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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-12-2011

EE.UU. menosprecia el precio de la guerra que sigue pagando el pueblo iraqu

Gary Younge
Common Dreams/the Guardian UK

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El 19 de noviembre de 2005, un pelotn de marines estadounidenses fue atacado por una bomba al borde de la ruta en Haditha, en la provincia Anbar de Iraq, matando a un soldado e hiriendo gravemente a dos. Segn declaraciones de civiles los marines se lanzaron a una masacre desenfrenada, matando a 24 personas. Entre ellas un hombre de 76 aos en una silla de ruedas y un nio de tres aos. Fue una matanza. Pienso que simplemente estaban cegados por el odio y perdieron el control, dijo James Crossan, uno de los marines heridos.

Cuando escuch la noticia, el general Steve Johnson, el comandante estadounidense en la provincia Anbar en esos das, no vio motivos para ms exmenes. Pasaba todo el tiempo en todo el pas. Ya sabis, tal vez, si yo hubiera estado sentado aqu [en Virginia] y hubiese odo que 15 civiles fueron asesinados me habra sorprendido y espantado y habra hecho ms para investigarlo. Pero entonces sent que solo era el precio de la accin en ese enfrentamiento en particular.

Ocho soldados fueron acusados originalmente por la atrocidad. Los cargos contra seis soldados se retiraron, uno fue absuelto y el otro sigue a la espera de un juicio. Lo sabemos porque un periodista del New York Times encontr documentos de la investigacin interna de los militares estadounidenses en un basural cerca de Bagdad. Un asistente los estaba usando para alimentar un fuego para cocinar carpa ahumada para la cena.

El artculo apareci el mismo da en el que Barack Obama anunci la retirada de los soldados estadounidenses la semana pasada, aclamando la guerra de casi nueve aos como un xito, que fue un extraordinario logro que los soldados pueden ver con sus frentes en alto. Y as sigue adelante EE.UU., tirando a la basura la evidencia de sus crmenes de guerra, no responsabilizando a nadie y prefiriendo ver la derrota como victoria y el fracaso como xito.

Aunque hay que saludar la salida de los soldados estadounidenses con un alivio precavido (precavido porque EE.UU. mantendr su mayor embajada del mundo en Iraq junto con miles de contratistas privados armados), se debe hacer todo lo posible por frustrar a los que tratan de engalanar y deformar su lamentable legado. Se pensara que es algo fcil. El caso contra esta guerra se ha enjuiciado exhaustivamente en esta columna y en otros sitios. (El argumento de que el derrocamiento de Sadam Hussein compense de alguna manera las mentiras, la tortura, el desplazamiento, la carnicera, la inestabilidad y los abusos de los derechos humanos es perverso. EE.UU. utiliz una bomba Daisy-Cutter para cascar una nuez.)

Esta guerra comenz con muchos padres, pero termin sus das como un hurfano, mancillando las reputaciones de los que la lanzaron y a los idiotas tiles que dieron cobertura intelectual. Nadie ha tenido que rendir cuentas; pocos aceptan la responsabilidad.

En todo caso, no podran haberlo hecho solos. Fue posible gracias a la colusin sistmica de una clase poltica indolente y una cultura poltica jingosta, para no hablar de un cheque en blanco del gobierno britnico. Cuando la guerra comenz, casi tres cuartos de los estadounidenses la apoyaron. Solo los polticos con principios se opusieron, y hubo muy pocos. Cuando preguntaron a Nancy Pelosi por qu no presion por la recusacin de Bush cuando lleg a presidenta de la Cmara en 2006, dijo: Y los dems que votaron por esa guerra sin tener evidencia alguna? Dnde estarn esos demcratas? Van a votar por nosotros para recusar a un presidente que nos llev a la guerra basndose en informacin que ellos tambin tenan?

Hoy, el retiro de las tropas es casi lo nico popular que ha hecho Obama en los ltimos dos aos. Los sondeos muestran que ms de un 70% apoya la retirada, aproximadamente dos tercios se oponen a la guerra y ms de la mitad cree que fue un error. Pero existe una diferencia entre lamentar algo y aprender de ello. Y aunque hay amplia evidencia de lo primero, hay poca que sugiera lo segundo.

Segn Christopher Gelpi, profesor de ciencias polticas de la Universidad Duke, dspecializado en actitudes pblicas ante la poltica exterior, el factor ms importante que conforma las opiniones de los estadounidenses sobre cualquier guerra es si creen que EE.UU. vencer. Esta visin solipsista del mundo difcilmente lleva al tipo de introspeccin que puede convertir el remordimiento en redencin.

Es un modo de pensar que ve que la guerra de Vietnam fue errnea no porque se invadi a un pas independiente, lo arrasaron y asesinaron a y torturaron a millones de persona. Fue errnea porque EE.UU. la perdi.

Y esta actitud impregna el espectro poltico. Incluso cuando los crticos de la guerra censuran la sangre y el dinero desperdiciados, generalmente se refieren solo a vidas estadounidenses y al dinero estadounidense. Tambin los encuestadores lo presentan de esa forma. Un reciente sondeo de CBS pregunt: Piensa que la remocin de Sadam Hussein del poder justific la prdida de vidas estadounidenses y otros costes del ataque contra Iraq, o no? (50% no, 41% s) y Piensa que el resultado de la guerra contra Iraq justific la prdida de vidas estadounidenses y otros costes del ataque contra Iraq, o no? (67% no, 24% s). Simplemente no mencionan el coste para los iraques.

Es el fin solo para los estadounidense, escribi Emad Risn, un columnista iraqu, en un peridico financiado por el gobierno. Nadie sabe si la guerra terminar tambin para los iraques. Y parece que a pocos estadounidenses les importa. Ha pasado un tiempo desde los das en que Iraq apareca entre las prioridades de la nacin, y ni hablar de las primeras. Tienen razn los estadounidenses cuando se quejan de la suerte de los veteranos que vuelven a una economa deprimida con una serie de discapacidades fsicas y mentales. Pero los civiles iraques apenas merecen que se les mencione.

Segn un informe del New York Times, entre el testimonio descartado haba una entrevista con el sargento mayor Edward Saz: Orden que los marines dispararan sobre nios en coches, y encar a los marines individualmente, uno a uno, al respecto porque les cost enfrentar esa situacin. Cuando le dijeron que no saban que haba nios a bordo, les dijo que no era su culpa y afirm que las muertes no deberan significar un lastre vitalicio para ellos.

Los progresistas, que tratan de vincular el colapso econmico a los contratiempos militares, argumentan a menudo que la construccin de la nacin debera comenzar en casa, no en Iraq, convirtiendo as a sabiendas o no a los iraques en la imaginacin pblica de vctimas de una guerra ilegal a receptores de un bienestar ilcito. Sin ninguna irona aparente, Obama marc el fin de la ocupacin llamando a otros a no interferir en los asuntos internos de Iraq.

El esfuerzo conjunto de todo esto es como romperle primero la mandbula a alguien con tu puo solo para lamentarte despus del terrible dolor causado a tu mano.

EE.UU. no es el nico en esta situacin. La amnesia y la indiferencia son privilegios de los poderosos. Los kenianos y los argelinos recuerdan las atrocidades cometidas por britnicos y franceses bajo el colonialismo, mientras los colonialistas siguen huyendo de su historia. La caracterstica esencial de una nacin es que todos sus individuos tienen que tener muchas cosas en comn escribi el filsofo francs del Siglo XIX, Ernest Renan, y tambin tienen que haber olvidado muchas cosas.

No es sorprendente que un reciente sondeo Pew estableci que a pesar de toda la evidencia contraria un 56% de los estadounidenses dijo que pensaba que la invasin haba tenido xito en sus objetivos, mientras que la cantidad de los que piensan que la invasin fue la decisin correcta es la mayor en cinco aos. El coste de hacer las cosas siempre parece ms razonable cuando son otros los que pagan el precio.

2011 The Guardian/UK

Gary Younge es un columnista y cronista de The Guardian basado en EE.UU.

Fuente: http://www.commondreams.org/view/2011/12/19-3?print

rCR



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