Portada :: Europa :: Revuelta en Grecia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2011

Grecia e Italia
Los sagaces sarcasmos de Karl Marx a propsito de los "gobiernos tcnicos"

Marcello Musto
Sin Permiso


De regreso, desde hace unos cuantos aos, al debate periodstico de todo el mundo por el anlisis y el pronstico del carcter cclico y estructural de las crisis capitalistas, Marx tambin podra leerse hoy en Grecia e Italia por otro motivo: la reaparicin del "gobierno tcnico".

En calidad de periodista de la New York Tribune, uno de los diarios con mayor difusin de su tiempo, Marx observ los acontecimientos poltico-institucionales que llevaron en la Inglaterra de 1852 al nacimiento de uno de los primeros casos de "gobierno tcnico" de la historia: el gabinete Aberdeen (diciembre de 1852/enero de 1855). El anlisis de Marx resulta notabilsimo en punto a sagacidad y sarcasmo.

Mientras el Times celebraba el acontecimiento como signo del ingreso "en el milenio poltico, en una poca en la que el espritu de partido est destinado a desaparecer y en la que solamente el genio, la experiencia, la laboriosidad y el patriotismo darn derecho al acceso a los cargos pblicos", y peda para ese gobierno el apoyo de los "hombres de todas las tendencias", porque "sus principios exigen el consenso y el apoyo universales"; mientras eso decan los editorialistas del diario londinense, Marx ridiculizaba la situacin inglesa en el artculo "Un gobierno decrpito. Perspectivas del gabinete de coalicin", publicado en enero de 1853. Lo que el Times consideraba tan moderno y bien atado, lo present Marx como una farsa. Cuando la prensa de Londres anunci "un ministerio compuesto de hombres nuevos", Marx declar que "el mundo quedar un tanto estupefacto al enterarse de que la nueva era de la historia est a punto de ser inaugurada nada menos que por gastados y decrpitos octogenarios (.), burcratas que han venido participando en casi todos los gobiernos habidos y por haber desde fines del siglo pasado, asiduos de gabinete doblemente muertos, por edad y por usura, y slo con artificio mantenidos con vida".

Aparte del juicio personal estaba, claro es, el juicio, ms importante, sobre la poltica. Se pregunta Marx: "cuando nos promete la desaparicin total de las luchas entre los partidos, incluso la desaparicin de los partidos mismos, qu quiere decir el Times?". El interrogante es, desgraciadamente, de estricta actualidad en un mundo como el nuestro, en que el dominio del capital sobre el trabajo ha vuelto a hacerse tan salvaje como lo era a mediados del siglo XIX.

La separacin entre lo "econmico" y lo "poltico", que diferencia al capitalismo de modos de producir que lo precedieron, ha llegado hoy a su cumbre. La economa no slo domina a la poltica, fijndole agenda y decisiones, sino que le ha arrebatado sus competencias y la ha privado del control democrtico, y a punto tal, que un cambio de gobierno no altera ya las directrices de la poltica econmica y social.

En los ltimos 30 aos, inexorablemente, se ha procedido a transferir el poder de decisin de la esfera poltica a la econmica; a transformar posibles decisiones polticas en incontestables imperativos econmicos que, bajo la mscara ideolgica de loapoltico, disimulan, al contrario, un injerto netamente poltico y de contenido absolutamente reaccionario. La "redislocacin" de una parte de la esfera poltica en la economa, como mbito separable e inalterable, el paso del poder de los parlamentos (ya suficientemente vaciados de valor representativo por los sistemas electorales mayoritarios y por la revisin autoritaria de la relacin entre poder ejecutivo y poder legislativo) a los mercados y a sus instituciones y oligarquas constituye en nuestra poca el mayor y ms grave obstculo atravesado en el camino de la democracia.

Las calificaciones de Standard & Poor's o las seas procedentes de Wall Street -esos enormes fetiches de la sociedad contempornea- valen harto ms que la voluntad popular. En el mejor de los casos, el poder poltico puede intervenir en la economa (las clases dominantes lo necesitan, incluso, para mitigar las destrucciones generadas por la anarqua del capitalismo y la violencia de sus crisis), pero sin que sea posible discutir las reglas de esa intervencin, ni menos las opciones de fondo.

Ejemplo deslumbrante de cuanto llevamos dicho son los sucesos de estos das en Grecia y en Italia. Tras la impostura de la nocin de un "gobierno tcnico" -o, como se deca en tiempos de Marx, del "gobierno de todos los talentos"- se oculta la suspensin de la poltica (referndum y elecciones estn excluidos), que debe ceder en todo a la economa. En el artculo "Operaciones de gobierno" (abril de 1853), Marx afirm que "acaso lo mejor que pueda decirse del gobierno de coalicin ('tcnico') es que representa la impotencia del poder (poltico) en un momento de transicin". Los gobiernos no discuten ya sobre las directrices econmicas hacederas, sino que son las directrices econmicas las parteras de los gobiernos.

En el caso de Italia, la lista de sus puntos programticos se puso negro sobre blanco en una carta (que, encima, tena que haber sido secreta!) dirigida por el Banco central Europeo al gobierno de Berlusconi. Para "recuperar la confianza" de los mercados, es necesario avanzar expeditamente por la va de las "reformas estructurales" -expresin que ha llegado a ser sinnimo de estrago social-, es decir: reduccin de salarios, revisin de los derechos laborales en materia de contratacin y despido, aumento de la edad de jubilacin y, en fin, privatizaciones a gran escala.

Los nuevos "gobiernos tcnicos", encabezados por hombres crecidos bajo el techo de algunas de las principales instituciones responsables de la crisis (vase, hoy, el currculum de Papademos; maana o pasado, el de Monti), seguirn esa va. Ni que decir tiene, por "el bien del pas" y por el "futuro de las generaciones venideras". De cara a la pared cualquier voz disonante del coro. Pero si la izquierda no quiere desaparecer, tiene que volver a saber interpretar las verdaderas causas de la crisis en curso, y tener el coraje de proponer y experimentar las respuestas radicales que se precisan para superarla.

(*) Marcello Musto es profesor de Ciencia Poltica en la York University de Toronto y editor del libro recientemente publicado en castellano: "Tras las huellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx". Siglo XXI, 2011. Su web es: http://www.marcellomusto.com/

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4558

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter