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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2012

Entrevista a Jnatham F. Moriche, colaborador de medios de informacin alternativa, sobre la situacin poltica extremea
La lnea poltica adoptada por Izquierda Unida de Extremadura est resultando inequvocamente positiva para la regin

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


El pasado mes de julio, y tras una dura polmica que adquiri alcance estatal, la abstencin de los tres diputados de Izquierda Unida en la Asamblea de Extremadura permiti al Partido Popular, con mayora minoritaria en la cmara, constituir su primer gobierno en la historia autonmica extremea. Das despus de las elecciones generales del 20-N y en vsperas del debate de los Presupuestos extremeos de 2012, la mitad de la direccin regional de IU presentaba su dimisin, reabriendo el debate sobre aquella decisin de abstencin y el modo en que esta ha sido gestionada. Finalmente, a mediados de este mes de enero Izquierda Unida de Extremadura permita con su abstencin la aprobacin de los primeros presupuestos regionales del PP.

Recabamos la opinin al respecto de estos acontecimientos de Jnatham  F. Moriche, militante de Izquierda Unida en Extremadura y firma habitual en Rebelin, Kaosenlared y otros espacios de comunicacin alternativa.

- Ocho meses despus de las elecciones autonmicas de mayo de 2011, tras la decisin de Izquierda Unida de Extremadura respecto a la eleccin de la nueva presidencia extremea, crees que la ciudadana, y concretamente sus sectores de izquierda, han comprendido la decisin que tomasteis?

- La ciudadana y la izquierda extremeas, mayoritariamente s. Aunque comprendo que, fuera de Extremadura, se diesen reacciones de sorpresa y hasta de consternacin, debido al muy pobre conocimiento del contexto especfico en que aquella decisin se tomaba. Porque sin atender a su contexto, claro que nuestra decisin puede parecer un disparate! Y por desgracia, ya fuese por pereza intelectual, ya por malicia poltica, nuestra decisin se abord desde los grandes medios de comunicacin de difusin estatal (con unas pocas y honrosas excepciones) de manera absolutamente apriorstica, descontextualizada, casi siempre por analoga con otras situaciones pasadas o presentes vividas aqu o all, y muy rara vez con referencias slidas y veraces a la propia realidad extremea. Pero, como adverta Marx, sucesos notablemente anlogos, pero que tienen lugar en medios histricos diferentes, conducen a resultados totalmente distintos. Y ese medio histrico especfico extremeo es un casi completo desconocido puertas afuera de la regin. Cunta informacin poltica en profundidad sobre Extremadura han ofrecido los medios generalistas (y alternativos) espaoles entre la muerte de Franco y las elecciones autonmicas del 22-M? Seguramente, bastante menos que la condensada en estos meses posteriores. Toda la complejidad y problematicidad de la historia poltica extremea de los ltimos cuarenta aos, desde nuestra convulsa Transicin y pre-autonoma hasta nuestra no menos convulsa actualidad, ha quedado deficientemente simplificada bajo esa etiqueta, tan til y grata a los medios de masas, que ha sido la de feudo socialista. Evidentemente, la Extremadura real es otra cosa muy distinta, no est en la crnica poltica de El Pas o El Mundo, ni mucho menos en las idlicas postales de buitres negros, cerezos en flor y ruinas romanas de sus suplementos de viajes.

- Y cules seran, en tu opinin, y siguiendo el razonable consejo del clsico de Trveris, aquellos rasgos del medio histrico extremeo a tener ms en cuenta a la hora de poner en contexto vuestra decisin?

- Permteme dar un rodeo, extenso pero imprescindible, para responder esta pregunta. Entre la muerte de Franco en 1975 y la aprobacin del Estatuto de Autonoma en 1983, Extremadura vivi un perodo de notable vitalidad social, poltica y cultural, durante el que se articul un discurso transformador en el que confluan, de un lado, la evocacin de la historia de resistencias antisistmicas extremeas (el maquis en el franquismo, la insurreccin yuntera en la II Repblica, las rebeldas primitivas contra el caciquismo en el siglo XIX,...) y sus represiones (con el horripilante genocidio cometido en 1936 por la columna de la muerte franquista a su paso por Extremadura como clmax), y del otro, el anlisis econmico marxista de la teora de la dependencia, que interpretaba el subdesarrollo extremeo como resultado del papel de colonia intrametropolitana que el capitalismo hispnico nos ha reservado desde tiempos de los Reyes Catlicos, cinco siglos de sistemtico e ininterrumpido saqueo de riqueza humana y material, que en la modernidad se reedita en forma de expolio ecolgico a gran escala, cuya punta de lanza era, en los estertores del franquismo, el proyecto de la que hubiera sido, junto a la de Almaraz (iniciada en 1973 y puesta en servicio en 1981), la segunda central nuclear extremea: Valdecaballeros.

Este discurso, que conjugaba resistencias de clase, memoria histrica democrtica, reivindicacin descolonizadora y ecologismo antidesarrollista, se forja una slida fundamentacin cientfica e historiogrfica en estudios como el volumen colectivo Extremadura saqueada (1978) que coordin Jos Manuel Naredo (un completo programa de transicin hacia el desarrollo sostenible y autnomo de Extremadura), y no menor altura potica en manifiestos como Extremadura afn de miseria (1979), de mi paisano hervasense Vctor Chamorro, un extraordinario libro de combate que signific para aquella generacin de las izquierdas extremeas algo muy parecido a Las venas abiertas de Amrica Latina de Galeano para sus coetneas del otro lado del Atlntico. Ese era el marco discursivo en que confluan las decenas de miles de extremeos que marcharon sobre Villanueva de la Serena el 1 de septiembre de 1979, desbordando la represin policial ucedista en un gigantesco acto de desobediencia civil de masas (est autorizada o no, la manifestacin se va a celebrar) destinado a solidarizarse con los 130 alcaldes extremeos (sobre todo del PCE y el PSOE, pero tambin de UCD y otros) encerrados en el Ayuntamiento villanovense en protesta contra la central de Valdecaballeros.

El entonces diputado socialista Juan Carlos Rodrguez Ibarra est all, junto a los encerrados. Y en los aos que siguen, hasta la proclamacin del Estatuto de Autonoma en 1983, y an despus, ya como Presidente de la Junta, Rodrguez Ibarra consigue asimilar aquel discurso e instrumentalizar aquella movilizacin colectiva, hasta casi fagocitarlos por entero. Con una mano, coopta a parte de sus activistas e idelogos (Juan Serna, Artemio Baigorri) para el aparato institucional. Con la otra, estrangula a los sectores del PSOE que con mayor legitimidad y veracidad hubieran en realidad podido defender ese discurso (como la entonces extendida y radicalizada Izquierda Socialista extremea liderada por Pablo Castellano). Y a pescozones, lamina el espacio poltico a la izquierda del PSOE (PCE, PT, ORT,...), al que arrebata con voracidad discurso, lderes, cuadros, militantes y votos. De esa acumulacin primitiva de legitimidad se alimenta en origen la hegemona cultural y la mayora electoral de las que ha gozado el PSOE en Extremadura durante casi treinta aos.

- Cul sera tu balance de esas tres dcadas de gobiernos autonmicos socialistas?

El relato oficial de estos treinta aos de historia extremea ha sido el de un extraordinario salto adelante econmico, social y cultural, acaudillado por un pionero rebelde y visionario, un revolucionario institucional (con todas las connotaciones mexicanas que quieras suponerle a esta expresin). Este relato merece muchas matizaciones, empezando por ese ridculo culto a la personalidad desarrollado en torno a Rodrguez Ibarra. Ms all de la paralizacin de Valdecaballeros (que, evidentemente, no puede atribursele en solitario ni a Rodrguez Ibarra ni a su partido) y la expropiacin de un par de secarrales a la Casa de Alba, hay al final muy poco de antisistmico en la trayectoria presidencial de Rodrguez Ibarra. Es cierto que las transferencias exteriores, significativamente elevadas tras la entrada de Espaa en la UE y la designacin de nuestra regin como objetivo prioritario de sus polticas de desarrollo, han permitido a la Junta hacer una poltica enormemente expansiva en materia de polticas sociales, dinamizacin cultural o infraestructuras, que, si slo miramos a travs del prisma macroeconmico y sus grandes cifras, podra confundirse con una poltica econmica intervencionista de orientacin socialdemcrata. Pero en la trastienda del carteln de esa Marca Extremadura desarrollada por el ibarrismo hay un desbarajuste fenomenal en lo econmico y un envilecimiento terrible en lo poltico.

En el plano poltico, y detrs de la fachada de progresismo institucional, en Extremadura se ha desarrollado un rgimen de partido de bienestar que, ms all del ejercicio del poder ejecutivo y legislativo, ha infiltrado hasta el tutano la administracin, la sociedad civil y la esfera pblica extremeas, y que no ha escatimado rudezas para despejarse el terreno de opositores, empezando por un frreo control de la prensa regional y el debate pblico en general (lo que han padecido tanto movimientos sociales como la Plataforma Ciudadana Refinera No o las Asambleas de Parados y Precarios de la regin, como algunos de nuestros mejores creadores -el escritor Vctor Chamorro, el msico Robe Iniesta, el cineasta Pepe Camello...-, marginados o excluidos del mundillo cultural oficialista por disentir del triunfalismo obligatorio). Respecto a las polticas econmicas, absolutamente subordinadas a los intereses orgnicos del PSOE, han sido pertinaz, sistemtica e incorregiblemente incapaces de atacar los altsimos porcentajes de paro estructural y desigualdad de renta, no han propiciado la creacin de un autntico crecimiento econmico endgeno, aunque s han ido inflando al cargo de las suculentas transferencias exteriores sucesivas burbujas (tecnolgica, turstica, energtica), en un prolongado y costoso viaje econmico a ninguna parte que ya estaba agotado en 2008 y la presente crisis ha terminado por desarbolar. En 1996, el historiador econmico Santiago Zapata (en La industria de una regin no industrializada) se preguntaba si se est aprovechando correctamente esta excepcional oportunidad de las transferencias para modificar la inadecuada estructura productiva de la economa extremea y adverta que el estrechamiento de ese caudal de financiacin exterior poda estar a la vuelta de la esquina. Quince aos y bastantes miles de millones de euros despilfarrados despus, la endmica debilidad estructural de nuestra economa no slo no se ha superado, sino que ha multiplicado el impacto local de la crisis econmica global, y para colmo el man de las transferencias parece estar llegando, esta vez s, a su fin.

En la ltima legislatura socialista se duplica el desempleo en la regin y miles de familias pasan a vivir por debajo del umbral de la pobreza, mientras ante la mirada atnita de los extremeos van desfilando las chapuzas y los escndalos poltico-empresariales que se han cobrado en poco tiempo muchas de las joyas de la corona del sector productivo extremeo: Carcesa, Monprint, Caval, Lusogrficas, Joca,... Corona este rosario de despropsitos el gigantesco pufo de la Institucin Ferial dombenitense FEVAL, cuyos escabrosos detalles conoci la ciudadana pocos das antes de las elecciones autonmicas: el complejo subterrneo restringido con pista de squash y piscina de olas, las mariscadas a domicilio y dems lujos mesopotmicos con que, a costa del erario pblico, se agasajaban los dirigentes de FEVAL y sus allegados, desprendan ya un acentuado hedor al fin de rgimen que terminan de sentenciar el 22 de mayo los extremeos en las urnas.

Sin conocer estos hechos, y sin hacer un cierto esfuerzo de empata hacia la sociedad que los ha vivido y sufrido, entiendo que resulta difcil entender nuestra decisin de junio. Lo que Izquierda Unida de Extremadura posibilit con su abstencin no fue tanto un cambio de gobierno como un cambio de ciclo poltico, una renovacin en profundidad de la misma estructura de posibilidad poltica de la regin, algo que, por encima del reparto de escaos, demandaba una mayora electoral holgada, decidida a desbancar al PSOE despus de treinta aos de poder ininterrumpido, omnmodo y, en no pocas ocasiones, despticamente ejercido.

El compromiso histrico de Izquierda Unida de Extremadura que subyace a nuestra abstencin no es con el PP, sino con esa mayora social extremea que en mayo dijo cambio, incluyendo a las decenas de miles de votantes socialistas que votaron al PP o se abstuvieron con afn puramente destituyente. Si la abstencin de los diputados de Izquierda Unida en la Asamblea fue activa, como insisten en denominarla sus damnificados y detractores, no lo fue en favor del PP, sino de esa voluntad colectiva mayoritaria del pueblo extremeo de abrir un nuevo tiempo en su historia poltica. No el tiempo de izquierdas que algunos hubisemos preferido, es cierto, pero s un tiempo en que hacer poltica en Extremadura, de izquierdas o de derechas, sea posible. Un tiempo para, como dijo el compaero Manuel Caada, disolver el cortijo. Como programa de transicin para esta legislatura, me parece perfectamente razonable y asumible por parte de una organizacin de izquierdas consciente de sus responsabilidades histricas, y atenta a la voluntad de la sociedad a la que pretende representar. Donde no existe o sobrevive malherida, una democracia mejor es siempre un objetivo revolucionario, sobre el cual pueden excepcionalmente confluir fuerzas e intereses muy diversos.

- Dices compromiso histrico en el sentido berlingueriano del trmino? Sugieres que la decisin de Izquierda Unida de Extremadura en 2011 y la poltica de compromesso storico del PCI en los aos setenta pueden estar de algn modo emparentadas?

- S. Con esa prudencia que recomendaba Marx y citbamos antes respecto al manejo de analogas, pero s. Lo que Berlinguer planteaba era un pacto de salida a una situacin grave y enconada de descomposicin institucional y desmoronamiento econmico, concertada de modo transversal al eje izquierda-derecha, frente a un tercer actor que en el fondo ya ni siquiera es ideolgicamente encuadrable en ese eje, porque ha hecho del ejercicio y conservacin del poder una ideologa, un modo de ser y un fin en s mismos (y funcionalmente ha llegado a ser ms un rgimen que un partido poltico, aunque esta siga siendo formalmente su naturaleza). Es un pacto de mnimos comunes que pasa por una reanudacin pluralista del proceso de construccin democrtica de la sociedad, tras un largo periodo de estancamiento mrbido. No es cambiar de gobierno, es cambiar de rgimen. Y el ibarrismo, despus de treinta aos de sedimentacin, tena ya tanto o ms de rgimen que de gobierno. Salvando la evidente inconmensurabilidad entre los respectivos marcos histricos concretos, s que es una plantilla conceptual que podemos aplicar con cierto provecho a la presente situacin extremea.

Por cierto que el compaero Miguel Manzanera tambin ha hecho recientemente alusin a Berlinguer en este debate extremeo, contraponiendo su nocin de austeridad a esa otra austeridad neoliberal y destacando que la poltica de austeridad que est aplicando el PP en Extremadura se dirige a recortar los gastos superfluos y suntuarios que el anterior gobierno ha estado realizando y que la minora de IU garantiza que esta poltica de austeridad no pueda dirigirse a disminuir la calidad de vida de los trabajadores y las clases populares de nuestra regin.

- Las elecciones generales del pasado 20 de noviembre fueron consideradas por muchos analistas como una revlida de la decisin de junio, cules fueron y cmo se pueden interpretar los resultados de Izquierda Unida de Extremadura?

- Tradicionalmente, Izquierda Unida de Extremadura sufre en las elecciones generales el efecto de la extrema improbabilidad de obtener representacin, lo que favorece la abstencin o el prstamo de voto a otras formaciones. La campaa electoral socialista, apoyada por toda la artillera meditica del grupo PRISA, fue bsicamente de acoso y derribo contra Izquierda Unida (la izquierda que le gusta a la derecha, pacto de sangre con la derecha, por unas migajas de la derecha,...), que en sus versiones ms repugnantes (amplificadas al calor del anonimato en redes sociales y foros de Internet) ha incluido todo un viscoso imaginario de maletines que nadie ha visto y grabaciones que nadie ha escuchado, llegando a equipararse la actuacin de nuestros diputados con aquel siniestro tamayazo madrileo de hace unos aos. En semejante panorama, la propia direccin extremea de IU hubiera firmado gustosa para noviembre la prdida del 10 o el 20% de los votos de mayo, lo que en cualquier caso hubiera supuesto un avance sustancial respecto a las generales de 2008.

Finalmente, no se produce el feroz castigo que nos auguraban machaconamente el PSOE y sus satlites, y el 20-N no slo consolida, sino que mejora ligeramente nuestro resultado de las autonmicas, convirtiendo a la federacin extremea en contribuyente neta al 5% promedio que garantiza grupo parlamentario a IU en el Congreso. Un resultado conquistado con una campaa electoral en la que no se eludieron, sino que se pormenorizaron, los motivos de nuestra abstencin de junio y de su gestin posterior, y en la que, desafiando el desinters (por no decir abierto repudio) al que nos someti nuestra direccin federal, intervinieron activa y solidariamente gentes del ala ms abierta y combativamente anticapitalista de Izquierda Unida, compaeros con tanto y tan bien ganado prestigio poltico, intelectual y moral como Julio Anguita, Juan Manuel Snchez Gordillo, Diego Caamero o Manuel Caada.

- Izquierda Unida ha pactado con el PP los presupuestos extremeos para el 2012? Se ha convertido la federacin extremea de IU, como se ha llegado a afirmar estos das, en el socio de gobierno del PP?

- Con matices, s a lo primero, y tajantemente, no a lo segundo.

Izquierda Unida no ha participado de la redaccin de los presupuestos porque no forma parte del gobierno extremeo. Es evidente, y nadie pretende ocultarlo, que existe una interlocucin directa y continuada entre el grupo parlamentario de Izquierda Unida de Extremadura y el gobierno extremeo. No se trata de ningn oscuro concilibulo, sino de la saludable plasticidad poltica que deviene de la ausencia de mayoras absolutas. Hay un gobierno en mayora minoritaria que necesita el apoyo o la abstencin de otras fuerzas para sacar adelante sus propuestas, y para ello debe estar predispuesto a negociar y hacer concesiones, y tambin hay dos fuerzas de oposicin que necesitan negociar y hacerse concesiones entre s para actualizar la mayora legislativa que conjuntamente pueden componer. Entre julio y noviembre de 2011, PP e IU votaron juntos en la Asamblea en cuatro ocasiones, PP y PSOE en otras cuatro, IU y PSOE en siete, y en otras siete hubo unanimidad entre las tres fuerzas polticas. En lo que corresponde a Izquierda Unida, excede esto la normal actividad de una oposicin parlamentaria competente en un escenario de gobierno en mayora minoritaria? Se asemeja en algo a esa fantasmagora del gobierno del PPIU que insistentemente enarbola el PSOE contra nosotros? Es evidente que no.

Para el PSOE es muy fcil obtener imgenes de una aparente intimidad entre el gobierno extremeo e Izquierda Unida: le basta con no asistir a muchos de los actos pblicos y reuniones a los que es convocado, como viene haciendo reiteradamente desde el mes de julio, para que luego sus ciberactivistas cuelguen la foto en las redes sociales bajo alguna etiqueta maliciosa. Pero ms all de esas aagazas, no existe ningn pacto de gobierno en Extremadura. Podra hablarse, quizs, de un pacto de gobernabilidad. Y ese pacto no es a dos bandas entre el PP e Izquierda Unida, sino a tres: compromete a ambos partidos con la mayora de la poblacin extremea que en mayo expres su voluntad de un cambio de ciclo poltico. Los trminos de ese pacto de gobernabilidad no se han ocultado, sino todo lo contrario, a los extremeos. Durante el debate de investidura, Izquierda Unida plante su famoso declogo de mnimos necesarios que acompaan su decisin de abstencin, declogo al que en su discurso de aceptacin Jos Antonio Monago da acuse de recibo y cuyo contenido expresa su disposicin a considerar. Pero por encima de este dilogo poltico entre oposicin y gobierno, lo que de verdad nos compromete a ambos partidos es el mandato mayoritario en la sociedad extremea de que la regin funcione, de que las instituciones trabajen, de que haya actividad legislativa, que el ejecutivo proponga, que la oposicin cuestione y fiscalice... En este debate de los presupuestos y en la negociacin de nuestras enmiendas parciales que tan significativamente los han mejorado, como viene sucediendo desde el principio de esta legislatura, Izquierda Unida y PP no han hecho sino atender ese mandato, mayoritario en la sociedad extremea y transversal a su composicin ideolgica.

- Pero se argumenta que estos Presupuestos contienen recortes significativos en materia de servicios pblicos y polticas sociales, y que se estn produciendo despidos en la empresa pblica extremea, en qu medida es cierto eso?

- El PP ha presentado unos presupuestos bastante ms criticables por sus lamentables hechuras tcnicas (producto de su propia bisoez, pero tambin del catastrfico estado de cosas en que se han encontrado las instituciones regionales) que por su sesgo ideolgico. No son, en ningn caso, los presupuestos de la terapia del shock neoliberal que el PSOE haba augurado. Un augurio grotesco, si reparamos en que los recortes en el presupuesto del PP para 2012 rondan el -45%, frente al -75% del presupuesto socialista de 2011. Como con toda justicia argument Monago, si estos primeros presupuestos suyos eran de derechas, no haban sido entonces de extrema derecha los ltimos de Guillermo Fernndez Vara?

Claro que un recorte del 45% es un recorte sensible. Pero a la vista del detalle de las cuentas, difcilmente puede argumentarse que sea un recorte estratgico, instrumentalmente implementado para desmantelar al sector pblico, desregular la actividad econmica y depauperar a la clase trabajadora. Se ha asumido un endeudamiento pblico importante y se preservan las prioridades sociales: el ncleo duro de la educacin, la sanidad, los servicios sociales y la cooperacin internacional al desarrollo est perfectamente a salvo. Tampoco puede hablarse de una reordenacin partidista en el destino de los dineros pblicos: combativos colectivos ambientalistas (como Adenex) o LGTB (como Fundacin Tringulo) siguen siendo beneficiarios de ayudas pblicas, e incluso los fondos para la recuperacin institucional de la memoria histrica democrtica se han incrementado sustancialmente.

Respecto a los despidos en la empresa pblica, se trata de una cuestin sumamente compleja. Muchos segmentos de esa supuesta empresa pblica en reestructuracin no son ni fueron nunca emprendimientos pblicos productivos que hayan aportado jams ni un euro al PIB ni una centsima de punto al IDH regional, sino carsimas maquinarias propagandsticas y agencias de colocacin clientelar, en las que se han pagado salarios desmesurados y despilfarrado recursos ingentes de forma sistemtica. Estoy pensando en chiringuitos como el Gabinete de Iniciativa Joven, que durante aos ha servido de ruidoso escaparate modernizador de la Junta, pero que, bajo una cuidada apariencia de perroflautismo institucional (software libre, redes sociales, turismo rural, agro-ecologa, gestin cultural, etc.), encubran planteamientos rabiosamente neoliberales y que, muy sobre todo, distraan la atencin pblica de la destruccin a ritmo acelerado del tejido productivo extremeo. Amn, claro, de dar generosamente de comer a una interminable retahla de charlatanes, vividores y apadrinados.

Era inevitable que el desmantelamiento de esta siniestra trama de auto-reproduccin del rgimen (una enmaraada madeja de decenas de fundaciones, sociedades mixtas, patronatos, etc.) conllevase cierta destruccin de empleo, y es de lamentar por aquellas personas que accedieron y desempearon sus puestos de trabajo en cualquiera de esas entidades de una forma decente, que tambin las haba. Pero, con un mnimo de perspectiva histrica, sera bastante injusto culpar de ello a IU, e incluso al PP. En todo caso, cuando el PP ha acercado el bistur al rgano equivocado (como ocurri con nuestra excelente e irrenunciable Orquesta de Extremadura), Izquierda Unida le ha salido al paso con la mxima firmeza.

Al igual que hoy existe un proceso de transicin poltica en Extremadura, tambin existe un proceso de transicin econmica. Es evidente que el Partido Popular sirve, en tanto actor hegemnico en estos procesos, a intereses de clase perfectamente capitalistas. Pero no existe capitalismo sino capitalismos, y existe el movimiento histrico entre capitalismos. El mercado intervenido por el Partido (que no por el Estado) del ibarrismo ha generado una clase oligrquica, transversal a la poltica y los negocios, extraordinariamente cnica, zafia y desptica, que encarnan perfectamente el empresario Alfonso Gallardo, emprendedor de cmara de Rodrguez Ibarra y promotor de la fallida refinera (con la que, dice Pedro Costa Morata, el viejo y aborrecido desarrollismo de tipo franquista haca reaparicin), o el apparatchik socialista Jos Lus Viuela, gran mandarn de la FEVAL dombenitense: son las dos caras de ese slido bloque de poder extremeo, neoliberal, clientelar y corporativo, del que habla Manuel Caada. La izquierda no gan las elecciones extremeas de mayo, pero esta oligarqua transversal, tan txica y ruinosa como la refinera petrolera que con tanto ardor ha promovido, s las perdi. Y eso ya es, por lo menos, media buena noticia. IU tiene que mantener su identidad como fuerza anticapitalista y sus objetivos de mximos de transformacin de la sociedad, pero, debe por ello despreciar, cuando las circunstancias as lo disponen, como sucede hoy en Extremadura, la posibilidad de impulsar o contribuir a importantes mejoras en cuestiones claves como la proteccin de los servicios pblicos, la transparencia institucional, la pluralidad del debate poltico o la preservacin del medio ambiente y la biodiversidad, an dentro de ese marco de relaciones capitalistas que rechazamos? En mi opinin, sera una tremenda y lamentable irresponsabilidad.

- Desde tu punto de vista, crees que la nueva situacin poltica estatal, con el triunfo por mayora absoluta del PP en las elecciones generales de noviembre de 2011, os puede empujar a reconsiderar la situacin extremea?

- Es posible, pero no de forma apriorstica ni automtica, y si es que finalmente una cosa influye en la otra, cuando lo haga y segn lo haga. El PSOE no ha cesado de repetir, antes y despus de perder las elecciones de mayo, que bajo la piel de cordero centrista de Monago habita un lobo ultra de la misma camada que los Mayor Oreja, Aguirre, de Cospedal y dems habitantes del reverso ms tenebroso de la derecha espaola. Pero los hechos, de momento, no respaldan esos augurios. Monago gan las elecciones defendiendo posiciones militantemente centradas y centristas, que reiter en su discurso de investidura. En lo poltico, ha evitado cuidadosamente los charcos ideolgicos recurrentes de la derecha espaola (memoria histrica, diversidad afectivo-sexual, laicidad, inmigracin, interculturalidad, etc.), y en lo econmico se ha distanciado visiblemente de todo radicalismo privatizador y desregulador de la derecha neoliberal. Nombr un gabinete de fuerte perfil tcnico, casi totalmente ajeno a la derecha tradicional extremea (con la que Monago no mantiene una relacin especialmente fluida tras su paso como concejal por el gobierno municipal de Badajoz, bastin del ala ms dura de la derecha extremea) y saludablemente distante de los grandes grupos de presin econmicos de la regin (cuyas preferencias estaban claramente orientadas a la continuidad del aparato de poder socialista, en el que histricamente han encontrado tan ntimo y fecundo acomodo).

No tengo la menor idea, ni en realidad me interesa demasiado, si esta lnea poltica centrista de Monago es producto de sinceras convicciones ideolgicas o del trabajo de su equipo de mercadotecnia electoral. En cualquier caso, no ha alcanzado la presidencia de Extremadura hablando de cerrar mezquitas, prohibir matrimonios homosexuales o reabrir el sumario del 11-M, sino, muy al contrario, con un discurso hbilmente hbrido entre socialdemocracia soft, democracia cristiana y regionalismo reivindicativo (incluido algn inesperado exabrupto contra los grandes terratenientes), y sabe que si se desva de esa lnea, no slo perdera las decenas de miles de votos que le ha arrancado al electorado del PSOE, sino que reactivara la importante reserva de abstencionistas de izquierdas y la transferencia estratgica de voto de IU hacia el PSOE. La sociedad extremea no ha experimentado un viraje ideolgico hacia la derecha, solo ha terminado por hastiarse de la inmoralidad, la hipocresa y la ineficacia del partido de bienestar ibarrista. Monago y el PP simplemente estaban ah para recoger la pelota. Pero el modo en que han accedido al poder ejecutivo les condiciona en su ejercicio. Y no slo por no disponer de mayora absoluta en la cmara. Con quien realmente mantiene un pacto el PP extremeo no es con los tres diputados de Izquierda Unida, sino con la composicin muy heterognea de su propio electorado.

Es mrito de Monago el haberse presentado a las elecciones con una propuesta programtica y una tonalidad discursiva que le hacan aceptable para esos votantes, y que luego ha permitido el dilogo poltico trasversal, y si quieres anmalo, que conduce a nuestro compromesso storico a la extremea. Y creo que es obligacin moral nuestra reconocer que, a da de hoy, no se le puede acusar de haber faltado a sus compromisos. Durante siete aos, ni Rodrguez Ibarra ni Fernndez Vara se dignaron en sentarse a la misma mesa que la Plataforma Ciudadana Refinera No, Monago lo hizo cuando apenas llevaba unas semanas en el cargo; los profesionales de la tele y la radio pblicas de Extremadura aplauden la salida de los comisarios polticos del PSOE que fiscalizaban su trabajo; FEVAL ha sido desinfectada de ganapanes y cobistas y reemprende sus actividades con normalidad; el PP bendice con su abstencin que la Asamblea extremea se posicione a favor de la continuidad del matrimonio y la adopcin homosexual, y se suma con voto afirmativo a las demandas de la cmara extremea al gobierno central para legislar la dacin en pago hipotecaria y reimplantar el impuesto de patrimonio,... Qu hacemos, negamos todas estas mejoras evidentes porque es el PP quien las est promoviendo o asumiendo desde el ejecutivo regional?

Al aparato socialista extremeo puede aplicrsele perfectamente aquello que deca Vctor Chamorro de nuestros viejos caciques de siempre: No existe ms Extremadura que la de ellos. Ni ms izquierda tampoco. Ellos pueden intentar ponernos una refinera, aplaudir la ampliacin del plazo de explotacin de la central nuclear de Almaraz o recortar un 75% de los presupuestos regionales y seguir presentndose como los ms dignos herederos del Frente Popular, pero si nosotros no nos lo creemos y no nos apostamos a esa carta la integridad y viabilidad de nuestro propio proyecto poltico, nos convertimos en las tropas auxiliares de la columna del general Yage. Pues bien, ha llegado la hora de negarles la mayor: con los hechos en la mano, est por demostrar que en Extremadura el PSOE pueda honradamente situarse siquiera un palmo a la izquierda del PP, ni en lo poltico, ni en lo econmico, ni en lo ecolgico (acaso en lo cultural, si no reparamos en cuanto de impostado e instrumental, de memoria histrica de temporada, como dice Manuel Caada, ha tenido su progresismo). En Izquierda Unida de Extremadura no desdeamos con nuestra decisin de junio ninguna vecindad entre las izquierdas porque no hay ninguna otra izquierda de la que ser vecinos en la Asamblea. Simplemente, respetamos un traspaso de poderes entre dos derechas que haban mandatado las urnas, y que adems, en la singularidad del marco histrico extremeo y en la excepcionalidad de la correlacin parlamentaria surgida del 22-M, entreabra una privilegiada ventana de oportunidad para condicionar desde la izquierda la accin gubernamental y desarrollar elementos clave de nuestro programa poltico.

- Cmo se ha reaccionado a vuestra decisin desde la izquierda social, los movimientos ecologistas y anticapitalistas, los sindicatos y otras entidades de la vida pblica extremea?

- Los dos grandes sindicatos extremeos han devenido, dentro del proceso de clientelizacin integral de la sociedad extremea que ha promovido el PSOE, en meros aparatos de extensin institucional de la Junta. Las puertas giratorias entre la cpula sindical y las listas electorales socialistas no paran de girar desde hace aos. Durante nuestro perodo de reflexin y debate tras las elecciones de mayo, ambos sindicatos, pero con especial virulencia CCOO, presionaron para forzar nuestro apoyo a una investidura socialista. Poco despus, PSOE, CCOO, UGT y patronal firmaron una carta conjunta al gobierno central respaldando, por ensima vez, el enloquecido, ruinoso y contaminante proyecto de refinera (de nuevo el espectculo bochornoso de los dirigentes del sindicalismo oficial haciendo de guardianes de los intereses econmicos de Gallardo y de los intereses polticos de la Junta de Extremadura que describa Manuel Caada en su jaccuse anti-refinero Humos y caciques). Y ahora, con los Presupuestos, la direccin regional de CCOO ha vuelto a arremeter muy duramente contra IU. Es muy triste ver unas siglas y una tradicin militante como la de CCOO arrastradas por los suelos de esta manera, sin ms fundamento que la carrera de mritos de sus gerifaltes para ganarse un escao en la bancada socialista en la Asamblea o una alcalda de postn.

En contraste, no hubo muestras de desaprobacin ni en los pequeos ncleos anticapitalistas organizados de la regin, ni en las asambleas del 15-M, ni mucho menos en el tejido ecologista, que es el que desde hace muchos aos lleva la iniciativa en la calle (y ha soportado en consecuencia las mayores presiones y represiones) en nuestra regin. El pasado septiembre, junto a las celebraciones institucionales del pasado Da de Extremadura, se celebr, como ya es tradicional, una concentracin de anti-refineros, anti-trmicos y anti-nucleares a las puertas del Teatro Romano de Mrida, y mientras la entera clase poltica y empresarial extremea reciba pitada y bronca a su llegada al evento institucional (Extremadura es una dictadura, es uno de los ripios ms caractersticos de esta convocatoria), nuestros tres mosqueteros de la Asamblea fueron recibidos con una sonora salva de aplausos. Creo que esa escena lo resume casi todo, y redime buena parte de los malos tragos que el curso de los ltimos meses nos ha deparado.

- Cmo se han desarrollado las relaciones entre IU y PSOE en Extremadura despus de vuestra decisin de abstencin? Responde la situacin extremea a aquella poltica de las dos orillas que Julio Anguita describi y defendi en su momento, con innumerables descalificaciones e incomprensiones?

- Conviene hacer algunas puntualizaciones a ese retrato. Es cierto que Fernndez Vara se apresur a ofrecer a IU un gobierno de coalicin la misma noche del 22-M. Pero el PSOE no haba preparado en absoluto un escenario post-electoral que entraba dentro de lo previsible ya desde las ltimas elecciones europeas. El Ayuntamiento de Cceres, que gobernaba el PSOE con apoyo de IU, fue escenario de un sonoro desencuentro que termina con la alcaldesa socialista expulsando del gobierno municipal al concejal de IU e incumpliendo todos sus compromisos de legislatura en batera y con los votos del PP. La ley electoral autonmica propuesta y aprobada por el PSOE y su barrera del 5% para acceder al parlamento regional (que haba dejado fuera de l a IU en 2007) no fue modificada. No hubo por parte del renovador Fernndez Vara la menor voluntad de depurar entre sus correligionarios las prcticas clientelares, los abusos de poder y los despilfarros. Y, por supuesto, sigui enrocado en la defensa del desarrollismo contaminante del proyecto de refinera de Tierra de Barros, de las centrales trmicas de la comarca de Mrida, de la urbanizacin de la isla de Valdecaas o de las prospecciones de minera de uranio en distintos puntos de la regin.

Con esto quiero decir que, ms all del desencuentro histrico entre PSOE y PCE, y luego IU, de los tiempos de Rodrguez Ibarra, tampoco en la legislatura de Fernndez Vara hubo por parte del PSOE la menor voluntad de entendimiento, y que si hay dos orillas no es por gusto y responsabilidad exclusiva de una de ellas, como a menudo se hace creer por parte del PSOE. Esto no ha cambiado tras la investidura de Monago, como se encarga de demostrar cada da el diputado portavoz del PSOE en la Asamblea (ex-concejal de IU y ex-secretario regional de CCOO, por cierto), que no pierde oportunidad de dinamitar cualquier atisbo de acercamiento e incluso de convivencia educada, algo que no es evidentemente decisin personal suya, sino expresin de la lnea poltica de su organizacin. Esa confluencia progresista que supuestamente nos propone el PSOE es una falacia, un arma arrojadiza, una trampa para conejos incautos, pero en ningn caso un proyecto poltico consistente y viable.

Curiosamente, no son pocos los votantes y militantes de base socialistas que, por supuesto en privado, nos han agradecido nuestra abstencin como nico modo de encarar de una vez la regeneracin moral y poltica de su partido en Extremadura. De que esa regeneracin se produzca depender que podamos algn da dejar de hablar de esas orillas tristemente enfrentadas, y compartir un proyecto poltico progresista en Extremadura.

- Qu comportamiento ha tenido la direccin extremea de IU hasta el momento? Ha respetado siempre las decisiones de las bases de la organizacin?

- Existe en torno a esto una notable polmica, desencadenada por la dimisin (no conjunta, pero s simultnea y concertada) de la mitad de la Presidencia Regional pocos das despus de las generales del 20-N. La falta de democracia interna, una excesiva autonoma del grupo parlamentario en sus decisiones, una mala comunicacin con las bases y otros reproches similares figuran, con diferentes inflexiones y tonalidades, en las dimisiones de estos compaeros, entre los que se cuentan coordinadores locales, cargos pblicos municipales y cuadros medios de las principales ciudades de la regin (Mrida, Badajoz, Cceres y Plasencia). Comparto en buena medida el fondo de estas crticas, pero discrepo radicalmente de sus formas y, en algn caso, me temo que de sus intenciones.

Tras la imprevista, tensa y agotadora situacin que atravesamos entre mayo y junio (las elecciones, el debate interno posterior, la presin de los medios, la injerencia de la direccin federal, el marcaje del PSOE, etc.), cuando se ratifica finalmente la decisin de abstencin nuestra organizacin est activa, alegre, empoderada, pero absolutamente exhausta, y deja al grupo parlamentario la patata caliente de explorar, interpretar y gestionar el complejsimo panorama institucional extremeo resultante de nuestra decisin. Y eso es exactamente lo que nuestros diputados han hecho. Personalmente, estimo que la lnea poltica adoptada por Izquierda Unida de Extremadura es la correcta y que sus resultados se estn demostrando inequvocamente positivos para la regin, pero tambin que a lo largo de estos meses se han producido en las instituciones regionales situaciones muy comprometidas, que, al margen de que su resolucin haya sido finalmente acertada o errnea, no han sido debidamente explicadas, debatidas y refrendadas por la organizacin. Fue especialmente grave la eleccin, con el apoyo de Izquierda Unida, de la candidata propuesta por el PP para presidir la CEXMA (el consorcio de medios pblicos extremeos), una decisin que despertaba entre la militancia incomprensiones y resistencias extendidas y pblicas, adems de cargadas de razn, a las que el grupo parlamentario debi haber atendido. Por desgracia, no es el nico caso en que podemos describir una situacin parecida. Nuestros compaeros diputados pueden, extraordinaria y justificadamente, tomar una decisin tctica sobre la marcha para salvar uno de esos regates cortos tan propios del parlamentarismo de baja estofa que padecemos. Pero ni pueden tomarse esas excepciones como norma, ni an menos interiorizar ese juego como propio, como por desgracia volvi a suceder al principio del debate presupuestario, con nuestra enmienda a la totalidad de quita y pon que tanta confusin gener en la sociedad extremea y en la misma militancia de IU. La actitud que deben mantener nuestros parlamentarios y el conjunto de nuestra organizacin en su accin institucional, en este complejo momento poltico extremeo, la defini muy bien Manuel Caada: cucharada y paso atrs. Del primer gesto depende nuestra eficacia, del segundo nuestra coherencia. Ambas son irrenunciables, y no puede sacrificarse, ni siquiera tctica y transitoriamente, una a cambio de la otra.

Dicho esto, no creo que las dimisiones, el intercambio de notas de prensa o los aspavientos desde la tribuna de pblico de la Asamblea vayan a acercarnos a la solucin de ninguno de estos problemas. Los compaeros que abandonaron la Presidencia plantearon el problema en el lugar, el momento y los trminos ms equivocados y contraproducentes. Y aunque quiero suponer la mejor intencin por parte de todos y cada uno de ellos, a la vista de la reiteracin de esos comportamientos beligerantes y exhibicionistas, resulta cada vez ms difcil evitar el pensamiento de que buenos argumentos y demandas sensatas estn siendo utilizados para alimentar las calderas de una pequea revuelta palaciega que acaricia otros objetivos de fondo.

Ya se ha producido una autocrtica por parte de la direccin y del grupo parlamentario, ya se estn articulando los mecanismos para devolver a las bases toda su capacidad de iniciativa y fiscalizacin, y algunos militantes y asambleas locales estamos ya utilizando intensivamente esos mecanismos. Pero nada de todo eso bastar para quien, o quienes, el verdadero objetivo pudiera no ser profundizar en la democracia interna y la coherencia programtica de la organizacin, sino derrocar a la florentina a un coordinador regional al que hoy resultara sumamente difcil abatir en una consulta democrtica limpia, y deslegitimar una lnea poltica que sigue gozando de un respaldo ampliamente mayoritario entre las bases, por mucho que alguno de sus tramos se haya gestionado de forma atropellada y confusa.

- De entre quienes defendisteis la abstencin en junio surgieron denuncias de fuertes presiones por parte de la direccin federal de IU. Suscribes esas denuncias? Cmo ha evolucionado desde entonces la relacin entre las IU extremea y federal?

- Tras las elecciones autonmicas la intervencin de la direccin federal de IU fue asombrosamente terca, prepotente y malencarada, su utilizaron trminos absolutamente insultantes, se nos acus de barbaridades sin cuento. La ltima visita a Extremadura de Cayo Lara y su squito, como invitados al Consejo Poltico que finalmente ratific la abstencin mandatada por las bases, fue sencillamente bochornosa. Vinieron a decirnos cual era nuestro lugar y cuales nuestros lmites, algo que, como recordar el lector de Los condenados de la tierra, se asemeja bastante a los papeles que Fanon atribuye al metropolitano colonizador y el indgena colonizado, lo cual casa bastante mal con la federalidad que, al menos sobre el papel, inspira y regula la vida orgnica de Izquierda Unida. Entre aquel desgraciado desencuentro frontal de junio y el otoo las aguas parecan haberse calmado, y el excelente resultado electoral de noviembre pudiera y debiera haber zanjado este maldito asunto para siempre. Evidentemente, no ha sido as. A los pocos das del dimisionazo en la Presidencia Regional, Pblico sac una nota en la que varios notables de la direccin federal hablaban ya directamente de intervenirnos, de poner una gestora y de no s cuntas atrocidades ms, con un mpetu que espant incluso a parte de los dimisionarios de la Presidencia Regional extremea.

Parte de la direccin federal de IU ha demostrado estar dispuesta a hacer saltar por los aires Izquierda Unida de Extremadura con tal de liquidar la lnea poltica que consciente y democrticamente sus bases hemos escogido como la mejor para nuestra tierra y nuestra gente. No conozco a ni un slo compaero de Izquierda Unida de Extremadura que se tome este asunto a la ligera, ni intelectual, ni moralmente. Fueron (y siguen siendo) muchas horas de reflexin y debate entre nosotros, pero tambin muchas horas de conversar con la gente, con la familia, con los compaeros del curro, con votantes de todos los partidos. Adems del millar largo de militantes y simpatizantes que particip directamente en la consulta a las bases de junio, indirectamente (asistiendo a los actos, escribiendo cartas a la prensa o post en blogs y redes sociales, interpelndonos a los militantes para comunicarnos sus preferencias, etc.) amplios segmentos de la sociedad extremea fueron partcipes de aquel extraordinario proceso de democracia directa y deliberativa. Nada que ver con ese relato grotesco que pintaba a la militancia de la Izquierda Unida extremea como salvajes antropfagos que golpeando el suelo con nuestras lanzas anteponamos atvicas ansias de revancha a la seriedad, la coherencia y la responsabilidad que nos demandaban al unsono la direccin federal de IU, el PSOE y los medios de PRISA.

Son compatibles estas presiones y descalificaciones con la vigencia del principio de federalidad en Izquierda Unida? Me parece que no. Nosotros no estamos instando a nadie a nada, no decimos a los compaeros de Madrid o el Pas Valenciano que hagan lo mismo que hemos hecho nosotros, porque sabemos que Extremadura no es Madrid ni Valencia. Pero, saben los compaeros de la direccin federal que Madrid o Valencia tampoco son Extremadura? Es mucho pedir, a una organizacin poltica como Izquierda Unida, que defiende el derecho a la autodeterminacin de los pueblos indgenas de las ms remotas antpodas, que respete tambin el derecho del pueblo extremeo, y el de su izquierda, a conocer, comprender y transformar su propio medio histrico?

Algunas veces, sobre todo en los aos 70, se plante la cuestin de si Extremadura era una nacin. No s si ese sera o no un trmino adecuado. Lo que s ha sido y sigue siendo indiscutiblemente Extremadura es una unidad histricamente discernible y delimitable dentro de la historia universal de la explotacin y la lucha entre clases. En Extremadura un cuarto de la poblacin activa est desempleada y un cuarto de la poblacin vive por debajo del umbral de la pobreza. Nuestros sueldos y pensiones estn entre los ms bajos de la UE-15. El campo vive atenazado por el chantaje de las grandes corporaciones agroalimentarias, a la pequea empresa familiar que haba sobrevivido a las grandes superficies la est matando la crisis. Antes era con la maleta de cartn y hoy con el maletn del porttil, pero el caso es que siempre demasiada gente joven que no quiere irse se tiene que ir (incluso con el aporte de la inmigracin extracomunitaria, la poblacin extremea sigue en 2012 atascada en el 1.100.000 habitantes de los aos 30 del siglo XX). Sin olvidar que nuestro medio natural, su biodiversidad y su sostenibilidad, han estado y siguen estando amenazados por una ofensiva desarrollista de efectos devastadores, en algunos casos ya irreparables (como el monstruoso arboricidio que lquido millones de ejemplares autctonos en favor del venenoso eucalipto papelero). Ese es el medio histrico en que la izquierda extremea ha tomado su decisin. Acaso hubiera sido posible, sensato, decente, hacerlo pensando en otra cosa, atendiendo a otros intereses, obedeciendo a otras prioridades?

- Cules son los principales asuntos en los que est embarcada IU Extremadura en estos momentos?

- La batalla institucional tiene su agenda muy clara: arrancar de esta legislatura cada punto y cada coma del declogo presentado a la sociedad extremea en junio y refrendado por nuestros votantes en noviembre. Varias de sus condiciones se han cumplido ya, entre ellas la retirada de cualquier apoyo financiero pblico al proyecto de refinera, lo que equivale a su sentencia de muerte. Ahora mismo hay distintos temas en discusin en la Asamblea, pero el principal es sin duda el impulso al embrin de una futura renta bsica de ciudadana en Extremadura. Hay decenas de miles de desempleados en la regin que ya no gozan de ningn tipo de prestacin, y las rentas familiares que estn taponando esa herida sangrante estn exhaustas. Con este ritmo de destruccin de empleo, a la vuelta del prximo verano, si no antes, estamos abocados a una situacin de completa quiebra social. Lo que podamos sacar adelante en este curso parlamentario seguramente no cumplir los mnimos requisitos de eso que tcnicamente se denomina renta bsica fuerte, pero detendr miles de procesos de exclusin social, que son miles de tremendas tragedias humanas, y asentar una posicin de partida para seguir luchando por un verdadero ingreso universal, garantizado y suficiente. Basta un vistazo a nuestro contexto estatal y continental para calibrar el extraordinario valor de excepcionalidad y ejemplaridad que tendra en este momento una conquista as. Batallar y ganar esta pre-renta bsica debe ser la piedra angular de este primer tramo de legislatura, y la posicin adoptada por Izquierda Unida de Extremadura ante los presupuestos 2012 nos ha acercado significativamente a ese objetivo.

Pero el trabajo institucional es slo una dimensin de la actividad de IU, y no la ms importante, ni siquiera cuando, como hoy sucede en Extremadura, la aritmtica electoral otorga a nuestra representacin institucional un papel decisivo. Izquierda Unida de Extremadura no son 3 diputados y 40.000 votos, sino cientos de militantes y simpatizantes que componen, adems de una base electoral a la que movilizar de campaa en campaa, una base activista que puede y debe tomar la iniciativa poltica tambin en las plazas y en las redes, en las aulas y en los tajos, en frentes de lucha propios y en los que compartimos con los movimientos sociales, con el sindicalismo decente y veraz, con los activistas culturales y mediticos,... Como me deca hace poco el compaero Manuel Caada, evocando el pensamiento de Badiou, tenemos que ser leales al acontecimiento de junio. El debate abierto e informado, la horizontalidad en la toma de decisiones o el mandato imperativo a los cargos pblicos, el mandar obedeciendo y el caminar preguntando zapatistas que en junio aclimatamos al medio histrico extremeo, son ya avances no revocables en nuestra identidad poltica. En lo que resolva, y como resolva, la decisin ms importante y difcil que jams se le hubiese planteado, Izquierda Unida de Extremadura ya naveg un importante trecho de su travesa de refundacin, pero esta vez no como un aparato, como deca el compaero John Brown en el hermoso mensaje de solidaridad que dedic a las bases extremeas, sino como expresin del pueblo de izquierda que renace. El grupo parlamentario, que tantos sudores y no pocas lgrimas ha costado recuperar en Extremadura, y en general la mucha o poca participacin institucional de que se disponga, es slo un instrumento, una herramienta al servicio de un proyecto que tiene su epicentro en otra parte, en el intelectual colectivo, y en los procesos de transformacin poltica, social y cultural que este es capaz de desencadenar. Ah es donde se libran siempre las decisivas luchas de onda larga entre clases sociales y bloques histricos.

Muy lejos del repulsivo y mendaz imaginario franquista de la tierra de conquistadores (tierra de conquistadores / no nos quedan ms cojones, como ironiza Robe Iniesta), nuestra historia extremea se asemeja ms bien a los quinientos aos de resistencia indgena de otras sociedades colonizadas. La completa descolonizacin de Extremadura era el objetivo de la izquierda extremea en 1979 y lo sigue siendo en 2012. Algunas cosas han cambiado mucho, y otras tantas no han cambiado en absoluto. El enemigo ya no son los terratenientes madrileos y el IRYDA franquista, sino los fondos de capital riesgo, que drenan nuestra riqueza con sus actividades especulativas, o las agencias de calificacin, que ya por segunda vez hace unos das nos amenazaban con rebajar el rating de nuestra deuda: los collares nuevos de la misma vieja fiera de siempre. Y de la misma manera, nuestro proceso asambleario de junio y su defensa se incardinan en nuestra larga tradicin local de resistencias populares antisistmicas arraigadas al territorio y la costumbre, pero se abren a este presente globalizado de anomalas y disidencias, dispares pero simultneas e interconectadas, de las primaveras rabes al 15-M y todo lo que ha venido despus. En 1983, el Estatuto de Autonoma institucional diluy las expectativas de nuestra izquierda de una autonoma ms profunda, como la que se planteaba en las pginas de Extremadura saqueada y Extremadura afn de miseria, y en los lemas de las marchas contra Valdecaballeros. Una autonoma poltica, cultural, econmica y ecolgica (la autonoma sobre nuestras riquezas, nuestras plusvalas, nuestro aire, nuestra agua y nuestra tierra, en palabras de Vctor Chamorro, y tambin la autonoma que es profundizacin y ensanchamiento de la democracia, que deca Pablo Castellano) que nos urge ahora retomar, reinventar y reivindicar en este tiempo de crisis de la globalizacin y globalizacin de la crisis. Nuestra decisin de junio, y sobre todo el modo en que esta se gest y se defendi, actualizaron al sujeto poltico que aspira a ser Izquierda Unida de Extremadura para encarar mejor todos esos desafos histricos.

- Quieres aadir algo ms?

- Nada ms que agradeceros, a ti personalmente y a todos los compaeros y compaeras de Rebelin, vuestro inters por la situacin extremea, y por supuesto agradecer su tiempo y su atencin a los lectores y lectoras que nos han acompaado a travs de esta conversacin.



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