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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2012

Entrevista a Enrique Falcn
Ocho preguntas sobre el anarquismo (V)

Arturo Borra
Archipilago resistencia


1) Al menos en la Europa de la ltima dcada algunos movimientos sociales tal como ocurre con el movimiento 15-M- han reactivado de forma ms visible un cierto espritu libertario. Qu factores inciden en este retorno del anarquismo? De forma inversa: por qu ese espritu libertario no cuenta con apoyos sociales ms amplios?

Si quieres que te diga la verdad, yo no percibo un especial regreso del anarquismo, ni siquiera querindolo observar a travs de la experiencia colectiva con que entendemos el 15-M. Me imagino que desde esta apreciacin habra que hablar entonces de la crisis del keynesianismo en occidente, de la cada del rgimen sovitico, de la rendicin de los estados nacionales a las familias ms ricas y a los mercados, o de la incompatibilidad acuciante que existe entre expansin capitalista y naturaleza.

Es cierto que el No nos representan del 15-M podra hacernos pensar en esa supuesta vuelta del anarquismo. Sin embargo, hay dos hechos que podran llevarnos a repensar esto con otros matices. El primero es que ese mismo movimiento tambin se alimenta de elementos propiamente socialdemcratas que no estaran del todo dentro de sus supuestas filiaciones libertarias. En segundo lugar, sera quiz deshonesto pensar en un regreso del anarquismo cuando las prcticas sociales del movimiento libertario vienen de bien largo, desde hace dcadas, expresndose histricamente en diferentes circunstancias concretas.

Existe adems un tercer hecho sobre el que creo no podemos pasar de puntillas una vez entrados en este nuevo ciclo histrico. El aparente desmantelamiento actual del estado en manos de la voracidad de los mercados pareciera correr paralelo a un regreso del anarquismo, cuando estoy ms que convencido que no es ms que un espejismo cuidadosamente tramado: el estado, en fin, sigue siendo hoy una de las mejores instituciones con las que poder canalizar los intereses de clase de los ms poderosos. El parlamentarismo con el que se pretende legitimar ese estado recortado no hace ms que actualizar la necesidad de prcticas sociales reivindicadas desde hace tiempo por el mundo libertario. Y ese mundo no podr recibir apoyos sociales ms amplios mientras se siga creyendo que, ante las llamadas fuerzas del mercado, es imprescindible apuntalar la arquitectura de lo estatal.

Es decir, en el actual estado de cosas la pregunta que cabra hacerse es: hasta cundo seguiremos creyendo que la la fuerza de nuestros votos cambiar de veras la actual alianza entre estado y mercado? Cuntas catstrofes seremos capaces de acumular para desvelar por fin el rostro actual que se enmascara en ese espejismo de pactos?

2) Admitamos que no hay garantas para la promesa de otro mundo posible. En esas condiciones de incertidumbre, cmo movilizar a diferentes sujetos colectivos en la construccin de un porvenir deseado?

Tenemos un pnico tremendo a ser autnticamente libres y, al mismo tiempo, somos ms que conscientes de que ese miedo existe, tanto en nosotros como en nuestra propia biografa de educacin y formacin. Lo realmente complicado es desear empoderarnos de nuestra historia, y hacerlo en comn. Precisamente la experiencia acumulada del anarquismo nos muestra cmo se ha podido vencer esa lgica de encierro y de dejacin de nuestra propia libertad: un hombre o una mujer diciendo No es un hombre y una mujer posibles, claro que s. Si no nos creemos eso, deberamos entregarnos ya a la resignacin que se nos predica, a la destruccin mutua, o al fascismo.

Las prcticas compartidas de liberacin (bien reales en nuestra historia y lejos del misticismo de la conversin individual) alimentan esa posibilidad comn de resistencias y desobediencia, all donde se ejercen, y son precisamente esas prcticas sociales (el anarquismo, creo, es ms una prctica social viva que una teora meticulosamente preestablecida) las que nos pueden demostrar que no es un absurdo educarnos desde otras lgicas posibles. S que aqu deberamos sacar algo de artillera de los manuales de antropologa, pero reconozco que yo me manejo muy mal con la teora; con la palabra potica en la mano (quiz me desenvuelva algo mejor ah) quise expresar esto mismo, no hace mucho tiempo, con este poema, por si sirve de algo:

CANCIN DEL LEVANTADO

No adoptes nunca el nombre que te d la polica No acerques tu caricia a la piel del invasor No comas de su trigo, no bebas ms su leche No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal

No esperes casi nada de su magistratura No reces en su lengua, no bailes con sus ropas No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes Ni alojes en su boca la sal de tu sabor

No guardes en el stano ms bombas incendiarias No firmes con tu letra los presagios del poder No tiendas ms cadveres en la comisara No esperes nunca nada de la voz del atad

No entregues tu camisa a ninguno de sus bancos Ni viertas en tu vientre el pozal de una bandera No lleves a tu amigo a los pies del impostor

No dejes que su lengua fructifique tras tu casa

No dejes a tus hijos,

no permitas a tus hijos correr por su jardn.


Valdra entonces el poemita de marras. O, mejor an, aquello que sola repetir nuestro Fermn Salvochea: Los pobres son los ms y tienen la razn y la fuerza de su parte. Qu necesitan para vencer? Solamente quererla .

3) La frontera entre marxismo heterodoxo y anarquismo no siempre resulta ntida, aunque sus diferencias con respecto al estado son conocidas. En este punto, qu puede aportar ese discurso marxista al movimiento libertario?

Las fronteras entre esos dos mundos el marxista y el libertario son ms ntidas y cerradas en la teora que lo que en realidad ocurre en las calles, donde el transvase de intuiciones y prcticas es ms fluido de lo que cabra imaginar. Dicho esto, y reconocida la transfusin recproca entre esos dos discursos (realmente son solamente dos?), la pregunta a lo mejor no sera tanto cules podran ser las mejores aportaciones del marxismo al anarquismo (o a la inversa), sino qu aportan ambos, y cada uno, en el frente de las resistencias comunes al sistema de poder actual, cmo cuestionarlo de manera ms eficaz y visible.

En todo caso, se me ocurre que de un marxista un buen anarquista podra aprender algunas cosas acerca de la gestin de la fuerza; y que, de un modo inverso, de un anarquista un buen marxista podra aprender tambin alguna cosa acerca de la gestin de las decisiones verdaderamente colectivas.

4) De qu forma podra concebirse la transicin desde los actuales estados-nacin a una sociedad sin estado, dando por sentado que los grupos hegemnicos ya despliegan todos los medios disponibles sin excluir la violencia- para retener su rgimen de privilegios? Cmo se regularan los conflictos tanto en la vida pblica como privada en esa sociedad autogobernada?

Sera muy ingenuo dar una respuesta sencilla a esa pregunta cuando ni siquiera est del todo claro que an estemos manejndonos en las coordenadas de los estados-nacin. Lo cierto es que asistimos a un despliegue asombroso del capitalismo en el que este necesita tanto del poltico clientelista (que se siente cmodo en los entresijos de las administraciones nacionales) como del tecncrata (especialmente hbil cuando se maneja en las redes ms globalizadas de los mercados financieros).

En cualquiera de los dos casos, ambos se han estado apoyando sobre un acto general de dejacin por parte de las poblaciones gobernadas, y ese acto les confiere a ambos un enorme poder de continuidad y legitimidad. No es otra cosa que una especie de pacto delegacionista por el que transvasamos sobre el poltico nuestras propias capacidades de decisin (acerca de qu prioridades polticas hay que tomar en cada momento) y, en caso de fracasar aquel, nuestra propia capacidad de movilizar ideas (acerca de cmo se vuelven efectivas sus formas concretas de organizacin social).

Lo que todava me parece an ms preocupante es si deberemos esperar la emergencia (hablo de Europa) de una tercera figura delegada, la del poltico caudillista, a la que el capital no dudar en recurrir en caso de que incluso el tecncrata tambin resulte insuficiente. Tambin entonces la gente delegar en l su propia capacidad de fuerza, en un nada improbable escenario de sociedades administradas segn corte fascista?

Creo que es precisamente sobre esa continua acta de delegaciones sobre la que deberamos actuar, dinamitando nuestro miedo a la libertad y deslegitimando toda prctica con que la gente renuncia a su empoderamiento en tanto ciudadanos. Es decir, dejar de delegar en los extraos (el poltico clientelista de siempre, el tecncrata de ahora, el caudillo de pasado maana) nuestra decisin, nuestra creatividad y hasta nuestra propia fuerza. De otra manera seguiremos asistiendo a cmo el capital moviliza sus propios intereses (que no son, ni de lejos, los de la ciudadana) a partir de esa triple dejacin.

En fin: a ese No nos representan debera seguir la recuperacin de espacios comunes lo ms autogobernados posibles de decisin colectiva, los presupuestos participativos, la banca ciudadana, los tribunales populares para los conflictos del mbito comn, el control sobre el armamento nacional, la territorializacin sostenible de nuestros recursos, la socializacin de todo medio de produccin, la mesura sobre la productividad y el consumo, la emergencia de las asambleas locales, y todas cuantas prcticas de empoderamiento horizontal sea capaz la gente de movilizar libremente. Pese a ello, mucho me temo que tras el No nos representan nos podamos llegar a contentar con la conquista de alguna que otra reforma electoral, con Sarkozy celebrando ahora una Tasa Tobin, o con una ciberdemocracia tipo Facebook (esas plataformas simpticas para seducir a millones de usuarios a los que colocar publicidad personalizada, ha escrito Isaac Rosa en su ltima novela), ... y que ah se quede todo.

5) Uno de los reproches ms repetidos con respecto a la izquierda es su dificultad de construir frentes de lucha en comn. Qu responsabilidades histricas tiene el anarquismo en la fragmentacin de esos movimientos que buscan activamente una transformacin social radical?

Seguramente que muchas, como tambin ocurri desde otros lados de ese frente de lucha comn. Rastrear esas fracturas sobre todo las que se produjeron en esos momentos de nuestra historia en que la rebelin fue realmente decisiva es un campo minado del que deberamos aprender muchsimo. Pero no es fcil decir esto y quedarse tan pancho cuando se recuerda a los rebeldes de Kronstadt o a los anarquistas espaoles durante la guerra civil.

6) Por qu deberamos renunciar a abrir un frente de lucha tambin (aunque no solamente) en las instituciones del estado, considerando que sus polticas nos afectan de forma directa? Qu posibilidades reales hay de articular representacin parlamentaria y democracia directa?

No creo que sean articulables de modo alguno representacin parlamentaria y democracia directa, sinceramente. Es lo que no acabamos de asumir. El pasado ao 2011 se sald con un hecho devastador (entre los muchos que cabe contabilizar en la memoria del capitalismo): la inconveniencia de que el pueblo griego hablara a travs de una cosa tan sencilla como es un referendo. Lo que no interesaba a los mercados se ratific mediante un acto de decisin por parte de los representantes estatales del pueblo griego. Habra sido una alternativa una lucha en las instituciones del estado para intentar abrir all una salida a la islandesa? Probablemente, pero sabemos en qu suele acabar todo eso.

Para que un partido pueda realmente utilizar con fuerza y eficacia las instituciones del estado, con el deseo de pararles los pies a las fuerzas del mercado, es preciso dotar a ese partido de unas dimensiones tales y de unas dinmicas organizativas tales que acabarn inhabilitndolo como vehculo de democracia directa, aunque fuera precisamente esa su vocacin inicial. Nuestra historia est jalonada de dinmicas como esta (ahora estoy recordando el registro que sobre algo parecido hizo Beln Gopegui en su ltima novela). Basta asomarse a los entresijos de poder que maneja cualquier partido medianamente capacitado para obtener una destacada fuerza en los parlamentos, para comprobar no sin cierta dosis de desolacin sus traiciones de clase y sus alianzas con los sectores estratgicos de poder en las sociedades que pretenden administrar. Creo sinceramente que las estructuras de partido actan de manera impermeable ante cualquier posibilidad medianamente seria de democracia directa; las estructuras de partido ni son asambleas ni generan asamblea a su alrededor.

7) En algunas variantes cratas, de modo similar a lo que ocurre en el liberalismo, la nocin de poder, circunscripta al estado, es concebida en trminos negativos y represivos. Ahora bien, qu implica desistir de toda forma de poder? Qu puede hacer el antipoder ante poderes imperiales globales, despreocupados de la injusticia cotidiana y de la violencia que ejercen sobre millones de seres humanos?

No, los anarquistas no negativizan el poder. De modo alguno. Ni siquiera creo que sea admisible que los neoliberales hayan renunciado al ejercicio de poder, vaya que no. Lo que ocurre es que estos desean ejercerlo (y repito: vaya que lo ejercen) minimizando las dimensiones del estado y arrodillndolo ante las fuerzas del mercado, cuyos intereses sera bueno que no lo olvidramos no suelen ser nunca los de la mayora de la gente.

Los anarquistas desean minimizar el dominio del estado a travs de procesos participativos de empoderamiento popular: la gente ejerciendo su capacidad de decisin (y no seamos ingenuos: esto es poder) en todo lo que afecta a las cosas comunes, sin mediacin de representantes ni de agentes externos del orden. Las prcticas sociales libertarias no desisten, pues, de poder decidir juntos acerca de la vida en comn. La asamblea, de hecho, no se constituye nunca como una fuente de antipoder (aunque este trmino sea desde luego til a la hora de juzgar las posiciones en conflicto): es, de facto, una fuente de poder.

La segunda parte de tu pregunta introduce en todo esto una cuestin ya clsica dentro del pensamiento anarquista, el problema de las escalas: cmo escalar el poder de las dinmicas asamblearias a dimensiones globales sobre territorios cada vez ms complejos? Es esta, de hecho, la misma cuestin que estaran plantendose hoy los idelogos que confan en la fuerza de los estados, acerca de los posibles modos de construccin de un estado global capaz de hacer frente a la internacionalizacin de los mercados financieros y de la ya intenssima comunicabilidad de los espacios tradicionalmente regionales. Desde luego, no es nada fcil manejarse en esas escalas al menos a m me resulta ms que dificultoso y es aqu donde se suele acusar al anarquismo de acabar siendo no ms que una buena idea para pasado maana.

En cualquier caso, a pesar de la tradicional dificultad que el anarquismo muestra para las arquitecturas sociales a gran escala, hay que reconocer quiz hasta con urgencia que los primeros frentes de lucha y contestacin han de partir de lo local, en el mbito de territorios de alcance seguramente ms pequeo. Si las personas somos incapaces de romper jerarquas y delegaciones en nuestra vida social ms cotidiana, cmo plantearnos hacerlo sobre escalas todava ms gigantescas?

8) La actual arremetida del capitalismo mundializado, facilitada por la institucionalizacin del estado de excepcin, parece estar conducindonos a un punto de no retorno en el que el desastre ecolgico y social es una posibilidad cierta, nada remota. Cmo reinventar las luchas libertarias en el siglo XXI, considerando esta dinmica econmico-poltica que nos enfrenta a una situacin indita en nuestra historia?

Si te soy sincero, cuando pienso en el futuro de Europa, soy cada vez ms pesimista: puede que a la postre el fin del capitalismo arrase, efectivamente, con todo. No deberamos menospreciar la posibilidad de estar llegando a ese punto de no-retorno absoluto.

La dinmica autodevoradora del capital es a todas luces imparable y ella misma parece precipitarse al colapso, independientemente de si se reactivan o no fuerzas antagonistas de resistencia. La gran pregunta de nuestro tiempo es si ese colapso dejar justamente antes o justamente despus algn espacio verdaderamente respirable en trminos humanos, o si habremos de asistir en Europa a la emergencia de comunidades humanas refeudalizadas de corte fascista. La figura del caudillo no es, a mi modo de ver, una reliquia del pasado.

Es en ese momento donde ser deseable comprobar el grado de sentido comn acumulado en la memoria histrica de la gente: la experiencia acumulada de prcticas sociales saludables, contenidas, esperanzadoras y autogestionadas podr ser ms que til para hacer creble, entonces, la supervivencia de los pueblos. Y el anarquismo junto con otras fuerzas emancipatorias de resistencia y liberacin tendr entonces mucho que decir.

Fuente: http://archipielagoenresistencia.blogspot.com/2012/01/ocho-preguntas-sobre-el-anarquismo-una.html


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