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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-01-2012

Diversidad sexual y derechos humanos: cinco desafos de nuestro tiempo

Antoni Jess Aguil
Rebelin


El 10 de diciembre de 1948, despus del trauma de la II Guerra Mundial, la Asamblea General de la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU) aprob y proclam la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, un acuerdo entre pases de todo el mundo para garantizar los derechos fundamentales de toda persona. No obstante, sesenta y tres aos de vigencia no han sido suficientes para proteger y asegurar los derechos humanos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB).

Aunque no es nueva, la incorporacin de los derechos sexuales en la agenda y el discurso de los derechos humanos es una realidad tmida y reciente. Hasta la Conferencia de Viena (1993), la ONU prcticamente no haba abordado en sus documentos cuestiones relativas a la sexualidad. En este caso lo hizo refirindose slo a la violencia y todas las formas de acoso y explotacin sexuales (art. 18) ejercidas contra las personas, de manera particular contra mujeres y nias. La Conferencia Internacional de El Cairo (1994) signific un paso adelante al considerar la salud sexual y reproductiva un derecho humano a proteger. Esta incipiente lnea de accin se vio respaldada por la Conferencia de Beijing (1995), que en su prrafo 96 establece que: Los derechos humanos de la mujer incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coercin, la discriminacin y la violencia.

A pesar de estos importantes avances, en las declaraciones e informes de la ONU todava prevalece un enfoque parcial, limitado e insuficiente de los derechos sexuales. Segn la red internacional HERA [1], adems del derecho de toda persona a la salud sexual y reproductiva, los derechos sexuales comprenden todo un amplio catlogo de potestades cuyo reconocimiento formal y efectivo se relaciona directamente con la defensa de la dignidad humana y los igualdad de derechos que el Prembulo de la Declaracin de 1948 menciona. As, los derechos sexuales incluyen, entre otros, la libre expresin de la propia sexualidad sin ser vctima de discriminacin, violencia o coercin por motivo de orientacin sexual o identidad de gnero; el derecho de cada uno a explorar su sexualidad y su cuerpo, sin sufrir la inculcacin de miedo, culpa, prejuicios, vergenza o falsas creencias; el derecho a disfrutar del placer y la sexualidad independientemente de la reproduccin y el estado civil; el derecho a tener o no, dentro de un marco de consentimiento y respeto muto, relaciones afectivas y/o sexuales con la persona que se quiera. De este modo, los derechos sexuales pueden definirse, en pocas palabras, como aquel conjunto inalienable de derechos que permiten a las personas tomar decisiones libre y autnomamente sobre la sexualidad de cada quien en cualquiera de sus aspectos (emocionales, corporales, sociales, culturales, etc.).

La batalla por dotar de fuerza y sentido a los derechos sexuales debe enmarcarse en el campo de las luchas pacficas y emancipadoras por la dignidad, la democracia y los derechos humanos en el siglo XXI. Luchar por el reconocimiento de los derechos sexuales es luchar para que la diversidad sexual y afectiva no se traduzca en desigualdad social. Es luchar para evidenciar y erradicar la violencia y discriminacin que en el mundo sufren las personas LGTB, una violencia que no slo es sangrienta, sino tambin simblica, verbal, psicolgica e institucional.

El heterosexismo, el sistema de cdigos, valores y creencias que rechaza, inferioriza y estigmatiza toda forma de comportamiento o relacin no heterosexual, impregna la realidad cotidiana. Alrededor del mundo predomina un modelo de sociedad patriarcal, androcntrica y heterosexista cuyas expresiones ms violentas son el sexismo y la lgtbfobia. El heterosexismo est institucionalizado, entre otros mbitos de la vida individual y colectiva, en el trabajo, la educacin, la poltica, el derecho, el lenguaje, el deporte, la cultura y la religin. Este clima general heterosexista propicia los discursos condenatorios, refuerza las actitudes represivas y legitima los comportamientos discriminatorios (individuales e institucionales) que invisibilizan, prohben, subordinan, excluyen o degradan a las personas LGTB, revelando la situacin de desigualdad estructural en que se encuentran.

Al igual que racismo y el machismo, la lgtbfobia constituye una violacin de los derechos humanos que debe ser prevenida y combatida con firmeza.

Considero que, a tal efecto, la inclusin de los derechos sexuales en la agenda de los derechos humanos nos plantea una serie de retos que hay que afrontar. Est claro que los desafos pueden variar segn el pas y el contexto de referencia, pero hablo aqu de desafos generales que sirven para definir los grandes temas y problemas a los que hoy se enfrentan los derechos sexuales en clave LGTB.

El primero es la lucha por la despenalizacin mundial de la diversidad sexual y afectiva. Segn datos de la Asociacin Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA), de los ms de 190 pases que actualmente reconoce la ONU, en al menos 80 de ellos los comportamientos no heterosexuales estn perseguidos y castigados. La homosexualidad, por ejemplo, es tratada como un acto delictivo punible con torturas fsicas, penas de prisin e incluso, en una decena de estos pases (Arabia Saud, Sudn, Pakistn, Mauritania, Yemen, Emiratos rabes Unidos, Irn y algunas zonas de Somalia y Nigeria), con la pena de muerte.

En este contexto de violaciones sistemticas amparadas por legislaciones atroces o regresivas, es urgente que los organismos internacionales (organizaciones supraestatales, conferencias internacionales y organizaciones no gubernamentales) que trabajan en la proteccin internacional de los derechos humanos) adopten y exijan adoptar medidas de promocin y antidiscriminacin.

El segundo reto, no menos imperioso, es la lucha por la despatologizacin de la transexualidad para facilitar a este sector de la poblacin el ejercicio de sus derechos sexuales y ciudadanos. Es necesario acabar con la tendencia, alentada por la medicina decimonnica, que equipara diversidad sexual con enfermedad, anormalidad y antinaturalidad y desacreditar, en consecuencia, los modelos teraputicos que afirman curar los desrdenes que padecen las sexualidades desviadas de la norma imperante. Por lo general, los discursos patologizantes se apoyan ms en el prejuicio que en la realidad y suelen tomar como criterios cientficos la moralidad dominante. En el caso de la transexualidad, la idea que subyace a su patologizacin es el presupuesto esencialista de que el gnero est determinado por el sexo biolgico.

El reto de la despatologizacin pasa, como estn haciendo colectivos de todo el mundo, por exigir la retirada inmediata de la transexualidad del CIE-10, la Clasificacin Internacional de Enfermedades de la Organizacin Mundial de la Salud (OMS), que la incluye en el captulo relativo a los trastornos mentales y del comportamiento, concretamente en el apartado dedicado a los trastornos de la identidad de gnero.

El tercer desafo consiste en potenciar una epistemologa emancipadora del cuerpo que reivindique su valor como fuente de (auto)conocimiento, placer y comunicacin. Uno de los principales rasgos que marca la historia del pensamiento sexual occidental es el predominio de la epistemologa represora y culpabilizadora legada por la tradicin platnico-cristiana. En ella, el alma es concebida como la esencia inmortal del ser humano, mientras que el cuerpo, crcel del alma (Platn), es repudiado porque se lo relaciona con la mortalidad, la temporalidad, la instintividad, la emotividad y, en definitiva, con todas las imperfecciones de lo sensible. Esta epistemologa lleva aparejada una moral sexual puritana y represiva que desprecia aspectos ntimamente humanos, como los deseos, los sentimientos o las pasiones, entre otras disposiciones afectivas.

En contraste, la epistemologa emancipadora aprovecha su potencial liberador para cuestionar y desnaturalizar las normas, conductas, estereotipos y creencias incrustadas en nuestro sentido comn por la ideologa sexual dominante, que castiga el ser y el amar de otro modo que no sea el heterosexual.

Entre sus principales enseanzas, y recogiendo muchas de las reivindicaciones contenidas en los derechos sexuales LGTB, se encuentran:

Frente a la sexofobia y la repugnancia del cuerpo, el reconocimiento positivo del ser humano como un ser sexual y corporal.

Frente a la ubicacin de lo sexual en el mbito de lo patolgico, lo prohibido, lo diablico o lo pecaminoso, el disfrute de la sexualidad como una experiencia gratificante, siempre que se realice en un contexto libre de coerciones y opresiones.

Frente a la culpa y la represin, la desculpabilizacin y dignificacin del placer corporal y sexual. Con relacin al cuerpo, la epistemologa emancipadora se aleja del cuerpo-crcel y se acerca a la idea del cuerpo elctrico soado por Whitman [2], donde cuerpo y alma estn armnicamente unidos y cada parte del cuerpo, sin excepcin, merece ser objeto de cuidado y cario: El seno, los pechos, los pezones, la leche del pezn, las lgrimas, la risa, el llanto, las miradas de amor, la amorosa inquietud, las erecciones. [] Afirmo que estas cosas no slo son los poemas del cuerpo, sino tambin del alma. Respecto al placer, un poco ms tarde, a principios del siglo XX, Freud, que dio nfasis al estudio de la sexualidad en la psicologa, nos ense la importancia que tiene la satisfaccin de los impulsos sexuales y record las consecuencias de reprimirlos (conflictos psicolgicos, ansiedad, neurosis)

Frente a la valoracin de la sexualidad exclusivamente en su vertiente reproductora, su reconocimiento como va de maduracin, goce y conocimiento interpersonal.

Frente a la exclusividad heterosexual, el reconocimiento y respeto por las diversas maneras de vivir y expresar la sexualidad. No hay sexualidades ilegtimas, prohibidas o herticas obligadas a recluirse en la soledad y oscuridad del armario, porque el armario es una imposicin del heterosexismo, no una eleccin.

El cuarto reto, estrechamente vinculado al anterior, es la construccin de nuevas masculinidades, puesto que tampoco hay una nica y legtima forma de experimentar la masculinidad y la feminidad. Ello implica demoler el canon de la masculinidad hegemnica, que en trminos generales refuerza la heterosexualidad masculina y sus privilegios, relacionndola con el espacio pblico, el poder poltico y econmico, la fuerza fsica, la racionalidad calculadora, la competitividad y la neutralidad emocional, entre otras caractersticas. La reproduccin social de la masculinidad tradicional es un caldo de cultivo para conductas contrarias a la igualdad, como el machismo, la misoginia, la violencia de gnero y la lgtbfobia. La construccin de masculinidades alternativas pasa necesariamente por generar y adoptar estrategias reflexivas, polticas y educativas de apoyo a la antidiscriminacin y a los derechos sexuales LGTB.

El quinto y ltimo desafo es la promocin de nuevas alianzas entre las redes, plataformas y movimientos que luchan por la emancipacin sexual femenina y LGTB, pero tambin entre los diferentes movimientos que comparten luchas emancipadoras. Vivimos en la poca de la globalizacin neoliberal, que mercantiliza la vida y globaliza el poder patriarcal-heterosexista, un hecho que exige pasar de una poltica de movimientos a una de intermovimientos.

La idea de los derechos sexuales es lo suficientemente potente como para reforzar las conexiones entre grupos (feministas, por los derechos las personas LGTB, varones defensores de la igualdad, grupos por la salud sexual, entre otros) y evitar que trabajen de manera fragmentada. Adems, las nuestras son identidades mltiples y entrecruzadas (mujer trabajadora, madre y lesbiana, por ejemplo), de manera que las coaliciones de movimientos sociales que colaboren y dialoguen entre s son fundamentales. Ya nos lo ense La bola de cristal, el emblemtico programa televisivo: Solo no puedes, con amigos s.

Queda un largo camino por recorrer para alcanzar la transformacin mental y social sin la cual la igualdad efectiva de las personas LGTB seguir siendo una utopa. Sin embargo, muchos de estos retos ya estn en marcha. Pensemos en los logros que en los ltimos aos se han producido en distintos pases del mundo en materia de legislacin pblica sobre diversidad afectiva y sexual. Ahora se trata de no recular y seguir avanzando, lo que abre espacio para imaginar y trabajar por futuros alternativos en los que, como dice Boaventura de Sousa Santos, la diversidad no signifique desigualdad.

Notas

[1] Siglas de Health, Empowerment , Rights and Accountability.

[2] Yo canto al cuerpo elctrico, en Hojas de hierba.


Artculo original del 9 de enero de 2012.

Fuente:http://ateneuperemascaro.org/documentacio/informes/papers-de-l-ateneu-numero-1.html


Antoni Jess Aguil es investigador del Ncleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadana y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coimbra (Portugal).



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