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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2011

Los medios alternativos y las redes sociales

Oscar R. Amado, Marcelo Colussi y Rodolfo Solana
Argenpress

Ponencia de ARGENPRESS en el Taller Internacional, en La Habana, Cuba


Cuanto ms se acrecienta la interactividad global, ms se impone la exigencia de una visin panptica y totalitaria. A la famosa burbuja virtual de la economa del mercado nico le sucede esta burbuja visual donde la amplificacin de las apariencias desempear muy pronto el mismo papel multiplicador que el de la especulacin financiera. Paul Virilio (Televigilancia global)

La revolucin cientfico-tcnolgica est conmoviendo la vida humana, sus pautas sociales, culturales, econmicas y polticas. Estos avances cientficos auguran, o deberan augurar, al menos, un futuro promisorio. Pero tambin es cierto que, como en los casos de la ingeniera gentica y las comunicaciones, existen interrogantes tico-sociales y polticos que deben ser resueltos para que estos cambios transformadores no se conviertan en nuevas formas de coercin y autoritarismo.

El ojo de Dios est siendo reemplazado por el ojo de la Humanidad. La revolucin comunicacional y ciberntica, mediante los satlites, lo est permitiendo. La utilizacin de los sistemas de televigilancia satelital denominados Echelon (norteamericano), Enfopol (europeo) y Sorm (ruso) han puesto de relieve los problemas que plantean a las libertades individuales y de las naciones, problemas que superan las visiones apocalpticas de Julio Verne, George Orwell, James Burnham, Jack London y Ray Bradbury, quienes desde distintas pticas, previeron y describieron de manera fantstica las formas totalitarias reales contemporneas.

Esta situacin a la que se suman el uso de internet y todas las expresiones de la telemtica, ha cambiado la realidad del espacio-tiempo de nuestros desplazamientos fsicos y la perspectiva que organizaba, desde hace ms de cinco siglos, nuestra visin del mundo. Hay, entonces, una realidad actual e inmediata en la cual se desplaza nuestro cuerpo y en la cual reflexionamos, y una realidad virtual (multimeditica) en la cual se inserta cada vez ms a menudo nuestra relacin con el mundo y con quienes estn lejos, en otras regiones o continentes, en las antpodas.

Se sostiene que la globalizacin comunicacional nos acerca a esas personas y regiones; pero lo cierto es que, por el contrario, se produce un efecto inverso, de tipo fragmentador, donde el mundo virtual nos separa de la relacin cotidiana y de la interaccin humana. Otro tanto ocurre con la informacin. Es enorme el acopio de informacin a travs de la radio, la televisin por cable o satelital, mediante el uso de internet o la prensa escrita. Pero esa informacin meditica y abrumadora, disminuye el espritu crtico del receptor. Salvo el caso del internet, donde a veces se posibilita el dilogo telemtico, el resto de la informacin est impuesto, y muchas veces, manipulado. De esta manera se impide el dilogo, el debate, la valoracin, la crtica junto a otros. Se rompen los vnculos comunitarios y la vida social activa.

El principio de solidaridad es un vnculo fundamental que, con la modernidad, ayud a los hombres y mujeres a convivir, a buscar reglas de consenso, tanto en la vida familiar como social, evitando la guerra y la destruccin que haba caracterizado a la sociedad antigua. Es cierto que el principio de la solidaridad entre los pueblos fue desmentido por luchas fratricidas, por la oposicin de intereses econmicos y de poder, y que las dos guerras mundiales cuestionaron. Pero el plexo valorativo que una a la solidaridad con los valores de libertad, justicia, paz y cooperacin siempre estuvo presente desde las brutales guerras de religin que sufri particularmente Europa a partir del siglo XVI. Lo que plante en el final del siglo XX la posmodernidad, la teora del fin de la historia y de las ideologas, especialmente con Daniel Bell y Francis Fukuyama, ha sido la transformacin del humanismo que vena del Renacimiento, del iluminismo y del historicismo, por la creacin del hombre light (suave), hedonista, narcisista, insolidario, brutalmente individualista, que reemplaza los valores de la democracia por los del mtico mercado. Hombre, por supuesto, hiper consumidor y que, hoy por hoy, podramos graficar metafricamente como sentado ante una pantalla, pasivo, dejndose invadir por imgenes fascinantes.

As la poltica se transforma en espectculo hedonista (nunca en lucha de intereses o de clases sociales), el hombre y la mujer se realizan supuestamente en el mercado y el paradigma no son valores revolucionarios, ticos o religiosos sino el consumismo. Surgira as una suerte de individualismo narcisista y psicologista donde el vaco de la vida sera completado a partir de grupos de inters limitados, de conciencia y prctica social segmentada. La vida no se realizara en los partidos polticos, los sindicatos, las organizaciones culturales o solidarias, sino en grupos muy limitados, quiz solo incluso, ante una pantalla generadora de imgenes electrnicas. La tica es una tica indolora que antepone siempre los derechos a los deberes (pragmatismo sin principios) cuyo mximo de moralidad es la tica de la empresa capitalista.

El modo de comunicacin

En este sentido, hay una verdadera mutacin de la sociedad. En cuanto a los sistemas de comunicacin, se ha comenzado a estudiar en los medios cientficos y acadmicos lo que se denomina modo de comunicacin. Esta concepcin va ms all de los lmites del anlisis positivista, estructuralista, fenomenolgico y weberiano, conocidos hasta los aos setenta. Despus de Vigilar y castigar de Michel Foucault, las corrientes mencionadas quedaron de alguna manera entre parntesis y ninguna de ellas pueden ignorar los nuevos sistemas de dominacin.

El modo de informacin designa al campo de la experiencia lingstica, cuyas relaciones estructurales bsicas cambian en cada perodo, exactamente como las relaciones del modo de produccin, hecho que no fue previsto por el marxismo de los clsicos, cuestin que se expone ahora ante la realidad social mediante las complejas formas de comunicacin e informacin.

El mercado tambin se ha transformado. La estructura de la significacin en la publicidad ha cambiado y los medios electrnicos favorecen tambin este tipo de proceso. Pero esta revolucin en manos de sectores que la utilicen para la coercin, permite vigilar mensajes y acciones, al mismo tiempo que completan el proceso de automatizacin de la produccin.

Para tener una visin de conjunto debemos recordar las cinco grandes revoluciones comunicacionales: 1) la imprenta, el invento de Gutenberg logrado en 1445, que impuls la Reforma protestante y un cambio total en las costumbres y en la sociedad; 2) la radio, que desde la dcada veinte del siglo XX impuls la cultura auditiva de masas; 3) la revolucin icnica o de la imagen, con la incorporacin del cine y la televisin; 4) la computadora y su uso masivo a partir de los aos ochenta del pasado siglo y 5) la multimedia y el internet, que ha reunido la telefona, la televisin y la computadora, marcando en este momento la pauta de la nueva cultura comunicacional.

As es que nos encontramos ante medios electrnicos de comunicacin que hacen estallar los lmites del espacio-tiempo de los mensajes, permiten la vigilancia de mensajes y acciones, desespacializan ciertos tipos de trabajo, hacen que los significantes sean flotantes en relacin con sus referentes, sustituyen ciertas formas de relaciones sociales, modifican la relacin texto/autor, extienden al infinito la memoria humana y socavan la ontologa cartesiana del sujeto y del objeto. La realidad se constituye en la dimensin irreal de los medios de comunicacin como nunca el hombre pudo imaginar desde la invencin de la imprenta y el comienzo de la revolucin comunicacional con Norbert Wiener, en 1948, cuando impuls los estudios cibernticos. Wiener era un humanista que advirti tempranamente que sus elaboraciones deban ser utilizadas para el crecimiento de la humanidad y el bienestar social, y no para generar sistemas totalitarios.

A propsito del modo de comunicacin, Mark Poster sostuvo que en esta esfera ya no hay actos puros; slo hay representaciones lingsticamente transformadas que son los actos mismos. Estos conceptos muestran el carcter totalmente nuevo de la experiencia lingstica, un carcter que tiene un alcance inestimable para reconstruir el mundo social incluso estructuras de dominacin enteramente nuevas. Los historiadores empeados en el proyecto de emancipacin, ya sea en una ptica liberal, ya sea en una ptica marxista o de otra ndole, deben preocuparse por analizar el modo de informacin, proyecto en el cual la teora del modo de produccin no les servir de gran ayuda (1).

Medios electrnicos e imprenta

Lo que diferencia a los medios electrnicos de la imprenta es su mltiple capacidad de direccin, que es muy compleja. La imprenta emite significantes partiendo de una fuente, la computadora recoge significantes que le llegan de todas partes; mientras la imprenta extiende la influencia del sujeto comunicante o del texto que comunica, la computadora autoriza al receptor de los significantes a controlar el emisor. Los centros de poder se convierten en destinatarios panpticos cuya memoria es una nueva estructura de dominacin. Un banquero almacena por computadora el comportamiento econmico y personal de sus clientes y los comunica a otros banqueros o empresarios por un precio. La experiencia comunicativa se ha modificado. Los medios electrnicos fomentan la dispersin de la comunidad, pero facilitan al mismo tiempo su vigilancia. Lo del banquero u otro agente es la datavigilancia, denominada as por Roger Clarke en 1994: El uso sistemtico de bases de datos personales en la investigacin o monitoreo de las acciones o comunicaciones de una o ms personas.

Otro tanto ocurre con el dinero plstico. Las tarjetas de crdito no son la bandera del fin del milenio, como sostuvo desaprensivamente Giles Lipovetsky. Por el contrario, constituyen un asalto de la privacidad en tanto sean utilizadas como fuente de datos que se venden en un mercado ilegal paralelo. La informacin, que da a da dejan millones de personas en el trmite administrativo donde se utiliza dinero plstico, implica conocer hbitos de consumo y hasta la vida ntima de las personas (2). Otro tanto ocurre con el mercado laboral donde las listas negras circulan entre los conglomerados empresarios, dejando en la calle a cualquiera que se oponga a una injusticia, o demande por justas reivindicaciones. En tiempos de paro forzado, de desocupacin estructural, donde se reasegura un enorme ejrcito de reserva laboral, que encubre formas de servidumbre y llega hasta casos de esclavitud con los indocumentados, este tipo de vigilancia se transforma en un arma brutal, mucho ms que la utilizacin de los esquiroles o rompehuelgas de principios del siglo XX. Lo mismo ocurre con las informaciones mdicas acumuladas en sanatorios y hospitales, en centros de salud o en consultorios privados, cuya utilizacin fuera del marco especfico se transforma en valioso botn de informacin confidencial (3).

El mercado, entonces, tambin se transforma. Semilogos han analizado la estructura de significacin de la publicidad e insisten en la diferencia del significante y la recodificacin de las mercancas. Los medios electrnicos favorecen este tipo de proceso.

Volvamos a Mark Poster, quien en su estudio Foucault, el presente y la historia, describe lcidamente la relacin que hay entre la computadora y quien la utiliza: Uno no escribe en la computadora -dice- como en una hoja de papel en blanco. En primer lugar, los pixels que se encienden en la pantalla segn ciertas estructuras no son semejantes a los rasgos de la tinta o del lpiz. Son signos inmateriales, no rasgos que obedezcan al principio de la inmercia. El espritu del operador se ve frente, no a la resistencia de la materia, sino a una pantalla cuya condicin ontolgica es nueva, a medias material, a medias ideal. El texto de una pantalla de computadora se desvanece tanto como pueden desvanecerse las palabras de un orador y puede ser corregido o cambiado instantneamente. As un individuo crea un texto en la computadora dentro de la interaccin con un objeto que est ms prximo a su cerebro de lo que est una hoja de papel.

Aqu hay un hecho nuevo. Sin llegar a serlo totalmente, la computadora acta parcialmente como un cerebro. Es decir, puede tener acceso a bases de datos almacenados que se parecen a la memoria y que desarrollan algunas de sus posibilidades. La computadora puede sustituir una conversacin hablante, pilotear mquinas, puede actuar en la comunicacin en el lugar de las personas. No caben dudas que nos encontramos ante una lgica distinta a la cartesiana que obra sobre el mundo de la naturaleza y que los nuevos agentes (robots) deben tenerse en cuenta.

Cmo enfrenta el humanismo de la libertad esta situacin? Cmo advertir los aspectos totalitarios encubiertos en un manejo no democrtico de los nuevos avances cientfico-tecnolgicos y la imposicin de una nueva ideologa nica? Cmo democratizar y resocializar los avances cientficos, que corresponden a toda la humanidad, y no solo a grupos econmicos, sociales o polticos? Tal es el interrogante que los cientficos del derecho y los investigadores sociales deben responder, en el cual la teora del modo de produccin aislada no les servir de ayuda. La respuesta debe ser superadora y no caer en la nostalgia luddista.

Las nuevas formas de dominacin

Utilizamos aqu la palabra panptico que sintetiza los poderes de dominacin sobre las personas, los individuos y la sociedad. Michel Foucault fue el primero que advirti sobre el significado del trmino debido a Jeremas Bentham, quien edit a fines del siglo XVIII un libro con ese nombre. En Vigilar y castigar, Foucault describe al jurista ingls como un Fourier de una sociedad policial y dice que su libro El Panptico, constituy un acontecimiento en la historia del espritu humano y fue una especie de huevo de Coln en el campo de la poltica.

El pensador francs descubri la obra de Bentham estudiando los orgenes de la medicina clnica, la construccin y arquitectura de los hospitales. Bentham cre el panptico, un edificio que en su periferia era circular; en el centro haba una torre; sta apareca atravesada por amplios ventanales que se abran sobre la cara interior del crculo. El edificio perifrico estaba dividido en celdas, cada uno de los cuales ocupaba todo el espesor del edificio. Estas celdas tenan dos ventanas: una abierta hacia el interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que dejaba pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se inverta el principio de la mazmorra clsica. La plena luz y la mirada de un vigilante captaban mejor que la sombra, que en ltimo trmino cumpla una funcin protectora.

En realidad, mucho antes de Bentham ya se haba ensayado el modelo de construccin con visibilidad aislante con la Escuela militar de Pars de 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada alumno deba disponer de una celda con cristalera a travs del cual poda ser visto toda la noche sin tener ningn contacto con sus condiscpulos, ni siquiera con los criados. Exista adems un mecanismo muy complicado con el nico fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo fsicamente: la cabeza del alumno pasaba a travs de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permita ver todo lo que ocurra. Bentham explic en su momento que su hermano haba visitado la Escuela militar referida y fue l quien tuvo la idea del panptico.

Foucault explic el rol moderno coercitivo de la arquitectura, salvo constructores humanistas como el finlands Alvar Aalto y el holands Peter Oud. En la Argentina, las construcciones de edificios para el funcionamiento de universidades -tal el caso de la de Mar del Plata- fueron ideados durante la ltima dictadura militar constituyendo un claro ejemplo de edificio-crcel, donde no existen espacios para realizar manifestaciones o actos en el interior del establecimiento, y las escalinatas, breves, en diversos desniveles, que interconectan los pasillos interiores, impiden el recorrido de una expresin masiva de estudiantes.

Desde finales del siglo XVIII -deca Foucault-, la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de la poblacin, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir responda, sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituan las grandes formas, a las que hay que aadir las plazas fuertes; se manifestaba el podero, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organizacin del espacio para fines econmico-polticos (4).

La idea fundamental es la siguiente: en el Panptico, cada uno, segn su puesto, est vigilado por todos los dems, o al menos por alguno de ellos; se est en presencia de un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo, como ocurra con el monarca absoluto o el dictador clsico, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. En esta mquina -explicaba Foucault- nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la produccin de efectos de supremaca. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominacin de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

Pero no solo se ha dado este proceso en la sociedad industrial capitalista que puso en marcha todo el aparato de poder perfeccionndolo ahora mediante la utilizacin de satlites-espas. Estas formas totalitarias tambin aparecieron en la sociedad sovitica. El estalinismo, que correspondi tambin a un perodo de acumulacin de capital y de instauracin de un poder autocrtico, desarroll las formas represivas del panptico. Incluso se utiliz la psiquiatra como forma de amedrentar o torturar a los disidentes. Muchos crticos del sistema eran conducidos a establecimientos psiquitricos y eran considerados locos, aplicndoseles electroshocks. Otro tanto ocurri en Estados Unidos con los presos puertorriqueos, en los aos cuarenta y principios de los cincuenta que fueron torturados -entre ellos el eminente Pedro Albizu Campos- quemndoseles las plantas de los pies con rayos nucleares.

Las concepciones doctrinarias tradicionales para comprender las ideologas del poder poltico -por ejemplo la de Bertrand de Jouvenel-, estn hoy superadas. En 1964, Herbert Marcuse llam la atencin sobre el particular, especialmente en El hombre unidimensional y en La sociedad carnvora. Bajo la apariencia de un mundo cada vez ms conformado por la tecnologa y la ciencia, se manifiesta la irracionalidad de un modelo de organizacin de la sociedad que, en lugar de liberar al individuo, lo sojuzga. La racionalidad tcnica, la razn instrumental, han reducido el discurso y el pensamiento a una dimensin nica que hace concordar la cosa y su funcin, la realidad y la apariencia, la esencia y la existencia. Esta sociedad unidimensional ha anulado el espacio del pensamiento crtico. Marcuse -cuyas ideas fueron difundidas por la revista doctrinaria cubana Pensamiento Crtico- puso a la vista el lenguaje unidimensional difundido por los medios de comunicacin.

La respuesta a esta situacin parece estar en la necesidad de restaurar la comunicacin en el espacio pblico ampliado al conjunto de la sociedad mediante la actividad de los grupos sociales, aplicando formas de autogestin que rompan el engranaje del poder nico. Jrgen Habermas lo estudi en sus libros La tcnica y la ciencia como ideologa y en El espacio pblico, a propsito de las formas de comunicacin desmitificadoras puestas en prctica durante una rebelin de estudiantes californianos y por los movimientos de consumidores norteamericanos.

Privacidad versus opacidad del poder

El rescate de la privacidad conjuntamente con la defensa del espacio pblico son algunas de las armas con las que enfrentar la opacidad de un nuevo poder totalitario, basado en la dictadura de las trasnacionales, la pretensin hegemnica de un pensamiento nico, la irracionalidad de las tendencias posmodernas y la privatizacin de lo pblico a manos de intereses de los conglomerados econmicos.

Gary Marx, en su libro Undercover: Police Surveillance In Amrica (1988) y especialmente en su ensayo Technology and Privacy (1990), publicado en The World and I, propone un catlogo sobre las falacias ideolgicas que es necesario desenmascarar. Esas falacias son las siguientes:

La falacia de pensar que el significado de una tecnologa se apoya solamente sobre sus aspectos prcticos o materiales y no sobre su simbolismo social y sus referentes histricos.
La falacia frankesteiniana de que la tecnologa siempre ser la solucin y nunca el problema.
La falacia de que la tecnologa es neutra.
La falacia de que el consenso y la homogeneidad sociales hacen inexistentes los conflictos y divisiones y que lo bueno para quienes tienen el poder econmico, poltico y militar es bueno para todo el mundo.
La falacia del consentimiento implcito y la libre eleccin.
La falacia legalista de que slo porque uno tiene derecho legal a hacer algo entonces es correcto hacerlo.
La falacia de suponer que slo los culpables tienen algo que temer del desarrollo de la tecnologa invasiva (o, si uno no hizo nada malo, entonces no tiene nada que esconder).
La falacia de creer que la informacin personal de clientes y casos en posesin de una compaa es slo una clase ms de propiedad para ser comprada y vendida del mismo modo que los muebles de oficina o los insumos.
La falacia de no ver factores sociales y polticos involucrados en la recoleccin y construcin de los datos.
La falacia de suponer que, dado que nuestras expectativas sobre la privacidad estn histricamente determinadas y son relativas, entonces se harn necesariamente cada vez ms dbiles a medida que la tecnologa se vuelva ms poderosa.

Defender la intimidad, los derechos personalsimos de la persona, no es una muestra de individualismo. Es la defensa de la libertad personal. Ese derecho debe compatibilizarse con el derecho al espacio pblico, hoy agredido por la expropiacin privada de intereses ajenos al inters social.

Se trata de establecer, desde el derecho y la ciencia poltica, que la cuestin de la libertad y la democracia no se puede resumir, como sostuvo el liberalismo clsico, en el derecho a ejercer uno su voluntad. Reside tambin, y esto es fundamental en el nuevo milenio, en el derecho a dominar uno mismo el proceso de formacin de esa voluntad ante las nuevas formas totalitarias. El control no puede estar en manos del Estado ni de las trasnacionales o de los monopolios capitalistas, como ocurre ahora y los polticos, juristas y cientistas sociales debern responder sobre cules son las nuevas instituciones que desde la sociedad civil alienten y protejan el dominio del proceso de formacin de la voluntad para que uno mismo pueda ejercer realmente esa voluntad, de manera individual o en forma colectiva.

El nuevo Panptico ante el derecho

En el derecho argentino, salvo algunos trabajos del miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin Carlos S. Fayt, y del tratadista Humberto Quiroga Lavi, no se ha estudiado el fenmeno ciberntico y comunicacional desde el punto de vista jurdico. Fayt se ha acercado al problema en su obra La Omnipotencia de la prensa. Su juicio de realidad en la jurisprudencia argentina y norteamericana. Por su parte, Quiroga Lavi lo hizo en varios estudios sobre la repercusin de la ciberntica en la sociedad y en el derecho. Hay, en cambio, una frondosa jurisprudencia y bibliografa en torno a la libertad de prensa, el derecho de rplica, los delitos a travs de la prensa, la censura previa y otras restricciones a la libertad informativa y respecto a cuestiones econmicas y patrimoniales.

Pero existe un vaco jurisprudencial, doctrinario y constitucional ante las nuevas formas totalitarias que esta vez no solo provienen del Estado sino tambin desde los grupos econmicos concentrados que enlazan sus intereses con los de los gobiernos.

Lo curioso es que se diluye la informacin, como se expres, mediante una catarata informativa que, por medio de la superficialidad, la banalidad, la falta de verificacin y la manipulacin intencionada, distorsionan el proceso de informacin. Infoxicacin, como cabalmente se la ha llamado: decir todo, decir muchsimo sobre todas las cosas, bombardear con informacin para, en realidad, no decir nada. Algo as como una versin comunicacional del gatopardismo de Giuseppe Lampedusa: cambiar todo para que nada cambie.

Dice Fayt que el universo de la comunicacin presupone la interaccin simblica, en un proceso que comprende la pregunta y la respuesta y culmina en la introyeccin y en la proyeccin. De all la importancia de la semitica en la comunicacin, donde se utilizan las palabras y los gestos, es decir la forma verbal y gestual del ser. Nuestro tema es la informacin y la comunicacin social, no la interpersonal. Esta es primaria, directa y recproca. La otra es indirecta, colectiva, simultnea y masiva. Su circuito comprende el medio, la emisin y la recepcin de un mensaje. Los medios son la prensa, la radio, la televisin, el cine, que condicionan el mensaje conforme a su diversa naturaleza.

Es cierto que la informacin sera equivalente a una comunicacin con un fin pretederminado y por ello, la informacin aparecera como la fase de provisin del contenido de la informacin. Pero tambin es cierto que esa informacin parece difcil de lograrse si no se le suman las caractersticas del mensaje, su elaboracin, las formas y condiciones para emitirlo y su relacin con los acontecimientos, los hechos, las acciones, los conocimientos, ms las tcnicas especiales propias de cada uno de los medios de comunicacin social.

Hoy da vivimos el mito de la informacin. Tanto, que se ha llegado a hablar -quiz un tanto ampulosamente- de una sociedad de la informacin. Como perfectamente lo ha expresado Roszack: Desde el auge de la computacin, el concepto de informacin ha pasado a tener un protagonismo sobredimensionado en la economa, la educacin, la poltica, en la sociedad en su conjunto. La informacin ha desbancado de sus lugares de privilegio a conceptos como sabidura, conocimiento, inteligencia; trminos todos stos que hoy se ven reducidos al primero. Una lgica segn la cual procesar muchsimos datos a velocidad infinitesimal, equivale a ser inteligente, desestimando as cualidades como la creatividad, la imaginacin, el raciocinio; pero tambin la tica y la moral. (5)

Si la comunicacin siempre ha estado presente en la dinmica humana como un factor clave, las formas de las actuales tecnologas digitales sirven para, literalmente, inundar el mundo de comunicacin e informacin, entronizndolas. Ello asienta en nuevas formas de conocimiento, cada vez ms sofisticadas y complejas. La clave de la actual sociedad, tambin llamada sociedad digital, est en una acumulacin fabulosa de informacin. La aldea global, como dira McLuhan, se construye sobre estos cimientos. El principal recurso pasa a ser el manejo de informacin -cuanto ms y ms rpidamente manejada, mejor-, el capital humano capacitado, lo que se conoce como el know how.

Ahora bien: esta mayor capacidad de comunicarnos y toda esa informacin disponible, ms all del espejismo con que se presenta, no sirve por s misma para terminar con la inequidades histricas de nuestra sociedad. La comunicacin social que une a todo el planeta -en realidad desarrollada por cadenas privadas que son, ante todo, empresas lucrativas-, hace ruido, pero lejos est de informar.

En este sentido, es casi inexistente la legislacin que resguarde la labor del periodista profesional y sus posibilidades de autonoma ante la propia empresa para la cual trabaja, en resguardo de la verdad informativa. La labor del periodista es la de ser un gestor entre la informacin y el receptor, individual y colectivo. La tarea periodstica es una tcnica basada en la necesidad de resguardar la verdad informativa. Si se transgrede este principio se deja de cumplir el rol periodstico. No debe confundirse el periodismo como tcnica informativa con el periodismo de opinin que puede y debe ser ejercido por todo aquel que quiera opinar, debatir, mantener una posicin ideolgica, filosfica, poltica o religiosa, aunque no sea periodista profesional.

Ante los avances tecnolgicos y su aplicacin a los medios de comunicacin, es necesario resguardar los derechos de la sociedad, guardando un equilibrio entre el poder de los medios y la aptitud de cada individuo para reaccionar ante cualquier intento de manipulacin, y esto especialmente frente a la concentracin de medios de comunicacin y las multimedias reunidas en forma monoplica.

Los nuevos desafos

Estamos ante nuevos desafos. La aplicacin de la fibra ptica est dejando atrs la utilizacin de cables. El sistema satelital se ha impuesto para interrelacionarnos, pero tambin para que se nos vigile. Telfonos, celulares, internet y hasta el fax, pueden ser captados por los sistemas de espionaje Echelon, Enfopol, Sorm y otros. El dinero plstico y los archivos informticos constituyen una red de informacin que sirve de base para vigilar la vida de las personas.

El derecho y la ciencia poltica no pueden ni deben estar ajenos a esta situacin. Debe impedirse que sean controladas las carreteras informticas y en especial Internet. Est en manos de los individuos una posibilidad de intercomunicacin importante, pero al mismo tiempo debe buscarse la solucin tecnolgica y jurdica para que los sistemas de comunicacin no sirvan de va al espionaje.

Jacques Isnard, de Le Monde, descorri el velo que cubra a la santa alianza del espionaje. Es, dice, el big brother segn el imaginario que bautiz con ese nombre sugestivo Orwell en su obra 1984. Es un espa anglosajn que extendi por el planeta una malla cerrada de estaciones de escucha y que est al acecho de todos y dispuesto a registrar la menor indiscrecin.

El periodista dice que la santa alianza se llama red Echelon. Agrega: Est reservada estrictamente a cinco Estados del mundo, que hablan ingls y tejieron entre s vnculos especiales: Estados Unidos, Gran Bretaa, Canad, Nueva Zelanda y Australia.

Explica Isnard que en 1948, un acuerdo secreto vincul a estados Unidos con Gran Bretaa en una red de informaciones denominada Brusa Comint. Este acuerdo tom luego el nombre codificado de Ukusa, en alusin a las iniciales de ambos pases. Dos organismos, la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) y la Oficina Central de Comunicaciones del Gobierno (OCCG), fueron invitados a preservar los intereses de los dos pases en el mundo interceptando las transmisiones en el extranjero. Su tarea bsica consista en escuchar las emisiones que se intercambiaban los estados mayores de los ejrcitos comunistas. A su vez, los soviticos construyeron un sistema propio denominado Sorm, que conserva el actual Estado ruso, mientras que Europa impulsa uno propio, llamado Enfopol.

En los aos setenta, Francia se sum a las interceptaciones de la ASN. Ukusa sigui siendo uno de los secretos mejor guardados del mundo. Recin en 1972 la revista norteamericana Ramparts, public las confidencias de un antiguo funcionario de la ASN sin pronunciar, empero, la palabra Echelon. Pero Echelon exista, oculta detrs de Ukusa. Los aos 1952, 1957, 1984, 1986 y 1988 marcaron las etapas ms significativas de esta mquina de espiar.

Estas grandes orejas no se conformaron con escuchar al adversario eventual, todo se convirti en un potencial blanco: los telfonos -incluidos los celulares-, los tlex, las fotocopiadoras, Internet y los mensajes electrnicos. Los cinco estados de esta santa alianza se repartieron las tareas: la ASN norteamericana se encarga de las dos Amricas; la OCCG britnica de Europa (Rusia incluida) y frica; el DSD australiano de Asia y el Pacfico junto con el GCSB neozelands y la CSE canadiense, de Europa y las Amricas. El sistema fue utilizado contra la Argentina durante la Guerra de Malvinas, en 1982.

Tras la finalizacin de la guerra fra, la crisis de estos mtodos de espionaje se produjo porque el control clandestino de las transmisiones se comenz a ejercer contra empresas industriales y comerciales rivales de los grupos norteamericanos que Echelon busc privilegiar, o porque la vigilancia se ha extendido hasta las comunicaciones entre particulares.

Frente a todo esto, creemos que deben universalizarse otras formas que controlen a los que nos quieren controlar y espiar. En ello le va la vida a la democracia, al sistema de las libertades individuales y sociales, que podran sucumbir ante el nuevo Panptico. Democratizar la utilizacin del poder comunicacional y resocializar la utilizacin de los recursos tcnico-cientficos, constituyen hoy los pilares esenciales para la construccin de una sociedad justa y libre que merezca ser vivida.

La crisis comunicacional actual es parte de la crisis contempornea que es social, poltica y econmica. Pero que quede claro: no es una crisis coyuntural. Es la crisis de la globalizacin capitalista, la globalizacin del capital financiero unido a la revolucin comunicacional que transforma las costumbres, despierta profundas corrientes irracionalistas, fragmenta las sociedades, destruye los vnculos familiares, desplaza a grandes masas humanas de una regin a otra, especialmente desde los pases perifricos a los centrales, lleva a la miseria a continentes enteros y genera amplios bolsones de pobreza, desocupacin estructural, corrupcin, incluso en las propias naciones hegemnicas y genera contradicciones secundarias: limpiezas tnicas, genocidios, xenofobia, racismo, integrismos y oscurantismo cultural. Todo ello, incluso, manteniendo el mito de una sociedad que progresa y donde los actuales medios digitales de la informacin funcionaran como varita mgica, siempre listos para posibilitar dar un salto adelante, unindonos. Faltara agregar: hacindonos felices tambin?

La revolucin comunicacional posibilita elementos tcnico-econmicos y polticos cuya utilizacin pueden servir, deben servir, para transformar racionalmente la realidad en beneficio de la mayora. La disyuntiva es si van a ser utilizados en ese sentido transformador o, en cambio, sern aprovechados para crear nuevas formas de dominacin y servidumbre. El derecho no puede estar ajeno a esta tensin que es parte sustancial de la transformacin histrica. Porque como deca Hegel quien contempla el mundo racionalmente, lo halla racional: hay en esto una determinacin mutua.

Los medios alternativos: nuevos escenarios de accin poltica

En el Informe Un solo mundo, voces mltiples. Comunicacin e informacin en nuestro tiempo, ms conocido como Informe MacBride, presentado en la Conferencia General de la UNESCO en Belgrado, 1980, se alertaba ya que la industria de la comunicacin est dominada por un nmero relativamente pequeo de empresas que engloban todos los aspectos de la produccin y la distribucin, las cuales estn situadas en los principales pases desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. Se deca asimismo que con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y los espectadores como si fueran receptores pasivos de informacin. Los responsables de los medios de comunicacin social deberan incitar a su pblico a desempear un papel ms activo en la comunicacin, al concederle un lugar ms importante en sus peridicos o en sus programas de radiodifusin con objeto de que los miembros de la sociedad y los grupos sociales organizados puedan expresar su opinin. (6) En otros trminos, ms de 30 aos atrs se denunciaba una tendencia ya evidente en aquel entonces, y que con el curso del tiempo fue agigantndose: la monopolizacin comunicativa unilateral, al par que se establecan las lneas para superarla: darle voz a los que no tienen voz.

En la actualidad los medios de comunicacin se han vuelto, cada vez ms, una institucin referente y constructora de la realidad humana, con toda la implicancia social, poltica y cultural que este fenmeno tiene. Quieran o no, los medios de comunicacin cumplen un papel social educativo y formador de las sociedades. Hoy -tendencia siempre en ascenso- los medios se constituyen como los articuladores y creadores de los temas de inters nacional, al mismo tiempo que son los difusores de los conceptos y valores que perciben pasivamente los grandes colectivos.

Tal como lo puntualizaba el Informe MacBride, los medios de comunicacin han transitado por la lgica de grandes empresas, que responde no a la bsqueda de la verdad objetiva, la imparcialidad y el desarrollo general de las comunidades sino a las reglas comerciales imperantes en el mercado; es decir: a la incidencia en la sociedad en trminos de cantidad de consumidores y la venta en el mercado, la utilidad comercial que se percibe a travs de la publicidad y la venta directa de servicios. Dicho sea de paso, la as llamada industria cultural (peridicos, libros, radio, cine, televisin, discos, videojuegos, internet) factur el ao pasado alrededor de 500.000 millones de dlares. En esta lgica extremadamente comercial los medios de comunicacin han empujado las funciones informativas, educativas y de anlisis de la vida y sus relaciones a responder tambin a esta perspectiva comercial de hiper mercantilizacin en favor de una representacin de la realidad social cada vez ms emocionante, excitante y sorprendente. En otras palabras: espectculo vendible.

Los usuarios de todo este arsenal tcnico somos acostumbrados a ver el mundo sin actuar sobre l. Al separar la informacin de la ejecucin, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las relaciones entre las cosas y se presenta todo previamente digerido, se crea entonces un estado de aturdimiento, indefensin y modorra en el que crece con facilidad la parlisis social. El espectculo de la vida reemplaza as a la vida. Como dijo Gabriel Garca Mrquez: La invencin pura y simple, a lo Walt Disney, sin ningn asidero en la realidad, es lo ms detestable que pueda haber.

Dado el grado de impacto social que alcanzan, los medios de comunicacin, por el contrario, podran jugar un papel de importancia decisiva en la transformacin para una vida mejor. Pero la lgica del lucro no lo permite; las grandes compaas mediticas terminan siendo, en todo caso, enemigas a muerte de cualquier intento de cambio; son, en otros trminos, no slo aliados del poder sino parte fundamental de la estructura del poder, con tanta o mayor preponderancia en el mantenimiento de las sociedades que las armas ms sofisticadas. La guerra principal es hoy la guerra meditica.

Surge ah, entonces, la necesidad de otro tipo de medios comunicativos: son los llamados medios alternativos. Es decir: medios de comunicacin no centrados en la dinmica empresarial, no centrados en el espectculo de la vida sino en la vida misma, en la lucha de la vida. La nica manera de lograr esto es permitir, como lo manifestara el Informe MacBride, que los miembros de la sociedad y los grupos sociales organizados puedan expresar su opinin. O sea: reemplazar el espectculo, la representacin de los hechos por la palabra de los actores mismos de los hechos. Eso son los medios alternativos de comunicacin: instrumentos que sirven para darle voz a los sin voz.

En una demostracin de modestia, el desaparecido periodista argentino Rodolfo Walsh deca para referirse a los comunicadores: Nuestro rango en las filas del pueblo es el de las mujeres embarazadas, o los viejos. Simples auxiliares, acompaantes. Tal vez haba ah un exceso de modestia; los medios de comunicacin que se pretenden alternativos son ms que acompaantes: estn llamados a ser parte importantsima de la lucha por otro mundo.

Medios de comunicacin alternativos hay muchsimos, con una amplsima variedad en formatos, estilos, recursos y grados de incidencia. Qu elemento comn tienen una radio comunitaria que transmite en lengua swahili para algunas aldeas de Tanzania y un portal digital donde escriben conspicuos intelectuales de la izquierda mundial? Qu une a un peridico comunitario de una barriada pobre de Mumbay con un canal televisivo como, por ejemplo, Catia TVe, de Caracas, cuya consigna es no mire televisin: hgala!? Si algo los une, entonces, es el trabajar por una transformacin social desde un espritu solidario y no estar movidos por el afn de lucro empresarial, el hacer jugar a la poblacin no el papel de consumidor pasivo sino el de sujeto activo en el proceso de comunicacin.

Esta enorme gama de medios que se reconocen como alternativos tiene como objetivo primordial ser un instrumento popular, una herramienta en manos de los pueblos para servir a sus intereses. Por cierto ello permite una gran versatilidad en la forma en que se implementan las acciones, pero el comn denominador es constituirse en un campo alternativo en contra del discurso hegemnico de la industria capitalista de la comunicacin y la cultura. Ante la institucionalizacin de la mentira de clase, ante la manipulacin de los hechos y la presentacin de la realidad como el colorido espectculo vendible al que nos someten las agencias capitalistas generadoras de un tipo de informacin/cultura, surgen estos medios jugando el vital papel de contraoferta cultural.

Constituirse en la instancia que da voz a los que no la tienen, ser la caja de resonancia de colectivos populares, de organizaciones de base y movimientos sociales organizados -asociaciones obreras o campesinas, sindicatos, comunidades barriales, expresiones culturales alternativas, etc.- es, en todo caso, un acompaamiento de vital importancia. En realidad no son slo acompaamiento solidario sino expresin de un genuino poder popular.

Por su misma naturaleza de extra oficiales, de vivir en el sistema pero en confrontacin con l, todos los medios de comunicacin alternativos padecen similares problemas: desde el ataque a la seguridad ms elemental cuando arrecia la marea represiva hasta la crnica falta de recursos para funcionar en lo cotidiano. Ser alternativo, en definitiva, impone esa situacin: quien critica al statu quo y propone otras vas se enfrenta a los poderes fcticos. Ser alternativo -en todo, y en el mbito comunicativo ms evidentemente an- lleva a estar en guerra continua.

Si la lucha de clases, la lucha por un mundo ms justo y solidario, por constituir una aldea global basada en el beneficio democrtico de las mayoras y no slo en el de las lites, si todas estas luchas implican un combate perpetuo, el campo de las comunicaciones, dada la importancia creciente que las mismas tienen en las sociedades modernas, pasa a ser un especialsimo mbito de estas nuevas guerras.

Los medios alternativos, populares e independientes viven en una virtual guerra, siempre al filo; y no puede ser de otra manera. Su papel en los procesos de cambio, de transformacin profunda, es cada vez ms importante. Entre otros tantos ejemplos que lo demuestran puede mencionarse, slo por citar algn caso, el de la Revolucin Bolivariana en Venezuela: fueron ellos, en contra de las poderosas cadenas comerciales, los que permitieron la gran movilizacin popular que impidi el golpe de Estado en abril del 2002. Sin ellos la derecha hubiera logrado su plan contrarrevolucionario. Esto demuestra que tienen en sus manos una muy importante cuota de poder.

Los medios de comunicacin alternativos son un principalsimo embrin de poder popular, y ms all de posibles falencias tcnicas y pobreza crnica de recursos -quiz irremediables, dado su misma condicin de no-integrados, de marginales en el buen sentido de la palabra- son una de las ms efectivas armas de la democracia de base, de la democracia revolucionaria.

Ejes temticos

1. Las nuevas modalidades de comunicacin en la red y las batallas polticas.

Hoy por hoy las nuevas tecnologas digitales de la informacin y la comunicacin parecen haber llegado para quedarse. No hay marcha atrs. Ya constituyen un hecho cultural, civilizatorio en el sentido ms amplio. Segn lo que vamos empezando a ver, una considerable cantidad de personas en todo el mundo, jvenes fundamentalmente, en pases ricos del Norte o pobres del Sur, y entre los diferentes estratos socioeconmicos, ya no conciben la vida sin estas tecnologas. Sin dudas, estn cambiando el modo de relacionarnos, de resolver las cosas de la cotidianeidad, de pensar, de vivir!

Algunos aos atrs, en el 2002, deca Delia Crovi refirindose a este proceso en curso: En 2001, el Observatorio Mundial de Sistemas de Comunicacin dio a conocer en Pars los resultados de un estudio sobre el equipamiento tecnolgico en la SIC [sociedad de la informacin y la comunicacin]. Este estudio afirma que en el ao 2006 una de cada cinco personas tendr un telfono mvil o celular, el doble de los disponibles ahora que tenemos un aparato por cada diez habitantes. El mismo estudio seala que en 2003 habr ms de mil millones de celulares en el mundo, y en los prximos cinco aos se registrarn 423.000.000 de nuevos usuarios (Tele Comunicacin, 27/6/2001). Sin duda, estos datos podran alimentar la idea de que estamos construyendo a pasos apresurados y a escala planetaria, una sociedad de la informacin, idea que sobre todo promueven los fabricantes de hardware y software, as como buena parte de los gobiernos del mundo. (7) Se ha llegado a decir que una forma de entrar en la senda del progreso es incorporarse a esta explosin de tecnologas digitales. Pero, en realidad, anida ah una falacia: en muchos pases de Latinoamrica, por ejemplo, la cantidad de telfonos mviles supera ampliamente a los fijos, e incluso al de habitantes (ms de un telfono por persona) sin que eso mejore las condiciones estructurales de vida.

En estos momentos pareciera que nadie puede escapar a la marea de las nuevas tecnologas digitales, que paulatinamente van cubrindolo todo. Podra afirmarse, sin temor a equivocarse en la apreciacin, que para estar en la modernidad, en el avance, en el mundo integrado (globalizado y triunfador?), hay que estar conectado. Si no se siguen esos parmetros, se pierde el tren del desarrollo. O, al menos, eso es lo que dice la insistente prdica dominante.

No cabe la menor duda que la comunicacin es una arista definitoria de lo humano. Si bien es cierto que en el reino animal existe el fenmeno de la comunicacin, en lo que concierne al mbito especficamente humano hay caractersticas propias tan peculiares que pueden llevar a decir, sin ms, que si algo define a nuestra especie es la capacidad de comunicarnos, que no es sino otra forma de decir: de interactuar con los otros. El sujeto humano se constituye en lo que es slo a partir de la interaccin con otros. La comunicacin, en ese sentido, es el horizonte bsico en que el circuito de la socializacin se despliega.

Nos comunicamos de distintas maneras; eso no es nuevo. A travs de la historia se encuentran las ms diversas modalidades de hacerlo, desde la oralidad o las pinturas rupestres hasta las ms sofisticadas tecnologas comunicacionales actuales gracias a la inteligencia artificial y la navegacin espacial. Pero sin dudas es un hecho destacable que con los fenmenos ocurridos en la modernidad, con el surgimiento de la produccin industrial destinada a grandes mercados y con la acelerada urbanizacin de estos ltimos dos siglos que se va dando en toda la faz del planeta, sucedieron cambios particulares en la forma de comunicarnos. En esa perspectiva surgi la comunicacin de masas, es decir: el proceso donde lo distintivo es la cantidad enorme de receptores que reciben mensajes de un emisor nico. El siglo XX ha estado marcado bsicamente por ese hecho, novedoso en la historia, y con caractersticas propias que van definiendo en trminos de civilizacin las modalidades de la modernidad. Lo masivo entra triunfalmente en escena para ya no retirarse ms.

En las ltimas dcadas del siglo XX, ya en plena explosin cientfico-tcnica con una industria que definitivamente ha cambiado el mundo extendindose por prcticamente todos los rincones del planeta, las tecnologas comunicacionales van marcando el ritmo de la sociedad global. Es a partir de ese momento que efectivamente se puede hablar de una verdadera aldea global, un mundo absolutamente interconectado, intercomunicado, un mundo donde las distancias fsicas ya no constituyen un obstculo para la aproximacin de todos con todos.

En esa perspectiva, la nueva sociedad que se perfila con la globalizacin, y por tanto sus herramientas por excelencia, las llamadas TICs -la telefona celular, la computadora, el internet-, abren esas preguntas: ms informacin disponible produce por fuerza una mejor calidad de vida y un mejor desarrollo personal y social? Esas tecnologas, ayudan a la inclusin social, o por el contrario refuerzan la exclusin? O slo generan beneficios a las multinacionales que se dedican a su comercializacin, contribuyendo a un mayor y ms sofisticado control social por parte de los grandes poderes globales?

La respuesta no est en las tecnologas propiamente dichas, por supuesto. Las tecnologas, como siempre ha sido a travs de la historia, no dejan de tener un valor puramente instrumental. Lo importante es el proyecto humano en que se inscriben, el objetivo al servicio del que actan. En ese sentido, para romper un planteo simplista y maniqueo: no hay tcnicas buenas y tcnicas malas en trminos ticos. Ms all de las conexiones, son los usos concretos y efectivos los que pueden llevar o no a mantener o profundizar las brechas que de hecho existen en el mundo real. Con lo cual la apertura infinita que supone el mero acceso formal a la red no necesariamente alcanza para hablar de una democratizacin de la sociedad o incluso del acceso a la informacin. Mucho menos si se trata de informacin de relevancia para el proceso de toma de decisiones o de participacin en el ingreso socialmente producido. Con internet se abren ciertos accesos, pero no se democratiza la sociedad ni la cultura. (8)

Por supuesto que el acceso a tecnologas que permiten el manejo de informacin de un modo como nunca antes en la historia se haba dado brinda la posibilidad de un salto cualitativo para el desarrollo, para el mejoramiento real de las condiciones de vida. Sucede, sin embargo, que esas tecnologas, ms all de una cierta ilusin de absoluta democratizacin, no producen por s mismas los cambios necesarios para terminar con los problemas crnicos de asimetras que siguen poblando el mundo. Ms all de los intentos de capitalismos serios, de capitalismos responsables, las luchas de clases y la apropiacin de la riqueza generada por el trabajo humano siguen siendo el quid de la cuestin. Las tecnologas, si bien pueden mejorar las condiciones de vida hacindolas ms cmodas y confortables, no modifican las relaciones poltico-sociales a partir de las que se decide su uso. El capitalismo, por ms serio y responsable que sea, no termina con la explotacin y exclusin de los ms, aunque se est conectado.

Hoy das estas nuevas tecnologas las encontramos cada vez ms omnipresentes en todas las facetas de la vida: sirven para la comercializacin de bienes y servicios, para la banca en lnea, para la administracin pblica (pago de impuestos, gestin de documentacin, presentacin de denuncias), para la bsqueda de la ms variada informacin (acadmica, periodstica, de solaz), para el ocio y esparcimiento (siendo los videojuegos una de las instancias que ms crece en el mundo de las nuevas tecnologas digitales), para la prctica de deportes, para el desarrollo del arte, en la gestin pblica (algunos gobiernos estn incorporando el uso de redes sociales como Twitter, Facebook o Youtube cuando las autoridades dan a conocer su posicin sobre acontecimientos relevantes), habiendo incluso todo un campo relacionado al sexo ciberntico.

Como vemos, estos nuevos espacios abiertos por las actuales tecnologas de punta dan para todo. Como no poda ser de otro modo, tambin constituyen un campo de batalla poltico. En tanto mbito donde los grandes poderes econmicos -por tanto polticos y culturales- han sentado sus reales, el campo popular, o si queremos decirlo de otro modo: las clases subordinadas, los explotados de toda laya que seguimos siendo la mayora planetaria, tenemos ah un lugar ms desde donde dar batalla. Para el caso: guerra poltico-cultural.

Los medios alternativos que hacen uso de estas tcnicas tienen en el ciberespacio su mbito natural de trabajo. Pero desde ya hay que apurarse a dejar muy en claro que ningn cambio es posible SLO con el uso de las redes cibernticas. La ilusin -sin dudas manipulada- en relacin a que hoy es posible una revolucin virtual no pasa de eso: ilusin. La movilizacin popular, igual que el sexo, sigue necesitando de la presencia corprea. No negamos en absoluto -lo decimos como realizadores de una pgina electrnica justamente: ARGENPRESS- que en esta realidad comunicacional tambin debe darse batalla. Pero no hay que confundirse: la realidad virtual no reemplaza a la otra realidad. La lucha de clases, la explotacin y la extraccin de plusvala -conceptos que no estn muy a la moda hoy da, dada la marea neoliberal que ha invadido todos los espacios y nos ha silenciado bastante- siguen siendo el nudo gordiano de la sociedad, de la marcha de la historia. Si la violencia sigue siendo la partera de la historia, la guerra en el ciberespacio es un frente ms de lucha, pero no reemplaza a la gente de carne y hueso.

2. Ciberguerra.

La guerra, al igual que otras actividades humanas, ha evolucionado a lo largo del tiempo, se ha perfeccionado, ha ido haciendo uso de las tecnologas ms avanzadas de su momento. En ese sentido pude decirse que recorri un camino desde las confrontaciones cuerpo a cuerpo, en igualdad de condiciones y con armas equivalentes (garrote-garrote, arco-arco, fusil-fusil), hasta la que hoy es llamada guerra moderna, guerra total, consistente en un enfrentamiento asimtrico y no de equivalencias o, como la consideran actualmente algunos tericos del arte militar: guerra de cuarta generacin.

Si bien la guerra es siempre la negacin misma del hecho civilizatorio, de la normal convivencia apegada a normas sociales, la forma que ha ido adquiriendo hacia las ltimas dcadas del siglo XX, y que todo indicar que marcar el siglo actual, presenta caractersticas muy peculiares; si algo la define, es su total y ms absoluta deshumanizacin. Entindase bien: las guerras nunca son amorosas precisamente; pero lo que vamos viendo agravarse en estos ltimos aos, no como circunstancia azarosa sino como doctrina militar framente concebida, acadmicamente pensada, es una guerra que ya no distingue entre enemigo militar y poblacin civil no combatiente, recordemos la Escuela de las Amricas (School of the Americas), hoy rebautizada como Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperacin en Seguridad (Western Hemisphere Institute for Security Cooperation) situada actualmente en Fort Benning, en su viejo Manual de Estudio de Contra Inteligencia (pgina 8), deca textualmente, la seguridad civil: en todos los casos la misin de las fuerzas militares tiene prioridad sobre el bienestar de los civiles en el rea.

Una guerra que echa mano de los recursos ms arteros que anteriores instrumentos jurdicos internacionales (las Convenciones de Ginebra, por ejemplo) prohiban. Guerras, en definitivamente, que se fundamentan en ser tramposas, tortuosas, engaosas. Guerras sucias, bsicamente, guerras que estn ms all del cuerpo de leyes que intenta regir la vida civilizada.

Hoy por hoy, la lucha de clases a escala internacional tiene cada vez ms la forma de guerra de cuarta generacin, es decir: guerras no convencionales, guerras psicolgicas, guerras donde el objetivo es la poblacin civil no combatiente a la que se le llega por medios tecnolgicamente cada vez ms refinados. En otros trminos: sutiles acciones de desinformacin, de propaganda, donde el elemento dominante es la supremaca tecnolgica en la informtica y en las comunicaciones globalizadas, guerra donde no hay armas de fuego sino que el elemento preponderante es la colonizacin mental del enemigo. Como acertadamente lo dice Manuel Freytas: Los bombardeos mediticos no operan sobre su inteligencia, sino sobre su psicologa: no manipulan su conciencia sino sus deseos y temores inconscientes. Todos los das, durante las 24 horas, hay un ejrcito invisible que apunta a su cabeza: no utiliza tanques, aviones ni submarinos, sino informacin direccionada y manipulada por medio de imgenes y titulares.

Estados Unidos, como la primera potencia mundial dominante en todos los rdenes, tambin el militar, marca el rumbo en este tipo de guerras. Por lo pronto, alguien de su burocracia de Estado que se encarga de estos asuntos, el general Robert Elder Jr., oficial de inteligencia de la Fuerza Area, expres sin miramientos que el cambio cultural es que vamos a tratar a Internet como un campo de guerra y vamos a concentrarnos en l y darle prioridad para acciones en el ciberespacio y acompaarla, si es necesario, con acciones en el espacio areo y terrestre. Vamos a desarrollar, junto con las universidades, guerreros ciberespaciales que sean capaces de reaccionar ante cualquier amenaza las 24 horas del da durante los siete das de la semana.

http://www.ARGENPRESS.info/2011/07/estados-unidos-el-pentagono-revela.html
http://www.ARGENPRESS.info/2011/06/china-experto-dice-que-ciberestrategia.html

Pero esta doctrina no es slo defensiva, en junio de 2010 fue descubierto el virus Stuxnet, desarrollado por Israel con el apoyo material e intelectual de los Estados Unidos, esta pieza de software fue la lanza con la que se atacaron instalaciones de enriquecimiento de uranio pertenecientes al programa nuclear iran causando la destruccin de varios miles de centrifugadoras.

http://www.ARGENPRESS.info/2011/01/gusano-informatico-en-equipos-nucleares.html

El uso de las redes telemticas como campo de batalla no es slo una idea de los Estados Unidos, David Cameron, primer ministro de Gran Bretaa (donde dos jvenes de 20 y 22 aos fueron condenados a cuatro aos de crcel por montar -por separado- pginas de Facebook donde convocaban a motines, que no se realizaron), declar en el Parlamento que en respuesta a las revueltas que haban tenido lugar en el pas, su gobierno estudiaba medidas para prohibir a personas que utilizaran las redes sociales para la violencia, o de plano bloquear totalmente el acceso a las mismas, en situaciones de emergencia.

India por su parte decidi crear a travs Servicio de Inteligencia un departamento especial dedicado a bloquear pginas web de los estados enemigos.

http://www.ARGENPRESS.info/2010/08/india-reclutaran-ases-en-informatica.html

Asimismo el Ministerio de Defensa Nacional de Corea del Sur anunci que crear un nuevo comando para luchar contra una serie de ciberataques.

http://www.ARGENPRESS.info/2010/01/corea-del-sur-el-ejercito-creara-un.html

Las redes informticas, de ese modo, adems de ser un muy buen negocio para unas pocas empresas gigantescas de orden global, son tambin un campo de batalla especialmente sensible para el sistema, ms an para su vanguardia imperialista.

3. Retos de los pases del Tercer Mundo ante el nuevo escenario de la comunicacin digital.

Se entiende por globalizacin el proceso econmico, poltico y sociocultural que est teniendo lugar actualmente a nivel mundial por el que cada vez existe una mayor interrelacin econmica entre todos los rincones del planeta, por alejados que estn, gracias a estas tecnologas que han borrado prcticamente las distancias permitiendo comunicaciones en tiempo real, pero siempre -esto es vital no olvidarlo nunca- bajo el control de las grandes corporaciones multinacionales. En realidad, la globalizacin propiamente dicha comienza con la expansin del naciente capitalismo de Europa cuando sale a conquistar el mundo. Ah verdaderamente comienza a hacerse global, mundial, planetario el sistema econmico, y por tanto, su impronta poltico-cultural. Conquistadores europeos, con mano de obra esclava africana, sojuzgan a pueblos americanos, sentando las bases para una homogenizacin de toda la aldea global. Pero es recin ahora, con la cada del Muro de Berln y la desintegracin del bloque sovitico a fines del siglo XX, que el capitalismo se siente dueo y seor de todo el mundo. El actual epteto de neoliberal -eufemismo por decir capitalismo salvaje que borra las conquistas sociales y laborales obtenidas en un siglo de lucha por el campo popular- aparece como discurso nico, dominante absoluto, sin aparentes adversarios a la vista.

Esa globalizacin que vivimos (econmica, poltica y cultural) es el caldo de cultivo donde las TICs son el sistema circulatorio que la sostiene, haciendo parte vital de la nueva economa global centrada bsicamente en la comunicacin virtual, en la inteligencia artificial y en el conocimiento como principal recurso, todo lo cual permite el nuevo capitalismo financiero, hiper concentrado en poqusimas manos, que va ms all de los Estado-nacin modernos, y que en realidad de serio y responsable no puede tener nada (prefiere destruir el medio ambiente en nombre del lucro, por ejemplo). Las nuevas tecnologas del ciberespacio pueden abrir oportunidades para los sectores histricamente postergados, dado que posibilitan acceder a instrumentos que sirven para dar un salto adelante verdaderamente grande (por ejemplo, permitir una militancia digital, denunciar atropellos en tiempo real, conocer y hacerse conocer en todo el mundo, intercambiar, movilizar opinin); pero este mundo virtual puede tambin contribuir a mantener la distancia entre los que producen esas tecnologas de vanguardia (unos pocos pases del Norte), y quienes la adquieren (la gran mayora de los pases del Sur), ampliando as ms an la dependencia tanto comercial como tecnolgicamente.

Si acceder a las TICs es un puente al desarrollo, la brecha digital (mejor dicho: abismo digital, precipicio quiz?) que crea esta sociedad de la informacin, contraria a la inclusin digital global que debera promover una solidaridad universal, indica que los sectores ms opulentos aumentan su distancia respecto de los excluidos de siempre. A nivel internacional ello es por dems de elocuente: Actualmente, de las computadoras conectadas con la Internet, el 93% estn en los pases de ms altos ingresos, donde reside slo un 16% de la poblacin mundial. Hay en Finlandia ms computadoras conectadas a la Internet que en toda la regin de Amrica Latina y el Caribe; hay ms en la ciudad de Nueva York que en todo el continente de frica. (IDH, 2001. PNUD) (9)

Las nuevas tecnologas digitales, ms all de la explosin con que han entrado en escena y su consumo masivo siempre creciente, no benefician por igual a todos los sectores. En Amrica Latina la presencia o el desarrollo de una SIC [sociedad de la informacin y la comunicacin] est ms ligada a la consolidacin de grandes consorcios multinacionales del audiovisual, que a la incorporacin de la convergencia a los procesos productivos. Esto ltimo se ha polarizado en un sector capaz de desmaterializar la economa, en tanto que sobrevive otro gran sector que permanece al margen de los cambios tecnolgicos y contina trabajando dentro de un esquema de produccin clsico, ayudado de herramientas que tambin podramos definir como clsicas. En nuestros pases slo un sector de la poblacin (muy probablemente el que acumula el consumo tecnolgico de distintas generaciones), es la que se ha incorporado efectivamente al proceso de produccin ligado a la informacin y el conocimiento. (10)

La repetida insistencia en relacin a las maravillas de las nuevas tecnologas digitales de la informacin y la comunicacin, en realidad no pasa de ser un espejismo manipulado desde los grandes centros de poder que se benefician de ellas, de su comercializacin y de su uso como mecanismo de control a escala planetaria. El hecho de que en cierta forma la utilizacin de las TICs pueda facilitar algo las cosas para las grandes mayoras no es efectivo si no se terminan con los problemas estructurales, con las brechas sociales vergonzosas que siguen siendo nuestro paisaje cotidiano: el hambre, la exclusin crnica, el analfabetismo, las enfermedades curables, el racismo. Pese a este portento de las tecnologas de la inteligencia artificial, se sigue muriendo una persona cada 7 segundos porque no dispone de alimentos! Dnde est el progreso entonces?

No est demostrado que por el hecho de utilizar alguna de las TICs se elimine automticamente la exclusin social o se termine con la pobreza crnica. La explotacin sigue su curso inmodificable. De todos modos, sabiendo que estas herramientas encierran un enorme potencial, es vlido pensar que no disponer de ellas propicia la exclusin, o la puede profundizar. Visto que la red de redes, el internet, es la suma ms enorme nunca antes vista de informacin que pone al servicio de la humanidad toda una potente herramienta de comunicacin, no acceder a l crea desde ya una desventaja comparativa con quien s puede acceder. De todos modos, el desarrollo propiamente dicho, el aprovechamiento efectivo de las potencialidades que abren las TICs, no se da por el slo hecho de disponer de una computadora, de hacer uso de las redes sociales o de un telfono celular de ltima generacin, o de una consola de videojuegos, tan a la moda hoy da. Los videojuegos, valga agregar, que cada vez comienzan a ser jugados desde las ms tempranas edades (2 3 aos), bastante poco amigables para los adultos -los que no han crecido en esta cultura ciberntica- funcionan como verdaderas propeduticas informales para el acercamiento amistoso y ldico a los aparatos electrnicos. [] Ese tiempo invertido los acerca sin reparos mayores a la manipulacin de aparatos de tecnologa digital. (11) Despus de varios aos de acostumbramiento, ya desde nios, los jvenes encuentran como algo absolutamente natural, y ms an: imprescindible, el mundo de las TICs. El consumismo est ya puesto en marcha, y la obsolescencia programada har que cada cierto tiempo haya que reemplazar el aparatito en cuestin. Obviamente todos estos aparatos podrn ser bonitos, pero no dejan de ser instrumentos, tiles, herramientas. Dentro de las relaciones capitalistas en que prcticamente todo el mundo se mueve, las herramientas, por s mismas, no hacen sino seguir enriqueciendo ms a quienes las fabrican y las comercializan, tornando al Tercer Mundo ms dependiente de los centros planetarios de poder.

Lo que s hace la diferencia es la capacidad que una poblacin pueda tener para aprovechar creativamente estas nuevas formas culturales. Si el internet ha transformado la vida, como tan insistentemente dice cierto pensamiento dominante (desde una perspectiva ms mercadolgica que crtica, terminando por constituirse en mito, en manipulacin meditica), ello permite descubrir el porqu de esa tenaz repeticin: est claro que alimenta muy generosamente a quienes lucran con su comercializacin. Google, por ejemplo, el motor de bsqueda ms potente y con la mayor cantidad de consultas diarias en la red en todo el mundo, ha facturado 150.000 millones de euros en 10 aos. Junto a ello, la posibilidad de control panptico a escala absolutamente mundial fuerza a su expansin siempre creciente.

Ante este panorama, el Sur no debe seguir ciegamente el dictado consumista de endiosar las nuevas tecnologas sin una visin crtica, ampliando as la dependencia. De lo que se trata es de justipreciar cmo esos instrumentos pueden ser, o no, nuevos caminos para la liberacin, o para seguir ampliando las asimetras.

4. Incidencia de los medios alternativos y las redes sociales en la opinin pblica y en el hacer de la poltica internacional.

Tal como expresan los lineamientos generales del este Congreso: La evolucin de la Web, el surgimiento de los medios alternativos, las redes sociales de Internet, as como los blogs y wikis, crean nuevas posibilidades para la comunicacin social y poltica. Este nuevo escenario comunicativo a nivel internacional demanda cada vez ms la creacin de condiciones para maximizar su aprovechamiento. Sin caer en empobrecedores maniquesmos ni valoraciones moralizantes, ni tampoco en triunfalismos exagerados que pierden la verdadera dimensin de las cosas, digamos que toda esta amplia batera de nuevas tecnologas ofrece interesantes posibilidades si lo pensamos desde una perspectiva revolucionaria, al mismo tiempo que no se pueden desconocer sus peligros latentes. El reto est en ver cmo se navega en esas aguas y se puede llegar a buen puerto.

Las TIC son especialmente atractivas, y con mucha facilidad pueden pasar a ser adictivas (de la real necesidad de comunicacin fcilmente se puede pasar a la adiccin, ms an si ello est inducido, tal como sucede efectivamente). En una investigacin que se hizo recientemente en Guatemala sobre este tpico se pregunt a jvenes usuarios de estas tecnologas -de distinta extraccin social- si al estar haciendo el amor y recibir una llamada a su telfono celular, qu haran? muchos (y muchas) respondieron que, sin dudarlo, contestaran. No hay dudas que estamos ante un importante cambio de actitudes.

Estamos invadidos por una cultura del uso de lo digital; se nos ha dicho incluso, interesadamente o no, que la reciente primavera rabe, por ejemplo, se provoc por la catarata de mensajes de texto transmitidos en los telfonos mviles y por el uso de las llamadas redes sociales. Las nuevas revoluciones, entonces, se construirn sobre la base de realidades virtuales que movilizan a las masas? Dejamos aqu el anlisis de ese movimiento de los pueblos rabes porque no es el espacio adecuado para tratarlo, pero no podemos menos de indicar que, hoy por hoy, vivimos una cierta entronizacin de lo digital que puede llevarnos a verlo como panacea. De todos modos, ms all de la interesada prdica que identifica a las TICs con esa solucin universal, no hay dudas que tienen algo especial que las va tornando imprescindibles.

Estar conectado, estar todo el tiempo con el telfono celular en la mano, estar pendiente eternamente del mensaje que puede llegar, de las redes sociales, del chat, constituye un hecho culturalmente novedoso.

La definicin ms ajustada para un telfono celular (lo mismo se podra decir de las TICs en general) es que, poseyendo el equipo en cuestin -telfono, computadora, acceso a internet- se est conectado, que es como decir: estar vivo. Definitivamente todas estas tecnologas van mucho ms all de una circunstancial moda: constituyen un cambio cultural profundo, un hecho civilizatorio, una modificacin en la conformacin misma del sujeto y, por tanto, de los colectivos, de los imaginarios sociales con que se recrea el mundo. Eso nos abre forzosamente la pregunta: constituyen tambin un arma poltica? Son un instrumento ms para la revolucin?

Lo importante a destacar es que esa penetracin que tienen las TICs no es casual. Si gustan de esa manera, es por algo. Como mnimo se podran sealar dos caractersticas que le confieren ese grado de atraccin: a) estn ligadas a la imagen, y b) permiten la interactividad en forma perpetua.

La imagen juega un papel muy importante en las TICs. Lo visual, cada vez ms, pasa a ser definitorio. La imagen es masiva e inmediata, dice todo en un golpe de vista. Eso fascina, atrapa; pero al mismo tiempo no da mayores posibilidades de reflexin. La lectura cansa. Se prefiere el significado resumido y fulminante de la imagen sinttica. sta fascina y seduce. Se renuncia as al vnculo lgico, a la secuencia razonada, a la reflexin que necesariamente implica el regreso a s mismo, se quejaba amargamente Giovanni Sartori (12). Lo cierto es que el discurso y la lgica del relato por imgenes estn modificando la forma de percibir y el procesamiento de los conocimientos que tenemos de la realidad. Hoy por hoy la tendencia es ir suplantando lo racional-intelectual -dado en buena medida por la lectura- por esta nueva dimensin de la imagen como nueva deidad.

Junto a eso cobra una similar importancia la fascinacin con la respuesta inmediata que permite el estar conectado en forma perpetua y la interactividad, la respuesta siempre posible en ambas vas, recibiendo y enviando todo tipo de mensajes. La sensacin de ubicuidad est as presente, con la promesa de una comunicacin continua, amparada en el anonimato que confieren en buena medida las TICs. (Muchos tmidos consiguen pareja por su intermedio. Eso es un hecho).

La llegada de estas tecnologas abre una nueva manera de pensar, de sentir, de relacionarse con los otros, de organizarse; en otros trminos: cambia las identidades, las subjetividades. Quin hubiera respondido algunas dcadas atrs que prefera contestar el telfono fijo a seguir haciendo el amor?

Hoy da la sociedad de la informacin, por medio de estas herramientas, nos sobrecarga de referencias. La suma de conocimiento, o ms especficamente: de datos, de que se dispone es fabulosa. Pero tanta informacin acumulada, para el ciudadano de a pie y sin mayores criterios con que procesarla, tambin puede resultar contraproducente. Puede afirmarse que existe una sobreoferta informativa. Toda esta saturacin y sobreabundancia de informacin?, y su posible banalizacin, se ha trasladado a la red, a las TICs en general, inundando todo. De una cultura del conocimiento y su posible apropiacin se puede pasar sin mayor solucin de continuidad a una cultura del divertimento, de la superficialidad. Las TICs permiten ambas vas.

Si bien las TICs se estn difundiendo por toda la sociedad global, quienes ms se contactan con ellas, las utilizan, las aprovechan en su vida diaria dedicndole ms tiempo y energa, y concomitantemente vindose especialmente influenciados por ellas, son los jvenes. Es evidente que la globalizacin en curso uniforma criterios sin borrar las diferencias estructurales; de ah que, diferencias mediantes, las generaciones actuales de jvenes son todas hijas de las TICs, o nativos digitales, como se les ha llamado. Aquello que para las generaciones anteriores es novedad, imposicin externa, obstculo, presin para adaptarse -en el trabajo, en la gestin, en el entretenimiento- y en muchos casos temor reverencial, para las generaciones ms jvenes es un dato ms de su existencia cotidiana, una realidad tan naturalizada y aceptada que no merece siquiera la interrogacin y menos an la crtica. Se trata en efecto de una condicin constitutiva de la experiencia de las generaciones jvenes, ms instalada e inadvertida a medida que se baja en la edad (13)

En esa dimensin, lo importante, lo definitorio es estar conectado y siempre disponible para la comunicacin. De esa lgica surgen las llamadas redes sociales, espacios interactivos donde se puede navegar todo el tiempo a la bsqueda de lo que sea: novedades, entretenimiento, informacin, aventura, etc., etc. En las redes sociales, usadas fundamentalmente por jvenes, alguien puede tener infinitos amigos. O, al menos, la ilusin de una correspondencia infinita de amistades. En esa lnea, creemos importante no dejar de hacer notar que la superficialidad no es ajena a buena parte de la cultura que generan las TICs. De ah que debe verse muy en detalle cmo estas tecnologas comportan, al mismo tiempo que grandes posibilidades, tambin riesgos que no pueden menospreciarse. La cultura de la ligereza, de lo superficial y falta de profundidad crtica puede venir de la mano de las TICs, siendo los jvenes -sus principales usuarios- quienes repitan esas pautas. Sin caer en preocupaciones extremistas, no hay que dejar de tener en vista que esa entronizacin de la imagen y la inmediatez, en muchos casos compartida con la multifuncin simultnea (se hacen infinitas cosas al mismo tiempo), puede dar como resultado productos a revisar con aire crtico: en trminos mayoritarios [los jvenes usuarios de TICs] adquieren informacin mecnicamente, desconectada de la realidad diaria, tienden a dedicar el mnimo esfuerzo al estudio, necesario para la promocin, adoptan una actitud pasiva frente al conocimiento, tienen dificultades para manejar conceptos abstractos, no pueden establecer relaciones que articulen teora y prctica. (14)

Pero si bien es cierto que esta cibercultura abre la posibilidad de esta cierta liviandad, tambin da la posibilidad de acceder a un cmulo de informacin y a nuevas formas de procesar la misma como nunca antes se haba dado, por lo que estamos all ante un fenomenal reto.

Los medios alternativos de comunicacin, como ARGENPRESS por ejemplo, que hacen uso de la red, de todas estas nuevas herramientas digitales, son un granito de arena ms en la larga y continuada lucha por un mundo mejor. Hoy, cado el Muro de Berln, y con l muchas esperanzas, no hay dudas que el campo popular est un poco (bastante) falto de ideas claras, de referentes precisos en la batalla por esas transformaciones. Los ideales de algunas dcadas atrs, si bien no han desaparecido, quedaron golpeados. La fabulosa ola neoliberal que todava nos sigue afectando ha significado un golpe muy grande para la izquierda.

En ese marco, la cultura digital que ha llegado con una fuerza fabulosa, abre un reto: obviamente, en tanto tecnologa, no es buena ni mala. Plantearlo as es sumamente reduccionista. Pero no se puede dejar de considerar cmo funciona, quin la maneja, qu papel juega para los grandes poderes globales como negocio y como mecanismo de control social. La posibilidad de construir ah un espacio alternativo est abierta.

No debemos dejar de tener en cuenta que se han abierto ciertos canales para una relativa democratizacin de la informacin. En cierto sentido, todos podemos dejar nuestra marca en la red de redes, decir, denunciar, hacer evidentes ciertas cosas. Pero no hay que olvidar que ese fabuloso espacio virtual tambin est hiper controlado por los enormes poderes de siempre, que el trfico satelital no lo maneja el campo popular, que tecnolgicamente dependemos de unos pocos servidores que manejan ese trfico. La ilusin de creer que la revolucin se agota en una pantalla es un peligro. Bienvenidas las tecnologas digitales, sin duda. Aprovechmoslas, conozcmoslas en profundidad, saqumosle el mximo posible de provecho. Pero estemos conscientes que la revolucin socialista no es una cuestin puramente tcnica. La tecnologa, si no est al servicio de la causa del Ser Humano como especie, sigue siendo un mecanismo de dominacin.

Los medios alternativos de comunicacin son un elemento ms de un prolongado combate popular en pro de un mundo con mayor justicia, combate que por cierto no ha terminado an, que ha perdido quiz la batalla de estas ltimas dos dcadas, pero no la guerra.

Citas:
1) Tesis presentada en el Encuentro Internacional de Pars de 1988 de la Asociacin por el Centro Michel Foucault.
2) Ver El fin de la privacidad, dossier en la revista Noticias, 25 de octubre de 1997.
3) Ver La marca de la bestia. Identificacin, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contempornea, por Anbal Ford, Grupo Editorial Norma, Coleccin Vitral, Buenos Aires-Barcelona, 1999.
4) El ojo del poder, entrevista de Jean-Paul Barou con Michel Foucault, en Bentham Jeremas: El Panptico, Editorial La Piqueta, Barcelona, 1980).
5) Roszak, Theodor. El culto a la informacin. Un tratado sobre alta tecnologa, inteligencia artificial y el verdadero arte de pensar. Ed. Gedisa. Barcelona, 2005.
6) UNESCO. Un solo mundo, voces mltiples. Comunicacin e informacin en nuestro tiempo. Fondo de Cultura Econmica. Mxico, 1993
7) Ver Crovi, Diana. Sociedad de la informacin y el conocimiento. Entre el optimismo y la desesperanza. UNAM. Mxico, 2002.
8) Ver Urresti, Marcelo. Ciberculturas juveniles. La Cruja Ediciones. Buenos Aires, 2008.
9) Ver Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2001.
10) Ver Crovi, Diana.
11)Ver Urresti, Marcelo.
12) Sartori, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida. Ed. Taurus. Barcelona, 1997.
13) Ver Urresti, Marcelo.
14) Ver Estvez, C. La comunicacin en el aula y el progreso del conocimiento, en Urresti, Marcelo. 2006

Bibliografa:
- Aberastury, Pedro, Corbire, Emilio J. y otros autores. Poder poltico y libertad de expresin, Instituto de Ciencia Poltica y Constitucional de la Sociedad Cientfica Argentina, Editorial Abeledo-Perrot. Buenos Aires, 2001.
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- Corbire, Emilio J. y Amado, Oscar. Echelon y Enfopol, los nombres del espionaje electrnico, Segundo Seminario Miguel Enrquez, Santiago de Chile, 13 a 15 de octubre de 2000, Ediciones Cuadernos de la Fundacin Juan B. Justo. Buenos Aires, 2000.
- Cornelius Castoriadis. El mundo fragmentado, Editorial Altamira. Buenos Aires, 1990.
- Crovi, Diana. Sociedad de la informacin y el conocimiento. Entre el optimismo y la desesperanza, en Revista mexicana de Ciencias Polticas y Sociales. Mxico. Ao XLV, N. 185, mayo-agosto de 2002, Facultad de Ciencias Polticas y Sociales. UNAM, 2002.
- Ford, Anbal. Navegaciones. Comunicacin, cultura y crisis. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1996.
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- Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Informe de Desarrollo Humano 2001.
- Roszak, Theodor. El culto a la informacin. Un tratado sobre alta tecnologa, inteligencia artificial y el verdadero arte de pensar. Ed. Gedisa. Barcelona, 2005.
- Sartori, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida. Ed. Taurus. Barcelona, 1997.
- Serrano, Pascual. La llegada de internet al periodismo. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=138479. 2011.
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- Vern, Eliseo. Ideologa y comunicacin de masas: La semantizacin de la violencia poltica. Publicado en VV.AA. Lenguaje y comunicacin social, Nueva Visin, Buenos Aires, 1971.
- Wolton, D. Internet, y despus? Una Teora Crtica Sobre los Nuevos Media. Ed. Gedisa, Barcelona, 2000.

Fuente original: http://www.argenpress.info/2011/12/ponencia-de-argenpress-en-el-taller.html



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