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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2012

La farsa democrtica y el desafo de reinventar una democracia para el futuro

Samir Amin
Tlaxcala

Traducido por Guillermo F. Parodi


En relacin a lo que llama la farsa democrtica, Samir Amin suscita una pregunta esencial:

Renunciar a las elecciones? La respuesta es negativa pero lleva a un nuevo interrogante: Cmo asociar nuevas formas de la democratizacin, ricas, innovadoras, que permitan de hacer de las elecciones un uso diferente al que conciben las fuerzas conservadoras? Para Amin, ese es el desafo.

El sufragio universal es una conquista reciente, iniciada con las luchas de los trabajadores en el siglo XIX en algunos pases europeos (Inglaterra, Holanda, Blgica), progresivamente extendida al mundo entero. Hoy en da no hace falta decir, todo el mundo acepta, que la reivindicacin de que el poder supremo delegado a una Asamblea elegida correctamente, sobre una base pluripartidista - sea legislativa o constitucional segn las circunstancias - define la aspiracin democrtica y, (supuestamente, digo yo), asegura su realizacin.

El mismo Marx haba cifrado grandes esperanzas en el sufragio universal. una va pacfica posible hacia el socialismo. He escrito sobre ese punto que las esperanzas de Marx fueron desmentidas por la historia (cfr. Marx y la democracia).

Creo que la razn de este fracaso de la democracia electoral no es difcil de descubrir: todas las sociedades, hasta ahora estn basadas en un sistema doble de explotacin del trabajo (cualesquiera sean sus formas) y de concentracin del poder del Estado en beneficio de la clase dirigente. Esta realidad fundamental produce una relativa despolitizacin/desculturizacin de muy grandes segmentos de la sociedad. Y esta produccin, de sobra concebida y aplicada para ejercer la funcin sistemtica esperada de ella, es la condicin simultneamente de reproduccin del sistema, sin cambios otros que aqullos que puede controlar y absorber, la condicin de su estabilidad. Lo que se define como el pas profundo, es decir, el pas profundamente dormido. La eleccin por sufragio universal, en estas condiciones, es una garanta para la victoria garantizada del conservadurismo (aunque fuese reformador).

Esta es la razn por la que nunca hubieron cambios en la historia que hayan sido producidos a travs de este mtodo de gestin basado en el consenso (de no cambio). Todos los cambios con un alcance transformador real de la sociedad, incluso las reformas (radicales) siempre han sido el producto de luchas, conducidas por lo que puede aparecer en trminos electorales como minoras. Sin la iniciativa de estas minoras que constituyen el elemento motriz en la sociedad, no hay cambio posible. Las luchas en cuestin, emprendidas de ese modo, terminan siempre - cuando las alternativas que proponen son clara y correctamente definidas - por implicar las mayoras (silenciosas al principio), o incluso ser ratificada a continuacin por el sufragio universal, que viene despus - no antes de - de la victoria.

En nuestro mundo contemporneo, el consenso (del que el sufragio universal define las fronteras) es ms conservador que nunca. En los centros del sistema mundial este consenso es pro imperialista. No en el sentido de que implique necesariamente el odio o el menosprecio de otros pueblos que son sus vctimas, sino en el sentido ms banal que acepta la continuidad de la apropiacin de riqueza imperialista, porque es la condicin de reproduccin de la sociedad en su conjunto, la garanta de su opulencia que hace contraste con la miseria de los otros. En las periferia, las respuestas del pueblo al desafo (al empobrecimiento producido por el despliegue de la acumulacin capitalista/imperialista) siguen siendo confusas, en el sentido que transmiten siempre una dosis de ilusiones apegadas al pasado inevitables.

En estas condiciones el recurso a las elecciones siempre es concebido por los poderes dominantes como el medio por excelencia para frenar los movimientos, para poner coto al potencial de radicalizacin de las luchas. Elecciones, trampa a tontos decan algunos en 1968, no sin haber sido confirmado en los hechos. Rpidamente, una Asamblea elegida, hoy en Tnez y Egipto, para poner un trmino al desorden, para estabilizar. Cambiar todo para no cambiar nada.

Entonces? Renunciar a las elecciones? No. Pero cmo asociar nuevas formas de democratizacin, ricas, inventivas, que permitan hacer de la eleccin un uso distinto de aqul que las fuerzas conservadoras conciben. Tal es el reto.

EL DECORADO TEATRAL DE LA FARSA DEMOCRTICA

Los padres fundadores de los Estados Unidos inventaron este decorado teatral, con la intencin expresada con una lucidez perfecta de evitar que la democracia electoral se convirtiese en un instrumento utilizado por el pueblo para poner en tela de juicio el orden social, fundado sobre la propiedad privada (y la esclavitud!). Con este espritu, la Constitucin en cuestin est basada en la eleccin de un Presidente (una suerte de Rey elegido) que concentra poderes esenciales. El bipartidismo, al cual conduce naturalmente la campaa electoral presidencial, tiende progresivamente a pasar a ser lo que fue en adelante: la expresin de un nico partido - por supuesto el del capital de los monopolios desde el final del siglo XIX - que se dirige a clientelas que piensan distinguirse las unas de las otras.

La farsa democrtica se manifiesta entonces a travs de una posible alternancia (en este caso de los Estados Unidos: los Demcratas y los Republicanos), sin que esto pueda satisfacer las exigencias de una alternativa vlida (ofreciendo la posibilidad de nuevas opciones radicalmente diferentes). Y sin perspectiva de alternativa vlida posible, la democracia no existe. La farsa est basada en la ideologa del consenso (!), negador por definicin del conflicto serio de los intereses y visones del futuro. La invencin de las primarias que invitan el conjunto del electorado (sus componentes que denominan de derecha o de izquierda!) a expresarse para la eleccin de cada uno de los dos falsos adversarios acenta an ms el desvo aniquilador del alcance de las elecciones.

Jean Monnet, un autntico antidemcrata (razn por la cual se lo celebra en Bruselas como el fundador de la nueva democracia europea!), perfectamente consciente de lo que quera (copiar el modelo estadounidense), despleg todos sus esfuerzos - una tradicin escrupulosamente aplicada en la Unin Europea - para desposeer las Asambleas elegidas de sus poderes en el beneficio de Comits de tecncratas.

Sin duda la farsa democrtica funciona sin grandes problema en las sociedades opulentas de la trada imperialista (los Estados Unidos, Europa Occidental, Japn), porque est sostenida por los ingresos imperialistas (ref., mi obra, La ley del valor mundializado). Pero ella se refuerza igualmente en su potencia convincente por el consenso en torno a la ideologa del individuo y por el respeto real de derechos (por ellos mismos conquistado a travs de las luchas, lo que se olvida indicar), la prctica de la independencia del poder judicial (an que la de los Estados Unidos, fundada sobre la eleccin de los jueces, destinados a halagar la opinin, se inscribe contra esta independencia), y la institucionalizacin compleja de la pirmide garante de los derechos.

La Europa continental no conoci la misma historia de un flujo sin escollos de las aguas del largo ro tranquilo de la farsa democrtica. En el siglo XIX (e incluso hasta en 1945), los combates por la democracia, a la vez los inspirados por la burguesa capitalista y las clases medias y los conducidos por las clases trabajadoras y populares, chocaban con la resistencias de los antiguos regmenes. De ah sus proyecciones y retrocesos caticos. Marx pensaba que esta resistencia constitua un obstculo que los Estados Unidos ignoraban, para su ventaja. Estaban equivocados y subconsideraban que en un mtodo capitalista puro (como el de Estados Unidos en comparacin de Europa) la sobredeterminacin de las instancias, es decir, la conformidad de las evoluciones consustanciales a la superestructura ideolgica y poltica que se ajusta automticamente a las que responden a las exigencias de la gestin de la sociedad por los monopolios capitalistas, producira inevitablemente lo que los socilogos convencionales califican de totalitarismo. Cul se aplica del mundo capitalista imperialista ms que a cualquier otro. Reenvo ac a lo que escrib en otra parte acerca de la subdeterminacin y las aperturas que ofrece.

En el siglo XIX, en Europa (tambin en esa poca, aunque en menor grado, en los Estados Unidos), los bloques histricos construidos para asegurar el poder del capital han sido, por la fuerza de las cosas la diversidad de clases y de los segmentos de clases- complejos y cambiantes. Por ese hecho, los conflictos electorales podran tener la apariencia de un funcionamiento democrtico real. Pero progresivamente, con la sustitucin de la dominacin del capital de los monopolios por la diversidad de los bloques capitalistas, esta apariencia se difumina. El virus liberal (ttulo de una de mis obras) hizo el resto: alinear progresivamente a Europa con el modelo de los Estados Unidos.

El conflicto entre las principales potencias capitalistas contribuy a cimentar los segmentos de los bloques histricos, llevando la dominacin del capital a travs de del nacionalismo. Sucedi incluso - en los casos de Alemania e Italia en particular - que el consenso nacionalista haya substituido al programa democrtico de la revolucin burguesa.

La deriva hoy casi ha acabado. Los partidos comunistas de la 3. Internacional tentaron oponerse, a su manera, incluso si la alternativa (el modelo sovitico) continuaba teniendo un atractivo discutible.

Habiendo fracasado en construir bloques alternativos durables, terminaron por capitular, suscribiendo la oferta al sistema de farsa democrtica electoral. As, la izquierda radical constituida por sus herederos (en Europa el grupo de la izquierda unida en el Parlamento de Bruselas) renuncia a toda perspectiva de verdadera victoria electoral. Se contenta a sobrevivir sobre los asientos plegables concedidos a las minoras (5% o 10% a lo ms del electorado). Transformados en pandillas de electos cuya nica preocupacin es conservar estos lugares miserables en el sistema - que hace las veces de "estrategia"- la izquierda radical renuncia serlo verdaderamente. Que eso haga el juego de demagogos neo fascistas no debera, en estas condiciones, sorprender a nadie.

La sumisin a la farsa democrtica es interiorizada por un discurso auto calificado de post modernista que, simplemente, se niega a reconocer la importancia de los efectos destructivos. Que importan las elecciones, lo esencial ocurre en otra parte, dicen: en la sociedad civil (concepto confuso sobre el cual volver ms adelante) dnde los individuos habran pasado a ser lo que el virus liberal afirma que son - mientras que no lo son! - los sujetos de la historia. La filosofa de Negri, que critiqu en otra parte, expresa esta abdicacin.

Pero la farsa democrtica, que no es objeto de rechazo en las sociedades opulentas de la trada imperialista, no funciona en la periferia del sistema. All, en la zona de las tormentas, el orden existente no se beneficia de ninguna legitimidad suficiente para permitir la estabilizacin de la sociedad. La alternativa se dibuja entonces como filigrana en los despertares del Sur que sealaron el siglo XX y prosiguen sus caminos en el vigsimo primero?

TEORAS Y PRCTICAS DE VANGUARDIA Y DE DESPOTISMOS ILUSTRADOS

La tempestad no es sinnimo inmediato de revolucin, sino solamente portadora potencial de avanzadas revolucionarias.

Las respuestas de los pueblos de la periferia, inspiradas en el ideal del socialismo radical al inicio al menos (Rusia, China, Vietnam, Cuba) - o en la liberacin nacional y en el progreso social (en la poca de Bandung en Asia y frica, en Amrica Latina), no son simples. Asocian, en grado variables, componentes de vocacin progresista universalista y otras de naturaleza tradicionalista. Desanudar las interferencias conflictuales y/o complementarias entre estas tendencias ayudar a formular - ms adelante - las formas posibles de avances democrticos autnticos.

Los marxismos histricos de la 3a. Internacional (el marxismo leninismo ruso y el maosmo chino) han deliberada e integralmente rechazado el tradicionalismo. Han optado por una mirada hacia el porvenir, con un espritu universalista emancipador en el pleno sentido del trmino. Esta opcin ha sido sin duda, facilitada, en Rusia, por la larga preparacin que ha permitido a los occidentalistas (burgueses) de triunfar sobre los eslavfilos y los euroasiticos (aliados del Antiguo Rgimen), en China por la revolucin de los Taiping (reenvo ac a mi estudio: la Commune de Paris et la Rvolution des Taipings).

Simultneamente estos marxismos histricos optaban inmediatamente por una conceptualizacin del papel de las vanguardias en la transformacin de las sociedades. Daban una forma institucionalizada a esta opcin, simbolizada por el partido. No se puede decir que esta opcin haya sido ineficaz. Al contrario fue ciertamente la causa de las victorias de las revoluciones en cuestin. La hiptesis de que la vanguardia minoritaria ganara el apoyo de la inmensa mayora se revel fundada. Pero al mismo tiempo la historia posterior demostr los lmites de esta eficacia. Ya que el mantenimiento de la parte fundamental de los poderes en las manos de estas vanguardias no es ajeno ciertamente a los desvos posteriores de los sistemas socialistas que pretendieron establecer.

La teora y la prctica de los marxismos histricos en cuestin fueron las de los despotismos ilustrados? No puede decirse sino a condicin de que se precise lo que fueron y en lo que se convirtieron - progresivamente - los objetivos de estos despotismos ilustrados. En cualquier caso estuvieron hasta el final en su postura tradicionalista. Sus comportamientos respecto de la religin - asimilada al oscurantismo y a ninguna otra cosa - dan prueba. Me expres a otra parte sobre los matices que se podran aportar a este juicio (vase La internacional del oscurantismo).

El concepto de vanguardia se adopt ampliamente en otros lugares adems de en las sociedades revolucionarias en cuestin. Fue la base de lo que fueron los partidos comunistas del mundo entero, de los aos veinte a los aos ochenta. Encontr su lugar en los regmenes nacionales populares del tercer mundo contemporneo.

Por otro lado, ese concepto de vanguardia daba a la teora y a la ideologa una importancia decisiva, que implicaba a su vez la valorizacin de los intelectuales (revolucionarios, se comprende), o mejor de la intelligentsia. Intelligentsia no es sinnimo de clase media medianamente educada, menos an de ejecutivos, burcratas, tecncratas, o universitarios (las lites en la jerga anglosajona). Se trata de un grupo social que no emerge como tal sino en ciertas condiciones propias de ciertas sociedades y que se convierte entonces en un agente activo importante, a veces decisivo. Fuera de Rusia y China, encontramos un fenmeno anlogo en Francia, en Italia y posiblemente en otros pases, pero ciertamente no ni en Gran Bretaa ni en los Estados Unidos, ni tampoco en general en Europa del norte.

En Francia durante la mayor parte del siglo XX, la intelligentsia ocup un lugar importante en la historia de ese pas, siendo esto reconocido por los mejores historiadores. All encontramos posiblemente un efecto indirecto de la Comuna de Pars, en el curso de la cul el ideal de la construccin de un estadio ms avanzado de la civilizacin saliendo del capitalismo, se haba expresado como en ninguna otra parte (cf. Mi artculo sobre la Comuna)

En Italia, el Partido comunista de despus del fascismo, cumpli funciones similares. Como lo analiza lcidamente Luciana Castallina, los comunistas - una vanguardia muy sostenida por la clase trabajadora pero siempre minoritaria en trminos electorales - verdaderamente construyeron por s solos la democracia italiana. Ejercan en la oposicin - de la poca - un poder real en la sociedad bien ms importante que el que tuvieron ms tarde asociados al Gobierno! Su verdadero suicidio, inexplicable de otra manera se debi a los lderes que sucedieron a Berlinguer. El fracaso provoc la desaparicin, con ellos, del Estado y la democracia en la pennsula.

Ese fenmeno de la intelligentsia nunca existi en los estados Unidos ni en la Europa protestante del Norte. Lo que se llama aqu la lite -la eleccin del trmino es significativa- no est de manera perceptible compuesta por otros que no sean servidores del sistema, aunque fuesen reformadores. La filosofa emprica / pragmtica, que ocupa ac la escena entera del pensamiento social, ha ciertamente reforzado los efectos conservadores de las reforma protestante de la que propuse en otro lado su crtica ( El eurocentrismo, modernidad, religin, democracia). El anarquista alemn -Rudolf Rocker- es uno de los raros pensadores europeos que expres un juicio prximo la mo; pero la moda quiere desde Weber y contra Marx- que la reforma protestante sea celebrada sin examinarla como una avanzada progresista!

En las sociedades de la periferia en general, ms all de los casos obvios de Rusia y China, y por las mismas razones, las iniciativas tomadas por las vanguardias, a menudo intelligentsistas, se han beneficiado con la adhesin y el apoyo de amplias mayoras populares. La forma ms frecuente de estas cristalizaciones polticas cuyas intervenciones fueron decisivas en el despertar del Sur fue la (o) la de los populismos. Teora y prctica despreciadas por las lites (al anglosajona - pro sistema), pero defendidas y en cierto modo rehabilitadas por Ernesto Laclau con argumentos slidos que retomar en buena parte por mi cuenta.

Por supuesto hay tantos populismos como experiencias histricas calificadas como tales. Los populismos a menudo se asocian a personajes dichos carismticos cuya autoridad del pensamiento se acepta sin gran debate. Las proyecciones reales (sociales y nacionales) que se les asociaron en algunas condiciones lo llevaron que se calificaran a estos regmenes como nacionales populares. Se entiende que esas avanzadas nunca fueron sostenidas ni por una prctica democrtica convencional, burguesa, menos an por el esbozo de prcticas que van ms all, como las que a grandes lneas dibujar como posibles ms abajo en este texto. Fue el caso de la Turqua de Ataturk, probablemente la iniciadora del modelo para el Oriente Medio, despus del Egipto nasserista, de los regmenes del Baas del primer tiempo, de la Argelia del FLN. Se haban desarrollado algunas experiencias similares, en condiciones diferentes, en los aos cuarenta y 1950 en Amrica Latina. La frmula, porque responde a las necesidades y posibilidades reales, dista mucho de haber perdido su potencial de renovacin. Calificar de buen grado como nacionales populares algunas experiencias en curso en Amrica Latina, sin omitir indicar que en cuanto a la democratizacin estas empezaron indiscutiblemente con algunas avanzadas desconocidas en las que los precedieron.

Propuse algunos anlisis relativas a las razones de los xitos de los avances realizados en este marco en algunos pases Oriente Medio (Afganistn, Yemen del sur, Sudn, Irak) que parecan ms prometedoras que otros, y tambin las razones de sus fracasos dramticos.

En cualquier caso es necesario cuidarse de generalizar y simplificar, como lo hacen la mayora de los comentaristas occidentales que informan sobre la nica cuestin democrtica, que reducen a la frmula de lo que describ como una farsa democrtica. En los pases de la periferia, esta farsa toma generalmente la forma de una caricatura extrema. Sin ser demcratas, algunos lderes de regmenes nacionales populares fueron grandes reformadores (progresistas), carismticos o no. Nasser es un buen ejemplo. Pero otros apenas fueron polichinelas inconsistentes, como Gadafi, o vulgares dspotas no ilustrados (por otra parte muy poco carismticos) como Ben Ali, Moubarak y bien de otros. Por lo dems estos dictadores no dirigieron experiencias nacionales populares. Apenas organizaron el saqueo de su pas por mafias asociadas a ellos mismos. Por lo tanto fueron simplemente como Suharto y Marcos los agentes de ejecucin de las potencias imperialistas que por otra parte aclamaron y apoyaron sus poderes hasta el final.

EL TRADICIONALISMO, ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA

Los lmites propios de cada una y de todas las experiencias nacionales populares (o populistas) dignas de esta calificacin se originan en las condiciones objetivas que caracterizan a las sociedades de la periferia del mundo capitalista/ imperialista contemporneo. Estas condiciones son obviamente distintas. Pero ms all de esta diversidad algunas convergencias importantes permiten proyectar alguna luz sobre las razones de sus xitos luego de sus retrocesos.

La persistencia de aspiraciones tradicionalistas no es el producto del fuerte atraso del pueblo en cuestin (el discurso habitual sobre el tema) sino el de una medida correcta del desafo. Todos los pueblos y las naciones perifricos no solo fueron sometido a la explotacin econmica feroz del capital imperialista, sino que tambin a la agresin cultural. La dignidad de sus culturas, sus lenguas, sus hbitos, de su historia han sido negados con el mayor menosprecio. No es sorprendente que estas vctimas del colonialismo externo o interno (los indios de Amrica) asocian naturalmente su liberacin social y poltica a la restauracin de su dignidad nacional.

Pero a su vez estas aspiraciones legtimas invitan a volver las miradas hacia el pasado exclusivamente, esperando encontrar all las respuestas de las cuestiones de hoy y de maana. El riesgo es entonces real de ver el movimiento hacia el despertar y hacia la liberacin del pueblo interesado se encierre en callejones sin salida trgicos, en cuanto el tradicionalismo se toma como eje central del renacimiento buscado.

La historia contempornea de Egipto ilustra a la perfeccin la transformacin de la complementariedad necesaria entre la perspectiva universalista abierta sobre el futuro, asociada a la restauracin de la dignidad del pasado en un conflicto entra dos elecciones formuladas en trminos absolutos: o occidentalizarse (al sentido vulgar del trmino, rechazando el pasado), o retornar al pasado (sin crtica).

El Virrey Mohamed Ali (1804-1849) y los Khdives hasta los aos 1870 eligieron la opcin de una modernizacin abierta a la adopcin de las frmulas de los modelos europeos. No se puede decir que esta opcin era la de una occidentalizacin de pacotilla. Los jefes del Estado egipcio daban toda su importancia a la industrializacin moderna del pas y no a la adopcin nicamente del modelo de consumo de los Europeos. Interiorizaban la asimilacin de los modelos europeos, asocindola al renacimiento de la cultura nacional y contribuyendo a hacerla evolucionar en el sentido de la laicidad. Sus esfuerzos de apoyo a la renovacin de la lengua dan testimonio. Ciertamente el modelo europeo en cuestin era el del capitalismo y seguramente no haban tomado conciencia exacta del carcter imperialista de ste. Pero no se les podra reprochar. Y cuando el Khdive Ismail declara su objetivo - hacer de Egipto un pas europeo precede de 50 aos a Ataturk y se propone asociar esta europeizacin al renacimiento nacional y no a renegar de l.

Las insuficiencias del Nahda cultural del tiempo (su incapacidad para comprender lo que haba sido el Renacimiento europeo), y el carcter tradicionalista dominante de los conceptos del Nahda, sobre los cuales me pronunci en otros escritos, no tienen misterios.

Sin embargo es la visin precisamente predominantemente tradicionalista la que va a imponerse al movimiento de renacimiento nacional al final del siglo XIX. Propuse una explicacin: la derrota del proyecto modernista que haba ocupado el frente de la escena de 1800 a 1870 implic la zambullida de Egipto en la regresin. Ahora bien la ideologa del rechazo de esta decadencia se ha cristalizado en ese momento de regresin, con todas las taras que eso corra el riesgo de implicar. Los fundadores del nuevo Partido Nacional (Al hisb al watani), al final del siglo XIX, Moustapha Kamel y Mohamed Farid, eligen al tradicionalismo como eje central de su combate, como prueban entre otras cosas sus ilusiones otomanistas (apoyarse en Estambul contra los Ingleses).

La historia iba a probar la futilidad de esta eleccin. La revolucin nacional y popular de 1919-1920 no fue dirigida por el Partido Nacionalista, sino por su adversario modernista, el Wafd. Taha Hussein retoma por otra parte el lema del Khdive Ismail: europeizar Egipto, sostener a tal efecto la nueva Universidad y marginalizar el Azhar.

La tendencia tradicionalista, heredada del Partido Nacionalista, se desliza entonces hacia la insignificancia. Su lder - Ahmad Hussein - slo era en los aos treinta el jefe de un partido minsculo, por lo dems atrado por el fascismo. Pero esta tendencia va a reencontrarse presenta en el seno de la agrupacin de los oficiales libres que derrocarn al Rey en 1952.

Las ambigedades del proyecto nasserista son el producto de este retroceso en el debate sobre la naturaleza del reto. Nasser intenta asociar una determinada modernizacin, una vez ms no de pacotilla, basada en la industrializacin, en apoyo de las ilusiones tradicionalistas. Poco importa que el proyecto nasserista se inscriba en adelante - o piense que se inscribe - en una perspectiva socialista, obviamente desconocida en el siglo XIX. Su atraccin por el tradicionalismo sigue estando presente. Sus opciones relativas a la modernizacin del Azhar, de la que hice una crtica, dan testimonio.

El conflicto entre las visiones modernistas, universalistas de las unas y las tradicionalistas integrales de los otros ocupan siempre la primera fila de la escena en Egipto. Las primeras visiones, en adelante son defendidas principalmente por la izquierda radical (en Egipto la tradicin comunista, potente en los aos de despus de segunda Guerra Mundial), odas por las clases medias ilustradas, los sindicatos obreros y an ms por las nuevas generaciones. El tradicionalismo se desliz ms a la derecha con los hermanos Musulmanes, adopt de las posiciones extremas de la interpretacin ms anticuada del Islam, la promovida por Arabia Saudita (el wahabisme).

Se podra sin gran dificultad hacer resaltar el contraste entre esta evolucin que encierra Egipto en un callejn sin salida y la va adoptada por China desde la revolucin de los Taipings, retomada y profundizada por el maosmo: la construccin del futuro pasa por la crtica radical del pasado. La aparicin en el mundo moderno y, por consiguiente, el despliegue de respuestas eficaces al reto, incluido el compromiso en la va de la democratizacin cuyas directrices propondr ms abajo en este texto, estn condicionadas por la negativa a hacer del tradicionalismo el eje central de la renovacin.

No es pues una casualidad si China se sita a la vanguardia de los pases emergentes de hoy. No es una casualidad tampoco que en la regin Oriente Medio, sea Turqua y no Egipto, la que forme parte del grupo. Turqua - incluso la del AKP islamista - se beneficia de la ruptura que el kemalismo haba constituido en su tiempo. Pero la diferencia entre China y Turqua sigue siendo decisiva: la eleccin modernista de China se inscribe en una perspectiva que querra ser socialista (y China est en conflicto con el hegemonismo de los Estados Unidos, es decir, con el imperialismo colectivo de la Trada), una perspectiva que conlleva oportunidades de progreso, mientras que la eleccin de la modernidad de la Turqua contempornea, que no se imagina salir de la lgica de la universalizacin contempornea, no tiene futuro. Su xito aparente es solo provisorio.

La asociacin entre la tendencia modernista y la tendencia tradicionalista se encuentra en todos los pases del gran Sur (la periferia), obviamente en distintas frmulaciones. La confusin producida por esta asociacin encuentra una de sus manifestaciones ms estridente en la profusin de los equivocados discursos relativos a las formas pretendidamente democrticas del pasado, puestas por las nubes sin ninguna crtica. La India independiente hace as el elogio de los panchayat, de los musulmanes de la shura, los africanos del rbol de la palabra, como si estas formas de vida social del pasado tuviesen algo que ver con los retos del mundo moderno. La India es la mayor democracia (por el nmero de los electores) del planeta? O esta democracia electoral sigue siendo una farsa mientras no haga una crtica radical al sistema de castas (completamente heredado del pasado) que llegue hasta el fondo: la abolicin de las castas. El shura sigue siendo el vehculo de la aplicacin de la Sharia, que interpretado en su sentido ms reaccionario, es enemigo de la democracia.

Los pueblos de Amrica Latina se enfrentan hoy con ese mismo problema. Se comprende sin dificultad la legitimidad de las reivindicaciones indigenistas, en cuanto se toma conciencia de lo que fue el colonialismo interno ibrico. Sin embargo algunos de estos discursos en favor de los indgenas son poco crticos sobre los avatares sufridos por ellos en el pasado. Pero otros lo son y hacen avanzar conceptos que asocian de una manera radicalmente progresista las exigencias universalistas y el potencial representado por la evolucin de las herencias del pasado. Los debates bolivianos estn probablemente sobre este plan de una gran riqueza. El anlisis crtico de los discursos en favor de los indgenas en cuestin, hecho por Franois Houtart (El concepto de Sumai Kwasai) enciende nuestras linternas. La ambigedad es aclarada por este estudio notable que examina lo que me parece constituir la totalidad probable de los discursos sobre el tema.

La contribucin negativa- del tradicionalismo en la construccin del mundo moderno tal como es no es exclusividad de los pueblos de la periferia. En Europa, ms all de su parte noroeste, las burguesas eran demasiado dbiles para comprometerse en revoluciones como en Inglaterra o en Francia. El objetivo nacional particularmente en Alemania e Italia, pero ms tarde ms all hacia el Este y el Sur del continente sirvi como medio de movilizacin y de excusa con compromisos semi burgueses, semi antiguo rgimen. El tradicionalismo movilizado ac no fue religioso sino tnico, fundado sobre una definicin etnocentrista de la nacin (Alemania) o la lectura mitolgica de la historia romana (Italia). El desastre est all -el fascismo y el nazismo- para ilustrar el carcter archireaccionario, ciertamente antidemocrtico, del tradicionalismo en sus formas nacionales.

La alternativa universalista : la democratizacin autntica e integral y la perspectiva socialista

Hablar aqu de democratizacin y no de democracia. Esta ltima, reducida como lo est a las frmulas impuestas por los poderes dominantes, es una farsa, como he dicho. La farsa electoral produce un Parlamento falso e impotente, el Gobierno slo es responsable ante el FMI y la OMC, es decir, los instrumentos de los monopolios de la trada imperialista. La farsa democrtica entonces es completada por el discurso derechos del homnido que hace hincapi en el respeto del derecho a la protesta, a condicin de que sta no pueda estar en condiciones de cuestionar el poder supremo de los monopolios. Ms all se la criminaliza, asocindolo al terrorismo. La democratizacin, concebida en contrapunto como integral, es decir, que concierne a todos los aspectos de la vida social, incluida por supuesto la gestin de la economa, no puede ser sino un proceso sin final ni fronteras, el producto de las luchas y de la imaginacin inventiva del pueblo. La democratizacin slo tiene sentido, de autenticidad, si moviliza estas potencias inventivas, en la perspectiva de la construccin de una fase ms avanzada de la civilizacin humana. No puede pues encerrarse en un formulario (blue print) listo para usar. Pero no sigue siendo menos necesario proponer las directrices del movimiento en su direccin general y en la definicin de los objetivos estratgicos posibles en cada etapa. La lucha por la democratizacin es un combate. Exige pues movilizacin, organizacin, seleccin de las acciones, visin estratgica, visin tctica, politizacin de las luchas. Seguramente estas formas no pueden publicarse de antemano, a partir de dogmas santificados. Pero su definicin sigue siendo inevitable. Ya que se trata bien de hacer retroceder al sistema de poderes existente, con vistas de sustituirlo por otro. Seguramente la frmula de la revolucin que sustituye inmediatamente con el poder del pueblo al del capital, una frmula dogmtica y santificada, debe ser abandonada. Avances revolucionarias son posibles, fundados sobre los de nuevos poderes, populares, reales, que hacen retroceder a los que seguirn defendiendo los principios de reproduccin de desigualdad. Por lo dems Marx nunca formul esta teora de ruptura revolucionaria y solucin definitiva; al contrario siempre ha hecho hincapi en la larga transicin caracterizada por este conflicto de los poderes, los antiguos en declive y los nuevos en desarrollo.


Abandonar el tema del poder es perder de vista lo esencial. Creer que la sociedad puede ser transformada sin la destruccin, aunque sea progresiva del sistema de poder existente indica una ingenuidad extrema.

Ya que mientras los poderes existentes continen como ahora, lejos ser desposedos por el cambio social, estn en condiciones de aprovecharlo, someterlo, integrarlo para reforzar - no debilitar - el poder del capital. La triste deriva del ecologismo, que se ha convertido en nuevo campo abierto a la extensin del capital, es una prueba. Eludir la cuestin del poder, es colocar los movimientos en una situacin que no les permite pasar a la ofensiva, obligndolos a permanecer en posiciones defensivas, de resistencia a las ofensivas de los que disponen del poder, y en consecuencia de la iniciativa. Debemos asombrarnos de que Negri, el profeta de esta letana al mtodo, haya descartado a Marx para volverse a San Francisco de Ass, de donde se haba partido? Debemos asombrarnos de que sus tesis aparezcan celebradas por el Nueva York Times?

Las luchas sociales y polticas (indisociables) podran definirse algunos grandes objetivos estratgicos, que propondr en lo que sigue, para el debate terico y poltico enfrentado permanentemente a la prctica de las luchas, a sus avances y a sus fracasos.

En primer lugar reforzar los poderes de los trabajadores en el lugar de trabajo, en sus luchas diarias contra el capital. Es lo que se dice, la vocacin de los sindicatos. S, pero a condicin de que stos sean instrumentos de lucha reales. Lo que apenas son ya, sobre todo los grandes sindicatos, supuestos fuertes porque renen grandes mayoras entre los trabajadores interesados. Esta fuerza aparente es su debilidad real porque los sindicatos en cuestin se creen entonces obligados ajustarse a las pretensiones consensuadas, modestas al extremo. Debemos asombrarnos de que las clases obreras en Alemania y Gran Bretaa (pases de sindicatos poderosos, segn se dice) aceptaron los ajustes drsticos que el capital les impuso durante los treinta ltimos aos, mientras que los sindicatos franceses - minoritarios y considerados dbiles - resistieron mejor (o menos mal)? Esta realidad nos recuerda simplemente que organizaciones de militantes, siempre minoritarias por definicin (el conjunto de la clase no puede estar constituido ntegramente por militantes), son ms eficientes y capaces, ms que los sindicatos de masas (por tanto no militantes), de implicar las mayoras en las luchas.

Otro terreno de luchas posibles para establecer nuevos poderes es el de los poderes locales. Ciertamente en este mbito me guardar de generalizaciones rpidas, sea mediante la afirmacin de que la descentralizacin es siempre un progreso democrtico, o, al contrario, que la centralizacin es necesaria para cambiar el poder. La descentralizacin puede ser capturada por los notables locales, a menudo no menos reaccionarios que los agentes del poder central. Pero puede tambin, segn las estrategias aplicadas por las fuerzas progresistas en lucha y las condiciones locales - favorables aqu, desfavorables all -, completar y sustituir avanzadas en la creacin de nuevos poderes populares.

Un autre terrain de luttes possibles pour asseoir des pouvoirs nouveaux est celui des pouvoirs locaux. Certes dans ce domaine je me garderai de gnralisations rapides, soit par laffirmation que la dcentralisation est toujours une avance dmocratique, soit, loppos, que la centralisation est ncessaire pour changer le pouvoir . La dcentralisation peut tre capte par les notabilits locales , souvent non moins ractionnaires que les agents du pouvoir central. Mais elle peut aussi, selon les stratgies mises en uvre par les forces progressistes en lutte et les conditions locales favorables ici, dfavorables l , complter et remplacer des avances dans la cration de nouveaux pouvoirs populaires.

La Comuna de Pars lo haba comprendido, con su proyecto de federalismo comunal. Los comunes saban que reanudaban en este tema la tradicin montaesa de los jacobinos de 1793. Ya que stos, contrariamente a lo que se dice sin reflexionar (cuntas veces oirn que los centralistas jacobinos dieron el ltimo toque a la obra de la Monarqua!), fueron federalistas (olvidan la Fiesta de la Federacin?). La centralizacin fue una obra posterior a la reaccin termidoriana, acabada por Bonaparte.

La descentralizacin sigue siendo un trmino dudoso, opuesto como un absoluto al otro concepto absoluto, el de la centralizacin. Asociar una y con la otra es el reto al cual se enfrentan los combates para la democratizacin.

La cuestin de los poderes mltiples - locales y centrales - es de una importancia crucial en los pases heterogneos, por una razn histrica u otra. En los pases andinos y ms generalmente en la Amrica denominada Latina - que debera calificarse de Amrica indo/afro/latina - la construccin de poderes especficos (y el que dice especficos dice que se beneficia de un margen de autonoma real) condiciona el renacimiento de las naciones indias, sin el cual la emancipacin social apenas tiene sentido.

El feminismo y el ecologismo constituyen de la misma manera terrenos de conflictos entre las fuerzas sociales adoptadas en la perspectiva de la emancipacin global de la sociedad y los poderes conservadores o reformadores consagrados a perpetuar las condiciones de la reproduccin capitalista. No hay ciertamente razones considerarlos como luchas especficas, porque las pretensiones de apariencia especfica que promueven y la transformacin global de la sociedad son indisociables. Pero todos los movimientos que reivindican el feminismo y el ecologismo no lo ven as.

La articulacin de las luchas en distintos terrenos mencionados aqu - y de otros - llama la construccin de formas institucionalizadas de su interdependencia. Se trata all otra vez de demostrar imaginacin creativa. No es necesario esperar que la legislacin vigente le permita establecer sistemas institucionalizados (informales, si no siempre ilegales) por ejemplo de negociacin social permanente y obligatoria de facto empleados/patrones, por ejemplo de control imponiendo la paridad hombre/mujer, por ejemplo de sumisin de toda decisin importante de inversin (en el mbito privado o del Estado) a un examen ecolgico serio.

Los progresos reales en las direcciones propuestas aqu crean una dualidad de los poderes - como la que Marx se haba imaginado para la larga transicin socialista al comunismo, etapa ms avanzada de la civilizacin humana. Permitiran a elecciones por sufragio universal tomar a una direccin diferente a las que la democracia/farsa se imagina. Pero aqu an las elecciones que tienen un sentido vienen despus de victorias, no antes.

Las propuestas sugeridas aqu - y varias otras posibles - no se inscriben en el discurso dominante relativo a la sociedad civil. Eligen ms bien lo contrario. Ese discurso, prximo a los discursos del post modernismo a lo Negri, es el heredero directo de la tradicin de la ideologa del consenso estadounidense, que fue el promotor patentado, recogido sin crtica por decenas de millares de ONG y por su representacin forzada en los Foro Sociales. Se trata de una ideologa que acepta el rgimen (es decir, el capitalismo de los monopolios) en lo que tiene de escencial. Cumple pues una funcin til para el poder del capital. Es como aceitar sus mecanismos. Promoviendo una oposicin desprovista de la capacidad de cambiar el mundo, como lo pretende.

Tres conclusiones

1. El virus liberal ejerce sus efectos devastadores. Produjo un ajuste ideolgico que se ajusta perfectamente a la prosecucin de la expansin capitalista, que a su vez lleva cada vez ms hacia la barbarie. Convenci a grandes mayoras incluyendo a las jvenes generaciones - que es necesario contentarse con vivir el presente, tomar lo que se les ofrece en el instante, olvidar el pasado, no preocuparse por el futuro, bajo el pretexto de que la imaginacin utpica puede producir monstruos. Lleg a convencer que el sistema actual era compatible con el florecimiento del individuo (lo que no es realmente cierto). Formulaciones acadmicas pretenciosas que se pretenden nuevas el post, post-modernismo, post-colonialismo, los estudios culturales, las elucubraciones a lo Negri - otorgan patentes de legitimidad a la capitulacin del espritu crtico y de la imaginacin creativa.

El desarrollo que la prctica de esta sumisin interiorizada es ciertamente el origen entre otras cosas, del renacimiento religioso. Entiendo por ese lado el resurgimiento de interpretaciones religiosas y pararreligiosas conservadoras y reaccionarias, de comunitaristas, ritualistas. El monotesmo aqu convive con el moneyteismo sin problemas, como lo he escrito. Excluyo obviamente de este juicio las interpretaciones religiosas que movilizan el sentido que dan a la espiritualidad para legitimar su posicin adoptada al lado de todas las fuerzas sociales en lucha para la emancipacin. Pero las primeras son dominantes, las segundas minoritarias, a menudo marginalizadas. Otras formulaciones ideolgicas no menos reaccionarias compensan de la misma manera el vaco creado por el virus liberal: los nacionalismos y los comunitarismos tnicos o paratnicos constituyen buenos ejemplos.

2. La diversidad es felizmente una bella realidad del mundo. Pero su elogio apresurado lleva a conclusiones peligrosas.

Por mi parte propuse singularizar las diversidades heredadas (del pasado), que son lo que son, y no pueden ser reconocidas como eficaces para el proyecto de emancipacin sino despus de un examen crtico. Propongo no confundir esas diversidades con aquellas formulaciones que dirigen su mirada hacia la invencin del futuro y de la emancipacin. Puesto que ac hay tambin diversidad, al mismo tiempo que los anlisis y sus bases culturales e ideolgicas y propuestas de estrategias de lucha. La primera Internacional contaba entre sus filas a Marx, Proudhon, Bakounin. La quinta Internacional deber hacer de la diversidad su ventaja. Me imagino que no puede eliminar, pero debe reunir: los marxistas, ellos mismos de distintas escuelas (incluso algunas pasablemente dogmticas), los autnticos reformadores radicales que sin embargo prefieren hacer hincapi en los objetivos posibles ms cercanos antes que sobre las perspectivas ms alejadas, los telogos de la liberacin, los pensadores y militantes que se proponen inscribir los renacimientos nacionales que promueven en la perspectiva de la emancipacin universal, las feministas y los ecologistas quienes tambin se inscriben en esta perspectiva. La condicin fundamental que permite a esta reagrupacin de combatientes trabajar realmente en la misma causa es la toma de conciencia lcida del carcter imperialista del sistema existente. La 5 Internacional no puede ser sino claramente antiimperialista. No puede satisfacerse sobre este plan de las intervenciones humanitarias con las que los poderes dominantes quieren substituir a la solidaridad y al apoyo de luchas de liberacin de los pueblos, de las naciones y Estados de la periferia. Ms all incluso de esta reagrupacin, alianzas amplias deben buscarse con todas las fuerzas y los movimientos democrticos que luchan contra las desviaciones de la democracia - farsa.

3. Si hago hincapi en la dimensin antiimperialista de los combates a emprenderse, es porque sta es la condicin para posibilitar la construccin de una convergencia entre las luchas en el Norte y en el Sur del planeta. Ya dije que la debilidad lo menos que puede decirse - de la conciencia antiimperialista del Norte haba constituido la razn principal de los lmites de los avances que los pueblos de la periferia haban llegado a realizar hasta ahora, despus de sus retrocesos.

La construccin de la perspectiva de convergencia de las luchas tropieza con dificultades de las que es necesario cuidarse de subestimar los peligros mortales.

Al Norte se choca con la adhesin an amplia a la ideologa del consenso que legitima la farsa democrtica, aceptable gracias a los efectos corruptores de los ingresos imperialistas. Sin embargo la ofensiva, en curso, del capital de los monopolios contra los propios trabajadores del Norte, podra ayudar a una toma de conciencia de que los monopolios imperialistas son bien un enemigo comn. Los movimientos en curso de desarrollo y reconstruccin organizada y politizada se atrevern a incluir y hacer incluir que los monopolios capitalistas deben expropiarse y nacionalizarse en la perspectiva de su socializacin? En tanto no se acerquen a este punto de ruptura, el poder en ltima instancia de los monopolios del capitalismo/imperialismo seguir intacto. Las derrotas que el Sur podra infligir a estos monopolios, haciendo retroceder la sangra de los ingresos imperialistas, no pueden sino reforzar las oportunidades de salir de la encrucijada a los pueblos del Norte.

Pero con el Sur se choca siempre al conflicto de las expresiones de la visin del futuro: universalistas o tradicionalistas? Mientras este conflicto no se resuelva a favor las primeras, lo que el pueblo del Sur podr arrancar en sus combates de liberacin seguir siendo frgil, limitado y vulnerable.

Slo avances serios en el Norte y en el Sur en las direcciones indicadas aqu podrn permitir al bloque histrico progresista universalista tomar cuerpo.


REFERENCIAS

Para referencias que pueden ayudar al lector a encontrar el recorrido que llev a la formacin de los conceptos utilizados en este texto ver (en francs e ingls): http://www.pambazuka.org/fr/category/features/74822/print.

Fuente

http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6413





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