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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2011

Intervencin en el Seminario Democratizacin de los medios. Porto Alegre, Brasil. 3 de noviembre de 2011
Democracia y libertad de prensa

Pascual Serrano
Rebelin


Es frecuente utilizar el trmino libertad de prensa para referirse a la libertad de expresin. Yo prefiero ste ltimo o, mejor todava, derecho a informar y estar informado. En principio, la libertad de prensa debera consistir en la existencia de garantas para que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edicin de medios de comunicacin cuyos contenidos no estn controlados ni censurados por los poderes del Estado. El problema es que en un sistema de economa de mercado como el actual, con el grado de industrializacin tan desarrollado que requieren los medios de comunicacin y las grandes inversiones imprescindibles, ese derecho solo puede ser utilizado por un determinado sector social. Hoy no existe en ningn pas industrializado un medio de comunicacin mnimamente fuerte e influyente que haya nacido como resultado de un grupo de ciudadanos que se hayan organizado para poder pblicamente expresarse. Por tanto, confundir libertad de prensa con libertad de expresin es como confundir el derecho a la salud con el derecho a crear y poner en funcionamiento un hospital. No estoy en contra de ello, como no estoy en contra de que un empresario funde un peridico, pero eso es muy diferente de la libertad de expresin. De modo que en la realidad la libertad de prensa es, digmoslo as, el derecho del empresariado a operar en un determinado sector. No es ningn derecho de la ciudadana en general.

Cuarto Poder

En los periodos de la revolucin francesa se acu el trmino Cuarto Poder para referirse a los medios de comunicacin. Con esa denominacin se planteaba que los medios iban a ser el cuarto poder, es decir, ese poder ciudadano que vigilara a los otros tres: ejecutivo, legislativo y judicial. Con el paso de los aos y el desarrollo de la economa de mercado hemos comprobado que los tres citados poderes estn siendo gravemente amenazados por el poder econmico que, con su influencia, su ambicin desmedida y su capacidad de corrupcin se ha convertido en un actor fundamental de nuestros sistemas polticos. A pesar de esta peligrosa influencia, los tres poderes tradicionales mantienen mecanismos de democracia y control pblico de mayor o menor efectividad. Sin embargo, es el cuarto poder, el meditico, el que se ha visto totalmente permeabilizado y controlado por el poder econmico. Los procesos polticos neoliberales sufridos en la dcada de los ochenta y noventa arrasaron con los sistemas de informacin pblicos con el apoyo de la derecha y la indiferencia de la izquierda que, con razn, los asociaba a los dictadores anteriores. A ello se aada el papel cada vez ms sofisticado y potente que han adquirido los medios de comunicacin en las sociedades democrticas, donde la conformacin de la opinin pblica es un elemento fundamental para el ejercicio del poder. Como resultado tenemos un cuarto poder con las siguientes caractersticas:

Es un mero apndice de grupos econmicos empresariales.

No dudaramos en considerarlo ms poderoso que los otros tres. Basta observar la agresividad con la que han reaccionado ante las polticas progresistas en Amrica Latina. Hoy la oposicin a estos gobiernos no son los partidos polticos de la ideologa contraria con su correspondiente militancia ciudadana, son los grandes medios de comunicacin que se han convertido en actores polticos fundamentales.

A diferencia de los otros tres poderes, el meditico no tiene ninguna legitimidad democrtica. Nadie les vota, nadie les elige. En Brasil, se le ha llegado a denominar coronelismo informativo, creo que el trmino, teniendo en cuenta lo que significan en Amrica Latina los coronoles, es suficientemente elocuente.

Bajo el paraguas de la libertad de prensa han logrado un nivel de impunidad impresionante. Los medios hoy mienten constantemente, manipulan, insultan, desprestigian y destrozan prestigios y trayectorias de quien se les ponga en su camino. Su intolerancia ante cualquier poder legtimo y democrtico que ose tocar sus privilegios es absoluta. Han embestido duramente contra los gobiernos latinoamericanos progresistas por desarrollar sus televisiones pblicas, por conceder licencias de emisin a los movimientos sociales, por aprobar leyes que obligan a garantizar la veracidad de los contenidos. El pasado 31 de octubre apareca este titular en el diario espaol El Pas: Los jueces amenazan la libertad de prensa en Latinoamrica . Como si los jueces latinoamericanos se hubieran puesto de acuerdo para atentar contra la libertad de prensa. Sencillamente estaban aplicando legislaciones aprobadas de forma democrtica y legtima por gobiernos y parlamentos, en base a las cuales algunos medios estaban siendo sancionados por mentir, calumniar o hacer apologa de delitos.

En la medida en que son empresas, no estn sometidos a controles econmicos como lo estn el resto de poderes. Un diputado, un funcionario, un ministro o un juez acabara en prisin si recibiera dinero de sector o persona en litigio. Los medios todos los das reciben dinero (mediante publicidad o cualquier otra va) de sectores interesados o con vocacin de influencia social.

A diferencia tambin de otros poderes, los medios no tienen un contrapoder. El gobierno tiene una oposicin, los empresarios tienen unos sindicatos, las empresas tienen asociaciones de usuarios. No hay contrapoder al meditico. Se intent con los denominados observatorios de comunicacin pero no se han consolidado.

Recordemos que los dueos de los medios no son ni siquiera empresarios de la comunicacin, sus dueos son emporios empresariales con acciones e intereses en todos los sectores, desde multinacionales de las telecomunicaciones que controlan las vas de difusin de la informacin hasta grupos bancarios imprescindibles para la financiacin. Y su viabilidad depende de grandes anunciantes del tipo de empresas de hidrocarburos, automovilsticas, grandes almacenes. Estos medios no son ningn cuarto poder, son el poder del dinero. Aadamos otro elemento. Segn las legislaciones de las economas de mercado, las empresas privadas estn obligadas por ley a maximizar los beneficios de sus accionistas. La ley prohbe a los directivos empresariales y administradores del dinero ajeno llevar a cabo, en el marco de su empresa, cualquier actividad que afecte negativamente a los intereses econmicos de los accionistas. De este modo, pagar a sus trabajadores ms de lo imprescindible, cuidar el medio ambiente, trabajar en pos de la resolucin de un conflicto blico o defender los derechos humanos de una minora, si afectaran negativamente a la cuenta de resultados de la corporacin empresarial podran ser denunciados por los accionistas y castigados penalmente [1] . Por lo tanto los principios ticos y morales son incompatibles con el espritu del mercado. Es a partir de esta regla cuando podemos comenzar a comprender a dnde nos estn llevando los medios de comunicacin, propiedades de grandes empresas privadas y su incompatibilidad con los valores de la democracia.

De este modo, estos grupos de comunicacin que tanto reivindican la libertad de prensa y se presentan como defenderos y baluartes de la democracia no les interesa la verdad, ni la democracia de la misma manera que no le interesa a un fabricante de lavadoras. Al contrario, defendern a esos bancos que desahucian a quienes no pagan sus hipotecas, a las grandes empresas que aplican despidos para mejorar sus ganancias, a las corporaciones que destruyen el planeta con tal de que sigan contratando publicidad, a los hospitales y universidades privadas que seguro insertarn ms anuncios que los servicios pblicos y adems sern de los mismos dueos que los bancos que les financian. Un periodista estadounidense coment que en su pas se podra escribir contra el presidente demcrata, o contra el presidente republicano; pero lo que nunca se poda publicar es la noticia de que se hubiese descubierto una mosca en una botella de Coca-Cola.

Y por supuesto, esos medios apoyaran a todos los polticos que propongan ms poder para el mercado y menos para los ciudadanos. Los peridicos, las televisiones y las radios, con sus columnistas, sus editoriales, sus reportajes por encargo y sus informaciones manipuladas se lanzarn como hienas contra cualquiera que ose atentar contra los privilegios del mercado porque ellos estn creados para defenderlo. Y lo ms grave: a eso lo llamarn libertad de prensa.

Voy a contar un ejemplo de Espaa que ilustra el poder de los medios y sus empresas. Se trata de la publicidad de la prostitucin en prensa escrita. Podemos leer en cualquier peridico la denuncia de las tristes condiciones de las trabajadoras del sexo y la explotacin a la que se ven sometidas miles de mujeres procedentes de pases empobrecidos, pero son pocos los diarios que han renunciado a estos anuncios que les aportan pinges beneficios. Segn una comisin parlamentaria que abord el asunto en 2007 y elabor un informe sobre la situacin de la prostitucin [2] , en un da laboral, los peridicos espaoles recogan entre 700 y cien anuncios de prostitucin. As, peridicos como El Pas y El Mundo, ingresaban en torno a seis millones de euros anuales. Otros, como el Grupo Vocento, llegaban hasta los 10 millones. El Gobierno espaol elabor un Plan Integral contra la Trata de Seres Humanos con fines de explotacin sexual que entr en vigor el 1 de enero de 2009 y que defina a las prostitutas como vctimas. En Europa la prostitucin est estrechamente ligada a una situacin de semiesclavitud de mujeres tradas engaadas o a la fuerza. El Plan elaborado por el gobierno instaba a los diarios a que, mediante la autorregulacin, eliminasen cualquier relacin empresarial con la prostitucin. Apenas unos pocos peridicos de segunda importancia siguieron la recomendacin, la mayora y los principales siguieron haciendo caja con esos anuncios. La prohibicin de esta publicidad a buen seguro contara con el apoyo de todo el espectro social e ideolgico de la ciudadana. Sin embargo ningn gobierno se atreve a prohibir los anuncios para no ofender a los grandes peridicos que continan as lucrndose con esta prostitucin [3] . Si los prohibiesen seguro que seran acusados de atentar contra la libertad de prensa.

Por qu la libertad de prensa no garantiza la libertad de expresin de los ciudadanos?

El artculo 19 de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos establece el derecho a recibir informaciones y opiniones. En el caso espaol, nuestra Constitucin es la primera en Europa que recoge el derecho a recibir una informacin veraz. Por lo tanto, si las noticias de nuestros medios no poseen la veracidad ni la calidad necesaria y las opiniones no estn equilibradas, se estarn violando los dos pilares legislativos fundamentales de nuestra comunidad por mucho que sigan alardeando de libertad de prensa.

Pero para que unos ciudadanos disfruten el derecho de recibir informaciones y opiniones se debe garantizar a otros el derecho de emitir informaciones y opiniones. Y ese derecho, todos los sabemos, lo posee solo un oligopolio de unas pocas empresas de comunicacin. En consecuencia los medios no ejercen el derecho a la libertad de expresin, ejercen el derecho a la censura puesto que deciden qu es lo que se publica y difunde, y qu es lo que no.

La nueva censura

Durante mucho tiempo hemos asociado dictadura o abuso de poder en lo relacionado con la informacin con censura. Consista en la prohibicin de difundir una determinada informacin. Es evidente que el problema de la informacin hoy no es la censura, en pocos pases se impide difundir un determinado dato, un determinado hecho o una determinada opinin. Sin embargo sigue existiendo un importante dficit del derecho a la informacin. O dicho de otra manera, existen otras formas de censura.

Y an hay ms, el escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski comparaba la situacin de censura que vivi en su pas durante el denominado socialismo real con el panorama actual en los medios. Segn l, aquella censura ahora est maquillada por la manipulacin. Si antes, en su Polonia natal, los gobiernos impedan la difusin de determinadas noticias, ahora mediante los silenciamientos, la frivolizacin, el desvo de la atencin a asuntos menores, la marginacin de intelectuales dscolos e incluso las mentiras, el panorama de desinformacin de la misma vctima el ciudadano de a pie- no ha mejorado.

Analicemos dos smiles. Si estoy viviendo bajo un gobierno dictatorial que quiere impedir que me llegue la carta de un amigo procedente de fuera del pas, ste gobierno puede hacer lo tradicional de un sistema opresor: poner un polica a vigilar mi buzn de correos y cuando llegue la carta apropirsela e impedir que me llegue. O podra hacer otra cosa, encargar a sus agentes dejar todos los das quinientas cartas en mi buzn mezcladas con la que buena que llegue de mi amigo y que yo no la pueda diferenciar. De este modo habrn logrado igualmente obstaculizar la informacin entre nosotros dos. Otro smil es ese juego de nios en el que Pepito le quiere decir algo a Juanito y el resto de los amigos no quiere que Juanito se entere. Entonces, cuando Pepito va a decir algo, todos empiezan a gritar y a hablar al mismo tiempo. Como resultado Juanito no sabe lo que Pepito le quiere contar.

Estaremos de acuerdo en que estos dos ejemplos grficos y anecdticos poseen la misma eficacia que un sistema de censura para evitar la transmisin de un mensaje. La idea que yo quiero transmitir es que existe una nueva forma de censura, diferente a la tradicional, pero igual de eficaz: Enterrar la verdad con la mentira o la informacin intil. Si la impunidad de los medios les permite mentir sin asumir ninguna responsabilidad, lo harn constantemente, lo hacen, y el ciudadano no sabe diferenciar entre la verdad y la mentira, no sabe cul es la verdad. O sea, igual que la censura de la dictadura.

El derecho a la censura

Seguimos hablando de censura. La libertad de expresin -que ellos llaman libertad de prensa- debe consistir tambin en que podamos conocer las reclamaciones y aportaciones de una asociacin ecologista, un sindicato, unos abogados de derechos humanos, etc... Es decir, voces crticas que tienen algo que decir. Existen prohibiciones para que esas personas y colectivos puedan hacer sus denuncias? En la mayora de los pases no. Sin embargo, quin tiene el poder para que esas voces lleguen a los ciudadanos? Evidentemente los medios de comunicacin. Ellos no ejercen el derecho a la libertad de expresin, sino el derecho a la censura, en la medida en que deciden lo que vamos a conocer los ciudadanos y lo que no. Una democracia debe garantizar el derecho ciudadano a informar y ser informado, no puede quedar en manos de unas empresas de comunicacin privadas sin participacin democrtica, como sucede habitualmente. En nuestros sistemas de mercado no son los gobiernos los que aplican la censura, son los medios de comunicacin.

Los medios atropellan a los otros poderes

Nuestra sociedad est funcionando bajo los parmetros de los medios de comunicacin. Al apostar por una democracia representativa, el principal poder es la opinin pblica, de ah que los agentes que operan en la conformacin de esa opinin se han convertido en el poder principal de nuestras democracias. Los medios nacieron para llevar a la ciudadana informaciones sobre acontecimientos, propuestas de los polticos, informaciones sobre las acciones de nuestros gobernantes, opiniones al respecto de la oposicin y de los movimientos sociales. Sin embargo, la hipertrofia del modelo meditico ha convertido a los medios en interceptadores de la informacin ms que en transmisores. Como resultado han terminado atropellando y desplazando a los otros tres poderes.

Ejecutivo. El poder ejecutivo se encuentra a merced de los medios para explicar a los ciudadanos sus polticas, posiciones o intenciones. Un presidente o un ministro (que representa a millones de personas) da una rueda de prensa y sern los medios (que no representan a nadie) los que decidan si difunden su mensaje y cmo lo hacen. Un columnista de prensa tendr ms acceso a los ciudadanos a travs de su presencia meditica que un ministro.

Legislativo. Los ciudadanos no van a los parlamentos a escuchar los debates, tampoco los siguen en directo por televisin o radio. Son los medios los que transmiten lo que consideran oportuno. Yo mismo he comprobado cmo un partido de la oposicin que quiera denunciar algo convoca antes una rueda de prensa que una iniciativa parlamentaria para debatir en el Congreso. Y, a continuacin, el gobierno convocar una rueda de prensa para responder a la oposicin. De esta forma, la institucin en la que se sustenta el poder legislativo, con sus representaciones proporcionales a los resultados electorales, sus procedimientos de debate e intervencin, termina desplazada por los micrfonos y las cmaras. Hoy, si un diputado tuviera que elegir entre media hora de intervencin en el pleno del parlamento y diez minutos ante la televisin elegira lo segundo porque sabe que es ms eficaz.

Judicial. El poder judicial tampoco se libra del atropello meditico. Todos sabemos que, cada vez con ms frecuencia, los jueces deciden aislar a los jurados durante el transcurso de los juicios para que no se vean condicionados por el clima creado por los medios de comunicacin. Eso quiere decir que los medios poseen un poder sobre decisiones judiciales. En otros casos, los jueces, como los peridicos, han terminado siendo vctimas de campaas mediticas indecentes. No hay que buscar los ejemplos en el tercer mundo. En Italia el juez Raimondo Mesiano conden a la empresa de Berluconi, Fininvest, a indemnizar con 750 millones de euros al ciudadano De Benedetti por el denominado caso Mondadori. La sentencia estableci que la empresa de Berluconi arrebat de forma ilegal la propiedad de una editorial a Carlo De Benedetti. Entonces las televisiones de Berlusconi comienzan una campaa contra el juez, de ms de sesenta aos, para ridiculizarlo. Las cmaras de la televisin le siguen en secreto cuando pasea por la calle para ver si le descubren en algn hecho poco honorable. Como no ven nada anormal emiten las imgenes de cmo se dirige a la peluquera. Le ridiculizan diciendo que anda despistado, que se comporta de forma extraa andando para delante para detrs, que no deja de fumar, (en realidad solo estaba en la calle esperando su turno en la peluquera) y terminan el reportaje sealando una extravagancia: que lleva camisa blanca, pantaln azul, mocasn blanco y calcetn azul turquesa, que no son los ms apropiados en un tribunal, dice la periodista. La televisin cuyo propietario tiene citas sexuales remuneradas con menores de edad se pronuncia sobre lo inapropiado de llevar calcetines azules. Todas las asociaciones de magistrados denunciaron la miserable campaa meditica.

El papel del Estado

En los tradicionales regmenes dictatoriales, medio de comunicacin de propiedad estatal era sinnimo de control por parte del aparato militar y represor. La verdad, la denuncia y la crtica slo podan venir de medios no estatales que eran perseguidos y reprimidos. El modelo actual de democracia representativa, con todos sus defectos, ha variado esa situacin, el Estado deja de ser el ente represor para convertirse, o debera convertirse, en el legtimo delegado de la sociedad civil organizada. En democracia, los legisladores y gobernantes son nuestros representantes; las leyes, las que desea el pueblo, y su justicia, la que aplica la legislacin aprobada por los representantes pblicos. No hay legtimos legisladores, ni leyes, ni jueces fuera del Estado democrtico, aunque s grupos sociales representativos a tener en cuenta. Por tanto, y volviendo a los medios, es -o debera ser- el Estado el garante de los valores de pluralidad, democracia y participacin en los medios de comunicacin. En realidad, no se trata de otra cosa diferente de lo que sucede con otros servicios y derechos, como la sanidad o la educacin. Estamos convencidos de que slo un Estado social y de derecho podr garantizar asistencia mdica a quienes no tengan recursos y educacin digna a todos los ciudadanos, algo que sabemos no har nunca la sanidad privada o los colegios privados, planteados con el objetivo de lograr beneficios. De la misma forma, un sistema comunicacional basado en la empresa y el mercado tampoco podr garantizar el derecho ciudadano a informar y a estar informado. La interpretacin torticera del concepto de libertad de expresin, presentada como libertad de prensa, consiste en el privilegio de los medios privados. En realidad lo que reivindican es el derecho a la censura, es decir, a ser ellos quienes eligen lo que se difunde o no.

Es verdad que los intentos de los gobernantes y sus partidos de controlar los medios pblicos son un problema que est a la orden del da, pero la alternativa ser establecer mecanismos e instituciones que impidan ese control y mtodos que garanticen la independencia y profesionalidad de periodistas y directivos. Adems, los medios privados, aunque pueda parecer paradjico, pueden ser ms serviles con el poder poltico que los pblicos. No olvidemos que gran parte de sus ingresos procede de decisiones gubernamentales: publicidad institucional, medidas fiscales beneficiosas, subvenciones, ayudas a I+D, etc. Y sin embargo, no existen los mecanismos de control que se pueden establecer para los pblicos: consejo editorial, representantes de la oposicin o comisin parlamentaria, consejos ciudadanos... Esta situacin origina un doble discurso de los dueos de los medios privados: denuncian intervencionismo cuando las decisiones democrticas no son de su gusto, pero exigen dinero y ayudas pblicas cuando tienen problemas econmicos.

No vamos a negar que, a pesar de todo, por ejemplo las televisiones pblicas no cuentan con los mecanismos de participacin democrtica que todos desearamos, y que el poder de los gobiernos en muchas ocasiones es excesivo. Lo que es indiscutible es que los profesionales de las televisiones privadas nunca podrn denunciar y mostrar en pantalla los intentos de presin por parte de sus propietarios. De modo que la verdadera independencia y pluralidad, la verdadera libertad de prensa, o viene de los medios de comunicacin pblicos y comunitarios con apoyo del Estado o no vendr nunca. Por tanto, la conclusin es que debemos reivindicar el papel del Estado en los medios de comunicacin, un papel, eso s, que se fundamente en la participacin social y la pluralidad y no en el uso partidista de un gobierno. Del mismo modo que la Administracin pblica contrata mdicos, catedrticos de universidad, jueces y diplomticos de carrera sin atender a su ideologa ni condicionarles polticamente despus, as podra suceder con los profesionales de los medios de comunicacin pblicos. Todo sin olvidar el derecho de la ciudadana organizada a crear sus propias vas de comunicacin, medios comunitarios que realmente slo podrn ser valiosos y slidos si el Estado ayuda con recursos para que salgan de la marginalidad.

Debemos reconocer que, en democracia, ha habido muchos malos precedentes de medios pblicos que se han destinado al uso exclusivo del grupo poltico gobernante, ignorando la voz de colectivos ciudadanos, opositores e intelectuales independientes. Pero eso no debe impedirnos que apostemos por el Estado como va de democratizacin del panorama comunicativo. No vamos a privatizar los juzgados porque consideremos a sus jueces demasiados parciales a favor del gobierno, no podemos pensar que el mercado nos proveer de la pluralidad que no da el Estado. La estigmatizacin de lo pblico en la que tanto ha insistido la ideologa neoliberal ha sido eficaz en numerosas ocasiones, y una de ellas ha sido en la percepcin de lo pblico en lo referente a los medios de comunicacin.

Nos encontramos ante un nuevo reto, buscar el mtodo para que los ciudadanos recuperen su derecho a la informacin mediante un Estado al que debemos exigir que cumpla con su obligacin de garantizarlo. A ese Estado los ciudadanos debemos darle poder y el Estado a los ciudadanos, control. Esa es la verdadera libertad de prensa en una democracia.

 

Pascual Serrano es periodista. Su ltimo libro es "Contra la neutralidad. Tras los pasos de John Reed, Ryzard Kapuścińsky, Edgar Snow, Rodolfo Walsh y Robert Capa" . Editorial Pennsula. Barcelona

 

Este texto est basado en la intervencin en la mesa redonda Democracia y libertad de prensa dentro del Seminario Democratizacin de los medios, organizado por la Asociacin de Juristas de Ro Grande del Sur (Ajuris), Altercom e Intervozes y celebrado en Porto Alegre, Brasil. 3 de noviembre de 2011 Parte de la informacin y las argumentaciones expuestas proceden de mis libros El periodismo es noticia (Icaria 2010) y Desinformacin. Cmo los medios ocultan el mundo (Pennsula, 2009).



[1] Este tesis es presentada extensamente en el libro Los guardianes del poder. El mito de la prensa progresista. David Edwards y David Cromwell (Txalaparta, 2011)

[2] Acuerdo de la Comisin Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades por el que se aprueba el Informe de la Ponencia sobre la situacin actual de la prostitucin en nuestro pas. BOE, 24-4-2007

[3] Esta informacin se presenta ms extensamente en el libro Traficantes de informacin. La historia oculta de los grupos de comunicacin espaoles. Pascual Serrano (Foca, 2010)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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