Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-01-2012

Uruguay
La "mano justa" del orden social

Ernesto Herrera
Correspondencia de Prensa


Lunes 9 de enero. En el barrio Malvn Norte. A escasos 25 minutos del centro de Montevideo. Unos 150 vecinos realizan una marcha "contra la inseguridad". Manifiestan su indignacin por un triple crimen ocurrido das atrs. Reparten folletos y demandan "ms justicia", la renuncia del ministro del Interior -el tupamaro Eduardo Bonomi-, y "mano dura" con el delito. Sobre todo esto ltimo.

De pronto, dos jvenes que iban en una motocicleta por la calle simulan un accidente contra un contenedor. Un grupo de mujeres se detienen para ayudarlos. Los motociclistas intentan asaltarlas. Como el robo se frustra uno de los jvenes se baja de la moto y le manotea la cartera a otra mujer que pasaba por all. Los participantes de la marcha reaccionan enfurecidos. Uno de los asaltantes logra huir. El otro no tiene esa suerte. Recibe una brutal agresin. Se salva por un pelo de ser linchado. La foto publicada en los medios de prensa lo muestra ensangrentado, con heridas en el rostro y en el pecho:

www.elpais.com.uy/MostrarImagen.asp?vurl=/anexos/imagen/12/212602.JPG
 
La Polica llega 20 minutos despus. El joven atrapado y golpeado por lo vecinos increpa a sus agresores desde un patrullero donde lo tienen esposado: "Yo robo porque soy pobre, ustedes son unos patoteros porque me dieron una paliza (.) Ustedes tienen plata, yo no tengo para comer".[1]

Luego del incidente la manifestacin sigue su curso. Se escuchan las voces de vecinos y compaeros de trabajo de la familia asesinada: "Este pequeo pas lleg a ser tierra de nadie, te asesinan y te roban". Algunos piden la pena de muerte: "Hay que matarlos, porque dentro de cuatro meses estn afuera otra vez". Otros interpelan: "Dnde estn los polticos y el comisionado de crceles que tanto habla de los derechos humanos, queremos saber qu derechos son esos que masacraron a esta familia y nadie hace nada". Jorge Naso, uno de los organizadores de la protesta y amigo de la familia, resume: "No se trata de cambiar un ministro, es el Frente Amplio que tiene que asumir la lucha contra la delincuencia". Exige ms patrullaje y reclama "mano dura" al presidente Jos Mujica para combatir el delito: "Estn siempre diciendo que van a sacar el ejrcito para la calle, pero terminan tirando la bola para adelante".[2]

No es el primer caso de "justicia por mano propia". Ni el ms grave. Los delincuentes muertos a tiros por sus potenciales vctimas ya son decenas (en su mayora jvenes). Bastante ms de los que mata la propia Polica. El ejercicio de "legtima defensa" se convalida en amplios sectores de la sociedad, tanto como el derecho a estar armado.[3] Tampoco es una novedad que habitantes de una zona se manifiesten contra el "flagelo del delito". Semanas atrs haban marchado en Carrasco (unos 2.500) y en Pocitos (poco ms de 100). Barrio rico uno, de "clase media" el otro. Donde abundan rejas electrificadas, alarmas inteligentes, guardias de seguridad. Y el "miedo al forastero", que invade desde la periferia miserable.

En Malvn Norte, por contraste, habita "poblacin carenciada". Esa que tiene todas las "necesidades bsicas insatisfechas". Es decir, clase trabajadora empobrecida, precarizada, desempleada. Igual que en los otros diez barrios de la capital donde se concentran: la pobreza y la indigencia, los "asentamientos irregulares", el mayor desempleo femenino, la fuerza laboral descalificada, la pobreza infantil, el reciclado de basura, el embarazo adolecente, el analfabetismo funcional. Y el 70% de los jvenes "ni-ni" (ni trabajan, ni estudian).

No obstante, como si de pronto las "fronteras simblicas" de la brecha socio-econmica y territorial se diluyeran, "ricos y pobres" convergen en el terreno de las demandas punitivas. Las ltimas encuestas divulgadas coinciden esta vez con la realidad. El 84% de los consultados est de acuerdo en mantener los antecedentes penales de los "menores infractores"; 69% apoya la baja de imputabilidad hasta los 16 aos (el 40% hasta los 14); 74% quiere ms "presencia policial" en las calles; 86% aprueba los "megaoperativos" represivos en los barrios ms pobres.

La interpretacin lineal de la "inseguridad", dice Rafael Paternain, "y la focalizacin en el delito contra la propiedad cometidos por adolescentes, son la base de sustento de una hegemona conservadora en el mbito de la seguridad".[4] En ese cuadro se inscribe la estrategia de orden pblico del gobierno del Frente Amplio.

El regreso del detective

La democracia, afirman los que mandan, no puede sobrevivir si no hay orden en las calles. Correcto. Si consideramos que se refieren a la democracia de mercado. En la cual la competencia de todos contra todos debe ser "ordenada" de alguna manera. En efecto, la Polica se ocupa de hacerlo, salvaguardando en primer lugar las instituciones y la propiedad privada. Porque la Polica est encargada de defender el orden pblico y de proteger el "inters general" de la sociedad frente a la violencia de aquellos que han decidido "romper el pacto de convivencia ciudadana". Y que, por lo general, son los conocidos de siempre: quines viven "sin cdigos de conducta". O quines fueron perdindolos, segn el Jefe de Polica de Montevideo, por los "efectos no deseados de la evolucin de la sociedad".[5]

A partir de abril de 2011, la jefatura del Ministerio del Interior -asesorada por un equipo de socilogos, antroplogos, siclogos, abogados-, comenz los ajustes en la estrategia. El discurso sobre el peligro de "favelizacin" (as designan a los procesos de segregacin socio-econmica y urbana) es acompaado por otro de "cercana" que enfatiza la "integracin" y la "participacin democrtica". Se pretende restablecer un clima de "cohesin social" para impedir las "disputas territoriales" en aumento. Entre los que poseen y los desposedos.

Por un lado, se implementaron los "operativos de saturacin" o "megaoperativos". Es decir, acciones invasivas en las llamadas "zonas rojas" donde "se refugia el delito". Los resultados fueron desalentadores. O peor. "Esta suerte de guerra preventiva de baja intensidad genera los efectos contrarios: se intensifican las dinmicas perversas de la violencia y se ahondan las brechas de confianza entre la ciudadana y el Estado. Las lamentables consignas publicitarias esgrimidas como lenitivos para revertir la estigmatizacin de ciertos barrios ("yo los defiendo"), son la prueba ms contundente del simplismo mecanicista que controla las acciones".[6]

Por otro lado, las tareas especficas de "disuasin". Visibilizando en primer lugar capacidad de fuego. Para eso la compra de armamento ruso. As, la Guardia Nacional Republicana incorpora a su arsenal 150 fusiles del mtico Kalshnikov; 200 armas cortas adquiridas a la fbrica metalmecnica de Izhvesk; y tres carros blindados Tigre (que pueden transportar entre 9 y 12 efectivos) a "precio de mercado": 280.000 dlares cada uno. Habr, "como lo demanda la gente", 60 patrulleros ms en las calles. Y las telecomunicaciones se "modernizarn" gracias a los equipos comprados a China.

Luego viene "lo que no se ve" pero tiene la mxima eficacia. Segn el Ministerio del Interior, el 70% de los delitos aclarados -y muchos de los que evitan- se debe al trabajo solapado de los policas de civil. El Comisario Inspector Jos Luis Rondn, jefe de Relaciones Pblicas de la Jefatura de Polica, resume la tarea de estos investigadores: "se meten en el mundo de los delincuentes" y los "atacan desde all". Andan en mnibus, circulan por ferias y avenidas, se camuflan en shoppings, partidos de ftbol, recitales de rock. Vigilan las zonas comerciales ms concurridas como la Unin, el Paso Molino, la Comercial. Se infiltran en los barrios perifricos y en aquellas "zonas conflictivas" donde los uniformados no pueden entrar a riesgo de ser recibidos a pedradas y balazos.[7] Nada original. Porque esta actividad de investigacin, dice Rondn, se remonta a "los tiempos napolenicos" y al "famoso detective Peuchet".[8]

El jefe de Relaciones Pblicas de la Jefatura de Polica ha roto con ciertos estereotipos. Combina su profesin represiva con actividades culturales con nios en escuelas y ONGs. No emite sonidos guturales, es bien hablado y aparenta una mediana ilustracin. Es dudoso que conozca realmente la historia de Jacques Peuchet (1758-1830), el archivista policial que con sus informes provey a Marx de valiosa informacin para escribir un ensayo sobre los suicidios en el Pars donde se encontraba exiliado.[9] Pero habla con propiedad. l mismo tiene una experiencia de "muchos aos como polica de particular" o detective, por tanto, sabe del valor de la tarea. Por eso habr ms policas ocultos, espiando. En poco tiempo se pasar de 248 a 500 efectivos. Y una prueba de que el asunto va en serio es la reciente disolucin de la aeja Banda policial. Sus 70 msicos cambiaron de funcin: ahora son detectives de tiempo completo.

Apuntando contra al lumpen

El 18 de diciembre de 2011, en el marco de los actos conmemoratorios del 182 aniversario de la Polica Nacional, el ministro Bonomi anunci el "nuevo" plan estratgico de su cartera. La seguridad, dijo, "es una construccin ciudadana que llevar tiempo, con resultados a largo plazo". Repiti lo que todos saben: "que la seguridad ciudadana es la primera preocupacin de los uruguayos". Critic a los hacen poltica con el tema, porque "debilita la institucionalidad y rompe el puente con la sociedad".[10] Y puso nfasis en el eje principal: no habr "mano blanda" ni "mano dura". La poltica de orden pblico se basa en la idea de "mano justa".

Un da ms amenazador, otro da menos. El discurso cambia segn sea la "sensacin trmica" de la inseguridad (amplificada por los poderes mediticos) y de cmo vengan las presiones polticas de la oposicin. Aunque el marco conceptual es el mismo. Reaccionario por donde se mire. Para Bonomi, los cambios en los mviles sociales y culturales del delito se expresan claramente: "Son cada vez menos los que roban por hambre. Son cada vez ms los que roban en ese marco consumista". Tal cual insiste el presidente Mujica en sus patticas "reflexiones" semanales en la radio, donde la crtica a la "civilizacin del consumo" ocupa un lugar central.

De all cobra fuerza la figura del "lumpen-consumista", el enemigo a combatir. Lo dice Bonomi: "No estamos hablando de la linda pobreza, ni esas personas forman parte de la base social para los cambios, son oposicin a los cambios porque estn con unos valores totalmente ajenos a los cambios. El cambio se basa en el trabajo, esto es todo lo contrario (.) La visin del que te dice que esas personas son producto de la sociedad y qu, por los tanto, los cambios tienen que ser sociales, es cierta. Pero el lumpen consumidor te genera un problema ahora y eso es algo que tiene que resolver el Ministerio del Interior".[11]

An con matices, la tesis es abonada desde la academia. Para Gustavo Leal, socilogo del campo progresista [12] la "fractura social" originada en la crisis de 2002 llev a la "lumpenizacin" de un sector de la sociedad: "Esa lumpenizacin es el apartamiento de un sector de la sociedad de los cdigos compartidos de valores".[13] Hay "un Uruguay excluido" que ronda el 10% y el 15% de la poblacin, que tiene un perfil de "inempleabilidad elevado" y "un bajo nivel educativo". Ante esta realidad, hay una mayora de la sociedad que "se siente amenazada por el Uruguay excluido. No lo conoce y le tiene miedo".[14]

Enemigos del cambio, vagos, ignorantes. Irrecuperables. En todo caso hay que protegerse de ellos. No forman parte de la "linda pobreza" y los planes asistenciales del gobierno que se focalizan en "los ms vulnerables", no consiguieron "integrar" a esta capa social que, finalmente, fue "ganada por el delito". El brazo penal del Estado es la nica solucin. Y las crceles de la miseria siguen llenndose: 9.300 presos. Uno de los ndices, en relacin a la poblacin, ms altos de Amrica Latina.

Una clase trabajadora empobrecida

El 2011 finaliz con un anuncio del gobierno: 154.000 de personas dejaron de ser pobres. Segn el Instituto Nacional de Estadstica (INE), "un 4% de las personas en situacin de pobreza lograron superarla en el ltimo ao". Esto significa, en las cifras oficiales, que habra unos 460.000 pobres en el pas (14%) Los valores divulgados indican que en el ltimo quinquenio, 675.000 uruguayos superaron el "estado de pobreza". En 2006 haba 1:135.000 pobres, el 34,4% de la poblacin.

No obstante, las celebraciones en el progresismo -desde el Frente Amplio al periodismo adicto- ocultan que los parmetros para medir la pobreza son aquellos que ordenan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Por ejemplo: si alguien tiene un ingreso de $7.200 mensuales (360 dlares) ya no es pobre; si el ingreso es de $2.100 mensuales (105 dlares) ya no es indigente. Lo que significa que la tan publicitada "reduccin de la pobreza" es una parodia.

Segn cifras divulgadas por la Encuesta Continua de Hogares del INE: la canasta bsica familiar (dos adultos y un menor y medio) se ubica en $43.000 mensuales (2.150 dlares); el ingreso medio de los hogares es $31.236 (1.561 dlares). Mientras que para el total del pas, el ingreso medio per cpita a valores corrientes (sin aguinaldo y sin valor locativo) se estim en $11.184 mensuales (559 dlares).

Segn el Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT, 813.000 trabajadores (56% de la fuerza laboral empleada), ganan menos de $10.000 mensuales (500 dlares). Otro informe dice: "la masa salarial de Obreros y Empleados cae desde 27,2% del PIB en 1998 hasta 23,5% en 2010. Esto permite concluir que han sido los obreros, empleados y trabajadores dependientes menos calificados quienes sufrieron la mayor prdida salarial en el perodo analizado, lo que se explica tanto por un menor crecimiento relativo del empleo como por un peor desempeo de sus salarios".[15] En cuanto al "mercado de trabajo", la central sindical afirma que pese a los "indicadores generales positivos" (el desempleo se ubica en 5,9%), "el pas contina mostrando dificultades en relacin a la calidad del empleo. Este ao el no registro a la seguridad social afectar a unos 460.000 ocupados, lo que si bien refleja una cada de 5% respecto a 2010 an contina en niveles demasiado elevados".[16] Precariedad salarial y laboral. Empobrecimiento por consecuencia.

El gobierno destaca sus programas sociales y el monto que destina en transferencias monetarias a la "poblacin vulnerable": un milln de dlares diarios (menos del 10% del gasto social total), equivalente al 0,6% del PIB (una cantidad menor que en el gobierno de Tabar Vzquez, que destinaba el 2,5%.). Sin embargo, el paisaje de pobreza se extiende. Alcanzara con constatar el aumento de las personas viviendo en "asentamientos irregulares": 276.000 en todo el pas. Con ver las personas que trabajan en el reciclado de basura: 15.000 en Montevideo y 3.000 en el Interior; con registrar el crecimiento del trabajo infantil (entre 5 y 14 aos): 79.400 nios, de los cuales un 75% realiza labores consideradas peligrosas.

Pero la mejor fotografa del "pas productivo" y, a la vez, el ms contundente desmentido a las opiniones de Bonomi y sus secuaces del Ministerio del Interior, es la realidad del barrio Casavalle (37.517 habitantes). Estigmatizado como una "zona roja" de las ms pesadas, poblada por malhechores y atorrantes, segn una idea generalizada entre la "gente de bien", es el barrio que tiene el menor ndice de desempleo en la capital (2,7%) y uno de los ms bajos del pas. Es decir, los "lumpenes" trabajan y trabajan. Mucho ms que los de Carrasco y Pocitos. No obstante, Casavalle es el barrio con mayor cantidad de hogares pobres (60%).[17]

El gobierno intenta disociar el delito de las causas sociales. Se entiende. Lo contrario sera reconocer no solamente el estado de crisis de sus polticas asistenciales, sino las consecuencias destructivas que produce el programa econmico que pact con las instituciones financieras internacionales y con las corporaciones patronales. Por eso, su estrategia de orden pblico va de la mano con el orden social del capital. Valdra recordarle aquella (y vigente) definicin de Engels: "Y cuando la pobreza del proletariado crece al punto de privarlo de sus medios necesarios de sobrevivencia, cuando desemboca en la miseria y en el hambre, crece ms la tendencia al desprecio por todo el orden social (.) "El desprecio por el orden social se manifiesta con mayor claridad en su extrema expresin, el crimen".[18]
 
La Polica podr sumar e innovar mecanismos de represin al delito. Algunos volvern a fracasar. Otros resultarn eficaces y conformarn a esa ciudadana que demanda "seguridad". Pero el "desprecio social" seguir reproducindose, a la misma velocidad que se reproduce el empobrecimiento de la clase trabajadora y las capas ms explotadas.


Notas

[1] El Pas, 10-1-2012.
[2] Ibdem.
[3] Segn el Ministerio del Interior, hay 1.200.000 armas de fuego en poder de civiles en una poblacin de 3.251.526 (Censo 2011).
[4] Rafael Paternain, fue director del Observatorio de Criminalidad del Ministerio del Interior. "Megaoperativos y pensamiento salvaje", Derechos Humanos en el Uruguay, Informe 2011, Servicio Paz y Justicia (Serpaj).
[5] Inspector mayor Diego Fernndez, entrevista en el programa En Perspectiva, radio Espectador, 3-1-2012.
[6] Rafael Paternain, "Megaoperativos y pensamiento salvaje", ya citado.
[7] Entrevista en el programa En Perspectiva, radio el Espectador, 24-11-2011
[8] Entrevista en radio el Espectador, informativo, 23-11-2011.
[9] K. Marx, "Sobre el suicidio", Boitempo editorial, Sao Paulo, 2008.
[10] Citado por la agencia UyPress, 20-11-2011.
[11] Entrevista en el semanario Bsqueda, citada por Rafael Paternain en "Megaoperativos y pensamiento salvaje".
[12] Integra la ONG "El Abrojo" y dirige el Observatorio Sociodemogrfico del rea Metropolitana en conjunto con la Intendencia Municipal de Montevideo.
[13] Entrevista en el programa En Perspectiva, radio el Espectador, 1-9-2011.
[14] Gustavo Leal, columna en Montevideo Portal, 29-11-2011.
[15] "La masa salarial entre 1998 y 2010". Instituto Cuesta-Duarte, PIT-CNT, diciembre 2011.
[16] Informe de coyuntura trimestral. Instituto Cuesta-Duarte, PIT-CNT, diciembre 2011.
[17] "Montevideo: una ciudad de varias caras". El Pas, 18-12-2011.
[18] F. Engels, "La situacin de la clase obrera en Inglaterra", Editorial Esencias, Buenos Aires, 1974.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter