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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2012

Jos K, torturado

Alberto Piris
Repblica.com


Se representa estos das en la sala pequea del Teatro Espaol la obra Jos K, torturado. La nica pieza para teatro que cre Javier Ortiz, periodista, escritor, comentarista, crtico nato, certero y universal, y sobre todo amigo leal de sus amigos, que no es poco decir. Pero no se trata de reescribir aqu una necrolgica de quien prepar la suya propia con la debida anticipacin profesional y envidiable sentido del humor (que en este caso bien podra llamrsele humor propio).

Tampoco encontrar el lector en esta columna una crtica teatral para la que carezco de conocimientos y experiencia. Lo que pretendo es hablar de la tortura, reflexionar sobre ella y poner al lector en el compromiso de decidir por s mismo, que es el objetivo principal del estremecedor monlogo que interpreta Pedro Casablanc y dirige Carlos Alfaro en el madrileo teatro de la plaza de Santa Ana.

Estoy seguro de que si a cualquiera de las personas que conozco y trato habitualmente le preguntara su opinin sobre la tortura, respondera abominando de ella y afirmando que debera suprimirse inmediatamente porque constituye una vergenza para la humanidad. Har un breve inciso para recordar que entre esas personas no se hallan, naturalmente, aquellos destacados dirigentes polticos y militares de EE.UU., para quienes las tcnicas avanzadas de obtencin de informacin, en Guantnamo, Abu Ghraib u otros antros similares, eran simplemente instrumentos eficaces para combatir el terrorismo. No vean personas en las personas, como parece lo ms natural, sino fuentes de informacin supuestamente aprovechable. Evidentemente no eran personas normales como las dems.

Pero volviendo a las personas normales, no faltaran quienes en su respuesta citaran tambin otras instituciones sociales, como la esclavitud, y analizaran el papel que en la Historia han desempeado tanto los esclavizados (como los que trabajaban en los ingenios de azcar en la Cuba espaola), como los torturados (sin olvidar la Inquisicin, tambin espaola), para concluir glosando el progreso de una humanidad que ha superado tan repugnantes lacras y las ha relegado al bal de los recuerdos o a excepcionales casos protagonizados por sdicos individuos que son debidamente castigados. Es cierto esto? Sera este el modo de pensar de los que no son sdicos? Incluso aceptando que se siguen produciendo torturas, debidamente ocultadas por los aparatos estatales y luego expuestas como casos anmalos, puede haber gradaciones en el rechazo a la tortura?

Jos K, torturado obliga a poner en duda muchas cosas. Un terrorista que podramos considerar muy profesional, bien preparado por su organizacin para resistir cualquier tipo de interrogatorio, es apresado media hora antes de que la bomba que ha preparado se active para causar una horrible carnicera. As empieza la obra. No quiero revelar la escena ms impresionante, cuando el terrorista, para no hacer fracasar su brutal proyecto, soporta lo que pocos seres humanos seran capaces de resistir. La bomba explota, la matanza se produce. Jos K ha aguantado todas las torturas y su atentado terrorista ha tenido xito. Pero y si otros flaquean ms pronto y revelan sus planes? Sera lcito someterles a tortura si de ese modo se pudiera evitar una masacre?

La clave de esta obra teatral la expuso Javier Ortiz en una charla organizada por la Asociacin contra la tortura: La tortura es un viaje moral sin retorno. No cabe atravesar esa frontera con pretensiones de excepcionalidad. Avalar la tortura en algn caso equivale a avalarla en cualquiera. Porque quin decide cundo se debe torturar y cundo no? Los mismos torturadores? Los que deciden incluir la tortura entre los instrumentos habituales para garantizar la supuesta seguridad de una sociedad?

Una sociedad a la que se puede hacer creer que est ms segura pero que, en realidad y quiz sin advertirlo, se envilece gradualmente cuando tolera la tortura en silencio y amedrentada. O advirtindolo, lo que es casi peor, porque entonces lo que sale a la luz es la doble moral y la hipocresa de las personas cuya cobarde complicidad hace posible la tortura.

Una vez ms el teatro permite a cada espectador identificarse a s mismo frente a una cuestin de la que pocas veces se habla sin tapujos. Asista el lector a esta obra, juzgue por s mismo y analice las reacciones instintivas de su razn y de su corazn. Merece la pena la experiencia.

Fuente: http://www.republica.com/2012/01/19/jose-k-torturado_440279/



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