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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2012

Izquierda social e izquierda poltica

Ral Zibechi
La Jornada


La profundizacin de las diversas crisis y la emergencia de nuevos movimientos estn promoviendo un debate sobre el papel de la izquierda en los cambios posibles y deseables. Muchos apuestan a una profunda renovacin o a la unidad como forma de encontrar un norte que permita quebrar la hegemona del sector financiero.

En general, los debates apuntan al papel de la izquierda poltica, o sea los partidos que se proclaman de izquierda. Superar las divisiones histricas, supuestamente alimentadas por diferencias ideolgicas, sera un paso decisivo para ir ms all de la situacin actual. La unidad entre las tres grandes corrientes, socialistas o socialdemcratas, comunistas y anarquistas o radicales, sera un paso imprescindible para que este sector est en condiciones de jugar un papel decisivo en la superacin de la crisis actual.

La experiencia histrica dice, sin embargo, otra cosa. La primera es que los partidos de izquierda no se unen si no existe un poderoso movimiento desde abajo que les imponga una agenda comn. Quiero decir que los partidos de izquierda dependen del estado de nimo y la disposicin, para resistir o para acomodarse al sistema, de los trabajadores. Para la gente comn los debates ideolgicos son cosa de poca importancia.

Las experiencias del Frente Popular en la Espaa republicana, de la Unidad Popular en el Chile de Salvador Allende y del Frente Amplio en Uruguay, indican que es el empuje de los diversos abajos lo que termina por derribar los sectarismos e impone, como mnimo, la unidad de accin. Fue la potencia del movimiento obrero la que decidi a los anarquistas a apoyar en las urnas a los candidatos del Frente Popular, venciendo sus resistencias a lo electoral.

La segunda es que ese 99 por ciento que se supone que somos, frente al uno por ciento que detenta el poder y la riqueza, tiene intereses diversos y, en esta etapa del capitalismo, contradictorios. A grandes rasgos, hay dos abajos, como dicen los zapatistas. Los de ms abajo, o los del stano indios, afros, inmigrantes, clandestinos e informales, componen el sector ms oprimido y explotado del amplio mundo del trabajo. Ese mundo est integrado bsicamente por mujeres y jvenes pobres, en general de piel oscura, que viven en reas rurales y en periferias urbanas. Son los ms interesados en cambiar el mundo, porque son los que no tienen nada que perder.

El otro abajo es diferente. En 1929 slo uno por ciento de los estadunidenses tena acciones que cotizaban en la bolsa de Wall Street. En 1965 ya eran 10 por ciento, y en 1980, 14 por ciento. Pero en 2010 50 por ciento de los estadunidenses eran propietarios de acciones. Con la privatizacin del sistema de jubilaciones y la creacin de los fondos de pensiones, todo un sector de la clase trabajadora qued engrapado al capital. General Motors y Chrysler fueron salvadas de la quiebra en 2009 por los aportes de los fondos controlados por los sindicatos.

La segunda minera del mundo, la brasilea Vale, rechazada por ambientalistas y sin tierra, es controlada por Previ, fondo de pensiones de los empleados del Banco de Brasil, que tiene junto al BNDES una slida mayora en el consejo de administracin de la multinacional. Los fondos de pensiones de Brasil tienen inversiones que representan casi 20 por ciento del PIB del pas emergente y controlan enormes empresas y grupos econmicos. Los fondos son el ncleo de la acumulacin de capital y son gestionados por sindicatos, empresas y Estado.

Se trata apenas de dos ejemplos bien distantes para ilustrar el hecho de que la izquierda social, o los movimientos, supuestamente antisistmicos, tienen intereses contradictorios.

La tercera cuestin es que si reconocemos esta diversidad de intereses es para construir estrategias de cambio que estn enraizadas en la realidad y no en declaraciones o ideologas. Cmo unir obreros manuales que ganan una miseria con empleados de cuello blanco que se sienten ms cerca del patrn que de sus hermanos de clase?

Los obreros que construyen la gigantesca hidroelctrica de Belo Monte en Brasil, que ser la tercera del mundo, se lanzaron a la huelga en diciembre porque ganan 500 dlares mensuales por 12 horas diarias de trabajo y la comida que les sirven est podrida. Los representantes sindicales fueron hasta la obra para convencer a los obreros de que volvieran al trabajo. Los fondos de pensiones de tres empresas estatales tienen 25 por ciento de las acciones del consorcio que construye Belo Monte.

Los trabajadores de Petrobras, de la Caja Econmica Federal y del Banco do Brasil estn interesados en el xito de Belo Monte ya que sus fondos de pensiones, controlados en gran medida por delegados sindicales, repartirn ms dinero a costa de la explotacin de los obreros, de la naturaleza y de los indgenas que desplaza la hidroelctrica.

La cuarta es que toda estrategia para cambiar el sistema debe instalarse slidamente entre aquellos que ms sufren este sistema, los del stano. Pensar en la unidad orgnica de los de abajo es colocar en el timn de mando a los que hablan y negocian mejor, a los que tienen ms medios para estar all donde se toman las decisiones, o sea, el arriba del abajo. Son los que mejor se mueven en las organizaciones formales, las que cuentan con locales amplios y cmodos, funcionarios y medios de comunicacin y de transporte.

Los del stano se renen donde pueden. A menudo en la calle, el espacio ms democrtico, como los Occupy Wall Street, los indignados de Grecia y Espaa, y los rebeldes de El Cairo. No lo hacen en torno a un programa sino a un plan de accin. Y, claro, son desordenados, hablan a la vez y a borbotones.

Las estrategias para cambiar el mundo deben partir, a mi modo de ver, de la creacin de espacios para que los diferentes abajos, o izquierdas, se conozcan, encuentren formas de comunicarse y de hacer, y establezcan lazos de confianza. Puede parecer poco, pero el primer paso es comprender que ambos sectores, o trayectorias, nos necesitamos, ya que el enemigo concentra ms poder que nunca.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/01/27/index.php?section=opinion&article=023a1pol



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