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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2005

Barcelona Underground: fulgor y muerte de la contracultura

Isidro Lpez y Carlos Prieto
Ladinamo


En el mito de la transicin que todo conocemos, la Movida madrilea hace las veces de remate esttico de una Transicin modlica. En cambio, se suele olvidar que unos aos antes, en Barcelona, existi un movimiento que verdaderamente plante una ruptura tanto con el progresismo aburrido cuanto con cuarenta aos de miserable cultura oficial. La contracultura barcelonesa fue el primer intento de construir un underground despus de la Guerra Civil. La msica de Pau Riba y Sisa, los cmics de Nazario o los macrofestivales de Canet fueron algunas de las expresiones mas visibles de un movimiento que se difunda en pequeas publicaciones como Star, Ajoblanco o Disco Express.

Al final de la Rambla

La Espaa post-autrquica de principios de los aos sesenta presentaba unas perspectivas miserables para cualquier joven; el aburrido triunvirato clsico csate-trabaja-procrea pareca una norma de hierro para aquellos (pocos) que empezaban a preocuparse por alguna cosa ms que encontrar algo de comer. En este estado de desencanto de los chavales de clase media, aparecen los planes de desarrollo, el turismo, el consumo a la americana y, con l, la primera oleada de mercancas culturales especficamente destinadas a la juventud.

Pau Malvido, en sus artculos de los setenta para la revista Star, recopilados recientemente en el libro Nosotros los malditos (Anagrama, 2004), es quien mejor ha contado la gnesis de la contracultura en Barcelona. A principios de los sesenta, la Universidad empezaba a moverse un poco y en Asturias los mineros hacan las huelgas ms importantes desde el 39. Las salas de baile que haban estado controladas por la Falange (al acabar sonaba el himno nacional) empezaban a convertirse en dancings primero y en botes y discotheques despus. Es en ese momento de cierta presin modernizadora cuando la gente ye-y puede reunirse en masa por primera vez. En Barcelona, esta vuelta a la vida, mitad poltica mitad pop, se vio favorecida por ciertas caractersticas de la ciudad: Barcelona por tener puerto de mar, colonias gitanas, barrio chino y legionarios en el norte de frica, tiene una larga historia de grifa, de caramelitos de gloria a cinco duros.

Los escasos garitos en los que se fumaba grifa sirvieron de lugar de encuentro de jvenes de diferentes sectores sociales porreros, gente procedentes de las bandas de barrio, rockeros, izquierdistas, estudiantes o chavas (hijos de andaluces inmigrados) que por fin encontraban algo en comn de lo que poder hablar. El primer hippismo empezaba a asomar la cabeza.

Este primer acercamiento de los universitarios izquierdistas a los ambientes marginales facilit que la nueva cultura de la protesta estudiantil americana (con su reivindicacin de lo popular y lo espontneo) ganara peso frente a una concepcin ms deliberadamente intelectual (cine clubs y sesudos cantautores franceses) de la cultura de izquierdas. En palabras de Malvido, los jipis y compaa haban recibido la moda yanqui e inglesa como su derecho a ser diferentes.

En opinin de Lluis Fernndez, otra de las personas que colaboraron activamente en la prensa contracultural de la poca, lo que se produjo durante esos aos fue un cambio de intereses de una generacin polticamente antifranquista a otra en donde los valores subculturales y cierta adscripcin anarquista, faccin pasota, reivindicaba las drogas, la libertad sexual y los movimientos de liberacin gay como emblemas generacionales opuestos al conservadurismo de derechas y de izquierdas.


Los aos del desmadre

En Espaa la sociedad de consumo llegaba poco a poco y los palos llegaban muy deprisa y en grandes cantidades: En el primer concierto hippie de Barcelona cuenta Malvido la polica apaliz al pblico: era un enemigo difcilmente etiquetable, pero enemigo a fin de cuentas, de las normas sociales establecidas.

Cuantos ms estudiantes se apuntaban al hippismo ms aumentaban los palos, entre otras cosas porque, a partir de 1971, como explica Malvido, la familia Manson fue tomada como pretexto para desencadenar una campaa antihippie en todo el mundo. En el diario ABC de Madrid se denunciaba la presencia de indeseables drogadictos, violadores de menores nudistas en las playas balericas. Tampoco ayud a contener esta ola represiva la falta de discrecin de los chavales: Si la primera promocin jipi haba heredado los usos y costumbres de la clandestinidad y la prudencia de su anterior militancia poltica [], la segunda se lanz de buenas a primeras al jipismo: el tpico jipi descarado de la Plaza del Rey, sentado fumndose porros, pasndolos a desconocidos compaeros, o las concentraciones de tripantes en masa de las Ramblas en medio de la mayor confusin propia y extraa.

Se acab la diversin, lleg el consenso y mand parar

La euforia se desat tras la muerte del Caudillo en 1975. El posterior vaco de poder hizo que se incrementara la sensacin de que se estaba al borde de una ruptura brutal, y desde las filas de la contracultura se produjo un progresivo acercamiento hacia de las posiciones polticas de la CNT (o, si se prefiere, un alejamiento del pactismo de los partidos polticos de izquierda). Como ha contado a LDNM el escritor David Castillo, autor de dos novelas, El cielo del infierno y Sin mirar atrs, cuyos protagonistas vivieron de cerca esos aos, resultaba curiosa la simbiosis entre gentes de la contracultura con los libertarios, desde las experiencias en la crcel hasta en las grandes fiestas del momento como las Jornadas Libertarias de 1977, organizadas conjuntamente por la CNT y la revista Ajoblanco. Estas masivas jornadas fueron, junto a las manifestaciones del 1 y el 8 de febrero de 1976 por las calles de Barcelona, algunos de los momentos lgidos del periodo. Pero entonces los grandes partidos de la izquierda pactaron los lmites de la democracia con los herederos del franquismo. Algunos vieron venir lo que se avecinaba:

Quizs se acuerden del loco verano pasado, de las increbles Jornadas Libertarias, del espectculo ramblero de cada noche, y hayan decidido que no se vuelva a repetir. En estos momentos la espontaneidad asusta, asusta porque en un proceso como el que est viviendo este pas es muy fcil dar un paso ms all de lo que los mandarines otorgan, y esto es lo que no van a dejar que suceda, porque si lo permitieran, todo el tinglado que se estn montando se les vendra abajo. Eso es lo que ahora llaman consenso. (Disco Expres, agosto de 1978)

El liquidacionismo de la izquierda institucional tuvo su recompensa: los izquierdistas moderados ya podan formar parte de derecho del nuevo orden. Entre los que no se subieron al carro existe la creencia generalizada de que este panorama de ascenso social fue ms efectivo para desmantelar el tejido social y artstico de la contracultura que veinte aos de represin. En opinin de Llus Fernndez, los intereses polticos, culturales y artsticos dejaron de ser comunes. Ni los nacionalistas, ni la izquierda, ni siquiera los representantes de la modernidad, estaban dispuestos a dejar que las cosas siguieran aquel accidentado curso. Al mismo tiempo, lo que en apariencia era un grupo unido por intereses comunes se destap como una serie de individuos adscritos a grupos polticos con deseos totalmente homologables con los que ocuparon el poder. Segn el cantante de rock Oriol Tranva, los partidarios de la reforma o transicin fueron copando los sitios de salida y los dems nos quedamos sin dorsal. Lo primero que se agot fue la utopa, luego lleg la renuncia y ya estamos en el olvido. Dios, qu salto! Del sexo, drogas y rock and roll al mster en Estados Unidos....

Como nos recuerda David Castillo, al que espontneamente no sala corriendo se le daba un empujoncito con las (entonces) nuevas tcticas democrticas para enviar la idea de revolucin a las catacumbas: El Estado no estaba dispuesto a asumir cosas que no controlaba. Se acojonaron con lo que pas durante 1976 y especialmente en 1977. A principios de 1978 prepararon diferentes montajes policiales, entre ellos el Caso Scala incendio en una sala de espectculos con cuatro muertos y masacraron los sindicatos de la CNT con una vergonzosa campaa de prensa en la que intervinieron los principales medios de comunicacin del momento. La entrada masiva de la herona hizo el resto.

 

Pequeoburgueses pasotas y drogadictos seramos para la izquierda (comunistas o socialistas); basura, anarquistas rayando en terroristas, para la derecha.

- Nazario

 

La poltica ya estaba llena de alpinistas expertos en la clandestinidad. No hay que olvidar que el PP reuni en un solo gobierno hasta cuatro ministros que haba militado en organizaciones comunistas durante la clandestinidad. Eso lo explica todo.

- David Castillo

 

Luego vendran unos aos en los que esa poca se pretender ignorar, ocultar, soslayar, saltar por encima, minimizar o lo que sera peor, maquillar o tergiversar recordndola simplemente como unos aos de jipismo, psicodelia o pasotismo".

- Nazario

Cmo ser hippie y macarra a la vez

En un captulo de la serie de televisin Cuntame como pas, poderoso formador del imaginario colectivo sobre el tardofranquismo, la hija de los Alcntara huye a Ibiza con su novio hippie. Cuando sus padres viajan a la isla en busca de la hija descarriada descubren con horror que sta se dedica a vender sandalias y artesana en la calle. Esta apoteosis del tpico, como explica Pau Malvido, es todo un clsico autctono: El Festival de Granollers de 1971 fue el primer gran festival al aire libre. Recuerdo que la gente de las afueras de Granollers, ya casi en pleno campo, miraba sorprendida la larga e interminable fila de extraos personajes que desfilaban hacia el rudimentario campo de deportes que haba sido escogido como lugar. Los naturales del lugar comentaban: "Aquests no deuen ser hippies de veritat, caminen massa de pressa (Estos no deben de ser hippies de verdad, andan demasiado rpido). Todava la imagen popular del hippie era la del vagabundo pacifista de amor y flores. Sin embargo, en opinin de Malvido, ese hippismo de amor y flores era difcil en este pas, donde no haba ni plata sobrante, ni tolerancia, ni una agricultura apta para recibir a nuevos granjeros [...]. Y est adems toda la mala leche acumulada, los orgenes izquierdistas y barriobajeros del asunto.

Con estas caractersticas era inevitable que se produjeran ciertos contrastes cuando los primeros hippies catalanes emigraron a la isla de Formentera y se encontraron rodeados de hippies yanquis y holandeses mucho ms ricos que ellos. As, casi ningn barcelons alcanz la beatitud bobalicona de algunos de los hippies extranjeros. Llevbamos detrs demasiada carga como para eso. Los placeres, la sencillez, los ropajes amplios y cmodos, la fraternidad, la no-obligacin de hacer cosas importantes o de provecho, el ocio y el arte, todo eso lo intentamos y en buena parte lo conseguimos, pero acompandolo siempre de cierta dosis de enfrentamiento con todo lo que nos rodeaba. Es muy diferente un estudiante yanqui con pasta que se va a un campo frtil y organizado y disfruta de una beca o un seguro de desempleo, de un cataln pobretn, en un pas fascista, que se va a un campo depauperado y seco, donde para plantar una lechuga hay que extraer diez kilos de pedruscos y traer agua desde una cisterna semivaca a trescientos metros.

Las comunas: al fondo hay sitio

En su hostigamiento de las costumbres burguesas, los hippies se ensaaron especialmente con la familia. La alternativa fue la vida en comunidad, un experimento cultural que, a tenor de lo que cuentan los que lo vivieron, resolvi algunos problemas, cre otros, y dio pie a todo tipo de situaciones dantescas.

 

Javier Mariscal: Eddy El Lento era de Alicante, no soportaba ningn tipo de orden en la casa y cada vez que Sefer y yo cogamos una escoba y un mocho nos trataba de reaccionarios y pequeoburgueses. El Perro estaba instalado en la sala, al lado del tocadiscos, desde haca un mes. Acababa de llegar de msterdam. Haba ido en plan jovencito moderno valenciano y volva convertido en un hippie alucinado con la onda religiosa del amor. Tocaba los bongos las venticuatro horas y cada vez que te cruzabas con l, te caa uno o dos besos y un abrazo. Paz hermano. Paz y amor hermano. Sonaba ms veces el timbre y Sefer se mosqueaba porque el ltimo, un colgao de Murcia entraba en plan Hola, soy amigo de Sefer y vengo unos das a quedarme. Oye to, que yo soy Sefer y no te conozco de nada. Enrllate nano. Qu pasa, to? Buena onda.

 

Pau Malvido: Algunos catalanes llegaron a Formentera en 1968, en pleno apogeo yanqui-nrdico sonriente. Se empez a formar una extraa red de relaciones. Los payeses alquilaban casas, la Guardia Civil exiga la inscripcin en un registro especial de los habitantes de cada casa alquilada y presionaba a los payeses a no admitir ms de un nmero determinado de hippies en cada una. Los payeses no podan evitar que las casas se llenasen ms de lo permitido y entonces dudaban entre denunciarlo a la Guardia Civil o intentar cobrar ms para compensarse del riesgo que corran si la Guardia Civil registraba una casa y hallaba ms elementos de los inscritos []. Los catalanes eran ms perseguidos, se pedan fichas a Barcelona, eran ms hbiles a la hora de discutir los precios, alquileres y leyes. En fin, eran ms incmodos. Todo el asunto se basaba, en teora, en una Ley de Salubridad e Higiene pblica que prohiba el amontonamiento de gente en las casas. Nosotros pensbamos con cierta amarga irona en las masas de realquilados apretujados en el barrio viejo de Barcelona, en los bloques de tres familias por piso de los barrios obreros.

 

Nazario: Por all pasaron todas las movidas valencianas, madrileas o sevillanas aparte de los diversos grupos catalanes. Colgados que iban y venan de msterdam, Formentera o la India. Para los festivales era imposible andar por un suelo tapizado de sacos de dormir.

Al loco canario Manolito le da un ataque y se hincha a pintar las paredes, tira sus ropas por la escalera y se larga desnudo. Hay que avisar a sus padres, que vinieron corriendo y lo internaron.

El problema mayor de este tipo de nidos era el del apalanque. Te venan pidiendo quedarse en cualquier rincn un par de das con las historias ms variadas e increbles y al cabo de meses nadie saba cmo echarlos".

 

 


La insoportable levedad de la progresa

Texto: Csar Estabiel

 

No s muy bien si el lastre ms pesado que tuvo que cargar la escena musical espaola de finales de los sesenta fue la falta de referencias propiciada por el enclaustramiento del rgimen fascista o el compromiso de la protesta. Me explico: si la cultura tiene su razn de ser en las imprevisibles explosiones de la imaginacin resulta paradjico que la msica respetable en Espaa entre 1968 y 1975 estuviera en manos de artistas con pinta de herramientas polticas. Cualquiera que se saliera de las reglas de los cantautores poda ser tachado de insensible, cuando no de reaccionario por los progres, esa izquierda estereotipada de pantaln de pana, barba cerrada, gusto por los lugares comunes y falta de ideas propias.

La contracultura, por tanto, naci tocada de muerte. A la segura indiferencia de los medios se le una el virulento rechazo de los artistas que hacan suya la cultura oficial. No obstante, la experiencia contracultural fue muy intensa en Barcelona. El festival de Canet Rock celebrado en esa poblacin costera en 1975 y recogido en un documental por Francesc Bellmunt se hubiera quedado simplemente en una macro-concentracin hippie, como un masivo fumadero de hachs, si sus programadores no se hubieran atrevido a convocar, entre otros, a dos personajes de una heterodoxia insultante: Pau Riba y Jaume Sisa. El primero haba articulado en 1970 un nuevo lenguaje en la msica popular. Dioptra no era rock, ni pop, ni sinfnico, ni folk. Simplemente, era Pau Riba. Algo tan simple que pareca extraordinario en aos dominados por las imposiciones de la cancin protesta. Sisa vena de Msica Dispersa, un colectivo hippie que en 1970 haba sacado con bastante morro un disco homnimo de folk lisrgico.

Las drogas marcaron aquella poca. Tanto que Riba se larg a Mallorca a atiborrarse de setas y an no se ha podido demostrar su vuelta al mundo real. Ya en los ochenta, Sisa perdi su identidad y pas a llamarse Ricardo Solfa.

Como buena manifestacin contracultural no levantaron escuela. Propinaron una gran hostia al buen gusto oficial y ellos se metieron una an mayor. Desde entonces, el nico underground nacional que conozco son las alcantarillas.

 

 



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