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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2012

Dos guerras en el Gran Oriente Medio revelaron la debilidad de la superpotencia global
Debacle!

Tom Engelhardt
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Iba a ser la guerra que establecera el imperio como una realidad estadounidense. Resultara en mil aos de Pax Americana. Deba ser una misin cumplida de principio a fin. Y entonces, claro est, no fue as. Y luego, casi nueve funestos aos despus, se acab (ms o menos).

Fue la Guerra de Iraq, y EE.UU. fue el visitante no invitado que no quera irse a casa. En el ltimo segundo, a pesar de la repetida promesa del presidente Obama de que todas las tropas estadounidenses iban a partir, a pesar de un acuerdo firmado por el gobierno iraqu con el gobierno de George W. Bush en 2008, los comandantes militares de EE.UU. siguieron cabildeando y Washington sigui negociando para que entre 10.000 y 20.000 soldados estadounidenses permanecieran en el pas como consejeros y entrenadores.

Solo cuando los iraques simplemente se negaron a garantizar a esos soldados la inmunidad contra la ley local los ltimos estadounidenses comenzaron a cruzar la frontera hacia Kuwait. Solo entonces los mximos funcionarios de EE.UU. comenzaron a saludar lo que nunca haban querido: el fin de la presencia militar estadounidense en Iraq, como si marcara una era de logros. Tambin comenzaron a elogiar como si fuera un triunfo su propia decisin de partir, y proclamaron que los soldados partan dijo el presidente con sus cabezas bien altas.

En la ceremonia final de arriar la bandera en Bagdad, claramente hecha para el consumo interno de EE.UU. y con buena asistencia del cuerpo de prensa estadounidense y no de funcionarios iraques o de los medios locales, el secretario de Defensa Leon Panetta habl del logro del xito decisivo. Asegur a los soldados que partan que haban sido una fuerza impulsora de un progreso notable y que podan abandonar orgullosamente el pas seguros de saber que vuestro sacrificio ha ayudado al pueblo iraqu a comenzar un nuevo captulo en la historia, libre de tirana y pleno de esperanza de prosperidad y paz. Ms adelante en su viaje por Medio Oriente, al hablar del coste humano de la guerra, agreg: Pienso que el precio vali la pena.

Finalmente los ltimos de esos soldados realmente volvieron a casa, si la palabra casa es suficientemente amplia para incluir no solo bases en EE.UU., sino tambin guarniciones en Kuwait, en otros sitios en el Golfo Prsico, y antes o despus en Afganistn.

El 14 de diciembre en Fort Bragg, Carolina del Norte, el presidente y su esposa dieron una bienvenida conmovedora a los veteranos de guerra retornados de la 82 Divisin Aerotransportada y otras unidades. Algunos portaban pintorescas boinas color marrn, y tambin vitorearon de modo pintoresco al hombre que otrora dijo que la guerra era estpida. Pensando indudablemente en su campaa en 2012, el presidente Obama tambin habl emotivamente de xito en Iraq, y de beneficios; de su orgullo por los soldados, de la gratitud del pas hacia ellos, de los espectaculares logros as como de los das duros vividos por la mejor fuerza combatiente de la historia del mundo, y de los sacrificios de nuestros guerreros heridos y hroes cados.

Elogi un extraordinario logro gestado en nueve aos y describi su partida como sigue: Por cierto, todo lo que los soldados estadounidenses han hecho en Iraq todos los combates y todas las muertes, el desangramiento y la construccin, el entrenamiento y la cooperacin todo ello ha llevado a este momento de xito Dejamos atrs un Iraq soberano, estable e independiente, con un gobierno representativo elegido por su pueblo.

Y estos temas incluyendo los beneficios y los xitos, as como el orgullo y la gratitud que supuestamente deben sentir los estadounidenses hacia sus tropas fueron recogidos por los medios y diversos expertos. Al mismo tiempo, otras noticias destacaban la posibilidad de que Iraq estuviera cayendo en un nuevo infierno sectario, alimentado por unas fuerzas armadas creadas por EE.UU. pero en su mayor parte chies, en un pas en el cual los ingresos por el petrleo apenas excedieron los niveles de la era de Sadam Hussein, en una capital que todava tiene solo unas horas de electricidad diarias y que fue rpidamente afectada por una serie de atentados con bombas y por suicidas de un grupo afiliado a al Qaida (inexistente antes de la invasin de 2003), incluso mientras aumentaba la influencia de Irn y la de Washington se desgastaba silenciosamente.

Una sociedad consumista en guerra

Es verdad que si se buscaran victorias a bajo coste en una guerra de casi un billn de dlares esta vez, como sealaron diversos periodistas y expertos, los diplomticos de EE.UU. no se apresurarona tomar el ltimo helicptero en el tejado de la embajada en medio del caos y de barriles de dlares en llamas. En otras palabras, no fue Vietnam y, como todos saben, sa fue una derrota. De hecho, como sealaron otros artculos, nuestra como no se ha encontrado una palabra adecuada baste con retirada, fue una magnfica proeza de ingeniera inversa, digna de una fuerza que no tuvo igual en el planeta.

Incluso el presidente lo mencion. A fin de cuentas, despus de haber llevado lo que pareca ser gran parte de EE.UU. a Iraq, abandonarlo no era una tarea desdeable. Cuando los militares de EE.UU. comenzaron a despojar las 505 bases que haban construido en ese pas al coste de cantidades multimillonarias desconocidas de dineros pblicos, abandonaron equipamiento ya no deseado por 580 millones de dlares en manos iraques. Y a pesar de ello todava lograron embarcar a Kuwait, a otras guarniciones en el Golfo Prsico, a Afganistn, e incluso a pequeas ciudades en EE.UU., ms de dos millones de artculos que iban de chalecos antibalas a inodoros porttiles. Estamos hablando del equivalente de 20.000 camiones repletos.

No es sorprendente, considerando la sociedad de la que provienen, que los militares de EE.UU. libren un estilo de guerra de consumo intensivo y por ello, solo en trminos comerciales, la partida de Iraq fue una retirada memorable. Tampoco debemos olvidar los trofeos que se llevaron los militares, incluyendo una vasta base de datos de impresiones digitales y de escaneos de retinas de aproximadamente un 10% de la poblacin iraqu. (Un programa similar sigue existiendo en Afganistn.)

En cuanto al xito, Washington tuvo mucho ms que eso. Despus de todo, planea mantener una embajada en Bagdad tan gigantesca que deja chica a la embajada de Saign de 1973. Con un contingente de entre 16.000 y 18.000 personas, incluyendo una fuerza de unos 5.000 mercenarios armados (suministrados por contratistas privados de seguridad como Triple Canopy con su contrato del Departamento de Estado por 1.500 millones de dlares), la misin deja chica cualquier definicin normal de embajada o diplomacia.

Solo en 2012 est previsto que gastarn 3.800 millones de dlares, un tercio de eso en un programa de entrenamiento de la polica muy criticado. nicamente un 12% de esa cantidad llegar efectivamente ala polica iraqu.

A pesar de todo, dejando de lado los eufemismos y la retrica reverberante, y si se quiere como simple medida de la profundidad de la debacle de EE.UU. en el corazn petrolero del planeta, hay que considerar cmo abandon Iraq la ltima unidad de la tropa estadounidense. Segn Tim Arango y Michael Schmidt del New York Times, sali a las 2:30 de la madrugada en medio de la noche. Ningn helicptero en los tejados, pero 110 vehculossalieron a oscuras de la Base Adder de Operacin de Contingencia. El da antes de su partida, segn los periodistas del Times, se orden a los intrpretes de la unidad que llamaran a funcionarios iraques locales y a jeques con los que los estadounidenses tenan estrechas relaciones e hicieran planes para el futuro, como si todo fuese a continuar a su ritmo usualla semana siguiente.

En otras palabras, se quera que los iraques despertaran a la maana siguiente y vieran que sus compaeros extranjeros se haban ido, sin despedirse siquiera. Da una idea de la confianza que la ltima unidad estadounidense senta respecto asus mejores aliados locales. Despus de conmocin y pavor, la toma de Bagdad, el momento de la misin cumplida y la captura, juicio y la ejecucin de Sadam Hussein, despus de Abu Ghraib y la sangra de la guerra civil, despus de la oleada y el movimiento del Despertar Sun, y de los dedos marcados con tinta prpura (las elecciones, N. de T.) y los fondos de reconstruccin desaparecidos, despus de todas las matanzas y los muertos, los militares de EE.UU. se escabulleron hacia la oscuridad sin una palabra.

Sin embargo, si necesitramos una o dos palabras para describir todo el asunto, algo menos elegantes que las que circulan actualmente, debacle y derrota podran satisfacer los requisitos. Los militares de la autoproclamada mayor potencia del planeta Tierra, cuyos dirigentes consideraron un da que la ocupacin de Oriente Medio sera la clave de la futura poltica global y planificaron el mantenimiento de tropas en Iraq durante generaciones, tuvieron que salir corriendo. Debera considerarse bastante asombroso.

Si se considera directamente lo que pas en Iraq se sabr que estamos en un nuevo planeta.

Redoblando la debacle

Por cierto, Iraq solo fue una de nuestras invasiones-convertidas-en-contrainsurgencias-convertidas-en-desastres. La otra, que comenz primero y contina, puede resultar la mayor debacle. Aunque menos costosa hasta ahora en vidas estadounidenses y tesoro nacional, amenaza con convertirse en la ms decisiva de las dos derrotas, a pesar de que las fuerzas que se oponen a los militares de EE.UU. en Afganistn siguen siendo un conjunto mal armado, relativamente dbil, de insurgencias minoritarias.

Por grande que haya sido la hazaa de crear la infraestructura de una ocupacin militar y la guerra en Iraq, y luego equipar y abastecer a una masiva fuerza militar en ese pas ao tras ao, no fue nada en comparacin con lo que EE.UU. tuvo que hacer en Afganistn. Algn da, la decisin de invadir ese pas, ocuparlo, construir ms de 400 bases, llevar otros 60.000 o ms soldados, masas de contratistas, agentes de la CIA, diplomticos y otros funcionarios civiles, y luego presionar a un dbil gobierno local para que permitiera que EE.UU. se quedara ms o menos perpetuamente, se interpretarn como acciones ilusorias de un Washington incapaz de evaluar los lmites de su poder en el mundo.

Hablando de curvas de aprendizaje: despus de ver el fracaso de su pas en una gran guerra en el continente asitico tres dcadas antes, los dirigentes de EE.UU. se convencieron de alguna manera de que nada estaba fuera de la gesta militar de la nica superpotencia. De modo que enviaron a ms de 250.000 soldados estadounidenses (junto con todos esos Burger Kings, Subways, y Cinnabons) a dos guerras terrestres en Eurasia. El resultado ha sido otro captulo de una historia de derrotas estadounidense, esta vez de una potencia que, a pesar de sus pretensiones, no solo era ms dbil que en la era de Vietnam, sino mucho ms dbil de lo que sus dirigentes eran capaces de imaginar.

Se pensara que, despus de ver el desarrollo de esa doble debacle durante una dcada, podra haber una estampida a fondo hacia las salidas. Y sin embargo no se prev que la reduccin de las tropas de combate de EE.UU. en Afganistn se complete hasta el 31 de diciembre de 2014 (y se planea que se queden miles de consejeros, entrenadores, y fuerzas de operaciones especiales); el gobierno de Obama sigue negociando febrilmente con el gobierno del presidente afgano Hamid Karzai un acuerdo que sean cuales sean los eufemismos elegidos permita el estacionamiento de guarniciones durante aos; y, como en Iraq en 2010 y 2011, los comandantes estadounidenses estn cabildeando abiertamente a favor de un programa de retirada an ms lento.

De nuevo como en Iraq, de cara a lo obvio, la palabra oficial no podra ser ms aterciopelada. A mediados de diciembre, el secretario de Defensa Leon Panetta dijo a soldados estadounidenses de primera lnea en ese pas que estaban ganando la guerra. Nuestros comandantes all siguen alardeando de progreso y beneficios, as como de un debilitamiento del control de los talibanes en el rea central de los pastunes en Afganistn meridional, gracias a la inundacin de la regin con tropas estadounidenses y continuos y devastadores ataques nocturnos de las fuerzas de operaciones especiales de EE.UU.

No obstante, la verdadera historia de Afganistn sigue siendo lgubre para una distorsionada ex superpotencia como lo ha sido desde que su ocupacin resucit a los talibanes, el movimiento popular menos popular imaginable-. Tpicamente, la ONU calcul recientemente que sucesos relacionados con la seguridad en los primeros 11 meses de 2011 aumentaron un 21%sobre el mismo perodo de 2010 (lo que fue desmentido por la OTAN). De la misma manera, se estn lanzando an ms recursos en un interminable esfuerzo de fortalecer y entrenar a fuerzas de seguridad afganas. Casi 12.000 millones de dlares se invirtieron en el proyecto en 2011 y se estima una suma similar para 2012, y sin embargo esas fuerzas todava no pueden operar independientemente, ni combaten de un modo particularmente efectivo (aunque sus oponentes talibanes tienen pocos problemas semejantes).

Policas y soldados afganos siguen desertando en masa y el general estadounidense a cargo de la operacin de entrenamiento sugiri el ao pasado que, para tener una mnima probabilidad de xito, sta tendra que extenderse por lo menos hasta 2016 o 2017. (Olvidad por un momento que un gobierno afgano empobrecido ser incapaz de apoyar o financiar las fuerzas que se creen como resultado.)

Los talibanes, de base pastuna, se han replegado, como toda fuerza guerrillera clsica, ante las abrumadoras fuerzas armadas de una gran potencia, pero es obvio que todava tienen un control significativo sobre el campo en el sur, yel ao pasado sus actos de violencia se han extendido cada vez ms profundamente hacia el norte no-pastn. Y si las fuerzas de EE.UU. en Iraq no confan en sus socios locales en el momento de partir, los estadounidenses en Afganistn tienen muchos motivos para sentirse mucho ms nerviosos. Afganos en uniformes de la polica o del ejrcito algunos entrenados por los estadounidenses o la OTAN, otros posiblemente guerrilleros talibanes vestidos de uniformes comprados en el mercado negro han vuelto regularmente sus armas contra sus aliados putativos en lo que denominan violencia verde contra azul. A finales de 2011, por ejemplo, un soldado del ejrcito afgano dispar y mat a dos soldados franceses. Poco antes, varios soldados de la OTAN fueron heridos cuando un hombre en uniforme del ejrcito afgano abri fuego contra ellos.

Mientras tanto, la cantidad de tropas de EE.UU. comienza a disminuir; por cierto, sus aliados de la OTAN parecen inestables; y los talibanes, a pesar de sus vicisitudes, indudablemente sienten que el tiempo est de su parte.

Dependencia de la gentileza de extraos

Por dbiles que parezcan los diversos grupos que componen los talibanes, no puede caber duda de que se preparan para sobrevivir exitosamente a la mayor potencia militar de nuestros tiempos. Y, cuidado, nada de esto hace ms que tocar la debacle en la que se podra convertir la Guerra Afgana. Si se quiere juzgar la dimensin de la demencia de la guerra estadounidense (y medir el desvanecimiento del poder global de EE.UU.), ni siquiera vale la pena mirar a Afganistn. En su lugar, hay que estudiar las lneas de abastecimiento que conducen a ese pas.

Despus de todo, Afganistn es un pas de Asia Central sin salida al mar. EE.UU. est a miles de kilmetros de distancia. No existen gigantescos puertos con bases como en la Baha Cam Ranh en Vietnam del Sur en los aos sesenta, para llevar aprovisionamiento. Para Washington, aunque los guerrilleros a los que se opone van a la guerra con poco ms que la ropa que llevan puesta, sus propios militares es otra cosa. Desde comidas a blindaje corporal, suministros para la construcciny municiones, necesita un masivo y muy costoso sistema de suministro. Tambin tragan combustible como un borracho bebe alcohol y han gastado ms de 20.000 millones de dlares al ao en Afganistn e Iraq solo en aire acondicionado.

Para mantenerse en buenas condiciones, deben depender de enrevesadas lneas de aprovisionamiento de miles de kilmetros. Por este motivo, EE.UU. no es el rbitro de su propia suerte en Afganistn, aunque parece que esto ha pasado desapercibido durante aos.

De todas las guerras poco prcticas que puede librar un imperio en decadencia, la afgana puede ser la menos prctica de todas. Hay que reconocer que en el caso de la Unin Sovitica, por lo menos su herida sangrante el calificativo que us Mijail Gorbachov al hablar de su debacle afgana en los aos ochenta estaba convenientemente cerca. Para los casi 91.000 soldados estadounidenses que estn ahora en ese pas, sus 40.000 homlogos de la OTAN y miles de contratistas privados, los suministros que posibilitan la guerra solo pueden llegar a Afganistn por tres caminos: tal vez un 20% llega por aire a un coste astronmico; ms de un tercio llega por la ruta ms corta y barata, a travs del puerto paquistan de Karachi, por camin o tren hacia el norte, y luego por camin pasando por estrechos desfiladeros en las montaas; y tal vez un 40% (solo permiten suministros no letales) a travs de la Red de Distribucin del Norte (NDN).

La NDN no se desarroll completamente hasta principios de 2009, cuando qued claro tardamente en Washington que Pakistn posee un control potencial sobre el esfuerzo blico estadounidense. Atravesando por lo menos 16 pases y utilizando casi todos los medios de transporte imaginables, la NDN incluye realmente tres rutas, dos de ellas va Rusia, que transportan prcticamente todo a travs del cuello de botella del corrupto y autocrtico Uzbekistn.

En otras palabras, solo para librar su guerra, Washington ha tenido que depender de la gentileza de extraos, en este caso, Pakistn y Rusia. Una cosa es cuando una superpotencia o gran potencia en ascenso echa su suerte con pases que podrn no ser aliados naturales; es una historia muy diferente cuando lo hace una potencia en decadencia. Los dirigentes rusos ya hacen ruidos sobre la viabilidad de la ruta septentrional si EE.UU. sigue contrarindolos con respecto ala ubicacin de su eventual sistema europeo de defensa de misiles.

Pero el psicodrama ms inmediato de la Guerra Afgana se encuentra en Pakistn. All, la masiva operacin de reabastecimiento ya causa un importante escndalo. Se estim, por ejemplo, que en 2008, un 12% de todos los suministros que iban de Karachi a la Base Area Bagram se perdieron en algn sitio por el camino. En lo que el jefe de polica de Karachi llam la madre de todos los timos 29.000 embarques de suministros estadounidenses han desaparecido despus de descargarlos en ese puerto.

En los hechos, todo el sistema de suministro junto con la seguridad local y los acuerdos de proteccin y los sobornos a diversos grupos que forman parte integral de ellos en ruta ha ayudado evidentemente a financiar y abastecer a los talibanes, as como a surtir todos los bazares del camino y apoyar a seores de la guerra locales y a pillos de todo tipo.

Recientemente, en respuesta a los ataques areos que mataron a 24 de sus soldados fronterizos, la dirigencia paquistan oblig a los estadounidenses a abandonar la base area Shamsi, donde la CIA realizaba algunas de sus operaciones de drones, presion a Washington para que detuviera por lo menos transitoriamente su campaa area de drones en las reas fronterizas de Pakistn, y cerr los cruces en las fronteras por las cuales debe pasar todo el sistema de abastecimiento estadounidense. Siguen cerrados casi dos meses despus. A largo plazo, la guerra estadounidense simplemente no puede librarse en esas condiciones.

Aunque es probable que esos cruces se vuelvan a abrir despus de una importante renegociacin de las relaciones entre EE.UU. y Pakistn, el mensaje no podra ser ms obvio. Las guerras de Iraq y Afganistn, as como en esas reas fronterizas de Pakistn, no solo han afectado el tesoro de EE.UU., sino que adems han sacado a la luz la relativa impotencia de la nica superpotencia. Hace diez (o incluso cinco) aos, los paquistanes simplemente no se habran atrevido a tomar decisiones semejantes.

El poder de los militares estadounidenses era amenazadoramente impresionante, pero solo hasta que George W. Bush apret dos veces el gatillo. Al hacerlo, revel al mundo que EE.UU. no poda ganar guerras terrestres distantes contra enemigos minimalistas o imponer su voluntad a dos pases dbiles en el Gran Oriente Medio. Tambin sac a la luz otra realidad, incluso si se tard en comprender: ya no vivimos en un planeta en el cual es obvio cmo convertir las inmensas ventajas de latecnologa militar en cualquier otro tipo de poder.

En el proceso, todo el mundo pudo ver lo que es EE.UU.: la otra potencia de la Guerra Fra en decadencia. El estado de dependencia de Washington en el continente eurasitico ahora est bastante claro, lo que quiere decir que, no importa a qu acuerdos se llegue con el gobierno afgano, el futuro en ese pas no es estadounidense.

Durante la ltima dcada, EE.UU. ha recibido una leccin repetitiva cuando se trata de guerras terrestres en el continente eurasitico: no las inicie. Esta vez, la debacle de la inminente doble derrota no podra ser ms obvia. La nica pregunta que sigue existiendo es hasta qu punto ser humillante la futura retirada de Afganistn. Cuanto ms tiempo se quede EE.UU., ms devastador ser el golpe a su poder.

En principio no debera ser necesario decir todo esto y sin embargo, al comenzar 2012, con la temporada poltica que se aproxima, no es menos dolorosamente obvio que Washington ser incapaz de terminar pronto la Guerra Afgana.

En el punto lgido de lo que pareca un xito en Iraq y Afganistn, los funcionarios estadounidenses se inquietaron interminablemente sobre cmo, usando la frase condescendiente del momento, poner una cara afgana o una cara iraqu a las guerras de EE.UU. Ahora, en un momento nadir en el Gran Oriente Medio, tal vez sea finalmente hora de poner una cara estadounidense a las guerras de EE.UU.: verlas claramente como las debacles imperiales que han sido, y actuar en consecuencia.

Tom Engelhardt, es co-fundador del American Empire Project. Es autor de The End of Victory Culture, una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como una novela: The Last Days of Publishing. Su ltimo libro publicado es: The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books).

Copyright 2012 Tom Engelhardt

2012 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175484/

rCR



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