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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2011

Argentina, 2012: Qu hacer, y cundo?

Atilio A. Boron
Rebelin


El inicio del segundo perodo presidencial de Cristina Fernndez invita a reflexionar acerca de su agenda de gobierno para los prximos cuatro aos, a partir de la conviccin de que la autocomplacencia con los avances registrados hasta ahora importantes pero insuficientes- sera un seguro camino hacia la restauracin del dominio de los sectores ms retrgrados de la poltica argentina. A lo largo de estos aos el kirchnerismo ha demostrado tener capacidad de generar iniciativas, si bien que favorecido por una oposicin muy dbil entre el 2003 y el 2009 (con el oficialismo controlando ambas cmaras del Congreso) y muy incompetente entre el 2009 y el 2011, sobre todo luego de su resonante victoria en las elecciones parlamentarias del 2009 pese a lo cual no pudo articular ni una sola propuesta de conjunto capaz de neutralizar la influencia de la Casa Rosada. Vistas las cosas en perspectiva, de lejos la iniciativa ms importante impulsada por el kirchnerismo fue la quita efectuada en los bonos de la deuda externa -dispuesta por el ex presidente Nstor Kirchner e implementada por Roberto Lavagna, el ministro de Economa heredado de su predecesor en la Casa Rosada- y que algunos comentaristas de la prensa financiera internacional calificaron como la mayor expropiacin sufrida por el capital financiero a escala mundial en toda su historia. Adase a ello la anulacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el masivo juzgamiento a los represores de la ltima dictadura militar como otro de los grandes logros del ex presidente Kirchner. Durante la gestin de Cristina Fernndez , a su vez, se avanz en varios frentes, con algunas importantes propuestas en materia de promocin social como la Asignacin Universal por Hijo, la estatizacin de las AFJP, la extensin del rgimen jubilatorio, la actualizacin semestral de jubilaciones y pensiones- el matrimonio igualitario y la Ley de Medios, entre otras. A esto habra que agregar una significativa renovacin del clima ideolgico, reintroduciendo ciertas temticas como la igualdad social, la distribucin del ingreso y la unidad latinoamericana que haca mucho tiempo no se escuchaban en la esfera pblica. Y, desde las celebraciones del Bicentenario y muy especialmente luego del fallecimiento de Nstor Kirchner, una impetuosa politizacin de vastos sectores de la juventud argentina, fenmeno que no se vea por estas latitudes desde finales de los aos sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado. La recuperacin del valor de la poltica, en una sociedad tan bombardeada por los mensajes apolticos del neoliberalismo, es un signo promisorio para el futuro de la Argentina.

El objetivo de estas notas es doble: por una parte, ofrecer un retrato de las grandes lneas de fuerza que definen la coyuntura poltica actual, recordando siempre aquellas palabras de Lenin que definen a la poltica como la economa concentrada. Por la otra, explorar los senderos que se bifurcan y sus potencialidades. Uno de ellos es el de las reformas estructurales; el otro, es el del continuismo, a veces enaltecido con la confusa expresin oficial de profundizar el modelo.

Kirchnerismo y economa capitalista

Al examinar estas alternativas no escapan a nuestro anlisis las limitaciones ideolgicas del kirchnerismo, sintetizadas magistralmente en el reproche que la presidenta Cristina Fernndez hiciera a sus colegas reunidos en el G-20 para que acabaran con el anarco-capitalismo y promovieran un capitalismo serio, algo que para los odos de Obama, Merkel, Sarkozy, Cameron, Berlusconi y otros de su ralea debi sonar como un enternecedor cuento de nios mientras socarronamente se miraban y decan entre s: Qu, acaso no es serio este capitalismo que nos sostiene en el poder y al cual salvamos de sus trapisondas financieras transfirindole billones de dlares?

Por lo tanto, es innecesario aclarar, que cualquier propuesta de avanzar por el sendero de las reformas generar una enconada resistencia. Primero, al interior mismo del gobierno y, ms ampliamente, de la coalicin kirchnerista, porque no todos sus integrantes muestran el mismo grado de entusiasmo por encarar reformas de fondo en la economa argentina; segundo, obvio, en la clase dominante. El kirchnerismo pudo avanzar en su celo innovador en temas predominantemente blandos, entendiendo por stos los que no afectan centralmente al proceso de acumulacin capitalista o las ganancias de la burguesa. Y cuando s lo hizo, como en el caso de la quita de los bonos de la deuda, se trenz en una feroz batalla con el capital financiero internacional y sus aliados locales, y venci! De lo cual se extrae la siguiente leccin: por ms que el veto o las amenazas destituyentes de la clase dominante sean muy impresionantes, si un gobierno como ste mantiene firme el rumbo de una decisin y construye fuerza social para apuntalarla no habr clase dominante ni factores de poder capaces de quebrar su mano.

De ah la ingenuidad de suponer que se puede gobernar bien la Argentina atacando su lacerante injusticia social y removiendo los pesados legados de los noventa que, pese a la retrica oficial, an nos abruman- sin despertar la furia de los beneficiarios del orden actual. El sueo de un gobierno que construya justicia e igualdad en medio de un clima sereno y exento de estridencias y conflictos de todo tipo es slo eso, un sueo. Adems, el pas no est aislado sino inserto en un contexto regional sometido a crecientes ataques y presiones por parte de un imperio que no se resigna a contemplar pasivamente su ocaso. Para los diversos sectores de la clase dominante local, que capitaliz en ms de un sentido -y privilegiadamente- la bonanza del perodo iniciado en el 2003, la obsesin restauradora de Washington le brinda un poderoso aliento para renegociar desde mejores posiciones su relacin con la Casa Rosada. La ya mencionada postura presidencial ante el anarco capitalismo, la exhortacin a construir un capitalismo serio, la rapidez con que se sancion y promulg la nueva legislacin antiterrorista (que contrasta con la exasperante lentitud oficial para derogar la Ley de Entidades Financieras en cuyo calce se encuentran las oprobiosas firmas de Videla-Martnez de Hoz), el apoyo irrestricto a la megaminera (con foto de Cristina Fernndez y el CEO de la Barrick Gold en los headquarters de la firma! ) y las petroleras, o la renuencia a instrumentar el precepto constitucional (artculo 14 bis, Constitucin de 1994) que establece la participacin de los trabajadores en las ganancias de las empresas son claras muestras de este significativo cambio en la relacin entre el gobierno y los sectores empresariales reforzada, nos parece, por la conversacin privada sostenida entre Barack Obama y CFK, a pedido del primero, en al marco de la reunin del G-20 en Cannes.

Seducidos por las extraordinarias ganancias con que las favoreci el modelo, las distintas fracciones burguesas, antao acrrimas crticas del kirchnerismo, no tardaron en distanciarse de sus representantes polticos y mediticos para, en un alarde de oportunismo, sellar una redituable tregua con la Casa Rosada. Claro que esto no quiere decir que consideren a CFK como su mejor alternativa. Es claramente una opcin sub-ptima y transitoria; desconfan de la presidenta y, mucho ms, de las multitudes plebeyas que la exaltan; tambin dudan de su previsibilidad o su capacidad para disciplinar al multiforme y siempre conflictivo planeta peronista. Pero su certero instinto de clase les indica que ninguna otra opcin poltica garantizara el grado mnimo de orden, gobernabilidad y estabilidad macroeconmica necesarios para asegurar la esplndida rentabilidad de sus emprendimientos. De ah que lo que caracteriza la relacin estado-clase dominante en la Argentina sea su ambivalencia: aceptan a Cristina como un mal menor, pero preferiran alguien ms confiable y afn a sus intereses. Como no lo hay, se alinean con la Casa Rosada. Esto diferencia claramente la situacin argentina de la que existe en pases como Bolivia, Ecuador y Venezuela, en donde la relacin estado-clase dominante es de abierta confrontacin. Esto explica tambin la distinta naturaleza de los regmenes polticos existentes en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

La contrapartida de este nuevo relacionamiento entre burguesa y estado ha sido la resonante ruptura de la clase dominante con sus representantes polticos tradicionales: los partidos de la centro-derecha, o derecha, y los oligopolios mediticos que ante la crisis de los primeros asumen la funcin de estado mayor en la defensa del orden amenazado por el populismo presidencial. La traicin -o el repudio- de la clase a sus representantes no constituye un fenmeno novedoso: Marx y Engels lo constataron y analizaron en sus escritos sobre la vida poltica francesa y alemana en la segunda mitad del siglo diecinueve, y Gramsci hizo lo propio en sus estudios sobre la Italia de la primera posguerra. Crisis orgnica, o ruptura del lazo entre representantes y representados, deca el italiano, para referirse a situaciones en las cuales la burguesa se despegaba de sus representaciones habituales. En sus propias palabras, que no podran ser ms precisas para describir la situacin de la Argentina, los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que les falta el terreno bajo los pies, advierten que sus prdicas se han convertido precisamente en eso, prdicas, o sea, cosas extraas a la realidad, puras formas sin contenido, larvas sin espritu; de ah su desesperacin. [1] Miradas las cosas desde otro ngulo, lo que se observa en la Argentina sera una desercin de los representantes polticos de la derecha por su incapacidad de comprender que para la clase dominante primero est la ganancia, segundo la ganancia y tercero la ganancia. Dado que el gobierno ha dado suficientes muestras de respetar esta obsesin de la clase explotadora, asuntos tales como la calidad institucional, la libertad de prensa, la separacin de poderes, el debido proceso o los procedimientos de la democracia liberal que suscitan la gritera de la partidocracia liberal y los medios hegemnicos son un ruido molesto que perturba la marcha de sus negocios y enturbia sus oportunistas relaciones con el gobierno nacional. La formidable derrota propinada a las diversas expresiones de la derecha -como Duhalde, Carri, Alfonsn, Redrado, Llambas, de Narvez, entre otros- en las ltimas elecciones presidenciales es precisamente un sntoma de esa ruptura, lo cual configura un escenario propicio para avanzar en una agenda de transformaciones sociales toda vez que la correlacin de fuerzas puesta de manifiesto en la puja electoral -amn de la que existe en el plano general de la vida poltica, ms all del terreno restringido del sufragio- le otorga a la Casa Rosada el predominio necesario para imponer su agenda. Sera apenas una exageracin decir que, si hablamos de reformas estructurales, la cuestin es ahora o nunca. La incgnita a develar es si la coalicin kirchnerista quiere promover las reformas estructurales.

La favorable, pero tambin transitoria, correlacin de fuerzas

Ahora bien: sera ilusorio pensar que un cuadro de este tipo, tan favorable al menos potencialmente- a una poltica firme de transformaciones estructurales puede perdurar indefinidamente. Si existe una voluntad reformista en el gobierno tiene que actuar sin ms dilaciones. En otras oportunidades nos hemos referido al carcter ya no lquido (como dira Zygmunt Bauman) sino gaseoso de la poltica argentina. Los lquidos se mueven y recombinan mucho ms lentamente que los gases, y por eso stos ofrecen un modelo mucho ms adecuado para graficar la crnica inestabilidad y la vertiginosa velocidad con que cambia la poltica en la Argentina, se modifica el humor de la ciudadana, se elevan y caen liderazgos y propuestas polticas, y se redefinen alianzas y coaliciones en donde quienes apenas ayer se enfrentaban encarnizadamente hoy forman parte de un mismo, y tambin efmero, espacio poltico. El 54 por ciento obtenido por la presidenta Cristina Fernndez es un guarismo notable, pero nada autoriza a pensar que se trate de una cifra que pueda resistir impertrrita los embates del tiempo y el desgaste de la lucha de clases, expresin que no es del agrado de CFK pues ella prefiere hablar de puja distributiva, lo que en el fondo es lo mismo pero dicho con palabras menos irritativas para el conservador sentido comn de nuestro tiempo.

Retomando el hilo de nuestra argumentacin, pocas semanas despus de las elecciones y al momento de la inauguracin de su nuevo mandato la presidenta goza de un ndice de aprobacin social superior al manifestado por el veredicto de las urnas, por encima inclusive del 60 por ciento. Pero como ya fuera dicho, el 2012 se presenta como un ao amenazante. En lo internacional: agravamiento de la crisis capitalista internacional, contraofensiva imperial (eliminar a Chvez del tablero poltico regional, doblegar a la Revolucin Cubana, poner en caja a Evo Morales y Rafael Correa, apartar a Argentina y Brasil de la influencia chavista, impedir los avances de proyectos como la Unasur y la CELAC, etctera) estimulada por el regreso sin gloria de los marines despachados a Irak y el empantanamiento de las tropas norteamericanas en Afganistn y Paquistn; en el plano nacional, eliminacin de subsidios a los consumos de agua, gas y electricidad (medida correcta, a condicin de que discrimine finamente entre quienes pueden y quienes no pueden asumir los mayores costos de esos servicios), eventuales aumentos de las tarifas de los mismos, de los impuestos urbanos (ABL en Buenos Aires, por ejemplo) y retraso salarial y de las jubilaciones y pensiones cuyo monto apenas equivale al 65 % del sueldo mnimo del ao 2011- en relacin a una inflacin que el gobierno se empea en desconocer al sostener la absurda e ilegal intervencin del INDEC. Todo esto, en suma, conforma un cuadro en el cual la popularidad presidencial est sometida a intensas presiones que podran erosionarla en poco tiempo. Las disputas al interior del PJ y el conflictivo reacomodamiento de la CGT en relacin al gobierno ciertamente obrarn en el sentido de agudizar el desgaste de la popularidad presidencial.

La Casa Rosada se enfrenta a un dilema: o avanza en una agenda de reformas estructurales (que no significa profundizar el modelodado que ste, al da de hoy, sigue instalado en el terreno ideolgico y econmico del neoliberalismo) o se estanca, potenciando la protesta social y pavimentando el camino para la restauracin de una derecha dura-por cierto que bajo formatos inditos y liderazgos no tradicionales- que ponga fin a los excesos populistas del kirchnerismo y a su poltica latinoamericanista. Si opta por lo primero CFK podra construir una amplia y ms o menos permanente base de apoyo social que la protegera de las inevitables fluctuaciones de la coyuntura y los ataques de sus enemigos. En un contexto global, regional y nacional tan voltil y amenazante como el que hemos sucintamente descrito, persistir en la simple administracin del modelo y la negativa a encarar un programa de cambios profundos podra tener como resultado el inesperado (o prematuro) agotamiento del experimento kirchnerista basado en la aspiracin de lograr el crecimiento econmico con inclusin social. Al decir esto, reiteramos, no estamos negando la importancia de los cambios ya producidos por el kirchnerismo en diversos planos. Pero no es menos cierto que, salvo la quita de los bonos de la deuda, hasta ahora ninguno de los dems ha afectado la tasa de ganancia del capital o las propiedades de la burguesa. Pero de lo que se trata ahora es precisamente de eso.

En efecto, en los ltimos ocho aos la economa argentina creci a tasas chinas, pero pese a las muchas polticas sociales promovidas desde el estado el impacto redistributivo del crecimiento fue relativamente marginal: el ndice de polarizacin econmica (ingresos del 10 % ms rico en relacin al del 10 % ms pobre) descendi de 47 a 1, en momentos del estallido de la Convertibilidad, a 25 a 1 en este perodo. Un logro muy importante, sin duda, pero cuando comenz nuestra transicin democrtica, a fines de 1983, la relacin era de 13 a 1. Es decir que, medido por este indicador, si bien el avance ha sido innegable en la actualidad la Argentina es un pas ms injusto que hace treinta aos atrs. [2] Una evolucin similarmente positiva muestra el ndice de Gini, que mide la desigualdad: de un valor equivalente a 0.53 en el 2003 se lleg a 0.39 en el 2011. [3] Dato este muy significativo, pero no se puede olvidar que estos clculos no incluyen al 33.7 por ciento de la poblacin trabajadora que no se encuentra registrada, es decir, que trabaja en negro. Si se los tomara en cuenta el valor del ndice Gini seguramente sera superior, sobre todo si se repara en la muy lenta evolucin del salario real que, desde 2001 a la fecha, apenas mejor un diez por ciento. [4]

Si bien el INDEC establece que las personas con ingresos por debajo de la lnea de la pobreza eran, en el primer semestre del 2011, 10.7 por ciento, otros anlisis arrojan un resultado sensiblemente superior, en algunos casos ms del doble de la cifra oficial. Coinciden en ello tanto los estudios de Artemio Lpez (Consultora Equis, un equipo muy cercano al kirchnerismo) como los efectuados por Agustn Salvia en el marco del Observatorio de la Deuda Social Argentina /Serie Bicentenario 2010-1016 de la Universidad Catlica Argentina y por el tambin cercano al oficialismo ISEPCi, Instituto de Investigacin Social, Econmica y Poltica Ciudadana. En Mayo del 2011 Lpez deca en su blog que en lneas generales hoy hay consenso en que los niveles de pobreza se ubican en torno al 22% de la poblacin y la indigencia en el 5,5%. Para el ISEPCi la cifra se empina hasta el 24.71 por ciento. [5] Estas estimaciones se tornan bastante ms preocupantes si se calcula la proporcin de personas con ingresos entre un 10 o 20 por ciento por encima de la espartana lnea de pobreza, en cuyo caso muy probablemente llegaramos a un resultado que bien podra terminar caracterizando como pobres a la mitad de la poblacin del pas. De hecho, el sueldo mnimo legal en la Argentina es de $ 2.300 mientras que la canasta bsica de alimentos para una familia tipo es de $ 2.531. Mismo si una familia ganara unos $ 3.000 difcilmente estara situada en una franja de ingresos a salvo del flagelo de la pobreza. En otras palabras: dentro de un modelo que an hoy se ajusta a las especificaciones ms generales del proyecto neoliberal, si no hay crecimiento econmico no hay redistribucin de ingresos; pero si hay crecimiento, y muy elevado, la redistribucin opera con cuentagotas, la riqueza se sigue concentrando y la economa se desnacionaliza, toda vez que la propiedad de las grandes fortunas se extranjeriza a pasos agigantados. El famoso efecto derrame de los publicistas neoliberales es un mito. Lo poco que se ha redistribuido en la Argentina en un ciclo de excepcional crecimiento econmico ha sido producto de la accin del estado.

El estado y la cuestin tributaria

  Suponiendo que demuestre poseer una frrea voluntad de avanzar por el sendero de las reformas de fondo, el gobierno nacional debera resolver el candente tema de la debilidad estructural del estado argentino, postrado por las infames polticas seguidas en los noventas cuyo legado ha sido un aparato estatal desfinanciado, desmantelado y desmoralizado. Es a causa de esta destruccin estatal que la Argentina no puede saber cunto petrleo o gas exportan Repsol o Petrobrs, porque no existe una agencia del estado nacional con recursos y personal capaces de certificar la veracidad de las declaraciones juradas de esas compaas. Si decimos una cifra es porque simplemente damos por buenas las informaciones que ofrecen las empresas. El plan de radarizacin del espacio areo nacional lleva largos aos de retraso, y sita a este pas como un caso aberrante ya no slo por comparacin con el mundo desarrollado sino a lo que ya se ha hecho, hace dcadas, en otros pases de Amrica Latina. Nuestras pesqueras estn siendo arrasadas porque por falta de presupuesto las fuerzas de seguridad no tienen como movilizar sus naves y aviones a fin de proteger la riqueza ictcola del Atlntico Sur. Bajo el rubro de escombros las grandes mineras que exportan oro hacen lo propio con minerales estratgicos de incalculable valor, que salen del pas sin registro alguno y sin pagar un centavo de impuestos porque tampoco existen oficinas nacionales dotadas de los recursos necesarios para fiscalizar estas operaciones. Las rutas privatizadas funcionan sin ninguna clase de monitoreo o regulacin estatal, lo mismo que los privatizados servicios de trenes y subtes, para infinito sufrimiento de los usuarios. La salud pblica sigue siendo una tragedia y por ms crecimiento econmico que haya no logramos bajar nuestra tasa de mortalidad infantil de dos dgitos, penoso recordatorio de la inoperancia del sector pblico en esta materia. Y no es para nada mejor el panorama en materia de educacin, cuyos niveles primarios y secundarios siguen estando en manos de las provincias luego que el menemismo se las arrojara, sin respaldo presupuestario, con el objeto de demostrar al FMI que el gobierno nacional achicaba el gasto pblico y pona sus cuentas en orden. El resultado fue catastrfico, y sus lamentables secuelas se sienten todava hoy. En fin, la lista de estos dficits estructurales en las capacidades del estado argentino sera interminable y no slo aburrira a los lectores sino que los enfurecera. Va de suyo que ningn programa de reformas podr funcionar sobre la base de un estado pobre, con un personal desjerarquizado, mal preparado, peor remunerado y desmoralizado. Esta es la deplorable herencia del neoliberalismo, de la cual todava no nos hemos librado.

Para revertir tamaa destruccin, tarea a la cual hay que abocarse sin ms demora y sobre nuevos fundamentos, es imprescindible reconstruir las bases financieras y econmicas del estado a partir de una profunda reforma tributaria que acabe con un sistema impositivo que es de los ms injustos de Amrica Latina. El ex Secretario de Cultura de Nstor Kirchner y durante una parte del primer mandato de CFK, Jos Nun, dice textualmente que Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, la estructura tributaria argentina ha avanzado muy poco en materia de reformas tendientes a mejorar la distribucin del ingreso. Por el contrario, gran parte de las medidas adoptadas tuvieron efectos regresivos. [6] Y algo similar dicen los intelectuales vinculados a Carta Abierta cuando afirman, en un documento aparecido en estos das, que (E)l sistema impositivo alcanz en 1974 su pico de equidad del siglo XX, y luego comenz un ininterrumpido derrumbe que profundizaba constantemente su regresividad. El rgimen impositivo sigue siendo injusto con el 20 por ciento ms pobre de la poblacin y reclama una reforma tributaria. [7] En este sentido no sera una exageracin decir que esta, la tributaria, sera la madre de todas las batallas y que, por eso mismo, el gobierno debera seleccionarla como el primer frente de avance de su agenda reformista. Entre otras cosas porque lograr un amplio consenso social de inmediato: qu otra cosa puede ser ms popular que un gobierno actuando como un Robin Hood, que le quita a los ricos y beneficia a los pobres? Adems, sin una adecuada -y progresiva- captacin de ingresos por la va impositiva, combatiendo la evasin y la elusin pero, sobre todo, gravando con fuerza a las grandes fortunas y los grandes ingresos no habr ninguna posibilidad de llevar adelante reformas estructurales o siquiera de garantizar la irreversibilidad de los mdicos logros del perodo kirchnerista.

En suma: las circunstancias actuales no podran ser ms favorables para el gobierno Una mayora parlamentaria que le garantiza qurum propio y el control de ambas cmaras, y un alto nivel de aprobacin social que respalda la gestin presidencial. Situaciones como stas son raras y, por eso mismo, efmeras: o se acta sin ms dilaciones, porque no van a perdurar por mucho tiempo; o deber pagarse un elevadsimo precio por haber desaprovechado la oportunidad. Quienes en las cercanas de la Casa Rosada se abstienen de insistir en la necesidad de encarar sin ms demoras este estratgico asunto, temerosos de fastidiar a la presidenta o de someterla a las presiones que sin duda alguna desatar cualquier tentativa de modificar el rgimen tributario, ignoran que las tensiones y las presiones sern mucho mayores en ausencia de un proyecto reformista. Con el agravante de que en este escenario continuista, o no-reformista, aquellas no slo provendrn desde arriba, desde los sectores burgueses, sino tambin desde abajo, ante el descontento social que tarde o temprano podra hacer eclosin en un pas donde an con alto crecimiento econmico la deuda social sigue impaga.

La ruta reformista

Como recordaba Dantn en la Revolucin Francesa, ninguna gran conquista histrica se obtiene sin audacia, otra vez audacia, siempre audacia." La poltica en tiempos de clera como los actuales no es para espritus vacilantes o manos trmulas. Sin encarar ya mismo una reforma integral de la legislacin tributaria el progresismo kirchnerista podra degenerar en lo que algunos autores han denominado el retrogresismo, una suerte de Termidor de la revolucin pero sin que antes hubiera habido una revolucin. El camino para salir de este atolladero se inicia con una nueva legislacin tributaria que ataque al corazn del neoliberalismo de los noventas, an presente entre nosotros. Una legislacin que grave a las rentas financieras o la transferencia de activos de sociedades annimas, escandalosamente exentos de todo gravamen con la ley impuesta en el apogeo de la hegemona neoliberal; que elimine el IVA del 10.5 por ciento para los tems que constituyen la canasta bsica de consumo de los sectores ms empobrecidos; que suprima el cobro de impuestos a las ganancias de que son objeto los asalariados! y no los capitalistas (o, al menos, elevar el mnimo no imponible a un nivel razonable para que paguen el impuesto a las ganancias exclusivamente los sueldos ms elevados de los sectores medios); actualizar el mnimo no imponible del impuesto a los bienes personales (como casas, departamentos, automotores, etctera) cuyo nivel hoy representa una vergonzosa regresin en relacin al que exista en la dcada del menemismo! [8] Por supuesto, y en ntima relacin con este frente de transformaciones de fondo, el gobierno debera derogar sin ms trmite la ya mencionada Ley de Entidades Financieras, todava vigente, y reemplazarla con una nueva legislacin que conciba a las actividades financieras como un servicio orientado al desarrollo econmico y social. Unido a lo anterior, es fundamental tambin reformar la Carta Orgnica del Banco Central, elaborada durante la gestin de Domingo Cavallo, inspirada en los ms rancios principios del neoliberalismo y que impiden que esa institucin pueda ser una palanca que facilite el crecimiento econmico y la inclusin social por la va del empleo. E introducir una nueva normativa por la cual los sueldos de los empleados de la administracin pblica nacional, provincial y municipal, incluyendo por supuesto las fuerzas armadas, deban ser abonados a travs de la banca pblica y no como se hace en la actualidad, en donde el grueso de esos emolumentos los procesa, para su beneficio, la banca privada extranjera, situacin harto incompatible con un gobierno que se enorgullece en proclamarse como nacional y popular.

Dotado de nuevos recursos, producto de una sabia legislacin tributaria, el gobierno nacional podra encarar la crucial tarea de reconstruir al estado, algo imposible de realizar si no se cuenta con los dineros suficientes. Por supuesto, con el dinero slo no basta, pero sin l, sin los recursos que permite movilizar una slida posicin financiera, la tarea de reformar y refundar al estado argentino estar destinada al fracaso. No ser sta la nica gran tarea que deber llevar adelante el gobierno. Quedan muchas otras que no podemos examinar aqu, pero su simple mencin da cuenta de la magnitud de la labor que deber ser emprendida y de la necesidad de contar con un amplio respaldo social, slo posible en el marco de un reformismo radical: la anulacin de la ley anti-terrorista, aprobada recientemente en medio de la repulsa generalizada de los organismos de derechos humanos; la revisin -y en algunos casos anulacin- de las privatizaciones; la reforma constitucional para retornar a la jurisdiccin nacional los recursos mineros e hidrocarburferos del subsuelo, actualmente en manos de los gobiernos provinciales (causante, entre otras cosas, de que mientras la regala promedio obtenida en nuestras provincias de las grandes petroleras es del orden del 12 por ciento, sea del 52 por ciento en Bolivia); revisin del marco regulatorio de la gran minera; revertir la extranjerizacin de la tierra superando las limitaciones de la legislacin recientemente aprobada y, por extensin, de los otros sectores de la economa, en donde la presencia del capital extranjero es dominante; revisar la legislacin agraria, tomando en cuenta las reivindicaciones de nuestros pueblos originarios; combate efectivo a la pobreza y la desigualdad social, instaladas en una meseta inaceptablemente elevada pese a todos estos aos de alto crecimiento econmico, demostrando por ensima vez que sin la efectiva mediacin de un estado el capitalismo concentra y polariza cuando crece y concentra y polariza an ms cuando se estanca. Como puede apreciarse, la tarea es inmensa pero impostergable. Si CFK no la asume, si la dinmica de cambios desatada a partir de los traumticos hechos de Diciembre del 2001 (y de los cuales el kirchnerismo es una de sus expresiones) se paraliza hasta languidecer, la plena restauracin del neoliberalismo, que nunca fue sino marginalmente erradicado, ser cuestin de tiempo, tal vez de muy poco tiempo. Por lo tanto, o se avanza por la va de las transformaciones estructurales o el proyecto progresista ser devorado por la lgica implacable del capital, reducindolo en su capitulacin a un relato vaco, carente de sustento en la sociedad civil y castrado en su productividad histrica. Ms all de las razonables dudas que suscita la vocacin reformista de la Casa Rosada, cuesta pensar que una oportunidad inmejorable como sta pueda ser desaprovechada por quienes aspiren a una mejor Argentina. Lo que hay que hacer est claro como el agua, y hay que hacerlo ahora! Maana ser demasiado tarde. Tal vez las tres o cuatro semanas en que la presidenta se apartar de la gestin directa de la cosa pblica para asegurar su recuperacin le servirn para meditar sobre estos temas, y comprender que la fugacidad del poder la obliga a actuar con decisin y rapidez. Entender tambin que en este primer ao de su nuevo mandato se juega el todo por el todo, y su lugar en la historia: como una estadista que supo aprovechar su momento, o lo que Maquiavelo llamaba los vientos de la fortuna, y cambiar este pas para bien; o como una presidenta ms, que no se atrevi a subirse al tren de la historia.



[1] Cf. Antonio Gramsci, Cuadernos de la Crcel, Tomo IV (Mxico: Ediciones ERA, 1980), p. 154.

[2] Cf. INDEC, Poblacin total segn escala de ingreso individual, datos correspondientes al Tercer Trimestre de 2011.

[3] El Coeficiente de Gini flucta entre 0 y 1; cero equivale a una distribucin perfectamente igualitaria de los bienes analizados, en este caso, ingresos; cuanto ms se acerca a 1 ms desigual es la distribucin. En general, los pases escandinavos tienen un Gini de 0.25. Segn el Informe de Desarrollo Humano del UNDP (2010), el valor del ndice para el promedio de la dcada 2000-2010 era de 0.43 para la Repblica Bolivariana de Venezuela, 0.47 para Uruguay, 0.48 para Argentina, 0.51 para Mxico, 0.52 para Chile y 0.55 para Brasil. Ver, op. Cit., Tabla 3, p. 173.

[4] La cifra de la proporcin de empleo no registrado la aporta el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social: Orgullo Nacional. Un legado de trabajo (Buenos Aires: Diciembre de 2011), p. 177. El clculo del salario real se encuentra en Javier Lindenboim, http://notasdejl.blogspot.com/2011/12/evolucion-del-salario-real-en-la-ultima.html

[5] Cf. Artemio Lpez, por qu persiste la pobreza? ... el apagn educativo y el trabajador pobre, en http://rambletamble.blogspot.com/2011/05/por-que-persiste-la-pobreza-el-apagon.html
Los datos del Observatorio se encuentran en sus diversas publicaciones, todas ellas disponibles en internet. Los del ICEPCi se encuentran en http://www.isepci.org.ar/

[6] Cf. Jos Nun, La desigualdad y los Impuestos (I), (Buenos Aires: Capital Intelectual, Coleccin Claves para todos, 2011) , p.49.

[7] Carta Abierta N 11: Carta de la Igualdad, Pgina/12, 29 de Diciembre de 2011, p. 14.

[8] En relacin al impuesto a las ganancias cabe consignar que ni siquiera el ms ortodoxo manual de economa redactado por un talibn del neoliberalismo dira que el salario es una ganancia. Slo en Argentina es posible tan milagrosa metamorfosis.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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