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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2012

Sherlock, una rebelda sofisticada

Luis Felip Lpez-Espinosa
Rebelin


Sherlock, la serie de la BBC que acaba de emitir su segunda temporada (cada una de las cuales consta de tres episodios de 90 minutos), es por el momento la pieza culminante de cierto revival holmesiano que pasado por un par de filmes muy prescindibles (Guy Ritchie, 2009 y 2012) y otra serie televisiva, House, que se confiesa inspirada en el detective de Baker Street.

La novedad de Sherlock consiste en haber sacado al personaje de su contexto victoriano, forzando al espectador a enfrentarse a l sin la barrera defensiva que supone la distancia temporal. Como contemporneo, Sherlock es un investigador independiente, excntrico, que sorprende a todos y en especial a la polica con sus mtodos y su capacidad de observacin. La esttica, muy inglesa, histrinica a menudo, recuerda a otra produccin britnica, Misfits. Pero si Misfits es la epopeya de un grupo de jvenes marginales que no pueden salir de su situacin de exclusin de otro modo que adquiriendo superpoderes (versin televisiva del fenmeno del adolescente de barrio obrero que se refugia en la cultura popular y que encuentra sus modelos y sus cdigos morales en los comics de superhroes), Sherlock es un hombre bien relacionado a pesar de sus peculiaridades, en cierto modo socialmente poderoso, que por ello puede permitirse una visin fra y desapasionada de la realidad. Encarna el lado conservador del materialismo (mientras el otro modelo, Misfits, plasma cierto progresismo impotente refugiado en soluciones idealistas).

En esta serie, Sherlock (sigamos la invitacin de llamarlo por su nombre de pila) no se parece en nada a la reconstruccin historicista, por otro lado excelente, en la que se recrea la versin ya clsica de Jeremy Brett. Sherlock no fuma (de acuerdo, toma un cigarrillo de vez en cuando) y sustituye la cocana por inocuos parches de nicotina, que esconde como un vicio igualmente culpable. Si la serie de Brett, como todo historicismo, era ms parecida a un parque temtico, a un pub ambientado o a un club de pipafumadores, la serie actual retrata algunas peculiaridades de nuestro tiempo, como el desprecio-temor (que no es sino fascinacin culpable) de los yuppies urbanos a determinadas substancias que se considera que producen placeres demasiado intensos.1

Resulta obvio que toda recreacin del clsico detective debe partir del hecho de que los espectadores ya conocen, en lo fundamental, al personaje y sus historias. La serie juega bien con este hecho, por medio de referencias subterrneas al relato original (lo que los deconstructivistas llaman intertextualidad), que confunden intencionadamente al espectador precavido y ledo. La misma adaptacin a la poca contempornea hace que la serie nos sorprenda, por el simple hecho de que, en efecto, conocemos demasiado bien a Sherlock Holmes como para reconocer quin es l realmente. A Sherlock hay que conocerlo de nuevo.2

Este procedimiento de reconstruir y explicar de nuevo quin es Sherlock Holmes juega con la trampa de la referencia a los relatos originales. En efecto, mientras Sherlock siga chocndonos, mientras siga sorprendindonos el contraste con el modelo original, la serie seguir teniendo inters. Pero una vez que nos acostumbremos, necesitaremos situaciones ms estrafalarias y gestos ms histrinicos que nos mantengan en vilo. Y es en este punto en el cual, a mi entender, el modelo de la serie Sherlock tiene una fecha de caducidad previsible. Al final, cuando nos acostumbremos al personaje, perder inters porque no termina de convertirse en un personaje autnomo. Sherlock nos resulta divertido porque es como un viajero del tiempo que intenta adaptarse a nuestras modernas costumbres. Pero del mismo modo, es un extranjero que no entiende por completo nuestro idioma. Es un detective que resuelve crmenes en el siglo XXI como los resolva en la Inglaterra victoriana. E igual que no cuestionaba el propio orden social de aquel siglo, dudamos mucho que lo haga en este. Por esa razn, Sherlock es una serie demasiado ingenua: nos sugiere adoptar el punto de vista, algo modernizado, del detective victoriano. Su habilidad consiste en traer del tiempo pasado una figura interesante, en recrearla fuera de su contexto y en mostrarnos quin es.

El problema fundamental es que esa figura no termina de ser en s misma interesante, porque, en el fondo (y es as como la adaptacin al presente revela algo sobre la obra adaptada), tampoco Sherlock Holmes habra sido el hombre ms interesante de su siglo. Quizs porque el personaje, a pesar de toda su habilidad de deduccin y de su erudicin cientfica, estuvo siempre fuera del tiempo. Para ser Sherlock Holmes, francamente, no se necesita ms que un cuarto que haga las veces de despacho, el acceso a cierta informacin tcnica y un Watson leal. Es un modelo exportable a cualquier tiempo, porque es un modelo intemporal y porque, constituyendo una frmula letal a la hora de investigar cualquier crimen, se adapta sin problemas al contexto dentro del cual el crimen tenga lugar, legitimndolo por tanto. Pero esta misma adaptabilidad a cualquier tiempo delata algn tipo de falsedad constitutiva del personaje, algn modo de inautenticidad, una falta se implicacin y de compromiso respecto del momento histrico concreto que le ha tocado vivir. Justamente por eso creo que, como figura caracterstica de la inautenticidad, merecera la pena que algn da (permitmonos fantasear con ello) una compaa de teatro o un medio independiente perpetraran una adaptacin del personaje de Conan Doyle a otro tipo de contexto ms provocador: tal vez como colaborador de un grupo de paramilitares, como agente de la CIA o al servicio de una cheka estalinista. En cualquiera de esas situaciones, Holmes, aunque bohemio y en apariencia rebelde, siempre habra estado del lado de la ley y el orden, fueran cuales fuesen.

Web del autor: http://enuntrenenmarcha.googlepages.com



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