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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2012

Havel, Navarro y las categoras imprecisas

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


De nuevo el profesor Vicen Navarro, claramente contracorriente y abonando terrenos de pensamiento crtico documentado, ha tenido el coraje poltico e intelectual necesario para no igualar la A y la Z y ensearnos a los dems a no confundirlas. En El otro Vclav Havel [1] recuerda cosas tan bsicas como, uso su expresin, la promocin tan sesgada del significado de libertad que hizo el ex presidente checo.

En el coro de elogios y alabanzas levantado tras su fallecimiento, recuerda el doctor Navarro, se ha ignorado que en su lucha como soldado en la Guerra Fra, Havel fue responsable de hechos y decisiones que cuestionan seriamente su imagen de luchador por la libertad. As, su sumisin, casi docilidad, hacia el Gobierno estadounidense y su poltica exterior, explica su apoyo incondicional a la Guerra del Golfo, originada por el presidente Bush padre, a la invasin de Irak por el presidente Bush hijo, y su apoyo al bloqueo de EEUU a Cuba, sin expresar nunca ningn apoyo a los atropellos a la libertad que ocurran en El Salvador, Colombia, Indonesia u otros regmenes dictatoriales o autoritarios prximos a Washington.

El profesor de la Pompeu recuerda que el amor a la libertad de Havel era muy selectivo, muy segn las conveniencias del Departamento de Estado de EEUU. Su supuesta oposicin a las dictaduras, a todo tipo de dictaduras, perdi credibilidad cuando su Gobierno vendi armas a Filipinas, a Tailandia y al ejrcito liderado por el general Pinochet.

Y no fue slo su sesgada aproximacin a la nocin de libertad. Hay otras tan o menos presentables. El gobierno de Havel, recuerda oportunamente Vicen Navarro, privatiz la gran mayora de propiedades y servicios pblicos (desde la red pblica de escuelas de infancia a los centros de salud), vendiendo grandes empresas pblicas y explotaciones agrcolas en trminos muy favorables a inversores extranjeros. Gran parte de la infraestructura del pas pas a ser propiedad de empresas extranjeras. Por si fuera poco, restaur la propiedad de grandes fortunas y haciendas que haban pertenecido hasta 1928 a la aristocracia (del imperio austrohngaro) y a las grandes familias. Su propia familia fue una de las beneficiarias de la restitucin.

Aparte de Andr Glucksmann, que est para casi todo, Havel fue muy admirado por Madelaine Albright, la ex secretaria de Estado de EEUU. Nadie es culpable de sus admiradores pero algunos nombres no ayudan en absoluto.
Hasta aqu, como siempre, admiracin por la informacin y el coraje poltico-cultural del profesor Navarro. Pero, tambin de nuevo, vuelen a colarse en su aproximacin un no digo promocin pero s uso algo sesgado -o cuanto menos impreciso- de la nocin dictadura.

El profesor de la UPF seala, por ejemplo, que no tiene ninguna reserva en saludar a cualquier persona que haya luchado en contra de una dictadura, sea del signo que sea. Y quiero, adems, aclarar que mi persona fue considerada non grata en la dictadura sovitica (calificativo que tambin me otorg el rgimen de Pinochet).

El uso del trmino dictadura por parte de Vicen Navarro es tan amplio que puede llegar a significar con escasa o nula precisin. Pasa en muchos otros casos y por eso es bueno delimitar y matizar. El trmino animal es una categora que puede hacer referencia tanto a personas tan admirables como Nelson Mandela o Ernesto Guevara como a hienas, irresponsables de su agresividad, o a neoliberales fanatizados sin temblores en el pulso ni vacilaciones en sus acciones antipopulares. Todos son animales? S, pero algunos son ms animales que otros. Poner en el mismo saco con la misma etiqueta la, pongamos, Hungra de los aos setenta con la Argentina de Videla de ese mismo perodo no parece un xito poltico-epistmico. El general Wojciech Witold Jaruzelski es igual que el general asesino Augusto Pinochet, el amigo del dictador africanista Francisco Franco? Me esfuerzo pero no logro ver la equivalencia. El sistema poltico polaco durante su jefatura fue una dictadura equiparable a las de, en su momento, dictaduras de Chile, Uruguay, Argentina, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, o incluso la de Honduras, con el apoyo usamericano de Obama, en la actualidad? Era mejor o peor el sistema poltico de algunos pases del irresponsablemente denominado socialismo real que el de sistemas supuestamente democrticos como los de la Colombia de Uribe o Santos?

Navarro recuerda tambin que la hostilidad de Havel hacia el comunismo es razn para que prohibiese el Partido Comunista en su pas, condenando a ocho aos de crcel a cualquier persona que defendiera el comunismo. La medida, recuerda, fue aplaudida en Espaa, donde remanentes de la dictadura anterior tienen todava gran control sobre el aparato del Estado espaol. De igual modo, en 1995, Havel aprob una ley que prohiba que toda persona que hubiera pertenecido al PC o mostrara simpatas por el rgimen anterior fuera empleada por el Estado, medida tambin aplaudida por polticos conservadores espaoles que pertenecieron al Movimiento Nacional y que seguan y siguen instalados en instancias, esferas y cloacas del Estado espaol actual.

Tampoco aqu las cosas parecen mejorar. Subyace aqu si no ando errado la equiparacin de la dictadura fascista espaola con el sistema poltico checoslovaco previo a la ruptura de 1989. No fue aquel, el checo me refiero, un nido de rosas. En absoluto. En ocasiones, en muchas ocasiones, un denso y poblado nido de vboras. Pero en los 40 aos de existencia del franquismo no hay nada equiparable a la primavera de Praga ni nada, incluso en sus peores momentos que fueron muchos, del sistema poltico checo es equiparable, por ejemplo, a los quince primeros aos del fascismo hispnico donde fueron unos cien mil los republicanos asesinados legalmente, 33 mil de ellos en el Pas Valenciano y dos mil ms en Catalunya. El profesor Navarro nos ha enseado mucho sobre la singularidad asesina del rgimen fascista espaol. ngel Vias ha historizado mejor que nadie sus caractersticas esenciales.

Por si fuera necesario: no hay ni debe haber nostalgia alguna respecto al estalinismo en ninguna de sus variantes ni hacia aquellas formas no democrticas y, por tanto, no socialistas ni comunistas, de entender la construccin de una nueva sociedad que, sin duda tambin, fue cercada, agredida y bloqueada desde sus instantes fundacionales, empujando a algunos a cometer atropellos y crmenes injustificables.


Notas:
[1] Vicen Navarro, El otro Vclav Havel. Pblico, 5 de enero de 2011, p. 5.




Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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