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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2012

Minera sangrienta

Francisco Lpez Brcenas
La Jornada


La industria minera en Mxico se sigue tiendo de sangre. Su primera vctima pblica fue Mariano Abarca Roblero, asesinado frente a su casa el da 27 de noviembre de 2009, en la cabecera municipal de Chicomuselo, Chiapas. Miembro de la Red Mexicana de Afectados por la Minera (Rema), el activista pag con su vida haber encabezado la lucha contra Blackfire, la minera canadiense que se apropiaba de los minerales en la regin.

La segunda sucedi el 18 de enero, durante una agresin contra los habitantes del municipio oaxaqueo de San Jos del Progreso encabezada por el presidente municipal, donde muri Bernardo Mndez y qued gravemente herida Abigal Vsquez Snchez. Ambos eran firmes opositores a la minera Cuxcatln, filial de la empresa canadiense Fortuna Silver Inc., que ha comprado decenas de parcelas en ese lugar y pretende explotar el mineral existente en el subsuelo.

Muertes violentas de opositores, como las anteriores, son las menos. Hasta podra decirse que son la excepcin, el ltimo recurso de los personeros de las empresas mineras para convencer a los opositores a sus actividades depredadoras y contaminantes. Son ms las muertes silenciosas, como la de Sofa Figueroa Pea, quien fue afanadora del consorcio minero Goldcorp, con sede en Vancouver, Canad, la cual opera en El Carrizalillo. Figueroa Pea muri el da 4 de diciembre de 2010, despus de dos das de vmitos y convulsiones ininterrumpidas, producidas por manejar el equipo de absorcin atmica del laboratorio de la minera. O como las enfermedades que se denuncian por varias partes de la sierra tarahumara, producto de la contaminacin con los qumicos que se usan para la lixiviacin, que mata animales y plantas. Sucesos de ese tipo dan la razn a los wirrrikas que se oponen a las actividades mineras porque les quita la vida.

Con todo su dramatismo, los anteriores son slo unos ejemplos de lo que sucede en varias partes del territorio mexicano. Para satisfacer los requerimientos del mercado mundial y apuntalar la revolucin tecnolgica las empresas mineras la mayora de ellas extranjeras, aunque no faltan las mexicanas estn dispuestas a llevar adelante sus proyectos de extraccin mineral sin importar el precio para lograrlo, incluida la destruccin de la vida. Pero los pueblos no estn dispuestos a pagar el precio de esa destruccin. Por eso cuando toman conciencia de la amenaza que se cierne sobre ellos reaccionan, se organizan y luchan. De manera lenta pero firme, la resistencia se va tejiendo por muchas partes. Desde Baja California Sur, hasta Chiapas, pasando por Chihuahua, San Luis Potos, Jalisco, Guerrero, Oaxaca y Veracruz.

En todos partes las quejas son los engaos para la firma de contratos leoninos de acceso a la tierra, la destruccin del medio ambiente, las enfermedades que generan y, en general, el peligro que representan para los habitantes de los alrededores.

Como parte de estas resistencias varios pueblos ya se estn movilizando. Los wirrrikas, en la Sierra Madre Occidental, han comenzado peregrinaciones hacia sus lugares sagrados amenazados por las empresas mineras, mismas que culminarn la noche del 6 de febrero en una ceremonia conjunta de todos los centros ceremoniales, como haca aos no suceda; de manera paralela, los das 5 y 6 de este mes, varios pueblos cuicatecos de Oaxaca se reunirn en San Pedro Chicozapotes para acordar acciones que detengan la explotacin minera que los amenaza; mientras tanto, en Guerrero, la polica comunitaria denuncia que el gobierno del estado se ha mostrado abiertamente a favor de la actividad minera y se preparan a responder; mientras, en Veracruz emprenden acciones para oponerse a las actividades de la mina Caballo Blanco, la cual pone en peligro a los pueblos vecinos, por su cercana con la ncleoelctrica Laguna Verde.

A su manera y en sus tiempos, los pueblos resisten. Muchas y variadas son las estrategias que hasta ahora han usado para hacerlo: informacin a los afectados, campaas de denuncia nacionales e internacionales, acompaadas de las movilizaciones correspondientes. Otros incluyen la defensa jurdica en los tribunales nacionales, reclamando los derechos que las leyes les reconocen. Todas ellas son vlidas y si pueden combinarse, mejor. Pero no hay que olvidar que las empresas que enfrentan representan el capital trasnacional y su lucha debe llegar a esos niveles para tener algn xito.

La resistencia debe trascender los lmites nacionales porque si alguna vez este fue un elemento a favor, ahora puede ser un obstculo que les impida alcanzar el triunfo. De ese tamao es el reto y si no se rompe, la minera puede seguir ensangrentando el campo mexicano.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/02/04/opinion/018a1pol



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