin al comportamiento humano real, ni para decir que lleva necesariamente a unas condiciones econmicas ptimas. De hecho, hay conocimiento histrico y etnogrfico, as como abundante investigacin emprica, que muestran pautas sistemticas de comportamiento humano incompatibles con el modelo del Homo economicus[6]. En los laboratorios de la economa experimental los individuos reales no se comportan como egostas maximizadotes de su utilidad[7]. Y es patente que existen economas capitalistas sealadamente la japonesa, una de las economas capitalistas ms poderosa del planeta en las que la desviacin sistemtica del comportamiento egosta hacia un comportamiento basado en la norma deber, lealtad, buena voluntad, etc es un factor fundamental del xito econmico. Oigamos al propio Sen:

El xito de algunas economas de libre mercado, como Japn, en la produccin eficiente se ha citado tambin como evidencia favorable a la teora del egosmo. No obstante, l xito del libre mercado no nos dice nada acerca de la motivacin en la que se apoya la accin de los agentes econmicos en dicha economa. En realidad, en el caso de Japn, existe una fuerte evidencia emprica que sugiere que las desviaciones sistemticas del comportamiento egosta hacia el deber, la lealtad y la buena voluntad han desempeado un papel fundamental en el xito industrial. Lo que Michio Morishima (1982) denomina el carcter japons es, sin duda, difcil de encajar en ninguna descripcin sencilla del comportamiento egosta (ni siquiera teniendo en cuenta los efectos indirectos). [...] De hecho, el dominio, en Japn, del comportamiento basado en la norma se puede ver no slo en trminos econmicos sino tambin en otras esferas de la conducta social, como en la rareza de arrojar basura al suelo, la poca frecuencia de pleitos, el nmero extraordinariamente reducido de abogados y el ndice muy bajo de criminalidad comparada con otros pases de riqueza similar.[8]

Tiendo a pensar que la respuesta a la segunda pregunta cmo se puede dar por bueno que el Homo oeconomicus describe con alguna exactitud el comportamiento humano real tiene bastante que ver con la socializacin dentro de una economa capitalista naturalizada, esto es, a la que se considera un orden econmico natural e inmutable, si no el nico posible.

Ahora bien: el mercado, a lo largo de la historia, ha sido frecuentemente criticado desde criterios ticos. Aristteles (libro quinto de la tica nicomaquea y libro primero de la Poltica) explicaba que el mercado destruye la posibilidad de la amistad y el civismo, que crea angustia en cuanto a los medios de existencia, y que por consiguiente es incompatible con la virtud humana. Pero no hace falta que nos remontemos tan atrs en la historia del pensamiento occidental, sino que basta con que reflexionemos un poco. Los mercados capitalistas, una vez establecidos (a un coste histrico enorme)[9] , tienden a fomentar el egosmo como rasgo de carcter. En efecto: en un intercambio mercantil tpico, cada uno de los dos agentes tiende a desear los mejores trminos de intercambio para s mismo; intenta obtener lo ms posible cediendo lo menos posible, y se esfuerza por que el otro reciba lo menos posible y ceda lo ms posible. Cada cual trata al otro de manera puramente instrumental, como un objeto del que dispone para sus propios fines. El altruismo ms o menos consecuente es por definicin imposible en una economa competitiva de mercado (lleva a quien lo practica a una ruina segura). Es fcil ver que a medida que las relaciones mercantiles invaden todos los mbitos de la existencia humana, las actitudes y comportamientos egostas tienden a generalizarse. Por tanto, la relacin de causalidad ms adecuada, a mi juicio, no es que hay mercados porque el ser humano sea egosta, sino que el ser humano tiende a hacerse ms egosta a medida que se generalizan los mercados.

Tengamos siempre presente, para no obcecarnos, que todo rgimen econmico moderno incorpora siempre un sector de mercado, otro de planificacin y otro de reciprocidad [10], con peso diferente en las diferentes sociedades. En la sociedad japonesa, por ejemplo, que es muy amiga del regalo, el valor monetario de lo que se redistribuye mediante regalos asciende nada menos al 5% del producto nacional, sin incluir los servicios intrafamiliares ordinarios [11] .

Y no olvidemos tampoco que existen o han existido sociedades las llamamos primitivas en las que las relaciones de reciprocidad dominaban por completo las conductas econmicas. As, por ejemplo, los cazadores-recolectores bosquimanos o australianos cazan colectivamente; y cuando un aborigen mata un canguro, no se queda con nada para l mismo, sino que lo entrega troceado a los dems de acuerdo con reglas bien definidas (por las relaciones de parentesco). Podramos acumular los ejemplos etnolgicos hasta la saciedad.

Se nos ensea a creer que el ser humano es esencialmente una criatura adquisitiva, y que, abandonado a sus propios impulsos, se comportar como lo hara cualquier hombre de negocios que se precie. Constantemente se nos inculca que la persecucin del beneficio es tan vieja como el mismo ser humano. Pero no lo es. La motivacin por el beneficio, en la forma en que hoy la conocemos, slo es tan vieja como el hombre moderno. Incluso hoy la nocin de la ganancia por la ganancia resulta extraa a gran parte de la humanidad, y se hizo notar por su ausencia durante gran parte de la historia registrada [12]. 

La respuesta a la tercera pregunta es, a mi juicio, que el restrictivo e irreal supuesto del comportamiento egosta ha daado la calidad del anlisis econmico. Oigamos por ejemplo a un premio Nobel de economa: La naturaleza de la economa moderna se ha visto empobrecida sustancialmente por el distanciamiento que existe entre la economa y la tica [13] . El profesor Sen ha dedicado un libro entero tica y economa a la investigacin de esta cuestin, que no puedo abordar aqu.


Notas:

[1] Sobre el abuso que se hace de Smith a la hora de legitimar al Homo oeconomicus, vase Amartya Sen: Sobre tica y economa. Alianza, Madrid 1990, p. 38-45; y Serge-Christophe Kolm: La bonne conomie -La rciprocit gnrale, PUF, Paris 1984, p. 21.

[2] Vase Jon Elster: Tuercas y tornillos. Gedisa, Barcelona 1990, p. 115-124.

[3] Su artculo seminal Judgment under uncertainty es de 1974. Una sntesis de las aplicaciones de esta lnea de investigacion a la teora econmica en Richard H. Thaler, Quasi Rational Economics, Russell Sage Foundation 1991.

[4] Samuel Bowles y Herbert Gintis: Ha pasado de moda la igualdad? El Homo reciprocans y el futuro de las polticas igualistaristas, en Roberto Gargarella y Flix Ovejero (comps.), Razones para el socialismo, Paidos, Barcelona 2001, p. 184.

[5] Vase Josep Call, Prosocialidad y origen de la justicia en humanos y otros primates, ponencia en el curso Dimensiones sociales del animal humano: una interpretacin evolutiva, Facultad de Biologa de la UAM, 12 al 21 de diciembre de 2011.

[6] Vase por ejemplo Joseph Heinrich, Robert Boyd, Samuel Bowles y otros: In search of Homo economicus: Behavioral experiments in 15 small-scale societies, AEA Papers and Proceedings vol. 91 num. 2, mayo de 2001.

[7] Fernando Aguiar, Antonio Gaitn y Blanca Rodrguez: Qu es la filosofa experimental?, ponencia enla XVII Semana de tica y Filosofa Poltica (Donosti/ San Sebastin,1 a 3 de junio de 2011).

[8] Sen: Sobre tica y economa, op. cit., p. 36. Vase tambin el captulo 6 (Cmo viven los japoneses) de tica para vivir mejor de Peter Singer, Ariel, Barcelona 1995.

[9] Sobre la violentacin antropolgica que ha sido necesaria para la instauracin del capitalismo, vase Flix Ovejero Lucas, De la naturaleza a la sociedad, Barcelona, Pennsula 1989, p. 2 y ss., 32-33, 63. Vase tambin La gran transformacin, la clsica obra de Karl Polanyi.

[10] Kolm: La bonne conomie, op. cit., p. 65 y ss.

[11] Kolm: La bonne conomie, op. cit., p. 63.

[12] Robert Heilbronner, The Worldly Philosophers: The Lives, Times and Ideas of Great Economic Thinkers, Simon & Schster, Nueva York 1953, p. 22.

[13] Sen: Sobre tica y economa, op. cit., p. 25.


Fuente: http://tratarde.wordpress.com/2011/12/20/sobre-capitalismo-chimpances-y-otros-primates/



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