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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2012

Sobre la matanza de Atocha
Matanzas fascistas y umbrales de la transicin

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides, Francisco Javier Sauquillo, Sefarn Holgado y ngel Rodrguez Leal. In memorian et ad honorem

Iigo Aduriz public el pasado martes en Pblico un artculo con el ttulo Las primeras vctimas de la Transicin, con una mayscula la T de Transicin- innecesaria en mi opinin. Afirma en l, refirindose a la matanza de los abogados laboralistas de CC.OO, que la noche de 24 de enero de 1977 l [Alejandro Ruiz-Huerta, que sigue sintiendo culpa por no haber fallecido] sobrevivi al atentado que paradjicamente es considerado por muchos como el umbral de la Transicin de nuevo con mayscula- que devolvi la democracia a los espaoles.

No hubo ninguna democracia devuelta.

Que la matanza fuera o no el umbral de la transicin, no parece tema decisivo. Acaso asunto de alguna insustantiva tesis doctoral. Lo que s tiene inters es recordar que la matanza tir para atrs al movimiento obrero y antifranquista (en Barcelona, por ejemplo, la manifestacin de protesta por lo sucedido fue silenciosa; nadie se atrevi a gritar, una y mil veces, lo que peda el alma de todos nosotros: Asesinos!, abajo el fascismo!). Se tuvo miedo, mucho miedo; no era para menos. No se andaban con chiquitas. No sabamos exactamente qu hilos y grupos movan las actuaciones de los asesinos pero olan a azufre.

No es una estupidez conjeturar que la direccin del PCE, tras los atentados, pensara que era necesario de todas-todas un pacto con el sector evolucionista del rgimen. Los otros, los denominados inmovilistas queran llevarnos a otra guerra incivil (o acaso no, y todas las piezas y acciones estaban ensayadas). Un pacto se impona como fuese y a costa de lo que fuera. Tragando sapos, monarquas, desaparecidos, asesinatos del fascismo, muertos en cunetas y fuerzas represivas sin depurar, por no hablar de poderes eclesisticos y grandes poderes econmicos.

Tal vez no haba otra va... o tal vez s. Sea como fuere, no parece que la transicin fuera inmaculada y, desde luego, la democracia que se devolvi a los espaoles dist mucho de ser un sistema poltico que recogiera el sentir, las finalidades y el esfuerzo de tantos y tantos luchadores antifranquistas. Que el da de la matanza, sobre que Bardem y Morn realizaron una pelcula, no sea recordado por la Comunidad de Madrid como un da de homenaje a los combatientes es corroboracin de los peores atributos de la transicin-transaccin.

Dos notas finales.

Los cinco asesinados no fueron vctimas de los ltimos sicarios del franquismo como seala Aduriz. Hubieron otras vctimas antifranquistas y otros sicarios fascistas, muy cubiertos por el aparato de Estado franquista, que actuaron de forma similar.

Para vergenza de todos, ninguno de los familiares de los luchadores asesinados es considerado vctima del terrorismo. S lo son, en cambio, los familiares del almirante fascista Carrero Blanco y los del torturador franquista y ex colaborador de la Gestapo Melitn Manzanas.

PS. Vale la pena recordar las declaraciones de Alejandro Ruiz-Huerta. Dicen mucho de las CC.OO de aquellos aos, algo distintas de las actuales. Ligados al PCE y CC.OO, seala Aduriz, construan la democracia desde abajo. No ramos expertos en derecho del trabajo, sino que estbamos comprometidos con los trabajadores. La noche de la matanza celebraban una reunin de asesoramiento y coordinacin para su trabajo en los barrios populares de Madrid: legalizacin de asociaciones, tramitacin de expedientes urbansticos. Les sali cara. Joaqun Navarro, lder clandestino de la seccin de Transportes, se salv por los pelos.

Nota:

[1] Iigo Aduriz, Las primeras vctimas de la transicin. Pblico, 24 de enero de 2012, p. 21.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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