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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2011

Entrevista a Fernando Hernndez Snchez sobre "Guerra o Revolucin. El Partido Comunista de Espaa en la guerra civil" (II)
El PCE fue, a mi juicio, el partido que mantuvo una visin ms compleja del conflicto

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Doctor en Historia contempornea por la UNED, miembro de la Asociacin de Historiadores del Presente y colaborador del Centro de Investigaciones Histricas de la Democracia Espaola, Fernando Hernndez Snchez es profesor asociado de la Universidad Autnoma de Madrid y de Enseanza Secundaria. Preside actualmente la Asociacin Entresiglos 20-21: Historia, Memoria y Didctica dedicada a la investigacin sobre la enseanza escolar de la historia reciente.

Las investigaciones de FHS se centran en la historia del movimiento comunista en Espaa. Autor de numerosos artculos sobre el tema en revistas como Historia 16, La aventura de la Historia, Historia del Presente, Cuadernos Republicanos o Ebre 38, es autor de Comunistas sin partido. Jess Hernndez, ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (2007) y coautor, junto a ngel Vias, de El desplome de la Repblica (Crtica, 2009)


Nos habamos quedado en este punto. El PCE no fue, claro sta, el nico partido de izquierdas que combati durante la guerra. Fue en su opinin el que mantuvo una posicin ms razonable, el que toc ms realidad sin ensoaciones inconsistentes?

Fue, a mi juicio, el que mantuvo una visin ms compleja del conflicto. Una de las equivocaciones ms extendidas entre quienes apostaban por una revolucin social integral fue el de despejar a cero el factor internacional. Pensar que el Eje, permtaseme el anacronismo, era un tigre de papel; que Gran Bretaa y Francia eran irrelevantes para el resultado final de la guerra; que la situacin en Espaa era la ltima rplica del ciclo revolucionario iniciado en Octubre del 17, sin tener en cuenta que ste estaba agotado al menos desde 1923 con el fracaso de los sucesivos levantamientos alemanes y la cada de Bela Kun en Hungra- y, sobre todo, desde la consolidacin del nazismo en 1933, constituan serios errores analticos. Lo mismo se puede decir respecto a la aplicacin de algunos proyectos colectivistas, que adems de fragmentar el sistema productivo, de suministro e intercambio, contribuyendo al debilitamiento del esfuerzo de guerra, chocaban con realidades sociales arraigadas no todo era latifundio absentista en el campo espaol- que obligaban a recurrir a la imposicin por la fuerza y estrechaban la base social de la Repblica.

Pero precisamente esto ltimo que seala, las colectivizaciones agrarias, han tenido, en general, grandes alabanzas desde diferentes atalayas de izquierda. Pienso, por ejemplo, en los comentarios de Noam Chomsky, en lo que se muestra en Tierra y libertad o en reflexiones de libertarios espaoles actuales.

Me baso en las fuentes de la poca y en los estudios de especialistas como Julin Casanova. Es cierto que las colectivizaciones fueron un hecho notorio de la economa de guerra, y que supusieron por primera vez que en muchos casos el campesinado asumiera tareas de responsabilidad y gestin y que, como dice Josep Termes, de ello se derivara una elevacin del sentido de autoestima, de orgullo y de dignidad social. Ahora bien, la realidad fue polidrica, y no siempre las teoras encajaron bien con la realidad. En Aragn, por ejemplo, emblema de la literatura procolectivista, abundaron los casos de exacciones al campesinado, choques violentos e imposicin manu militari de la colectividad por las milicias procedentes de Catalua. Aqu se dio la colisin entre la realidad de un pequeo campesinado propietario o arrendatario, que senta la tierra como suya, y las ensoaciones tericas de unos militantes confederales que provenan de un entorno urbano e industrial que no vean las cosas ms que de la manera que haban aprendido en los manuales. En este sentido, los choques entre unos y otros fueron constantes en la primera mitad de la guerra. Lo que no quiere decir que, en otros casos, no funcionase un rgimen de colectividad con criterios de eficacia. Por ejemplo, en las comarcas de Madrid colindantes con Guadalajara, las colectividades dirigidas por los sindicatos (CNT y UGT) fueron tan competentes que algunos de los terratenientes que recuperaron la propiedad privada terminada la guerra hicieron lo posible por exonerar de responsabilidad penal a los gestores y recuperarlos para la puesta en explotacin de sus tierras. La realidad, repito, tiene muchas caras.

Me interno ahora en el apartado de las crticas. El PCE, que cre el Quinto Regimiento de Milicias Populares, apost por la formacin de un Ejrcito Popular con disciplina y unidad de mando, segn mtodos y procedimientos militares ms o menos clsicos. Por qu fue y sigue siendo tan criticado por ello? Pienso, por ejemplo, en uno de los vrtices ms insistentemente crticos de Tierra y libertad de Ken Loach.

Los tributos al romanticismo revolucionario siempre han tenido mejor prensa que el pragmatismo, pero lo cierto es que pronto estuvo claro que a unidades de lite, como la Legin y los Regulares, dotados de armamento pesado suministrado por modernas industrias de guerra extranjeras y con tcticas diseadas por un mando central unificado no se les poda oponer la fuerza espontnea, entusiasta pero desorganizada, de las milicias basadas en grupos de afinidad poltica o sindical. Aunque, como ha afirmado el profesor Vias en su monumental triloga sobre la Repblica en guerra, esta estaba materialmente perdida para el gobierno legtimo prcticamente desde el otoo de 1936, hay que valorar que fue el esfuerzo de reconstruccin de un Ejrcito Popular regular lo que posibilit el caso nico en el continente de una oposicin armada durante casi tres aos a la implantacin del fascismo.

Dos breves cuestiones sobre esto ltimo. La triloga de ngel Vias, ampliada a dos tomos ms si no ando errado, de uno de los cuales es usted coautor, es lo mejor que se ha escrito sobre la guerra civil espaola hasta el momento?

A mi juicio descontando ese ltimo tomo en el que yo participo- es una obra fundamental, pues se basa fundamentalmente en el anlisis exhaustivo de las fuentes documentales de poca depositadas en buena parte en archivos extranjeros. La triloga de Vias permite encuadrar el contexto internacional de la guerra, los verdaderos objetivos de las potencias y la ligazn entre estas y los gobiernos de las dos zonas, posibilitando la formacin de un juicio desprejuiciado en un momento, como el que vivimos ahora, en el que aflora por todas partes una produccin editorial revisionista basada, exclusivamente, en la propaganda y las valoraciones interesadas.

Si la guerra estaba materialmente perdida desde otoo de 1936, qu sentido tena continuarla? Para qu tanto herosmo, tantas muertes, tantas vidas perdidas? No hubiera sido ms til organizar la retirada primero, la resistencia despus y actuar con decisin en pocas ms favorables?

La ventaja con que contamos los historiadores y los observadores actuales es que sabemos cmo termin el partido. Los coetneos tuvieron que tomar decisiones en caliente y sobre la marcha, intentando explotar los medios y recursos a su alcance. Haba algo que las fuerzas republicanas s saban seguro: que Franco era implacable, que la venganza de clase de la derecha amenazada por las reformas republicanas iba a ser brutal y que no caba consolarse invocando un posible compromiso. Lo aprendieron en sus propias carnes, incluso los que con Casado creyeron en una paz honrosa sin represalias mientras que en Burgos se dictaba la Ley de Responsabilidades Polticas que castigaba, con efectos retroactivos hasta 1934, la militancia poltica o sindical y el sustento prestado con las armas al gobierno legtimo. La cuestin no era resistir, para qu? La pregunta que habra que hacerse es si, sin resistencia, se hubieran minimizado los daos y las prdidas humanas. La respuesta puede encontrarse en las decenas de fosas comunes que jalonan provincias, como las de Castilla y Len, donde no hubo guerra porque no hubo resistencia.

El 4 de septiembre Largo Caballero se convirti en presidente del Gobierno. Por primera vez en la historia de Espaa y de Occidente, haba en su gabinete dos ministros comunistas. Se ha comentando que su labor poltica no fue especialmente novedosa, no hubieran grandes cambios ni en instruccin pblica ni en Agricultura se ha sostenido. Por lo dems, por qu se llevaron tan mal Largo Caballero y el PCE?

Bueno, lo de que no hubo grandes cambios cabra discutirlo. En Agricultura ministerio que encabez Vicente Uribe desde el primer gobierno Caballero hasta finales de la guerra- se llev a cabo el programa de reforma agraria que facilit la expropiacin de tierras de los simpatizantes de los insurrectos, la instalacin en ellas de colonos dotados de aperos y crdito, la legalizacin de las colectividades y explotaciones cooperativas y las cooperativas de consumo. Casi la mitad del terreno cultivable de la zona leal pas, de esta forma, a ser explotada directamente por los campesinos, ya fuese en rgimen de pequea propiedad, cooperativa o colectividad. En Instruccin Pblica, se extendieron los programas de alfabetizacin hasta las propias filas del Ejrcito, se crearon las guarderas laborales y se fundaron los Institutos Obreros para la educacin media y profesional con vistas a una futura incorporacin de las clases populares a la Universidad, y se protegi el patrimonio cultural amenazado por los bombardeos enemigos. En lo poltico, el choque entre Caballero y el PCE vino probablemente determinado porque Caballero vio frustradas sus expectativas de utilizar a los comunistas en su pugna interna contra los partidarios de Prieto, a fin de homogeneizar el Partido Socialista bajo su gida. Su falta de cintura para afrontar nuevas situaciones derivadas de la guerra le llev a ser desbordado por la prdida de sus bases juveniles y el paso de algunas figuras eminentes de su partido al PCE al valorarlo como un partido ms dinmico para la consecucin de la victoria. Ese choque entre dos formas, clsica y nueva, de hacer poltica condujo al choque de trenes entre Caballero y los comunistas, sin paliativos posibles, a pesar de los intentos del propio Stalin para preservar la figura institucional del viejo lder.

Se ha sostenido tambin que el PCE abon el uso de la violencia en la retaguardia con numerosos desmanes incontrolados que ahuyentaron a las clases medias y las ubicaron en los brazos de la reaccin. Es el caso en su opinin?

El uso de la violencia, sobre todo en los primeros meses de la guerra, fue una manifestacin ejercida por todas las fuerzas polticas y sindicales. Tenga en cuenta que el estado republicano haba quedado desarbolado por el golpe militar, que lo haba privado de sus aparatos de coercin y monopolio de la fuerza legtima. Todos los partidos y centrales organizaron sus patrullas de control y milicias de vigilancia, todas ejercieron, en concurrencia unas con otras, la vigilancia revolucionaria. Si hay una caracterstica diferencial remarcable de la actuacin comunista, es la de que, frente a la poltica de eliminacin de los enemigos de clase desplegada por otros, los comunistas emplearon toda la fuerza a su alcance para el aplastamiento del enemigo interior en trminos de seguridad. Tambin es cierto que, posteriormente, el PCE contribuy a la reorganizacin del estado republicano y a la recuperacin por este de sus facultades policiales, judiciales y punitivas.

Tengo que preguntarle por Paracuellos. Qu papel tuvo en lo sucedido el PCE?

Es innegable, a la luz de la documentacin, que miembros de la organizacin de Madrid participaron en estos hechos, y que dirigentes comunistas estaban en el diseo del operativo. Tambin que el impulso originario parti de agentes de los servicios soviticos recin llegados a Espaa, y que el diseo del plan de ejecucin requiri del acuerdo con la CNT y la colaboracin de sus milicias de etapas. Encudrese todo ello en el contexto de una ciudad cercada, bombardeada impunemente a diario, atemorizada por las amenazas de represalias de los rebeldes, aterrorizada por las espeluznantes historias relatadas por los refugiados que huan del avance de las columnas rebeldes, e imbuida de paranoia por la apelaciones a la existencia de una quinta columna dispuesta a dar la pualada por la espalda para obtener una idea del ambiente reinante en Madrid en noviembre de 1936.

Santiago Carrillo siempre ha negado o ha minimizado mucho su participacin en lo sucedido. Qu papel desempe en su opinin el entonces miembro de las juventudes unificadas?

Carrillo ha descargado la responsabilidad sobre sus subalternos, como Serrano Poncela, o se ha amparado en que l acababa de llegar al cargo cuando comenzaron los fusilamientos. Es cierto que en la Causa General se muestran los oficios firmados por Serrano Poncela en los que se ordenaba la excarcelacin supuesta de presos filoderechistas para ser entregados a las patrullas que los conduciran a Paracuellos y Torrejn, y que la propia Causa General solo puede decir de Carrillo a falta de documentos firmados de su puo y letra- que sus rdenes eran verbales. En cualquier caso, es bastante dudoso pensar que una decisin de tanto calado fuera adoptada por miembros de los segundos escalones de los aparatos de seguridad sin contar con el responsable de orden pblico en la ciudad cercada.

Tambin debo preguntarle por el asesinato de Andreu Nin, el dirigente del POUM. Fue el PCE responsable de su secuestro y de su muerte?

El PCE fue responsable de dar cobertura al secuestro y asesinato de Nin; la ejecucin material, como han demostrado las fuentes, correspondi a los miembros de la NKVD encabezados por Alexander Orlov, que emplearon a agentes locales pero no necesariamente con el conocimiento previo por parte del propio partido. Eso no resta un pice de complicidad en todo el programa destinado a erradicar cualquier opcin comunista no estrictamente estalinista: El PCE tom parte en la operacin de descrdito de Trotski desde los aos 30 y del POUM desde 1936, militantes suyos participaron, sin duda, en la infiltracin en los grupos trotskistas o considerados como tales- con objetivos provocadores y en la persecucin de sus lderes. En contrapartida, el PCE fue incapaz de convertir el proceso contra el POUM (y eso que lo intent con algn ejemplo preclaro de panfleto intoxicador) en un remedo de los procesos de Mosc.

Y dnde cree que est el cadver de Andreu Nin? Aado un punto ms: qu podra aadir el PCE a lo que ya ha hecho para reconocer su responsabilidad en lo sucedido?

La hiptesis ms plausible es que fue enterrado en algn punto de la carretera que va de Alcal de Henares lugar donde estuvo preso tras su detencin- a Perales de Tajua, probablemente una vez pasado Loeches. Alguna otra versin ha apuntado a que podra haber sido inhumado en la provincia de Albacete, en la carretera Madrid-Valencia.

Qu podra hacer el PCE hoy para reparar aquello? Creo que los partidos comunistas, que encarnan la herencia de una importantsima historia de lucha contra la barbarie y por la dignificacin de las clases populares en el siglo XX, deben ejercer una profunda crtica con aquellos aspectos de su pasado que los arrastraron a la comisin de actos criminales, desprenderse de toda connivencia con el totalitarismo y condenar el uso bastardo que el estalinismo hizo de los nobles valores del internacionalismo y el socialismo.

Djeme que lo dejemos por ahora en este punto, con esta reflexin sobre los partidos comunistas y nuestra historia.

Notas:

[*] Versiones parciales de esta entrevista han aparecido en El Viejo Topo y en Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n 115, invierno de 2011, pp. 189-202.

La primera parte de esta entrevista puede verse en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=141567

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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