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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-04-2005

Ratzinger o el discreto triunfo de la Inquisicin

Mara Toledano
Rebelin


Creo que fue Voltaire quien dijo que haba llegado el momento de que al fin desapareciera
ese Dalai Lama europeo y que la humanidad se librase de l. Pero continu.

Joseph Raztinger, Dios y el mundo, 2002

Tras unas breves horas de incertidumbre y conocedores de que la intensidad televisiva no se puede mantener -sin prdida de audiencia- tras la saturacin meditica provocada por la agona y muerte de Wojtyla, el cuerpo electoral ha decidido, con rapidez, cubrir la plaza vacante en el solio de Pedro. El cardenal Joseph Ratzinger, curtido telogo, filsofo y profesor alemn, obligado nio de las Juventudes Hitlerianas, inocente soldado de la Wehrmacht (que desert) al final de II guerra mundial, antiguo progresista reconvertido en cancerbero del orden moral (ocurre a menudo), Prefecto de la Congregacin para la Doctrina de la Fe (ex-Santo Oficio, Ex-Inquisicin), el inflexible juez que ha condenado a ms de ciento treinta religiosos (la mayora -all ellos por soportar la humillacin- seguidores de la Teologa de la Liberacin) ha asumido, gracias a una cualificada mayora de dos tercios, el mando nico de la corporacin eclesial. En otro contexto, a esta forma de eleccin, primus inter pares, se llamara vasallaje o dictadura. Aqu slo se dice: habemus papam. Los fieles cantan alborozados como si el gozo invadiera sus almas prstinas, llenas de gracia.

Ratzinger, alias Benedicto XVI -en recuerdo del pacifista Benedicto XV (1914-1922), un pequeo guio irnico a la compleja historia del papado en el siglo XX- ha orquestado la sucesin de Karol Wojtyla con autoridad y templanza, manejando los precisos tiempos de la liturgia poltica y las artes vaticanistas. Ha contado bien sus delegados, dira un viejo militante de la izquierda. Desde su llamamiento al silencio impuesto a los timoratos cardenales hasta su amenazador discurso antimarxista y antiliberal en vsperas de su eleccin, este astuto e italinianizado bvaro (temido en la curia) ha alcanzado -gracias a una frrea disciplina interna que ya la quisieran para s muchos partidos- la mxima autoridad de su fructfero negociado.

El ngel cogi el incensario, lo llen del fuego del altar y lo lanz a la tierra; y hubo estampidos de truenos, relmpagos y un terremoto. Apocalipsis de Juan; 8, 5

Tras los numerosos cardenales designados en los ltimos tiempos por Wojtyla -es decir, no elegidos por ninguna imaginaria asamblea de catlicos- y contando con la aprobacin tcita del guardin de las esencias, la designacin de un cardenal de perfil reaccionario (al lmite del integrismo preconciliar defendido por movimientos como Comunin y Liberacin, los devotos Legionarios de Cristo o las huestes del Opus Dei) pareca asegurada. Ha sido el veterano Ratzinger -digno sucesor, en un amplio y figurado sentido, del vil Torquemada y de sus prcticas con tenazas, empalamientos, hogueras y metafrica cal viva- la figura de (obligado) consenso. Podra haber sido cualquiera -un italiano conservador o un cardenal ultramontano venido de remotos confines- si el tenaz alemn no hubiera tenido bajo su control, desde tiempo atrs, a los votantes. Algunos se sentirn decepcionados. Algunos catlicos ilusos, progresistas, procondones o favorables a la entrada de la mujer en el sacerdocio, esperaban -como los judos al mesas redentor- el regreso de los felices tiempos del Concilio Vaticano II, la vuelta a las costumbres liberales del bonachn Roncalli, apodado Juan XXIII, aorado por permitir tocar la guitarra y la bandurria -simple comps de cuatro por cuatro- en la dulce paz de la mixta convivencia, la marihuana y una cierta armona ecumnica.

Hace aos, en plena guerra fra, los men in red optaron -haciendo de la necesidad virtud- por un, digamos, representante de los No-alineados. Los tiempos han cambiado. Y todo puede, como parece, empeorar. El capitalismo ha extendido su red global de guerra y explotacin (un estado de excepcin permanente y de indefensin jurdica, en palabras de Giorgio Agamben) y, pese a las tmidas crticas del Vaticano al egosmo y al consumismo provocado por las multinacionales, la apuesta por el sistema de libertades individuales democrticas parece rotunda. Entre cualquier forma de socialismo y el estado de mercado neoliberal, la iglesia ha preferido, desde las disputas sobre el predominio del papa frente al poder del emperador en la alta edad media, inclinarse por el mercado. En este sentido, la lectura de El defensor de la paz de Marsilio de Padua y la obra poltica de Guillermo de Ockham, Sobre el gobierno tirnico del papa pueden ilustrar con acierto esta cuestin. Al fin y al cabo, es en el mercado libre donde la cofrada lleva siglos vendiendo su espiritual producto. Igual que la fea burguesa que -atrapada entre el fascismo y la izquierda revolucionaria de los aos 30- siempre supo elegir, la chiesa tampoco ha dudado, histricamente, demasiado.

Y vi una bestia que emerga del mar, que tena diez cuernos y siete cabezas, en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas un nombre blasfemo , Apocalipsis de Juan, 13, 1.

Los expertos vaticinan que Ratzinger arrancar su periplo con talante conciliador, incluso moderno. En Espaa, los cuatrocientos golpes recibidos con los punteros y las reglas de madera, los castigos y el miedo a la sexualidad (a la vida) infundido a varias generaciones, las monjas afines a la Seccin Femenina que arrancaban a los nios de sus madres en las crceles antes de ser ejecutadas y los curas con pistola y correaje que paseaban, altaneros y victoriosos, nos han hecho desconfiar de las buenas palabras de sotanas y hbitos, ser prudentes. Aqu, entre nosotros, estuvieron con la santa cruzada y Franco, el de la ajetreada estatua, entraba en las catedrales bajo palio. Tambin Aznar -sin que exista comparacin formal posible- alcanz el gobierno con un programa de regeneracin democrtica y termin acusando al personal desafecto de golpista o terrorista. Aznar, igual que don Bono, es tropa de misa dominical, procesin y relicario: nacionalcatlicos. Las palabras, incluso las expresadas ex-cathedra, se las lleva el viento.

Eminencia, tambin usted tiene a veces miedo de Dios?

Yo no lo llamara miedo. Sabemos por Cristo cmo es Dios, que nos ama. Y l sabe cmo somos nosotros. Sabe que somos carne. Y polvo. Por eso acepta nuestra debilidad. No obstante, una y otra vez me acomete esa ardiente sensacin de defraudar mi destino. La idea que Dios tiene de m, de lo que yo debera hacer. Cardenal Joseph Raztinger, Dios y el Mundo, Galaxia Gutenberg, 2002.

En Roma, espejo de la cristiandad, los pobres se levantan al alba para coger sitio en los barrocos prticos de las iglesias frecuentadas por la burguesa. En su rostro, como en las fugaces expresiones de los adolescentes retratados por El Greco, tambin se encuentra la imagen del seor, dirn desde la misericordiosa dignidad de sus fajines.



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