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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2012

El agujero negro de la memoria

Giovanni Giacopuzzi
Rebelin


La memoria histrica es un nudo gordiano que afecta a la poltica espaola y a la vasca. A decir verdad, es la sociedad vasca al completo la que se est planteando cmo abordar un tema que tiene y tendr consecuencias sobre el desarrollo de la vida poltica y social y tambin en las relaciones interpersonales de cientos de individuos. Es importante dar esos pasos. Porque las heridas individuales provocadas por decenios de conflicto no se cierran con un acuerdo ni con una ley. Hay aspectos que trascienden la asuncin de responsabilidades colectivas para entrar en el marco personal, en aquel mundo en donde las exigencias sociales de cerrar un captulo de la historia para abrir uno nuevo, chocan con la prdida de la referencia, del sentir la presencia, del vaco en el espacio de la propia vida.

La denuncia sobre el peligro de reescribir la historia que se ha hecho propia, sea por el PSOE o por el PP, evidencia cmo la leccin de la tcnica de la omert experimentada con la transicin poltica se quiere aplicar ahora a la superacin de la naturaleza violenta del conflicto vasco espaol. Con qu legitimidad histrica y poltica se puede pedir algo de memoria histrica a quien no ha reconocido ni conmemorado ni reparado la matanza franquista que en un solo da provoc un nmero de muertos tres veces superior que ETA en cincuenta aos de su historia? Yage, elcarnicerodeBadajoz, tuvo plazas y calles a su nombre hasta hace poco. Se puede pedir a otro lo que no se ha hecho formalmente, es decir, tener en Espaa la voluntad unnime, pasados adems ya cuarenta aos de la muerte del dictador, de convenir por ley que el rgimen franquista fue un rgimen genocida y que cometi crmenes sistemticos contra la humanidad? Qu legitimidad tiene quien alaba al generalsimo, al Rey Juan Carlos, no hay que hablar mal en su presencia, o lo relativiza como Gonzlez comparar Franco con Hitler y Mussolini no es justo.

Sobre las consecuencias violentas del conflicto vasco espaol hay y habr un debate, ya que en el triste elenco de vctimas hay forzamientos, mentiras, olvidos que un minucioso trabajo historiogrfico y poltico y una comisin de la verdad pueden ayudar a resolver. De cualquier forma hay una evidencia. Todas las muertes causadas por las acciones de ETA y otros grupos armados estn prcticamente reconocidas y asumidas por las propias organizaciones armadas. Eso no quita, sino que ms bien favorece, una lectura histrica de esos hechos trgicos. Es un proceso fundamental que ya se ha hecho en estos aos desde diversos puntos de vista y lecturas. Una recopilacin histrica como pocas veces se ha visto en otros conflictos de esta naturaleza. Esa transparencia en la que hay que profundizar, ser un instrumento de educacin para los que vendrn, pero tambin para los que han sido en estos aos ms espectadores que protagonistas de este conflicto. Porque si una sociedad quiere seguir adelante o ms bien profundizar en sus relaciones, debe tener la capacidad de ajustar las cuentas con su propio pasado, pero, cundo lo har el Estado? Un Estado que ha decidido no romper con su pasado ni con las leyes ni con los hombres?

Si hay obligacin de hablar de las consecuencias de la estrategia poltica y militar y asumir responsabilidades, parece obvio que tambin debe hacerlo el Estado, que ejerce el monopolio de la violencia.

Ese sera un paso en la profundizacin democrtica no solo con respecto al conflicto vasco espaol, sino tambin a la propia sociedad espaola. Porque aqu tambin vuelve a plantearse la cuestin de la asimetra entre la memoria de los Estados y de quienes contestan su modelo social institucional y econmico y tambin su fundamento en el derecho. Una asimetra impuesta y necesaria para profundizar el consenso y la legitimacin no a travs de una divisin conjunta dialctica de la historia, sino ms bien de institucionalizacin de la historia gloriosa. De eso deriva una opinin pblica acrtica sobre la que hace mella lo que Kurt Shaw define como masoquismo poltico, es decir: una de las grandes barreras de las luchas progresivas es el disfrute de la opresin, es decir, el trabajador alienado que prefiere quejarse en vez de luchar, la mujer golpeada que permanece con su verdugo, el pblico manipulado por el discurso somos vctimas inocentes!, los habitantes de los suburbios que prefieren culpar al Estado en vez de construir una alcantarilla u organizar una manifestacin contra la municipalidad.

En Italia la estrategia de la tensin, ms de doscientos muertos, que ha visto en el banquillo a estamentos del Estado, fuerzas de seguridad, servicios secretos, polticos neofascistas, no ha tenido prcticamente culpables. Pero si preguntis a los estudiantes de Bolonia, la ciudad roja por antonomasia se deca hace algunos aos, que quin puso la bomba en la estacin de trenes de la ciudad en agosto de 1980, que mat a 80 personas, te responder Las Brigadas Rojas! No importa que haya una sentencia, unas condenas de neofascistas, que la logia masnica P2, los servicios secretos italianos y occidentales fuesen sealados como posibles patrocinadores o encubridores. El menosprecio institucional a una memoria viva y o retrica ha creado el desierto sobre el cual construir la mentira tpica.

As que la tcnica del olvido y la omert sirven para obviar responsabilidades y al mismo tiempo perpetuar las causas de los conflictos aunque asuman otras formas. En Francia hay un olvido colectivo de la masacre de Pars del 17 de octubre de 1961 cuando bajo las rdenes del Prefecto de la Polica de Pars, Maurice Papon, colaboracionista durante la ocupacin nazi, las fuerzas francesas de seguridad masacraron con balas y palos a ms de doscientos argelinos que celebraban una manifestacin pacfica. El Sena se ti de rojo aquel da y en sus muros se escribi aqu se ahoga a los argelinos. Aos despus todava hay quienes se sorprenden de que en los suburbios de Pars o de otras ciudades francesas se desaten de vez en cuando revueltas violentas motivadas casi siempre por no creer en la versin de la polica sobre la muerte de un magreb.

Centroamrica est azotada por la violencia de las pandillas, pero se olvida a menudo que en los aos 70 y 80 los gobiernos y los paramilitares a las rdenes de Washington eliminaron a decenas de miles de campesinos, estudiantes, sindicalistas y curas por medio de una violencia sistemtica y atroz que sembr una cultura de la impunidad. Se olvida que los hijos de los prfugos centroamericanos en Estados Unidos que para sobrevivir crearon su mundo de maras y salvatruchas eran deportados a sus pases de origen en los aos 90 alimentando una violencia continua.

De las FARC colombianas se habla y se escribe si pausa aunque sean responsables del 10% de la violencia que azota el pas mientras que el ejrcito y los paramilitares han sido protagonistas de matanzas sistemticas por medio de mtodos que van ms all de los que experimentaron los nazis (hornos crematorios, despedazamientos con motosierras de hombres, mujeres y nios, violaciones de nios, descuartizamientos)

Y qu decir de la cuestin palestina, que nace de un genocidio provocado por los europeos, la Shoa, que se ha reparado con el Estado israel impuesto a los rabes.

La memoria histrica no solo es reconocimiento del pasado, sino la base sobre la que construir el futuro. Tambin aqu una democracia incluyente, la que se est planteando el Euskal Herra, mide su capacidad de ser un verdadero instrumento no del olvido, sino del mutuo reconocimiento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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