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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2012

Aniversario del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht

David Arrabal
Mundo Obrero


Hace 93 aos, la noche del 15 de enero de 1919, en Berln, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho ms de los 48 aos que tena.

Uno de los soldados que la rodeaban, le oblig a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestbulo del Hotel Eden le salud con insultos. Ella alz su frente ante la multitud y mir a los soldados y a los huspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, la rosa roja, la juda.

Le insultaron: Rosita, ah viene la vieja puta. Ellos odiaban todo lo que esta mujer haba representado en Alemania durante dos dcadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposicin a la guerra, que ellos haban perdido en noviembre de 1918. En los das previos los soldados haban aplastado el levantamiento de trabajadores en Berln. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les haba desafiado en su ltimo artculo:

‎'El Orden reina en Berln! Estpidos secuaces! Vuestro Orden est construido en arena. Maana la revolucin se alzar ella misma con un estruendo y anunciar con una fanfarria, para vuestro terror: YO FUI, YO SOY, YO SER!

La empujaron y golpearon. Rosa se levant. Para entonces casi haban alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, segn le haban comunicado, la conduciran a la prisin. Pero uno de los soldados se fue hacia ella levantando su arma y le golpe en la cabeza con la culata. Ella cay al suelo. El soldado le propin un segundo golpe en la sien. El hombre se llamaba Runge. El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedeca rdenes cuando golpe a Rosa Luxemburgo. Poco antes l haba derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. Tambin a l le haban arrastrado por el vestbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehculo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrs. Haca poco que el coche haba arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa. Se pudo escuchar en el hotel.

La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadver desde un puente al canal. Al da siguiente todo Berln saba ya que la mujer que en los ltimos veinte aos haba desafiado a todos los poderosos y que haba cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta. Mientras se buscaba su cadver, un Bertold Brecht de 21 aos escriba:

La Rosa roja ahora tambin ha desaparecido.
Dnde se encuentra es desconocido.
Porque ella a los pobres la verdad ha dicho.
Los ricos del mundo la han extinguido.

Pocos meses despus, el 31 de mayo, se encontr el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se poda reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo haca tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterr el 13 de junio.

En el ao 1962, 43 aos despus de su muerte, el Gobierno Federal alemn declar que su asesinato haba sido una ejecucin acorde con la ley marcial. Hace slo doce aos que una investigacin oficial concluy que las tropas de asalto, que haban recibido rdenes y dinero de los gobernantes socialdemcratas, fueron los autores materiales de su muerte y la de Karl Liebknecht. Rosa Luxemburgo fue asesinada por las tropas de asalto al servicio de la socialdemocracia. Junto a ella muri su camarada Karl Liebknecht. Haba nacido el 5 de marzo de 1871. Mucha gente sigue la tradicin de la Alemania oriental de asistir a la manifestacin para recordarla, su respeto lo demuestran depositando claveles rojos en el monumento dedicado a la Rosa Roja y a los socialistas y comunistas que trabajaron por un mundo mejor.Qu extraordinario es el tiempo que vivimos, escriba Rosa Luxemburgo en 1906. Extraordinario tiempo que propone problemas enormes y espolea el pensamiento, que suscita la crtica, la irona y la profundidad, que estimula las pasiones y, ante todo, un tiempo fructfero, preado. Rosa Luxemburgo vivi y muri en un tiempo de transicin, como el nuestro, en el que un mundo viejo se hunda y otro surga de los escombros de la guerra.

Sus compaeros intentaron construir el socialismo, sus asesinos y enemigos ayudaron a Adolf Hitler a subir al poder. Hoy, cuando el capitalismo demuestra una vez ms que la guerra no es un accidente, sino una parte irrenunciable de su estrategia. Cuando los partidos y organizaciones tradicionales se ven en la obligacin de cuestionar sus formas de actuar ante el abandono de las masas. Cuando la izquierda transformadora aboga exclusivamente por el parlamentarismo como va para el cambio social. Cuando nos encontramos ante una enorme crisis del modelo de democracia representativa y los argumentos polticos se reducen al voto til. Hoy, decimos, Rosa Luxemburgo se convierte en referente indispensable en los grandes debates de la izquierda. No es sino su voz la que se escucha bajo el lema, aparentemente novedoso: Otro mundo es posible. Ella lo formul con un poco ms de urgencia: Socialismo o barbarie. Su pensamiento, su compromiso y su desbordante humanidad nos sirven de referencia en nuestra lucha para que este nuevo siglo no sea tambin el de la barbarie.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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