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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-04-2005

Un papa nazi

Marcos Roitman
La Jornada


Existen muchas formas de eximir responsabilidades. Nuestra sociedad occidental, catlica, apostlica y romana es rica en argumentos absolutorios. El mercado ofrece amplia gama para tranquilizar la conciencia. Si lo hace ante el confesor, el pecado se resuelve en el bis a bis entre el sacerdote y el transgresor. Se absuelve al pecador por el rezo y la constriccin. Amparado en el secreto de confesin me acuso de matar: cuatro padre nuestros y dos rosarios cantados; de violar: tres ave mara y dos padre nuestros; de robar: ayuno y rosario. Y a la semana siguiente, ms de lo mismo. As se puede estar toda una vida matando, violando o robando convencido, domingo a domingo, que la absolucin del sacerdote deja limpio de pecado y purifica el alma. La defensa de la fe consiste en mantener vivo este principio y no cuestionar su existencia. Sobre todo en una sociedad capitalista donde Iglesia y Estado comparten una teologa poltica sobre la cual construyen su poder omnmodo. Joseph Ratzinger lo sabe, por eso persigui durante 25 aos, como prefecto de la Congregacin de la Fe, antigua inquisicin, a los telogos reformadores ms destacados del siglo XX y call ante el asesinato de sacerdotes de la teologa de la liberacin.

Mas la sociedad poltica exonera hoy el pasado secular y la biografa ciudadana del nuevo papa. Ratzinger forma parte de una institucin, la Iglesia, en cuya organizacin coexisten cardenales, obispos, arzobispos, prrocos y cohabitan pederastas, nazis, ladrones, corruptos, mafiosos, torturadores, asesinos, anticomunistas, y algunos catlicos honestos. Es una institucin cuyo poder se extiende a la sociedad civil y donde la capacidad de controlar la vida despus de la muerte y la purificacin del alma le otorga un plus capaz de competir con el poder de cualquier empresa transnacional. Sus mecanismos de presin son los mismos que utiliza cualquier monopolio a la hora de maximizar sus beneficios y de imponer sus dogmas. Poca diferencia existe entre el FMI y el Vaticano.

Con motivo de la eleccin del nuevo director gerente del consejo de administracin de la Iglesia, emerge una biografa pblica poco conocida de la juventud del elegido, ahora Benedicto XVI. A los 13 aos, por decisin propia se afilia a las juventudes hitlerianas, hecho irrelevante en su carrera al purpurado o intrascendente, pero que cobra fuerza a los efectos de su transfiguracin en papa. Sobre todo si consideramos que tras la decisin de los cnclaves se expresa el Espritu Santo. Es decir, su iluminada fe sabe que un muchacho alemn en pleno Tercer Reich asume el ideario nazi y ms adelante participa de su organizacin militar. Hoy, para redimirlo se argumenta la desercin del mozo en medio de la batalla. Nada nos dice si tal acto supuso el abandono de la ideologa nazi. Muchos ex militantes del partido nazi, tras la derrota militar, han mantenido sus convicciones slo que no lo publicitan al no ser requisito para sobrevivir. Recordemos que en Alemania, para cubrir este pasado ignominioso de muchos cobardes se intenta justificar la pertenencia a las juventudes hitlerianas como parte de una imposicin del Tercer Reich a la ciudadana. Argumento falso. Muchos alemanes se negaron a serlo y pagaron por ello. Sin embargo, hoy, tras medio siglo del Holocausto un ex joven nazi es elegido sucesor de Pedro. Para ms INRI ejerci, ya lo sealamos, durante 25 aos vocacionalmente la inquisicin durante el papado de Juan Pablo II. Es decir, estamos en presencia de un hombre que se labra su personalidad acorde con sus principios ideolgico-polticos. Es reincidente y se jacta de ejercer el poder de manera totalitaria y sin espacio para la crtica, el dilogo o un encuentro con la tolerancia y la diferencia. Ratzinger aplic el principio de la solucin final para el discrepante. Se manifest abiertamente contra el avance de la ciencia, la razn humana, el progreso y la teora de la evolucin. Conden no slo a telogos y teologas de la liberacin humana: ha sido escrupuloso defensor de una Iglesia cerrada y elitista comprometida con el poderoso.

Resulta curioso que creyentes, catlicos practicantes, dirigentes polticos y miembros de la sociedad comprometidos con la defensa de la democracia y la dignidad no levanten con mayor fuerza su voz y reclamen contra semejante ignominia al elegir un nazi confeso como su pastor. Al menos deberan exigirle abominacin pblica del nazismo. De lo contrario la responsabilidad de los catlicos en la absolucin del nuevo papa de su pasado nazi e inquisitorial es tan importante como la de quienes en el agnosticismo podemos comprobar que durante 40 aos, Ratzinger ha sido un gran baluarte en la prctica de los mtodos de la contrarreforma. Ahora resulta que haber sido nazi por conviccin es un atenuante en el currculum para llegar a papa. Antes poda haber cortado la carrera a la designacin, en este momento se soslaya. El argumento que exime es caricaturesco: todos los alemanes eran nazis, no menos que todos los italianos fascistas. Podemos hacer una larga lista inclusiva donde apelar al "todos son" o "eran" acaba por ser una gran mentira. Ni todos eran ni todos son. En Chile, militares se opusieron a la tortura y fueron asesinados. En Argentina y otros pases sucedi algo similar. Pero existe la vulgarizacin donde se oculta la vida ejemplar que rescata la condicin humana y donde se refleja toda la esencia tica de la dignidad. Es mejor apoyar la cobarda bajo el "todos" eran nazis y camisas negras. Ni todos fueron ni todos eran. Para ejemplo: Scrates y Giordano Bruno. Y muchos que desde el anonimato defienden la dignidad y la condicin humana. Si no, preguntenle al EZLN.




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