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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2012

Decrecimiento justo o barbarie

Yayo Herrero y Luis Gonzlez Reyes
Revista Pueblos


En nuestra sociedad, que podra llamarse la sociedad del exceso, paradjicamente la mayor parte de las cosas importantes o imprescindibles van a menos. Las reservas pesqueras disminuyen de forma alarmante debido al exceso de pesca; el petrleo, base de nuestra organizacin econmica, empieza a agotarse a causa de la extraccin excesiva; el equilibrio climtico se quiebra debido al exceso de transporte motorizado; los ecosistemas se fraccionan y deterioran debido al exceso de cemento y hormign; el agua, el aire y el suelo se envenenan debido al uso excesivo de productos qumicos; las desigualdades sociales se profundizan porque existe una acumulacin y consumo excesivo de bienes por parte de una minora; la articulacin social que garantizaba los cuidados se est destruyendo, entre otras cosas, porque hombres y mujeres deben dedicar un tiempo excesivo a trabajar para el mercado; la diversidad social y cultural desaparece ante los excesos de un modelo homogeneizador.

Si los problemas que afrontamos estn causados por una extraccin excesiva de recursos, por la ingente generacin de residuos, por la incautacin excesiva de los tiempos para la vida por parte del mercado y por una acumulacin obscena de riqueza por una parte de la humanidad; si los problemas que colocan la vida, tal y como la conocemos, en situacin de riesgo vienen dados por la extralimitacin, es fcil imaginar por dnde tendrn que ir las soluciones.

Si el planeta est sujeto a lmites, en su seno nada puede crecer indefinidamente. El ineludible hecho de que el sistema econmico se encuentre dentro de la biosfera, de que requiera materiales y energa, y de que emita residuos y calor, implica que no puede sostenerse sobre el crecimiento ilimitado. El camino hacia la sostenibilidad pasa forzosamente por la disminucin de la extraccin y la generacin de residuos de las poblaciones que ms lo hacemos.

La adiccin al crecimiento del capitalismo

Vivimos en un sistema, el capitalista, que funciona con una nica premisa: maximizar el beneficio individual en el menor tiempo. Uno de sus corolarios inevitables es que el consumo de recursos y la produccin de residuos no puede parar de crecer.

Vemoslo con un ejemplo. El Banco Santander toma prestados unos millones de euros del BCE y despus se los presta, a un tipo de inters mayor, a Sacyr-Vallehermoso, para que pueda comprar el 20 por ciento de Repsol-YPF. Para que Sacyr rentabilice su inversin y le devuelva el prstamo al Santander y ste a su vez al BCE, Repsol no puede parar de crecer. Si no hay crecimiento, la espiral de crditos se derrumba y el sistema se viene abajo.

Y cmo crece Repsol? Vendiendo ms gasolina y aumentando el cambio climtico, recortando los costes salariales, extrayendo ms petrleo incluso de Parques Nacionales o de reservas indgenas, bajando las condiciones de seguridad [1]... En definitiva, a costa de las poblaciones de las zonas perifricas y de la naturaleza.

Y esto tambin es aplicable al mbito de la economa financiera, ya que se articula sobre la productiva, que es sobre la que tiene que ejercer, en ltimo trmino, su capacidad de compra.

Por lo tanto, el capitalismo es intrnsecamente incompatible con los lmites fsicos del planeta. Por ello ha ido desarrollando toda una serie de pseudo-soluciones que intentan demostrar que se puede seguir creciendo indefinidamente en un planeta de recursos limitados. Entre ellas destaca la promesa de la desmaterializacin de la economa a partir de la ecoeficiencia. La eficiencia es condicin necesaria pero no suficiente. El efecto rebote que ha acompaado a muchas innovaciones tecnolgicas que pretendan desmaterializar la economa da buena muestra de ello.

Decrecimiento y calidad de vida

Cuando la poblacin vive en condiciones de miseria, incrementos en el consumo de recursos y energa se asocian directamente con el aumento de la calidad de vida. Esto est claro en varios indicadores, como el aumento de la esperanza de vida, el acceso a la educacin o la felicidad.

Sin embargo, a partir de un determinado umbral, esa correlacin se pierde. Por ejemplo, incrementos continuados en el consumo de energa por encima de una tonelada equivalente de petrleo por persona y ao no van acompaados de incrementos significativos en indicadores como la esperanza de vida, la mortalidad infantil o el ndice de educacin [2]. Una tonelada equivalente de petrleo es el consumo energtico aproximado de Uruguay y Costa Rica, que tienen indicadores de calidad de vida similares, aunque algo menores, a Espaa, cuyo consumo ronda las 3,6 toneladas.

Esta cifra podra ser un punto de referencia que respondiese a la pregunta de hasta dnde decrecer?, aunque podramos tomar otras referencias ms bajas, como la de los/las habitantes de Can Masdeu, en la periferia de Barcelona, que tienen una calidad de vida excelente con un consumo que ronda el cuarto de esa tonelada equivalente de petrleo [3].

Otros estudios, en EEUU [4] o Irlanda [5], apuntan a que la felicidad tampoco guarda una correlacin con el crecimiento a partir de determinado lmite.

Decrecimiento y trabajo

Ajustarse a los lmites del planeta requiere reducir y reconvertir aquellos sectores de actividad que nos abocan al deterioro, e impulsar aquellos otros que son compatibles y necesarios para la conservacin de los ecosistemas y la reproduccin social.

Nuestra sociedad ha identificado el trabajo exclusivamente con el empleo remunerado. Se invisibilizan as los trabajos que se centran en la sostenibilidad de la vida (crianza, alimentacin, cuidados a personas mayores o enfermas) que, siendo imprescindibles, no siguen la lgica capitalista. El sistema no puede pagar los costes de reproduccin social, ni tampoco puede subsistir sin ella, por eso esa inmensa cantidad de trabajo permanece oculta y cargada sobre las mujeres. Cualquier sociedad que se quiera orientar hacia la sostenibilidad debe reorganizar su modelo de trabajo para incorporar las actividades de cuidados como una preocupacin colectiva de primer orden.

Pero adems es necesaria una gran reflexin sobre el empleo remunerado. Es evidente que un frenazo en el modelo econmico actual termina desembocando en despidos. Hay trabajos que no son socialmente deseables, como las centrales nucleares, el sector del automvil o los empleos que creados alrededor de burbujas financieras. Las que s son necesarias son las personas y, por tanto, el progresivo desmantelamiento de determinados sectores tendra que ir acompaado por un plan de reestructuracin en un marco de fuertes coberturas sociales pblicas.

El avance hacia la sostenibilidad creara nuevos empleos en sectores que ya son fuertes generadores de trabajo, como las renovables, el reciclaje o el transporte pblico [6]. Adems la red pblica de servicios bsicos debern crecer. Por ltimo, la reduccin del consumo de energa, inevitable por otra parte, y el replanteamiento de la utilizacin de tecnologa de alto nivel, implicarn una mayor intensidad en el trabajo y, por lo tanto, la necesidad de ms empleo.

En todo caso hay informes [7] que apuntan que necesitamos trabajar menos para mantener el sistema de produccin que tenemos. Por lo tanto, ya hoy, con un reparto adecuado del trabajo, nuestra jornada laboral, incluyendo las labores de cuidados, disminuira notablemente. Esto centra el foco de discusin social en el reparto del trabajo, no en la creacin de ms empleo. Desde esta perspectiva, el enfoque del sindicalismo mayoritario debera volver a reivindicaciones anteriores, como la jornada de 35 horas.

Igualdad y distribucin de la pobreza

La economa neoclsica presenta una receta mgica para alcanzar el bienestar: incrementar el tamao de la tarta, es decir, crecer, soslayando as la incmoda cuestin del reparto. Sin embargo, el crecimiento contradice las leyes fundamentales de la naturaleza. As, el bienestar vuelve a relacionarse con la distribucin.

Reducir las desigualdades nos sumerge en el debate sobre la propiedad. Nos encontramos en una sociedad que defiende la igualdad de derechos entre las personas y sin embargo asume con naturalidad enormes diferencias en los derechos de propiedad. En una cultura de la sostenibilidad habra que diferenciar entre la propiedad ligada al uso de la vivienda o el trabajo de la tierra, de la ligada a la acumulacin y poner coto a la ltima.

En qu hay que decrecer?

Reducir el tamao de una esfera econmica no es una opcin que podamos escoger. El agotamiento del petrleo y de los minerales, y el cambio climtico van a obligar a ello. Esta adaptacin puede producirse por la va de la pelea feroz por los recursos decrecientes, o mediante un reajuste colectivo con criterios de equidad. El decrecimiento puede abordarse desde prcticas individuales, comunitarias y tambin a nivel macro. Entre ellas resaltamos algunas, sobre todo centradas en el nivel macro:

Introducir lmites al uso de recursos

Reducir el consumo en los pases del Norte para igualarlo con el Sur, que debera aumentar hasta poder garantizar la salida de la miseria de sus poblaciones. Una iniciativa en este sentido es poner un lmite mximo de uso de recursos.

Estudiar la puesta en marcha de una huella ecolgica de consumo mximo por persona en forma de tarjeta de dbito de impactos.

Prohibir la produccin en sectores que destruyan la vida.

Reducir los residuos.

Medidas de aumento de la eficiencia.

Aumentar la participacin de los elementos renovables en la economa, ya sea en forma de energa o en forma de materia, sin olvidar que van a poder cubrir un consumo inferior al que tenemos en la actualidad [8].

Medidas de sensibilizacin a la poblacin sobre los lmites del planeta.

Priorizar los circuitos cortos de distribucin

Incentivar una reruralizacin de la poblacin.

Promocionar un urbanismo compacto, de cercana y bioclimtico.

Fomento de grupos de consumo y mercados locales.

Poner lmites a la creacin de dinero

Anclaje de las monedas a valores fsicos como una bolsa de alimentos bsicos o de minerales estratgicos o a la cantidad de poblacin.

Prohibicin de que los bancos creen dinero saltndose sus depsitos. Eliminacin de los mecanismos de titularizacin de la deuda.

Promocin de monedas locales y redes de trueque. Internalizacin de costes

Puesta en marcha de un sistema de ecostasas finalistas y redistributivas.

Responsabilidad por parte de los fabricantes de todo el ciclo de vida del producto.

Introducir ms controles a la produccin no ecolgica que a la ecolgica.

Polticas activas de fomento de la economa ecolgica y solidaria

Volver a hacer pblico el control de los sectores estratgicos, como el energtico o la banca.

Medidas para el reparto de la riqueza y la limitacin de la capacidad adquisitiva: renta mxima y reparto del trabajo (productivo y reproductivo).

Introducir como nicos los criterios sociales y ambientales en las polticas pblicas de subvenciones.

Etiquetado de trazabilidad del producto indicando las formas de produccin y de transporte.

Poltica de compras verdes y justas por parte de las administraciones pblicas.

Disminuir incentivos al consumo. Un ejemplo sera la limitacin y el control de la publicidad.

Yayo Herrero y Luis Gonzlez Reyes son miembros de Ecologistas en Accin.

Notas:

[1] Marc Gavald y Jess Carrin, Repsol YPF, un discurso socialmente irresponsable, gora Nord-Sud y Observatori del Deute en la Globalitzaci, 2007.

[2] Rosa Lago e Iaki Brcena, A la bsqueda de alternativas, en Iaki Brcena, Rosa Lago y Unai Villalba (eds.), Energa y deuda ecolgica, Icaria, 2009.

[3] Ibidem.

[4] Avner Offer, The Challenge of Affluence, Oxford University Press, 2006.

[5] Manfred Max-Neef, Economa transdisciplinaria para la sustentabilidad, 2005.

[6] Wordwatch Institute, Empleos verdes: Hacia el trabajo decente en un mundo sostenible con bajas emisiones de carbono, PNUMA, 2008.

[7] Anna Coote, Jane Franklin y Andrew Simms, 21 horas, Nef y Ecopoltica, 2010.

[8] Puede consultarse online la propuesta de Ecologistas en Accin.

Este artculo ha sido publicado en el n 49 de Pueblos - Revista de Informacin y Debate, especial diciembre 2011

Est basado en otro publicado anteriormente en Viento Sur n 118 de septiembre de 2011

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article2308



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