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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2012

Confesiones de un adicto a las armas en recuperacin

William Astore
Tom Dispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Tal vez habis odo hablar de Makin Thunderbirds, una amarga cancin de rocanrol de Bob Seger que escuch hace 30 aos mientras iba a la universidad. Trata de trabajadores de la industria automovilstica en 1955 que se sentan jvenes y orgullosos por estar fabricando coches Thunderbird de Ford. Pero a principios de los ochenta, Seger cantaba: las plantas han cambiado y tienes suerte si trabajas. Seger capt la realidad de una infraestructura manufacturera estadounidense que se erosionaba gravemente mientras puestos de trabajo sindicalizados, capacitados y bien pagados, eran reducidos o enviados al extranjero, y pocas veces volvan a ser vistos por estos lares.

Si la industria automovilstica estadounidense ha mostrado recientemente seales de nueva vida (aunque ya no producimos T-Birds, o Mercurys u Oldsmobiles o Pontiacs o Saturns), hay una forma de manufactura en la cual EE.UU. sigue siendo dominante. Cuando se trata de armamentos, parafraseando a Seger, todava somos jvenes y orgullosos y fabricamos Predators y Reapers (es decir vehculos areos sin tripulacin, o drones) y Eagles y Fighting Falcons (es decir jets de combate F-15 y F-16) y equipndolos con las armas ms letales. En ese nicho del mercado, todava somos la envidia del mundo.

S, somos los ms destacados mercaderes de la muerte, ttulo de un aclamado xito de ventas que denunci el trfico internacional de armas, publicado en EE.UU. en 1934. En aquel entonces, la mayora de los estadounidenses se vean como evasores de la guerra, ms que como especuladores con la guerra. Los malvolos especuladores con la guerra eran sobre todo fabricantes europeos de armas como Krupp de Alemania, Schneider de Francia o Vickers de Gran Bretaa.

No es que EE.UU. no haya tenido sus propios mercaderes de armas. Como sealaron los autores de Mercaderes de la Muerte, nuestro pas demostr temprano una propensin yanqui por extraer chucheras letales de [nuestra] bolsa de buhonero. Sorprendentemente, el Comit Nye del Senado de EE.UU. dedic 93 audiencias entre 1934 y 1936 a sacar a la luz los propios codiciosos intereses en armamentos de EE.UU. Incluso en esos das desesperados de la depresin, un deseo de beneficios y empleos era equilibrado por un fuerte sentido de ansiedad ante este mortfero comercio, una ansiedad reforzada por los horrores y hecatombes de la Primera Guerra Mundial.

Ya no sentimos ansiedad. Actualmente nos enorgullecemos (o por lo menos no nos avergonzamos) de ser de lejos la nacin del mundo que exporta ms armas. Unas pocas estadsticas lo demuestran. Desde 2006 a 2010, EE.UU. fue responsable de casi un tercio de las exportaciones de armas del mundo, sobrepasando fcilmente a una Rusia resurgente en la carrera de los Seores de la Guerra. A pesar de una disminucin de las ventas mundiales de armas en 2011 debido a las presiones de la recesin, EE.UU. aument su parte del mercado, y fue responsable de un inmenso 53% del comercio en ese ao. El ao pasado EE.UU. iba a entregar ms de 46.000 millones de dlares en ventas de armas al extranjero. Quin dice que EE.UU. no sigue siendo nmero uno?

Para una lista de compras de nuestros negocios de armas, vale la pena buscar en la base de datos para exportaciones e importaciones de armas del Instituto Internacional de Investigacin de la Paz de Estocolmo. Revela que, en 2010, EE.UU. export grandes armas convencionales a 62 pases, de Afganistn a Yemen, y plataformas de armas que van desde jets de combate F-15, F-16 y F-18 y tanques de batalla Abrams M1 a helicpteros de ataque Cobra (enviados a nuestros compaeros paquistanes) a misiles teleguiados de todos los sabores, colores y tamaos: AAMs, PGMs, SAMs, TOWs una verdadera sopa de letras de acrnimos de misiles. No importa su significado especfico: todos han sido hechos para hacer volar cosas por el aire; todos han sido hechos para matar.

Pocas veces se discute en el Congreso o en los medios noticiosos de EE.UU. la sabidura o la moralidad de esos negocios de armas. Durante los ltimos das tranquilos de diciembre de 2011, en anuncios separados cuya oportunidad no puede haber sido accidental, el gobierno de Obama expres su intencin de vender casi 11.000 millones de dlares en armas a Iraq, incluidos tanques Abrams y caza bombarderos F-16, y casi 30.000 millones en cazas F-15 a Arabia Saud, como parte de un mayor negocio de 60.000 millones de dlares en armas para los saudes. Pocos en el Congreso se oponen a tales negocios de armas ya que los contratistas de la defensa proveen empleos en sus distritos y donaciones fciles para las campaas electorales al Congreso.

Detengmonos a fin de considerar lo que implica un negocio de armas semejante para Iraq. En primer lugar, Iraq solo necesita tanques y cazas avanzados porque destruimos su generacin anterior de los mismos, sea en 1991 durante Escudo/Tormenta del Desierto o en 2003 durante Operacin Libertad Iraqu. En segundo lugar, Iraq necesita ostensiblemente semejantes poderosas armas convencionales para disuadir una invasin iran; sin embargo el actual gobierno en Bagdad est estrechamente alineado con Irn, por cortesa de nuestra invasin en 2003 y la ocupacin fracasada que vino despus. En tercer lugar, a pesar de sus necesidades, los militares iraques no estn ni cerca de poder poner en marcha y mantener semejante armamento avanzado, por lo menos sin un continuo entrenamiento y apoyo logstico suministrado por los militares de EE.UU.

Como dijo preocupado hace poco un oficial de la Fuerza Area de EE.UU. que sirvi de asesor a la incipiente Fuerza Area Iraqu, o IqAF:

Podr reabastecer la IqAF a sus propios aviones? Pueden ofrecer los militares iraques una proteccin adecuada y seguridad para sus bases? Puede la IqAF suministrar servicios de administracin de aeropuertos en sus bases cuando vuelvan al control iraqu despus de ocho aos de direccin estadounidense? Puede la IqAF asegurar la simple generacin de electricidad para mantener la operacin de sus instalaciones? Podr la IqAF capacitar y retener a sus aviadores?... Solo el tiempo dir si nos fuimos demasiado pronto [de Iraq]; a pesar de todo, incluso sin un nuevo acuerdo de seguridad, la Fuerza Area de EE.UU. puede seguir estando junto a la IqAF.

Dicho sin ambages: Dudamos de que los iraques estn listos para poner en marcha y volar F-16 construidos en EE.UU., pero se los vamos a vender a pesar de todo. Y si la historia pasada nos ha de servir de gua, si los iraques llegan a volver esos aviones contra nosotros, los haremos volar en pedazos o los derribaremos y despus (ojal) les venderemos algunos ms.

Nuestro mejor cliente de armas

Seamos realistas: las armas que vendemos a otros palidecen en comparacin con las armas que nos vendemos a nosotros mismos. En el mercado de armas letales, somos nuestro mejor cliente. Los estadounidenses estn enamoradas de ellas, mientras ms alta tecnologa y ms caras, tanto mejor. Yo debiera saberlo. Despus de todo, soy un adicto a las armas en recuperacin.

Bien avanzada mi adolescencia, me fascinaba el armamento militar. Constru modelos de los que eran entonces los ltimos aviones de guerra de EE.UU.: el A-10, el F-4, los F-14, -15 y -16, el B-1, y muchos otros. Lea Aviation Week y Space Technology en la biblioteca para mantenerme al da con los ms recientes desarrollos en la tecnologa militar. No es sorprendente, tal vez, que haya continuado para promoverme en ingeniera mecnica en la universidad y que haya entrado a la Fuerza Area como ingeniero de desarrollo.

Enamorado como estaba de dispositivos de poscombustin y de la construccin de armas impecables, tambin comenc a leer libros como National Defense de James Fallows (1981) entre otras tempranas crticas del desarrollo de la defensa de Carter y Reagan, as como el ligeramente subversivo y siempre intuitivo Augustine Laws (1986) de Norman Augustine, ms tarde director ejecutivo de Martin Marietta y de Lockheed Martin. Eso y mi propia experiencia en la Fuerza Area me pusieron en alerta sobre los miles de millones de dlares que estbamos dedicando a la construccin de armas de alta tecnologa con precios cada vez mayores pero una utilidad cuestionable.

Tal vez el mejor ejemplo de la persistencia de este fenmeno es el F-35 Lightning II. Producido por Lockheed Martin, se haba previsto que el F-35 fuera un caza bombardero asequible (a unos 50 millones de dlares por copia), un perfecto complemento para el mucho ms costoso F-22 Raptor de superioridad area. Pero las usuales demoras, excesos de costes, problemas tcnicos, y cambios en requerimientos han elevado el precio del F-35 a 160 millones de dlares por avin, suponiendo que los militares de EE.UU. persistan en sus planes de comprar 2.400. (Si el Pentgono decide comprar menos, el costo por avin aumentar al nivel del F-22.) Segn clculos recientes el F-35 costar ahora a los contribuyentes estadounidenses (t y yo) por lo menos 382.000 millones de dlares en desarrollo y produccin. Una suma semejante para un solo sistema de armas es suficientemente vasta como para ser incomprensible. Por ejemplo, financiara fcilmente todos los gastos del gobierno federal para educacin en los prximos cinco aos.

El creciente coste del F-35 recuerda la ms famosa de las leyes de Norman Augustine: En el ao 2054, escribi a principios de los aos ochenta, todo el presupuesto de defensa [bastar] para comprar solo un avin. Pero la pregunta ms profunda es si nuestros militares realmente necesitan el F-35, una pregunta que es formulada pocas veces y que nunca es siquiera considerada seriamente, por lo menos por el Congreso, cuya filosofa sobre la construccin de armas se parece en mucho a la del Rey Lear: Oh, no razonis la necesidad.

Pero razonemos la necesidad en trminos puramente militares. Actualmente, la Fuerza Area se orienta cada vez ms hacia drones sin tripulacin. Mientras tanto, siguen existiendo numerosas plataformas perfectamente buenas y tiles para misiones de ataque y de apoyo areo, de F-16 y F-18 en la Fuerza Area y la Armada a helicpteros Apache en el Ejrcito. Y aunque muchos de nuestros cazas de combate existentes se pueden estar acercando a los lmites de integridad estructural, nada impide que los militares de EE.UU. produzcan versiones actualizadas de los mismos. Qu diablos!, es precisamente lo que les estamos vendiendo a los saudes versiones actualizadas del F-15, desarrollado en los aos setenta.

Por el puro coste, es probable que compremos menos F-35 de los que desean nuestros militares, pero muchos ms de los que necesitamos realmente. Lo haremos por Weapons R Us. Porque construir cazas de combate ultra-costosos es una de las pocas industrias de alta tecnologa que no hayamos exportado (por preocupaciones de seguridad nacional y de secreto), y por lo tanto una de las pocas industrias en EE.UU. que todava tiene empleos manufactureros bien remunerados con decentes prestaciones para sus empleados. Y quin puede disputar eso?

El coste en ltima instancia de nuestra mercanca letal

Evidentemente, EE.UU. ha tenido xito en el trfico global de armas. Cuando se trata de invertir en fuerzas armadas y armamentos, ningn pas se puede comparar con nosotros. Somos supremos. Y a pesar del habla de modestos recortes del presupuesto del Pentgono durante la prxima dcada, seguir creciendo, segn el presidente Obama, lo que significa que en trminos de armas el futuro sigue siendo brillante. Despus de todo, los gastos del Pentgono en investigacin y desarrollo ascienden a 81.400 millones de dlares, lo que representa un sorprendente 55% de todos los gastos federales en investigacin y desarrollo y posibilita mucha oportunidad de desarrollo de nuestra prxima generacin de armas maravilla.

Pero a qu precio para nosotros y el resto del mundo? Nos hemos convertido en los abastecedores de armamentos para los puntos candentes del planeta. Y esas entregas de armas (y el entrenamiento y las misiones de apoyo que las acompaan) tienen hacer que esos puntos sean an ms candentes como en plomo caliente.

Como pas, parecera que tenemos la fascinacin de un adolescente con el equipamiento militar, una adiccin que nos impulsa a reventar nuestra propia asignacin presupuestaria. Al mismo tiempo, vendemos armas de la manera como punks adolescentes venden fuegos artificiales a nios ms jvenes: por beneficios y con poca consideracin por cmo podran ser utilizados.

Hace sesenta aos, se deca que lo que era bueno para General Motors es bueno para EE.UU. En 1955, como cant Bob Seger, ramos jvenes y fuertes y construamos

Thunderbirds. Pero hoy tocamos una nueva cancin con un texto nuevo: lo que es bueno para Lockheed Martin o Boeing o [coloque su gran contratista de la defensa preferido] es bueno para EE.UU.

Cun lejos hemos llegado desde los aos cincuenta!

William J. Astore, teniente coronel (USAF) en retiro es colaborador regular de TomDispatch. Aprecia comentarios de los lectores en [email protected]ail.com.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175493/



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