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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2011

El periodismo en la era de la vociferacin

Hernn Lpez Echage
Rebelin


Ni modo. Tampoco ingenio o compromiso del real, es decir, ese compromiso con alguna causa que puede llegar a poner en riesgo el empleo, la reputacin, el buen pasar, la vida fcil. El compromiso, en todo caso, hoy est fundado en la conveniencia, en el provecho; tiene que ver con el empleo y con la certeza de una tranquilidad absoluta. No hay voces impares que suenen en alguna parte de los medios de comunicacin que toman partido, a toda hora, por una u otra parte. Porque hay dos partes. Una tiene la verdad absoluta, y al que no est de acuerdo con esa verdad, ni bola, ni empleo, ni jota. Y la otra mitad, tambin. Un duelo de mandatarios del relato de la presunta realidad en el que no tienen cabida las voces que disienten con esa mirada jerrquica y absolutista de la vida. Los de un lado, el lado oficial, cometen el terrible error de drselas de hacedores de una historia en la que buena parte de ellos poco y nada participaron. Los del otro lado, oligarcas de cuarta, publicistas de la dictadura, de la poca dorada del menemismo, sin ferrocarriles, ni rutas, ni petrleo ni nada, lo mismo. En qu lugar buscar respiro? E l periodismo argentino se ha convertido en una resaca de lgrimas, en una carrera de vociferadores que trata como estpidos, pelotudos, funcionales a esto o aquello, a los que vacilan, a los que dudan de la veracidad del relato. El periodismo argentino es riquista: La duda es la jactancia de los intelectuales.

As las cosas, escribir se ha convertido en un drama. Escribir, digo, lo que uno quiere escribir; decir lo que uno cree ms apropiado decir; gritar lo que uno cree que se debe gritar. Para escribir hoy una nota en la Argentina siento la necesidad de incluir un prlogo, suerte de Aclaracin al lector. Tipo: El autor de este artculo cree oportuno aclarar que no tiene militancia partidaria. Que tanto abatimiento le causan los arrebatos de 6,7,8, El Argentino, Pgina/12 y Miradas al Sur, como los arrebatos de La Nacin, Clarn, Perfil, Noticias y dems. Simplemente pretende contar o decir algo y que no lo encasillen.

Hace tiempo que no publico artculos en medios argentinos. Mucho tiempo. No porque no quiera hacerlo. Siempre me asaltan ganas de decir algo, de contar algo, de referir cosas o cositas. Estamos en la era del periodismo militante, expresin que no llego a entender porque, me parece, el que milita no puede cobrar un sueldo. En mis aos de militancia estudiantil, aos setenta, pagbamos de nuestro bolsillo los aerosoles para escribir consignas, ideas de las que estbamos muy convencidos, en las paredes y muros de la ciudad; pagbamos de nuestro bolsillo el estncil para imprimir en el mimegrafo los volantes y los folletos; pagbamos el boleto del colectivo, del tren, o, en caso de extrema urgencia, el taxi para llegar a tiempo a un acto, a una marcha, a una reunin; buscbamos en las zapateras las cajas de zapatos sobrantes para armar las cajas volanteras; comprbamos en las libreras esos autoadhesivos, que llambamos obleas, en los que escribamos consignas revolucionarias y despus pegbamos en las puertas de colectivos y subterrneos. Y nadie se quejaba por hacerlo. Al contrario. De nuestros sueldos de cadete, obrero, oficinista, lo que fuere, sacbamos esos pesos sin pensarlo dos veces. Era algo natural. Nos movan ideas, convicciones. Ganas de agarrar el ro con una mano. Me refiero al espacio en el que yo militaba, la Unin de Estudiantes Secundarios, alineada con Montoneros.

Periodistas militantes de uno y otro lado. Porque hay un lado y hay el otro. Y, en el medio, muchos que, como yo, no saben qu mierda hacer. He ofrecido mi oficio a diarios y revistas de toda naturaleza, hasta les he propuesto hacer a un lado la cosa poltica y escribir crnicas, es decir, textos despojados de poltica cruda, apenas crnicas. Y nada. Silencio. Entonces escribo libros. Las editoriales nunca jams me han censurado. S, desde luego, y en contadas oportunidades, me han aconsejado eliminar alguna adjetivacin para ahorrarnos demandas. Bien, todo bien eso. Pero la poltica editorial de las revistas y los diarios argentinos causa pavor.

A uno le quitan las ganas de escribir. A uno le quitan las ganas. A uno. Un loco kirchnerista, amigo de mi cuada, me mand decir: Y si no consigue publicar en ningn medio, entonces que escriba en un blog!. No tiene nada de malo escribir en un blog, claro. Pero no me da plata, no gano un centavo. El blog, en todo caso, es verdadero periodismo militante. Se escribe porque s, para s, y para el luntico que de pronto cae, de puta casualidad, en ese espacio.

Me cago, definitivamente, en ese mamarracho que hoy llaman periodismo. Escriben con los codos. No tienen la menor idea de lo que estn diciendo. No hablan de las cosas que interesan. Nos meten, esos bandos, en un lupanar de la informacin. Y cobran buenos pesos por hacerlo. Creo que el periodismo es otra cosa. Ni una ni la otra. Otra. Difcil de definir. Tiene que ver con el bien pblico? Uno presume que s. Tiene que ver con la advertencia, con la vigilancia, con el control del poder poltico? Tal vez. El buen periodismo no debe declamar ni gritar ni ocultar ni amenazar ni sostenerse en la chicana. Creo que debe estar del lado de lo que considera ms justo. El periodista, no el periodismo, porque el periodismo es una categora vaga, evanescente. Ahora se habla de periodismo como si el periodismo no fuera otra cosa que un altar al que llegan los iluminados. El periodismo es un oficio al que se entregan personas que quieren contar las cosas que les pasan a las personas. No es tan difcil entenderlo. No es una profesin a la que se entregan, a cambio de un buen salario, personas que quieren contar lo que consideran que deben contar para satisfacer la gula de un patrn o de un gobierno o de un partido poltico. Para eso, que militen, organicen actos, tomen un megfono, digan lo que quieren decir, y nada de centavito a cambio. Porque la militancia es otra cosa. No nos sometan, los de uno y otro lado, porque hay uno y otro lado, al martirio de escuchar o leer sus divagues ideolgicos. Est muy bien que eviten el contrabando de ideologa y a los gritos declaren que son oficialistas u opositores, pero, por favor, hganlo con una cuota de decoro, de talento, de lucidez, de propiedad. No asesinen la semntica, la gramtica, el calor de la palabra. De la declamacin al patetismo hay menos de un paso, o quiz ninguno. Ya no quedan en los diarios y en las revistas artculos de personas que escriban de modo libre, independiente, con algo de estilo y soltura. Todo es chirle, sometido a urgencias polticas. No hay cronistas. No hay tipos que al menos deslicen una idea. El ltimo que lo haca, se fue. Len Rozitchner, y, por suerte, todava anda por ah Grner. De Jos Pablo Feinmann ha quedado su nombre, su estuche. Sus afiches de pgina entera en Pgina/12 que semejan la publicidad de las charlas de un evangelista de la filosofa. El periodismo se ha convertido en espectculo. La noticia, en mercanca. De uno y otro lado. Porque, cosa de mierda, hay uno y otro lado. A veces escucho decir a algunos periodistas: Yo siempre escrib lo que quera, nunca me censuraron. Lo ha dicho Morales Sol, lo ha dicho Lanata, lo ha dicho Caparrs, lo han dicho muchos. Y claro, hombre, porque nunca jams escribiste algo que incomodara al medio en el cual publicabas. O publics. Eso es libertad de expresin? No. Eso es acomodamiento animal al medio ambiente con el nico propsito de cobrar unos pesos, o de ganar fama, o todo eso.

Recuerdo que cuando Morales Sol escribi una nota en la que deca que Ernestina de Noble haba adoptado a sus hijos en buena ley, le respond con una carta que envi a La Nacin. Una carta muy educada y, creo, con fundamentos. Jams la publicaron. Pero Lanata tiene espacio en ese diario. El revolucionario Lanata, que cuando llambamos a asamblea en Pgina/12 para, tal vez, ir a un paro, apareca en la redaccin a los gritos dicindonos que ese era un diario progresista, que lo hacamos entre todos, y que no caba ningn tipo de huelga. Y los jefes de redaccin inclinaban la cabeza y sin reparo alguno se ponan a hacer el diario entre ellos, a los ponchazos, porque el diario deba salir. Algunos de esos jefes andan por la redaccin de revistas y diarios de uno u otro lado, porque hay uno y otro lado. Saben comer de toda mano.

Qu diferencia notoria hay entre Pgina/12 y Clarn a la hora de informar, de titular una noticia? Me refiero, claro, a la intencionalidad poltica. Y entre La Nacin y Miradas al Sur? Ninguna. Todos, los unos y los otros que cada da pretenden informarnos desde sus pginas independientes y objetivas, caen en el pecado de la vociferacin. Unos nos dicen que estamos en plena revolucin; los otros nos dicen que estamos en pleno proceso de desintegracin y autoritarismo. Nadie nos permite decir que estamos a la espera, reflexionando, contemplando este amasijo de la informacin, este descuartizamiento del sentido comn, esta cosa melanclica de la decrepitud de la palabra. Asunto que en estos das cobr el grado sustantivo de la hipocresa: todo el periodismo, absolutamente todo, el de una parte y de la otra, echando lgrimas y mocos por lo que ocurri en diciembre del 2001. Paf! Hablar de las cosas terribles que ocurrieron es cosa fcil cuando te lo permiten, cuando no est en juego tu empleo.

 

La palabra, en esta era de periodismo de voz huracanada, es una cosa, un elemento, una coartada. Cualquier cosa. La usan como mejor les cae. Es un guante, es un soquete, es una piedra, acaso una serpentina; es el puo de una camisa que a veces, segn la conveniencia, abotonan o dejan suelto. Es, la palabra, la eleccin de la palabra, un artificio que usan para dejar entrever otras palabras que no se atreven a decir de modo directo, o para ocultar otras palabras que no se atreven a eliminar de modo directo. El periodismo ya no excita ideas, debates, perplejidad, deliberaciones internas. Genera rechazo o aprobacin. Un ejercicio incesante de la opacidad. El periodismo, hoy, en la Argentina, es una entelequia. Los diarios y las revistas son factoras de arbitrariedades. Son el fin en s mismo. Opinan y sancionan y alaban y desdean ya desde los titulares. El periodismo ha perdido el encanto que tiene todo oficio y ha pasado a ser una profesin desprovista de la vibracin que causa la novedad; una profesin, como la de ingeniero, la de escribano o economista, que discurre al margen de la incertidumbre y el titubeo. Todo est claro de antemano, incluso antes de sacar el trasero de la silla y salir a cubrir una noticia.

Se me hace que los periodistas que trabajan en esos medios, en los medios de uno y otro lado, porque los propios medios nos han enseado que hay el uno y el otro lado, digo, que esos periodistas, los que redactan las noticias, los pirulos, tendran que pensar un poco ms en lo que estn haciendo. A qu modelo de periodismo le son funcionales. Causa mucha pena escuchar a tipos que te dicen, de La Nacin , de Clarn, de Pgina/12, de Veintitrs, y de toda esa cosa de medios que militan en uno u otro lado, porque est el asunto partido al medio, s, es todo una mierda, pero no puedo perder el trabajo. Todo bien. No pierden el trabajo pero s la libertad. Ese asunto de la libertad. Parece una utopa hablar de la libertad, pero no, no lo es. No se puede perder la libertad a los 25, 30 aos. En realidad, no habra que perderla nunca. Pero a esa edad, maldita sea perderla (licencia de traduccin). Uno puede llegar a entender, pero nunca jams aprobar, que periodistas de 60 70 aos, que comenzaron su oficio hace dcadas a la manera de hacedores de un nuevo periodismo, comprometidos con las cosas, hoy no sean ms que amanuenses de uno u otro lado, porque se ha instaurado, mi diablo, el uno y el otro lado. Y algo hay que llevar a la mesa.

 

Las noticias, en uno y otro lado, estn repletas de opinin, de adjetivacin. Es como si yo, ahora, redactor de Clarn, Noticias, La Nacin , Perfil, me pusiera a informar sobre la asuncin de Cristina Fernndez y dijera, por caso: En su discurso, la Presidenta , como siempre, actu, exager su defensa de los derechos humanos, se hizo la vctima, ponder a EL ..... Y, si fuera un redactor de Pgina/12, Veintitrs, Miradas al Sur, escribiera: En su discurso, la Presidenta volvi a reivindicar la lucha por los derechos humanos y su compromiso por el proyecto de pas que todos anhelamos... Una adjetivacin sustantivada. La puesta en escena de un clima, de un nimo. Un abuso de confianza. De los unos y de los otros. Abusan. Atropellan. Siembran una falsa opcin que, de raz, hace a un lado a los que no les importa ni una ni otra margen del ro. A esos locos que andan navegando entre el despotismo que gritan los unos y la revolucin que gritan los otros. Qu nos dejan para decir sin ser considerados funcionales a los unos o a los otros?

No hay voces disidentes que tengan lugar en los unos y los otros. Que disientan, digo, con lo que piensan, informan y publican los unos y los otros. A eso se le llama oscurantismo. No tens espacio?, entonces escrib en un blog; hacte una pgina; mand cartas de lectores; sumate al Facebook.

 

Un periodista al que no le conozco la cara, digamos un periodista que siempre aplaude mis textos, ahora secretario de Redaccin de una revista de timbre oficialista, de sonoro timbre gubernamental, ley la primera parte de esta serie de notas que pretendo escribir y lanzar al aire, y me escribi: Me encanta, est muy buena, pero en la revista, como sabrs, no puedo publicarlo.

La censura existe. Siempre existi. La censura es la base de la dominacin cultural. Sin censura, sin un control de la informacin, ningn poder poltico y econmico avanza. Y no me refiero slo a las noches de dictaduras, desde luego.

 

En las redacciones de diarios y revistas los periodistas tienen ms certeza de lo que no pueden escribir ni publicar, de que lo que van a escribir y publicar. Existe, en uno y otro lado, porque hay un lado y hay el otro, una suerte de manual del oscurantismo fundado en la exclusin de ciertas noticias, en la reprobacin de ciertos nombres, en una continua correccin de notas fundada no ya en cuestiones semnticas o gramaticales, sino en algn contenido que perturba los intereses polticos, mercantiles o ideolgicos del medio. Amputacin directa. Un manual que nadie ha escrito, un manual que no est escrito, y ni falta hace que alguien lo escriba. Est en los intereses de los dueos de los medios (puede ser el Estado, pueden ser empresarios del mensaje) y, de prepo, al calor de la necesidad de mantener un empleo, un ingreso mensual, ese manual est en la cabeza de los periodistas que redactan las notas. Los sumergen en la perversa dicotoma de silencio o chau, vista gorda o chau.

Ocurri, lo sabemos, en Tlam y Pgina/12 cuando los sicarios de un terrateniente de Santiago del Estero mataron a un miembro del Mocase (Movimiento Campesino de Santiago del Estero en la Va Campesina )

 

En la edicin de La Nacin del mircoles 21 de diciembre de 2011, Morales Sol escribi un artculo cuyo ttulo ya lo dice todo: Lo que est en juego es la libertad. No hace falta que me ponga a resumir o comentar el contenido. Cualquiera puede figurrselo. Hay dos detalles interesantes en la nota. Primero, que ahora Morales Sol se preocupe por otra libertad que no sea la suya. Luego, que lo que anda a la deriva no es la libertad sino, a mi juicio, la capacidad de discernimiento. La era del pensamiento dbil, del acomodamiento al pensamiento de un Otro ms poderoso; del pensamiento fcil, de la ausencia de contradicciones. Todo es plano. Vivimos en un pramo de ideas.

A los que a veces nos asaltan las ganas de decir algo, de escribir o decir algo que no coincide con lo que dicen o escriben los medios de uno y otro lado, porque de dos lados est la cosa, se nos prohbe nada y a la vez todo. La pequeez del periodismo grande e importante de la Argentina, me trae a la memoria la pequeez, divertida, escandalosamente entretenida, del decreto que lanz aos atrs el alcalde de Sarpourenx, pueblo minsculo del suroeste de Francia donde impera la prohibicin de morir. No puedo enterrar [sic] a ms gente, dijo el alcalde, Grard Lalanne, sin ocultar la pesadumbre. Al primer muerto que llegue, lo mando al prefecto, el representante del Estado. Y acto seguido decret: Artculo 1. Queda prohibido a cualquier persona que no tuviere una plaza en el cementerio y deseare ser inhumada en Sarpourenx, fallecer en el municipio. Artculo 2. Los infractores sern severamente sancionados por sus actos". Es que en el cementerio Sarpourenx, de cuatrocientos metros cuadrados, ya no haba cabida para cuerpo alguno.

Prohibido decir, gente. Porque si uno piensa y dice, enterrarn tus palabras en otro lado. No hay espacio en el cementerio del periodismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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