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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2012

El programa de gobierno del PP

Jos Antonio Errejn
Rebelin


Este artculo tiene por objeto analizar el contenido del programa del nuevo Gobierno que ha salido de las elecciones del pasado 20N a fin de evaluar sus posibilidades de xito en relacin el cumplimiento de sus objetivos, as como los efectos de toda ndole que la aplicacin de dicho programa puede manifestar sobre los distintos grupo sociales afectados por l.

El discurso de Rajoy ha fijado con claridad los ejes de actuacin de su programa de gobierno: la estabilidad presupuestaria, el saneamiento del sector financiero y las reformas estructurales. Es la aplicacin obediente y puntual de los mandatos establecidos por el directorio de mando de la UE, duramente impuestos a Zapatero y al PSOE desde mayo del ao 2010.

1. El primero, la estabilidad presupuestaria, a implementar con el amparo constitucional del reformado artculo 135 de la Constitucin, a toda prisa pactada y aprobada en el ejercicio reciente que ms ha puesto al descubierto los lmites de la soberana nacional que los polticos del sistema no se cansan de invocar.

Como repite Rajoy hasta la extenuacin, no se puede gastar uno lo que no tiene. Una verdad del barquero muy del gusto y para el consumo de la pequea burguesa votante del PP que clama contra el agobio de los impuestos y el despilfarro del gasto pblico pero que no levanta la voz contra el gasto fiscal de las innumerables exenciones y rebajas fiscales, de los suntuosos gastos de promocin olmpica para la visita del Papa para los continuos incrementos del gasto en funciones represivas y militares. Un muy efectivo instinto de clase le hace comprender sin demasiadas explicaciones la perfecta adecuacin de estos gastos estatales para el funcionamiento de los negocios, su carcter de inversin pblicade la que ellos extraern beneficios privados.

Sirva esta digresin para explicar la naturaleza de la poltica de estabilidad presupuestaria. Poltica de recorte de gasto pblico destinado a la prestacin de servicios esenciales para garantizar el ejercicio de derechos que sin su respaldo se convierten en meras declaraciones retricas, cuyo contraste con la realidad aumenta la desafeccin democrtica de las capas populares. El tan ansiado equilibrio presupuestario descansa en el mantenimiento de una tasa de cobertura de los gastos pblicos por los impuestos que gravan las rentas salariales IRPF y las del consumo IVA.

As que descenso de las prestaciones de las que son beneficiarios fundamentalmente los de abajo y mantenimiento de las tasas de cobertura del conjunto del gasto por los tributos sostenidos mayoritariamente tambin por los de abajo. Doble explotacin a cargo del Estado que, mientas tanto, seguir regalando generosas deducciones fiscales a las rentas ms altas y a las empresas con la justificacin de crear empleo y de renovar activos, mientras sigue mirando para otro lado para no ver los efectos del fraude fiscal y la economa sumergida evaluada en ms de un 7% del PIB oficial y una media de ingresos fiscales dejados de ingresar de casi 80.000 millones de euros, ms de cuatro veces la cifra estimada por Rajoy que habr que recortar para cumplir con el objetivo de dficit.

Una poltica de estabilidad y ajuste cuyos efectos han sido suficientemente analizados por lo que no es necesario insistir sobre ellos. Pero que seala con claridad la senda por la que va a discurrir las polticas del nuevo gobierno, claramente alejadas de cualquier gnero de intervencin anticclica destinada a compensar los efectos depresores de la actual fase del ciclo econmico. Y cuyas consecuencias a corto, medio y largo plazo solo pueden ser el empeoramiento de las condiciones de vida y el aumento de las desigualdades.

La hiptesis en que descansan estas polticas impuestas desde el directorio europeo es que la recuperacin de esa estabilidad presupuestaria-basada ms en las recortes de gastos que en los incrementos de ingresos pblicos - es la condicin para la recuperacin de la confianza de los mercados financieros y la disminucin de las tensiones sobre la deuda de los Estados y las dificultades por las que pasa el sector financiero. Y que, con la consecucin de ese clima de confianza, volver afluir el crdito, condicin indispensable para la recuperacin de la actividad econmica y la creacin de empleo.

Una hiptesis alimentada por la conviccin de la necesidad de restaurar la direccin de la economa global para el capital financiero, perdida temporalmente desde la crisis del otoo del 2008. Esta conviccin, que como tal opera en el reino de las ideologas y no en el presunto terreno de la objetividad cientfica.

En todo caso, cuando Rajoy ha debido pasar de los discursos para su electorado a las medidas precisas para cumplir con su promesa de cumplir los objetivos del dficit para este ao y el que viene, la ortodoxia liberal ha tenido que ceder a la realidad y no ha dudado en acudir, tambin, a la subida de los ingresos. En este caso optando por la seguridad recaudatoria del IRPF y haciendo un guio a su electorado de rentas modestas subiendo tambin el IBI, medida esta que beneficiar sobre todo las arcas municipales, exhaustas por la cada de los ingresos procedentes de la actividad inmobiliaria y de la construccin. La distribucin de la carga descansa sobre todo en las rentas salariales, dejando sin tocar las rentas del capital y- al menos por ahora- el consumo, a fin de no afectar an ms el consumo de los hogares, muy debitado desde hace varios trimestres.

Que esta poltica por s sola no permite salir de la crisis es algo tan evidente que hasta Rajoy lo ha tenido que admitir en su discurso de investidura. Para complementarla se ponen en marcha otras polticas que brevemente se analizan a continuacin.

2. El saneamiento del sector financiero es el segundo eje de intervencin poltica del Gobierno. Se ha dicho ms arriba que el propsito de los impulsores de estas polticas es restituir al capital financiero la direccin de las economas global y estatales.

Descansa a su vez este designio en las incertidumbres que asaltan a los mejores think tanks del sistema acerca de la posibilidad de encontrar alguna tecnologa que impulse un fuerte aumento de la productividad o algn sector que tire del conjunto de la economas; y, en fin, alguna economa que sustituya a la economa USA en su papel de consumidor de ltima instancia para el conjunto del sistema.

Estas incertidumbres globales se reproducen en cada economa estatal con sus peculiaridades especficas. En la espaola, alimentan la querencia gentica de los polticos del sistema por el recurso al sector de la construccin que, si denostado como responsable de la crisis, se le reconoce una capacidad para tirar de la economa y para crear empleos (solo comparable con la que dispone para hundirla y destruir tantos ms empleos que los creados durante la fase alcista). La expansin de los sectores inmobiliario y de la construccin (consiguiente, por lo dems, con una economa que maximiza los rendimientos del activo ms cotizable, el SUELO) ha sido acompaada en el pasado por el auge de capital financiero, ahora aquejado por la asfixia de unos activos inmobiliarios desvalorizados que no consigue vender y que mantiene muy bajo su nivel de confianza en el mercado interbancario.

El horizonte ms probable apunta a un proceso de concentracin de entidades de crditos, eliminando las inviables, con excepcin claro est de aquellas que, an sindolo, deben ser salvadas por sus funciones sistmicas, como es el caso de Bankia. La solucin para el problema de los activos txicos no parece difcil de aventurar que va a recaer, de una u otra manera, en el recurso a los recursos pblicos, lo que de ninguna forma podr suponer posibilidad alguna de contar con una banca pblica. La presencia de De Guindos al frente del M de Economa y en general del grupo de tcnicos comerciales educados en el respeto a la hegemona del capital financiero avala eta presuncin inherente a la lgica que ha venido operando en el conjunto de las economas capitalistas desde hace ms de tres dcadas.

Con las reformas estructurales se entra en el corazn de las polticas del PP para salir de la crisis. Reformas laborales, fiscales, educativas, de las administraciones pblicas y la de la justicia en particular, de la sanidad, de las pensiones, etc. El anlisis de cada una de estas reformas desbordara las pretensiones de estos comentarios as que me contento con algunas pinceladas que ayuden a comprender la naturaleza, objetivos y efectos buscados con las polticas que vienen.

Las laborales marcan la pauta de actuacin de este gobierno. Para decirlo con claridad, se trata no solo de reducir los costes salariales para encontrar una va de recuperacin de los beneficios empresariales sino de refundar un tipo antropolgico de trabajador adaptado a las necesidades de acumulacin para esta nueva etapa. Desde algn medio ultraliberal se ha dicho que el mercado laboral espaol era la mezcla de los residuos de una normativa laboral paternalista con las pretensiones de un sindicalismo construido en las dcadas finales el franquismo, de legislacin protectora y de movimiento obrero fordista. Es ms que evidente que el capitalismo espaol y la derecha gobernante apuestan decididamente por un debilitamiento sustancial de la capacidad contractual del mundo del trabajo como pilar esencial de su modelo de salida de la crisis. Con ello muestran las limitaciones de su proyecto que, en el momento actual, son compartidas por la mayora de los capitalismos nacionales. Ni una de las fases ascendentes del ciclo econmico, para serlo de verdad con un fuerte aumento de la productividad derivado de alguna innovacin tecnolgica o un nuevo modelo de organizacin del trabajo como el taylorismo o el fordismo, han podido prescindir de un proceso de innovacin en las formas de organizacin al interior del mundo del trabajo. Pero no se pueden pedir peras al olmo, el capitalismo

espaol (al parecer, ningn capitalismo) no est para joyeras, bastante tiene con intentar reconstruir algo parecido a una economa moderna, un proceso de extraccin de plusvala del trabajo social que anime la inversin y estimule el crdito por la nica manera que est a su alcance, por el aumento de la explotacin de esta fuerza de trabajo, por el incremento de la duracin de la jornada de trabajo y la disminucin de los salarios directos e indirectos, por el aumento del expolio de las rentas salariales mediante la supresin de las prestaciones que han servido para mejorara la renta disponible de las familias trabajadoras y la conversin de las mismas en lneas de negocio,

Un programa de redistribucin de rentas de los de abajo a los de arriba destinado a animar la inversin por la va de la reduccin de los costes salariales incluyendo los del despido cuando tal evento sea del inters de las empresas.

A pesar de la dureza de las medidas que se anuncian y jalean desde los medio de derechas, las direcciones sindicales ya dan muestras de estarse preparando para aceptar una parte de las mismas, como los contratos a tiempo parcial, dejando algn tipo de oposicin simblica para a1quellas otras que amenazan su propio papel constitucional como la reforma de la estructura de la negociacin colectiva para mantener el mnimo de legitimidad entre los trabajadores. Las frustrantes experiencias de las ltimas movilizaciones han sembrado entra sus cpulas y cuadros sindicales un sentimiento de temor a una derrota histrica en la que se perdieran conquistas de las tres ltimas dcadas (como la sufrida por los sindicatos britnicos al comienzo del mandato de Thatcher). Es esta una dinmica suicida a juzgar por las experiencias observados en pases como USA en dnde, preocupados por mantener las conquistas alanzadas,los sindicatos han terminado por convertirse en fenmenos marginales ajenos la realidad actual de las relaciones laborales.

3. Otra de las reformas que se pregonan es la de las administraciones pblicas. Aprovechando la corriente demaggica y populista en contra de las CCAA, los polticos y los funcionarios, los medios de la derecha han desatado una virulenta campaa contra los servicios pblicos y el Estado del Bienestar. Tras el ataque a las ineficiencias y duplicidades del Estado autonmico, la derecha y el capitalismo financiero esconden su propsito de apoderase del botn de los servicios pblicos para convertirlos en suculentas lneas de negocio que sustituyan el papel de la construccin.

Es verdad que la opinin pblica ha percibido con acierto en algunas instituciones autonmicas su condicin de entramado de negocios sobre los que se encaraman verdaderas mafias de polticos, banqueros y empresarios locales, rpidamente enriquecidos a costa de los recursos pblicos [1] . No son, por tanto, las instituciones autonmicas con las tan bien han prosperado-las verdaderas destinatarias de la ofensiva emprendida por las derechas poltica y meditica por el adelgazamiento del Estado. Son ms bien el conjunto de servicios y prestaciones sociales, actualmente provistas a ttulo de derechos, los que se pretenden convertir en otras tantas lneas de negocio mediante su privatizacin cualquiera de las modalidades de partenariado pblico-privado.

La derecha y el capital financiero no quieren reducir el Estado, saben que sus funciones son imprescindibles para impulsar y sostener una economa capitalista secularmente dependiente. Tanto la economa financiera como la productivaprecisan de la intervencin del Estado, no solo para la regulacin de los mercados, sino para la creacin misma de demandas de los correspondientes productos y la realizacin de plusvalas. La creacin y el desarrollo de los mercados tursticos y los de los planes de pensiones, por coger ejemplos de la economa productiva y financiera ,respectivamente, son un buen ejemplo del imprescindible papel del Estado, con gobierno franquista en el primero, y del PSOE, en el segundo.

Lo que est en juego no es ms mercado y menos Estado, sino menos derechos sociales, salarios y prestaciones sociales ms reducidas, disminucin en suma de la capacidad contractual de los trabajadores y las capas subalternas para facilitar el aumento de su explotacin, nico camino contemplado por la derecha y el capital financiero para salir de la crisis provocada por el segundo.



[1] La forma en la que esta percepcin ciudadana no haya disminuido un pice el apoyo electoral a los gobiernos regionales del PP prueba hasta que punto estos gobiernos y sus polticas descansan en autnticos bloques sociales con participacin de grupos subalternos que apuestan a sacar tajada de este apoyo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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