Portada :: EE.UU.
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2012

Trofeos de guerra

Alberto Piris
La Repblica.com


El coro de las lamentaciones ha sido muy nutrido: absolutamente deplorable, coment el Secretario de Defensa de EE.UU.; la Secretaria de Estado mostr su total consternacin; y el ms alto jefe militar a las rdenes de Obama manifest estar profundamente perturbado. Pero quien se ha visto ms directamente implicado por lo ocurrido, el comandante general del Cuerpo de Infantera de Marina, tuvo que ser ms explcito y declar que los hechos objeto de tan extensa compuncin son totalmente incompatibles con los elevados niveles de conducta y de tica blica que hemos mostrado a lo largo de nuestra historia.

La escena que ha provocado este generalizado rasgar de vestiduras en EE.UU. se ha difundido por todo el mundo: cuatro uniformados infantes de marina orinando sobre los cadveres de unos afganos no identificados. Conviene aadir que en el vdeo tan propagado (aunque no en las fotografas) se han difuminado pdicamente los orgenes desde donde brota la cudruple miccin: como si lo reprobable fuera contemplar los rganos excretores de los bravos soldados y no la vergonzosa operacin a la que estn dedicados con entusiasmo. Escuchando atentamente se oye a uno de ellos decir: Que tengas un buen da, colega dorada, como una ducha, dirigindose probablemente a la vctima por l rociada.

Ciertamente hay mucho de lo que avergonzarse, pero la condena oficial de la conducta inapropiada de unos soldados suena a falso; sobre todo cuando hay antecedentes fidedignos de una aceptada obscenidad, solo reprobada oficialmente cuando salen a la luz pblica documentos comprometedores. Las ya famosas fotos de Abu Ghraib fueron solo la parte visible de un iceberg profundo, producto de las guerras libradas contra unos pases, lejanos e incomprensibles para los soldados invasores, y contra unos combatientes despreciados. Despreciados porque oficialmente haban sido calificados como insurgentes, terroristas, malhechores (esto es, agentes del eje del mal que invent Bush II) y, por tanto, no eran vistos como enemigos, ni siquiera como seres humanos. Eran simples objetos ajenos sobre los que desfogar las frustraciones de unos soldados que no vean cerca la victoria que se les haba prometido, la que justificara sus padecimientos en el campo de batalla y les permitira un triunfal regreso a casa.

Es una vieja y muy extendida tradicin blica el coleccionar trofeos de guerra. Entre los ms deseados despojos en la historia de las guerras estn las banderas y pendones del enemigo y sus mujeres. Pero la gama de posibles trofeos ha sido muy variada. Algunos indios de Norteamrica coleccionaban las cabelleras arrancadas a los blancos que invadan sus tierras; y los ejrcitos napolenicos arramblaron con todas las obras de arte que encontraron en sus correras por Europa y frica, enriqueciendo as los museos de la dulce Francia.

Aos atrs, un veterano de las guerras espaolas en frica me mostr los dedos momificados, arrancados al cadver de algn rifeo que en los aos 20 del pasado siglo haba muerto frente a la posicin donde estaba destacado. No es que los venerara como el brazo de Santa Teresa (tan arrugados y repulsivos como ste se vean), pero para l eran el reconfortante recuerdo de un tiempo pasado en que luch contra un enemigo y sinti la emocin juvenil de arriesgar su vida.

Ahora no es necesaria tanta violencia para conservar recuerdos blicos. Basta una cmara digital o un telfono mvil para mostrar a los dems, de vuelta a casa, lo que el valiente veterano, que sobrevivi a la violencia de la guerra, ha conocido muy de cerca y ha padecido. O para mostrar su audaz masculinidad, como en el caso aqu comentado, y jactarse aos despus, ante sus nietos, de su pasado como hroe de guerra frente a los humillados enemigos derrotados.

Pero esos trofeos acaban sirviendo, a la larga, para registrar indeleblemente la crueldad de la guerra y ponerla al alcance de los que viven ajenos a ella. No hay que ir muy lejos: le propongo al lector una direccin de Internet que lo demuestra; su horror puede ser insoportable, pero reflejan una realidad de hoy:

http://warisacrime.org/image/tid/55

Lo que observar el lector que abra esta pgina son simples fotografas que los soldados conservan o envan a casa, como trofeos de guerra. No necesitan cortar personalmente los dedos a un cadver: ellos se limitan a fotografiar lo que ven. Son imgenes brutales y sangrientas. Son el resultado inevitable de la guerra, de cualquier guerra.

Pero es lcito preguntarse: quines toman estas fotografas? por qu lo hacen? quines disfrutan con ellas? Y por ltimo, revela su difusin esos altos niveles de conducta y de tica blica a los que aluda el comandante general de la Infantera de Marina?

El horror el horror, es la conclusin de Apocalipse Now, una de las mejores pelculas de guerra que conozco. Basta con escarbar bajo la delgada piel de la guerra para encontrar irremediablemente el horror, todo horror.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter