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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2011

Tercera carta a las izquierdas

Boaventura de Sousa Santos
Carta Maior

Traducido por Antoni Jess Aguil y revisado por lex Tarradellas


Cuando estn en el poder, las izquierdas no tienen tiempo para reflexionar sobre las transformaciones que ocurren en la sociedad y, cuando lo hacen, siempre es como reaccin a cualquier acontecimiento que perturbe el ejercicio del poder. La respuesta siempre es defensiva. Cuando no estn en el poder, se dividen internamente para definir quin ser el lder en las prximas elecciones, de modo que las reflexiones y los anlisis estn relacionadas con este objetivo.

Esta indisponibilidad para la reflexin, que siempre ha sido perniciosa, hoy es suicida. Por dos razones. La derecha tiene a su disposicin a todos los intelectuales orgnicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presin, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino. Por el contrario, las izquierdas no disponen de instrumentos de reflexin abiertos a los no militantes e, internamente, la reflexin sigue la lnea estril de las facciones.

Hoy en da, circula por el mundo una ola de informaciones y anlisis que podran tener una importancia decisiva para repensar y refundar las izquierdas tras el doble el colapso de la socialdemocracia y el socialismo real. El desequilibrio entre las izquierdas y la derecha en relacin con el conocimiento estratgico del mundo es hoy mayor que nunca.

La segunda razn es que las nuevas movilizaciones y militancias polticas por causas histricamente pertenecientes a las izquierdas se estn realizando sin ninguna referencia a ellas (con excepcin, tal vez, de la tradicin anarquista) e incluso, muchas veces, en oposicin a ellas. Esto no puede dejar de suscitar una profunda reflexin. Se est haciendo esta reflexin? Tengo razones para creer que no y la prueba de ello est en los intentos de captar, educar, minimizar o ignorar a la nueva militancia.

Propongo algunas lneas de reflexin. La primera se refiere a la polarizacin social que est emergiendo de las enormes desigualdades sociales. Vivimos en una poca que tiene algunas semejanzas con la de las revoluciones democrticas que convulsionaron Europa en 1848. Entonces la polarizacin social era enorme porque el proletariado (en ese momento una clase joven) dependa del trabajo para sobrevivir, pero (a diferencia de lo que ocurra con los padres y abuelos) el trabajo no dependa de l, dependa de quien lo daba o quitaba a su arbitrio, es decir, el patrn; si uno trabajaba, los salarios eran tan bajos y la jornada tan larga que la salud peligraba y la familia viva al borde del hambre; si era despedido, no tena ningn tipo de apoyo, salvo el de alguna economa solidaria o el recurso a la delincuencia. No resulta extrao que en estas revoluciones las dos grandes banderas de lucha fueran el derecho al trabajo y el derecho a una jornada laboral ms corta. Ciento cincuenta aos despus, la situacin no es exactamente la misma, pero las banderas siguen siendo actuales.

Y probablemente hoy lo sean ms de lo que lo eran hace treinta aos. Las revoluciones fueron sangrientas y fracasaron, pero los gobiernos conservadores que siguieron tuvieron que hacer concesiones para que la cuestin social no desembocara en una catstrofe. A qu distancia estamos nosotros de la catstrofe? Hasta ahora, la movilizacin contra la escandalosa desigualdad social (similar a la de 1848) es pacfica y tiene una fuerte tendencia moralista de denuncia.

No asusta al sistema financiero-democrtico. Quin puede garantizar que siga as? La derecha est preparada para responder represivamente a cualquier alteracin potencialmente amenazadora. Qu planes tienen las izquierdas? Volvern a dividirse como en el pasado, unas tomando la postura represora y otras la de la lucha contra la represin?

La segunda lnea de reflexin tambin tiene mucho que ver con las revoluciones de 1848 y consiste en cmo volver a conectar la democracia con las aspiraciones y decisiones de los ciudadanos. Entre las consignas de 1848, sobresalan liberalismo y democracia. Liberalismo significaba gobierno republicano, separacin entre Estado y religin, libertad de prensa; democracia, por su parte, significaba sufragio universal para los hombres. Se ha avanzado mucho en este aspecto en los ltimos ciento cincuenta aos. Sin embargo, en los ltimos treinta aos las conquistas logradas han sido cuestionadas y la democracia, ltimamente, parece ms bien una casa cerrada y ocupada por un grupo de extraterrestres que decide democrticamente sus propios intereses y dictatorialmente los de las grandes mayoras. Un rgimen mixto, una democradura.

El movimiento de los indignados y el movimiento Occupy [1] rechazan la expropiacin de la democracia y optan por tomar decisiones por consenso en sus asambleas. Estn locos o son un indicio de los retos que vienen por delante? Ya han pensado las izquierdas que, si no se sienten cmodas con formas de democracia de alta intensidad (dentro de los partidos y en la repblica), deberan retirarse o refundarse?


Notas

[1] Se refiere al movimiento Occupy Wall Street (Ocupa Wall Street o Toma Wall Street, en espaol). (N. T.)


 

Boventura de Sousa Santos es socilogo y profesor catedrtico de la Facultad de Economa de la Universidad de Coimbra (Portugal).

Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=5356

Publicado originalmente el 14 de Diciembre de 2011



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