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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2012

Crisis: orgenes y alternativas desde la ecologa poltica

Florent Marcellesi
Entrejvenes


Hoy en da no faltan adjetivos para calificar la crisis: financiera, econmica, productiva, social, ecolgica, climtica, energtica, alimentaria, democrtica, institucional, tica, existencial, etc Lo cierto es que estamos viviendo una poca de crisis mltiples que se superponen las unas a las otras y se refuerzan mutuamente. Hasta tal punto que hablamos de una crisis sistmica, es decir que afecta al conjunto del sistema socio-econmico vigente, e incluso una crisis de valores y de civilizacin. En otras palabras estaramos llegando al final de la sociedad moderna emergida de la revolucin industrial? En caso afirmativo, qu futuro nos espera ante este xodo fuera de la sociedad industrial y qu propuestas para iniciar esta transicin hacia otro mundo posible y deseable?
Para responder a estas preguntas cortas pero altamente complejas, intentemos clarificar en grandes categoras las crisis estructurales ms importantes que subyacen debajo de la crisis econmica nacida en el 2008. Detrs de las crisis financieras y especulativas, siempre se encuentran crisis ms profundas que tocan lo que solemos llamar la economa real (tambin llamada economa productiva) y la economa real-real, es decir la de los flujos de materias y energa (que depende por una parte de factores econmicos y por otra parte de los lmites ecolgicos del planeta). Esta distincin nos permite diferenciar dos crisis fundamentales estrechamente relacionadas: la crisis social y la crisis ecolgica.

La crisis social es ante todo, como en la crisis de 1930, una crisis de distribucin: una desigualdad abismal entre salarios ms bajos y ms altos (tanto en un mismo pas como entre pases del Norte y pases del Sur), una remuneracin cada vez ms alta para las rentas del capital principalmente la parte correspondiente a los accionistas en detrimento de las rentas del trabajo, tasas de paro y de pobreza estructurales insoportables (ms de 20% para ambas en Espaa, millones de personas precarias), etc.. Esta crisis social se ve atravesada adems por la crisis de los cuidados, es decir el desigual reparto del trabajo domstico y de cuidados (de nio/as, anciano/as u otras personas dependientes) entre mujeres y hombres. Asimismo en Espaa, si sumamos el trabajo remunerado y no remunerado que efectan las mujeres, ellas trabajan diariamente casi una hora ms que los hombres.

La crisis ecolgica es por su parte principalmente una crisis de escasez: escasez de materias primas y de energa para mantener el ritmo de la economa actual, y an menos extenderlo a los pases del Sur. El modo de produccin y de consumo impulsado por el Norte no tiene en cuenta los lmites fsicos del planeta como lo deja patente la huella ecolgica: si todas las personas de este mundo consumieran como lo/as espaoles, necesitaramos tres planetas. Mientras tanto, la humanidad ya supera en un 50% su capacidad de regenerar los recursos naturales que utilizamos y asimilar los residuos que desechamos. Es interesante constatar que, adems de lo que teorizaba gran parte del movimiento ecologista en sus inicios, esta crisis ecolgica no solo compromete de manera decisiva a las generaciones futuras sino que nos afecta ahora directamente a las generaciones presentes. De hecho, la crisis de las subprimes que desencaden la crisis financiera global viene directamente de la insolvencia de personas incapaces de hacer frente a la vez a sus hipotecas y a la subida de precios de la energa y de la alimentacin. O de igual manera que las revueltas del hambre de 1848, uno de los detonantes de las primaveras rabes es el aumento de los precios alimentarios debido a un conjunto de factores ecolgicos (malas cosechas en los pases productores de trigo debidas al cambio climtico, presin sobre los precios del petrleo), socio-econmicos (mal reparto de la produccin agrcola local o importada y economa de la exportacin en detrimento de la soberana alimentaria) y especulativos.

De forma transversal a estas dos crisis, se suma una crisis democrtica y tica: la incapacidad del sistema poltico actual, muy permeable a la corrupcin, a responder por un lado a las expectativas siempre ms crecientes de una participacin real (vase el movimiento 15-M) y por otro lado al imperativo ecolgico.

Salir de estas crisis no es tarea fcil, aunque tampoco existe fatalidad. Como lo prueba el caso islands que decidi plantar cara a la socializacin de deudas ilegtimas contratadas por una minora, cualquier sociedad tiene entre sus manos la posibilidad de luchar por un futuro diferente. Esta lucha en las instituciones y en la calle es imprescindible primero para evitar varios escenarios posibles, pero no deseables, de salida de un modelo insostenible. Primero, el ecofascismo, es decir el reparto autoritario, violento y excluyente de las riquezas sociales y ecolgicas, es una posibilidad por desgracia real como lo prueba no solo la historia (el nazismo fue una de las principales consecuencias de la crisis de 1930) sino tambin el auge cada vez ms preocupante de partidos polticos e ideas de carcter xenfobos en toda Europa. Segundo, y aunque todava de forma ms remota, tampoco se puede descartar el colapso, es decir el derrumbe de las instituciones y de la organizacin social como ocurri en la civilizacin maya en el siglo IX o pasa hoy da en Estados fallidos como Somala. Por ltimo, como principal respuesta a la crisis de las deudas soberanas, nos encaminamos ms bien en estos momentos hacia gobiernos de corte tecnocrtico que adems tienen como particularidad aupar al poder personas procedentes del mundo banquero que provocaron directa o indirectamente la situacin actual (como es el caso de Grecia, Italia o del Banco Central europeo).

Antes estos diferentes escenarios, tambin existen otros que encasillamos como salidas civilizadas y democrticas de las crisis sociales y ecolgicas. Como principales rasgos, primero apuesta por la democracia real y la participacin social tanto como objetivo como mtodo para decidir entre toda la ciudadana los esfuerzos a realizar de forma equitativa para repartir la carga de la crisis y plantear de cara al futuro otro modelo de sociedad ecolgica y socialmente viable. Adems realiza un cuestionamiento existencial a las sociedades modernas: cmo? por qu? para qu estamos produciendo y trabajando? Ante un modo de vida insostenible e injusto para las generaciones presentes y futuras, y para los pases del Sur, hay que poner en marcha una autntica transicin ecolgica de la economa: potenciar el empleo y los sectores verdes, reducir los sectores contaminantes y especulativos, relocalizar la economa (producir y consumir localmente), repartir el trabajo remunerado y no remunerado, instaurar una renta bsica de ciudadana y una renta mxima, reducir los gastos militares, regular el sistema financiero internacional, apostar por una banca tica, construir un modelo energtico basado en el ahorro y las energas renovables, desmantelar la lgica social del consumismo, apostar por un modelo de territorio sostenible, promover la soberana alimentaria, etc..

Hoy da no faltan alternativas, ni ideas. La crisis, como cualquier punto crtico en la Historia, es una oportunidad para enredar todas estas propuestas y poner en marcha el cambio social y ecolgico.

Florent Marcellesi es investigador y poltico ecologista

Fuente: http://florentmarcellesi.wordpress.com/2012/01/04/crisis-origenes-y-alternativas-desde-la-ecologia-politica/



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