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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2012

Conversin

Jorge Riechmann
Rebelin


En el coloquio que sigui a la conferencia del 12 de enero en la Escuela de Relaciones Laborales de la UCM (primera sesin del curso Crisis global, luchas de la dignidad y proyectos alternativos), Juan Carlos Monedero insista en la necesidad de perspectivas positivas para no sumir a la gente en la desmoralizacin, el desnimo y el miedo paralizante. Y tiene razn. Pero qu clase de perspectivas positivas?

Pues es el caso que (A) necesitamos asustarnos para reaccionar; lo que nos inquieta es ese delicado equilibrio que habra que lograr, de forma que el susto nos estimule, pero no nos paralice. Y (B) sabemos que la transicin a un mundo ms austero y sostenible no implicara slo renuncias, sino tambin ganancias. Se trata de vivir bien con menos (ttulo del librito que publiqu, junto con Manfred Linz y Joaquim Sempere, hace un par de aos en la editorial Icaria). Perderamos en gadgets enfermos de obsolescencia programada, por ejemplo, y ganaramos en placeres de rica socialidad, pongamos por caso (y recurdese que somos Homo compensator, como le place recordarnos a Odo Marquard). Pero el problema, el enorme problema es que ser capaces de apreciar esas ganancias como tales casi siempre implica ya vivir desde un conjunto de valores diferente los nuevos valores postransicin, en vez de los viejos valores consumistas. El despus, con una suerte de retroaccin dialctica, tiene que aparselas para engendrar al antes

Si nos damos cuenta por ejemplo de que el nivel actual de desplazamientos en avin es insostenible e injusto (se ha pasado de 528 millones de desplazamientos tursticos internacionales en 1995 a980 en 2011, y la Organizacin Mundial del Turismo prev ms de mil millones en 2012; la parte del len de estos desplazamientos se la lleva el medio de transporte con mayor impacto ambiental, precisamente el avin), si nos damos cuenta de que la decencia ecolgica y la justicia medioambiental aconsejan renunciar al avin, y decimos: est bien, volvamos a viajar lentamente en barco, necesitamos ya haber revalorizado la lentitud para poder apreciar ese cambio como una ganancia, y no como una dolorosa prdida. (Dejo aqu de lado la importante cuestin de las constricciones estructurales a la velocidad que en algunos casos sencillamente nos impedirn optar.)

De este callejn sin salida no se sale sin un salto. No podr emerger una cultura de la frugalidad no represiva (y laica) sin una transformacin profunda de las concepciones vigentes acerca del placer, la satisfaccin, la felicidad, la vida buena. Y qu querra decir profunda en este contexto? Manuel Sacristn sugiri lo siguiente:

Todos estos problemas tienen un denominador comn, que es la transformacin de la vida cotidiana y de la consciencia de la vida cotidiana. Un sujeto que no sea ni opresor de la mujer, ni violento culturalmente, ni destructor de la naturaleza, no nos engaemos, es un individuo que tiene que haber sufrido un cambio importante. Si les parece, para llamarles la atencin, aunque sea un poco provocador: tiene que ser un individuo que haya experimentado lo que en las tradiciones religiosas se llamaba una conversin. () Mientras la gente siga pensando que tener un automvil es fundamental, esa gente es incapaz de construir una sociedad comunista, una sociedad no opresora, una sociedad pacfica y una sociedad no destructora de la naturaleza.[1]

Vale la pena recordar que este tema de la conversin ocupaba tambin a Cornelius Castoriadis, ms o menos por los mismos aos que a Sacristn. As, el pensador griego (o greco-francs, si se quiere) evocaba la instauracin de una verdadera democracia como transformacin radical de lo que los seres humanos consideran importante y sin importancia, valioso y sin valor, en una palabra, una transformacin psquica y antropolgica profunda, y con la creacin paralela de nuevas formas de vida y de nuevas significaciones en todos los dominios. Y segua: Tal vez estamos muy lejos de ello, tal vez no. La transformacin social e histrica ms importante de la poca contempornea, que todos hemos podido observar durante la ltima dcada, pues fue entonces cuando se hizo verdaderamente manifiesta, pero que se encontraba en curso desde haca tres cuartos de siglo, no es la revolucin rusa ni la revolucin burocrtica en China, sino el cambio de la situacin de la mujer y de su papel en la sociedad.[2]


[1] Manuel Sacristn: conferencia Tradicin marxista y nuevos problemas (Sabadell, 3 de noviembre de 1983), ahora en Seis conferencias Sobre la tradicin marxista y los nuevos problemas, edicin de Salvador Lpez Arnal, Los Libros del Viejo Topo, Barcelona 2005.

[2] Cornelius Castoriadis, Reflexiones sobre el desarrollo y la racionalidad, en Jacques Attali, Cornelius Castoriadis, Jean-Marie Domenach y otros: El mito del desarrollo, Kairs, Barcelona 1980, p. 216.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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