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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2012

Sobre el dficit
El inicio del inicio de un viaje a ninguna parte

Pedro Montes
Rebelin


Cualquier persona no versada en cuestiones econmicas debe andar aturdida con las continuas menciones al dficit pblico. A esto, inmediatamente hay que aadir que los ciudadanos estn siendo confundidos y engaados con el tema del susodicho dficit. El propsito de este artculo es clarificar lo que significa el dficit y desvelar la manipulacin que se est haciendo del mismo.

Ante todo, el dficit siempre ha de referenciarse a un perodo temporal, un ao por ejemplo, y por ello se habla del dficit de tal o cual ao. Todo ente econmico -una persona, familia, empresa, ONG, un ayuntamiento, el Estado, el conjunto de las Administraciones Pblicas o, globalmente, un pas- registra un dficit cuando, en un periodo de tiempo, sus ingresos son inferiores a los gastos realizados. La diferencia tiene que cubrirse necesariamente generando una deuda. As, por ejemplo, si en el ao uno el conjunto de las Administraciones Pblicas formadas por el Estado, la Seguridad Social, las Comunidades Autnomas y los Ayuntamientos- ingresan por 100 y gastan por 120, han de generar una deuda de 20. Si, en el ao dos, repiten estas cuantas de ingresos y gastos, el dficit ser el mismo y habrn de endeudarse por otros 20, de modo que al final del segundo ao, a pesar de repetirse el dficit, la deuda acumulada ya es de 40. Si, en el ao tres, los gastos son los mismos, pero los ingresos aumentan a 110, el dficit se reducir a la mitad, a 10, pero la deuda habr de incrementarse en estos otros 10, hasta 50. En el cuarto ao, si los ingresos suben a 120 y los gastos se reducen a 115, habr un supervit de 5, que se traducir en una disminucin de la deuda hasta un volumen de 45. Como se ve, la deuda en un momento dado, o si se prefiere al final de un ao, es la suma de los dficits incurridos menos los supervit registrados en los aos anteriores.

Por ello, para calibrar la situacin financiera de un ente econmico en un momento concreto, pongamos nuevamente de ejemplo a las Administraciones Pblicas, hay que considerar y evaluar simultneamente los dficits generados y el volumen de deuda que se ha acumulado hasta ese momento. Si se han estado registrando dficits pblicos considerables y, al mismo tiempo, el conjunto de las Administraciones Pblicas ya tiene acumulada una deuda elevada, que suele medirse en relacin con el PIB de la economa, se estar en la peor situacin de las posibles. Si se ha incurrido en dficits pequeos o, incluso, algn supervit y el volumen de deuda es reducido, se estara en una buena posicin. Las combinaciones posibles son muy variadas y, entre ellas, puede ocurrir que, estando reducindose significativamente el dficit, la posicin sea muy delicada, debido a que el volumen de deuda acumulado sea muy elevado. En estos momentos los casos as tienen mucho inters porque, estando los gobiernos de los pases de la zona euro obsesionados por la reduccin de los dficit pblicos, el conseguir dicha disminucin no mejorar los problemas financieros de fondo, que estn generados por el enorme volumen de deuda pblica existente.

Lo lmites a los dficits pblicos que los pases podan registrar anualmente y el montante que sus deudas pblicas acumuladas podan alcanzar estaban recogidos en las famosas condiciones de convergencia de Maastricht. Son, respectivamente, el 3% y el 60% del PIB. El establecimiento de estos lmites era una exigencia razonable para formar parte de la moneda nica, teniendo en cuenta que, a partir de la creacin del euro, los Estados no tendran la posibilidad de recurrir a sus propios bancos centrales para financiar los dficits - ni los Estados ni los dems entes pblicos tienen ya esta posibilidad histrica de endeudarse con su banco central. Esto es, lo que se llama monetizar la deuda-. Finalmente, en el euro entraron todos los pases que as lo quisieron, con independencia de la situacin de sus finanzas pblicas y del cumplimiento de los criterios establecidos. Esto constituye una de las debilidades originales de la moneda nica y uno de los motivos de la actual crisis europea.

Nuestro pas, con respecto a estas dos condiciones, entr a formar parte del euro en una situacin comparativamente aceptable. En el ao 1998, las Administraciones Pblicas tuvieron un dficit del 3,2% del PIB, tras unas correcciones realizadas en los aos previos, y la deuda pblica alcanzaba al final de ese ao, en el momento de nacer la moneda comn, un montante equivalente al 63,2% del PIB.

En los aos siguientes y hasta el 2007, esta situacin mejor progresivamente hasta la eclosin de la crisis financiera internacional en septiembre de 2008, con la quiebra del banco norteamericano Lehman Brothers. As y como media, en los seis aos posteriores a 1999, el dficit pblico anual fue de slo el 0,7% del PIB e, incluso, en el trienio 2005-2007 se registr un supervit medio anual del 1,6% del PIB. La deuda pblica medida en trminos del PIB registr una cada continua, llegando a descender hasta el 36,2% del PIB a finales de 2007 (conviene resaltar e insistir en que stas son cifras referidas slo a las Administraciones Pblicas, pues en todo el periodo analizado la economa espaola estuvo generando anualmente importantes dficits con el exterior, con el correspondiente aumento del volumen acumulado de la deuda de nuestro pas frente al resto del mundo. Vistas las cifras del comportamiento del sector pblico, estos hechos hay que atribuirlos fundamentalmente al sector privado de la economa).

La crisis internacional de 2008 cambi abruptamente el panorama y las condiciones en que se desenvolvan las economas de todos los pases. No es ste el lugar para describir la crisis ni el impacto que produjo en las principales economas. Slo dos hechos a destacar: la descomposicin de los mercados financieros levant el manto que cubra los profundos desequilibrios reales y financieros existentes en la zona del euro. La moneda nica haba gestado una profunda crisis, que estuvo soterrada por la euforia dominante y las facilidades financieras existentes, pero que hubiera estallado con o sin crisis internacional. Para la economa espaola, y ste es el segundo hecho resaltable, la crisis ha cobrado rasgos tenebrosos como consecuencia del gran endeudamiento frente al exterior en que se haba incurrido desde la creacin del euro y de la quiebra de un periodo de expansin econmica sustentado en la construccin. La socavada situacin financiera espaola qued descarnadamente puesta de manifiesto y la economa entr en una depresin con efectos harto conocidos.

La incidencia de la crisis financiera internacional, la recesin y el estallido de la burbuja inmobiliaria tuvo efectos fulminantes y contundentes en las cuentas pblicas. De un supervit del 1,9% el PIB en 2007 se pas a un dficit del 4,5% en 2008. En los aos siguientes, el dficit ascendi al 11,2% en 2009, al 9,3% en 2010 y parece que ser algo ms del 8% en 2011, frente al 6% proyectado por el gobierno socialista saliente. stas son cifras de magnitud histricamente desconocida y que, reflejadas en el montante de deuda pblica que ha habido que generar, han hecho pasar el volumen de endeudamiento pblico desde el mencionado 36,2% del PIB en 2007 hasta el 70% alcanzado al finalizar 2011.

ste es el marco donde se inicia la poltica del nuevo gobierno del PP, cuyo objetivo, a pesar de sus declaraciones de que est orientada a promover la recuperacin del empleo, se ha centrado desde el primer momento en la correccin del dficit pblico, dando continuidad a la poltica que, desde mayo de 2010, vino practicando el anterior gobierno, tras de ceder y someterse a las instrucciones emanadas de las instituciones europeas y los mercados financieros.

El dficit pblico, en efecto, constituye el eje de la poltica econmica en los ltimos tiempos, al punto que ha llevado a una alevosa reforma de la constitucin, cocinada en pocos das por el PSOE y el PP, para dejar atado el futuro. A partir de ello es donde hay que desenmascarar la reaccionaria, contraproducente e intil orientacin emprendida.
La correccin del dficit pblico puede intentarse desde muy variadas combinaciones de ingresos y gastos pblicos. Esas combinaciones determinan en buena medida el carcter de la poltica social y son las que permiten hablar del carcter regresivo de la poltica social de los ltimos gobiernos. Por otra parte, no es discutible que una poltica fiscal contractiva, como la que implica el intento de reducir el dficit pblico, acaba teniendo una incidencia depresiva sobre la actividad econmica -el anuncio de dos aos de recesin, lo que, en las condiciones de paro de nuestra economa, es simplemente pavoroso-. Pero, adems, todo intento de reducir el dficit acaba por tener un impacto contraproducente en el propio dficit pues la degradacin de la actividad y la demanda acaban repercutiendo en los ingresos y gastos pblicos, con lo cual se genera un crculo vicioso difcil de superar. Eso est ocurriendo en la economa espaola y en otras economas europeas -Grecia, Portugal, Italia, Irlanda -, sometidas al mismo intento de corregir el dficit pblico como necesidad imperiosa e intil para apaciguar a los poderes econmicos europeos.

Por la desconfianza sobre la solvencia de casi todos los pases europeos, por la crisis financiera internacional y la particular del euro, los tipos de inters que se ven obligados a pagar los pases tienden a crecer y, a veces, a dispararse hasta niveles de estrangulamiento, caso de Grecia. As, los dficits se ven agravados por la carga de los intereses de la deuda, que, dado su volumen, llegan a alcanzar cifras muy significativas del gasto pblico de cada pas.
Cabra decir que la reduccin del dficit pblico en las circunstancias actuales se presenta como la caza de la liebre, que se aleja a medida que nos aproximamos a ella. Pero, en fin, supongamos que, en el caso de nuestro pas, se consigue disminuir el dficit pblico segn los proyectos del gobierno. Gobierno que ya ha titubeado respecto a que sea posible reducirlo al 4,4% del PIB en 2012 (el FMI acaba de prever nada menos que un 6,8%) y anda haciendo gestiones por Europa para que el compromiso del 3% en 2013 se aleje en el tiempo, ante la sospecha de que sea realmente imposible conseguirlo (el FMI pronostica ms del doble, el 6,3%).

Supongamos, dndole vuelos a la imaginacin, que la cuestin del dficit pblico entra en vas de solucin. Con ello, sin embargo, no se habra resuelto prcticamente ninguno de los problemas que suscitan las cuentas pblicas. En lo esencial, todo permanecera intacto como consecuencia del volumen acumulado de endeudamiento del sector pblico. Cada punto de reduccin del dficit anual implica unos 10.000 millones de euros, de ahorro dicen los neoliberales, de recortes y ajustes habla la izquierda. Esta cifra, respecto a los 700.000 millones de euros a que asciende actualmente el volumen de endeudamiento pblico resulta insignificante.

Este endeudamiento, formalizado en deuda pblica, en prstamos, crditos u otros pasivos, distribuido entre el Estado y los entes territoriales, y en manos de acreedores nacionales o extranjeros, origina una pesada carga de intereses, impone un calendario de amortizaciones y exige unos proyectos de renovacin complejos y difciles, dadas las nuevas condiciones financieras internacionales, surgidas desde la crisis de 2008 y la prdida de solvencia de nuestro pas. As lo expresan los mercados a travs de la prima de riesgo exigida y las agencias de calificacin con la degradacin de la asignada a la deuda espaola. Algunas Comunidades Autnomas han dejado de poder financiarse en los mercados y se ha llegado a decir que la deuda pblica del Estado espaol, al margen de los aleatorios e incontrolados movimientos cotidianos, puede llegar a tener la consideracin de bonos basura.

La conclusin de todo lo anterior es que el problema tan trado y llevado del dficit, con todas las dramticas consecuencias que originan los intentos de reducirlo, no deja de ser ms que una pequea rmora de la situacin de las cuentas pblicas de economa espaola. Las estimaciones del FMI elevan al 78% del PIB el volumen que el endeudamiento de las administraciones pblicas alcanzar al final de este ao y al 84%, al final de 2013, unos 840.000 millones de euros. Se podr decir que otros pases europeos estn en situacin ms complicada: es verdad, pero as les va a esos pases y as est Europa, destrozada en una crisis global sin salida.

La solucin, si no me equivoco y como he tratado de probar, no puede venir por la va de los ajustes. Las medidas que sern necesario adoptar sern mucho ms truculentas y rupturistas de lo que el gobierno y la sociedad en general imaginan. El panorama es muy sombro e inquietante en lo econmico y en lo social, y, en lo que atae a las cuentas pblicas, ser tambin inevitable plantearse recursos hasta ahora impensables, como acudir a una quita, con lo que ello implica de azuzar el fuego de la crisis europea y del descrdito financiero del pas.

El gobierno, como dije al principio, nos engaa y nos confunde. Para justificar la medidas fiscales adoptadas, contrarias a lo recogido en su programa electoral, ha recurrido a decirnos que son excepcionales y temporales, pero, si todo empeora como parece inevitable, no habr condiciones para dar marcha atrs sino todo lo contrario: nuevas elevaciones de impuestos se justificarn por el lento avance en la correccin del dficit. La liebre se escapa de nuevo. Por otra parte, ha emprendido el camino de los ajustes y recortes, vendiendo que son imprescindibles para remontar la crisis, pero, como hemos visto, los intentos de reducir el dficit son contraproducentes y bastante intiles. El inicio del inicio de este viaje no lleva a ninguna parte, salvo para degradar continuamente la situacin econmica y social.

La crisis es devoradora. En menos de un mes, ha dejado la credibilidad del gobierno a los pies de los caballos. La crisis no era una cuestin de la desconfianza que suscitaba el gobierno Zapatero, como insista Rajoy, y un cambio en el ejecutivo no es la solucin. En pocos das, han tenido que cambiar su discurso poltico y renunciar a su programa electoral, sin que estn sacando al pas del abismo sino hundindolo cada vez ms: no tienen otra propuesta que anunciarnos ajustes y recortes sin lmite para el bien de Espaa, no de los espaoles. Mientras, respecto a la creacin de empleo, ya el gobierno da por hecho, como la cosa ms natural y menos evitable del mundo, una recesin de por lo menos dos aos que nos garantizar, eso s, ms de 6 millones de parados.

En menos de un mes y bastante ms rpidos que Zapatero, los del PP han demostrado ser unos mentirosos compulsivos y unos incompetentes peligrosos.

Pedro Montes es economista. Es miembro de Socialismo 21.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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