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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-12-2011

Sobre imaginacin y realismo social
Monstruos o comisarios polticos? Es esa la cuestin?

Javier Mestre
Victoria y el insomnio


Me cuesta imaginar a Armando Lpez Salinas amenazando de excomunin a un escritor por delito de fantasa. Sin embargo, Antonio-Prometeo Moya, entrevistado en Pblico el pasado 21 de diciembre por Peio H. Riao (1), dice haber vivido en la poca de los pequeos comisarios polticos del realismo y plantea, uno ms, su novela de la guerra civil, al parecer sembrada de terrorficos bichos de fantasa, como una rebelin contra la presunta opresin del realismo de cuando lo que no serva para la propaganda no serva para nada y, adems, te perseguan si cultivabas la imaginacin, segn las propias palabras del autor entrevistado. No he ledo Escenas de guerra y miedo en Espaa, la novela susodicha, pero me escama que se nos presente el realismo social, que a ese realismo se est refiriendo, como una castracin de la imaginacin.

En primer lugar, no se debe confundir imaginacin con fantasa. Elemental. El realismo social (ese subconjunto del realismo que desde aqu defendemos) es un ejercicio de empata, que slo es posible a travs de la imaginacin. La imaginacin es la parte de nosotros con la que en efecto lidiamos con la realidad, con la que podemos ponernos en lugar del que sufre, o del ser amado que disfruta y nos hace felices con su goce. El ncleo duro de la imaginacin es, como dira Gaston Bachelard, antes que nada material, y rige las manos del alfarero cuando da forma a una vasija en el torno o gua al electricista en los secretos recorridos del flujo elctrico por las paredes de una casa. La imaginacin se toma muy en serio la realidad porque es la instancia del espritu que nos gua a travs de ella. Sin imaginacin no hay, por tanto, manos ni revolucin, no hay literatura realista ni castillos de arena ni solidaridad ni lgrimas ms all de la rabieta egosta.

Otra cosa muy distinta es la fantasa. Hija de lo que Bachelard llama imaginacin formal, una instancia voluble y vaporosa, superficial, del espritu que precisamente desprecia lo real por cuestin de total incompatibilidad. La fantasa es humo que se figura contra toda otredad, contra lo real, es llenar de aire las cortezas huecas del yo. Sirve para cabalgar en soledad por los dominios de nada en un ejercicio por encima de todo solipsista. Pero no tenemos nada contra la fantasa, siempre que no alcance una peligrosa dimensin poltica, claro, porque de fantasas vive el complejo ideolgico que sustenta la sociedad capitalista en las conciencias y su corolario es el fascismo.

Y ah es donde entra el segundo lugar de este texto. El uso del trmino comisario poltico, en un contexto en el que se critica una presunta opresin realista, excita la imaginacin, invoca lo que algunos han llamado un imaginario, en este caso muy agresivo contra la izquierda. El autor de Escenas de guerra y miedo en Espaa parece justificar de ese modo su experimento literario (mezclar fantasa con la dolorosa Historia), y parece acusar tambin a los herederos de la lucha antifranquista de estar algo as como vigilando la literatura para estigmatizar a los valientes que se atreven a poner en jaque el dogma realista. Pero si dejamos de lado el imaginario, si abandonamos la fantasa y miramos los hechos, podemos decir que nadie exige realismo en el mundo-mercado literario; ms bien al contrario, si no hay casi nada de realidad (sobre todo social, dolorosamente social) en la novela inmediatamente contempornea, s hay muchos censores que al menor atisbo de ello nos recuerdan las notorias insuficiencias (Senabre dixit (2)) del realismo social y prefieren mayor visceralidad, o introspeccin psicolgica o qu s yo qu ensalada discursiva, con tal de que la novela no abandone ese acomodado mundo literario cerrado en s mismo, verdadero mundo aparte, que ya criticara el propio Galds en uno de sus artculos (3). Ah encajan entonces de maravilla las afirmaciones de Moya, cuando dice que su idea era puramente literaria. No quera una novela ideolgica ni histrica.

Sin embargo, en la misma entrevista no duda en afirmar que esta yuxtaposicin de cdigos crea una dimensin alegrica de los errores de la guerra (la cursiva es ma, claro), y el periodista de Pblico selecciona una cita del libro que dice que los horrores de una guerra no tienen ms causa y razn que la propia guerra. A m todo esto s me parece una perspectiva ideolgica, y mucho, ms que la de quienes nos empeamos en recuperar eso que llamamos memoria histrica con un relato lo ms real que podemos, y sacamos en claro que aqu hubo algo ms que errores de una guerra, que los nuestros sufrieron un autntico genocidio por razones de lucha de clases decididas desde fuera de la propia guerra. A m, lo que he ledo sobre la novela de Moya, eso s, mediado por Peio H. Riao, me suena a propaganda, es difcil no hacer propaganda, no propagar planteamientos, ideas, puntos de vista, lo que jode es que se los considere propaganda justo en el instante en que son de izquierdas, traen a colacin la lucha de clases o plantean que la literatura ha de servir para echar una mano a la transformacin de esta mierda de mundo en otro posible.

NOTAS: 1. http://www.publico.es/culturas/413223/franco-entre-vampiros 2. http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/29467/Komatsu_PC-340 3. Observaciones sobre la novela contempornea en Espaa, de 1870. He llegado a esta interesante cita leyendo a Rafael Reig, en esta entrada de su blog: http://www.hotelkafka.com/blogs/rafael_reig/2011/11/petros-markaris/

http://komatsupc-340.blogspot.com/


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