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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2012

Seduccin y Capitalismo

Juan Manuel Arags Estragus
Rebelin


En esta sociedad en la que el conocimiento que nos forma como personas es despreciado a favor del que nos forma como herramientas productivas, con la inestimable complicidad de una psicopedagoga al servicio del mercado, como podemos comprobar cada da en la Universidad, se hace imprescindible, si queremos salir de esta crisis que nos asola por la puerta de la esperanza, revalorizar lo que las humanidades aportan al ser humano. Muchas veces escuchamos esa pregunta recurrente y que quiere zanjarlo todo: pero, para qu sirve eso? Y ese eso puede ser el latn, la historia la filosofa, aquellas disciplinas que no reportan una utilidad desde la ptica del mercado (competencias les llaman ahora los expertos) y que solamente sirven, solamente, para convertirnos en personas.

Digo esto porque voy a recurrir a la etimologa, a la disciplina que nos muestra el origen de las palabras y que permite comprenderlas con mayor precisin. A ellas y a los mecanismos que se encuentran detrs de su produccin. Seducir, etimolgicamente, significa , , es decir, , a un lugar que interesa a quien seduce. Es en ese sentido en el que cabe decir que el capitalismo es la sociedad de la seduccin, en la medida en que lleva a los sujetos al lugar que a l interesa fundamentalmente el consumo- con la sensacin por parte del sujeto de que en realidad va porque a l le da la gana.

Hay dos novelas que pueden resumir las formas de dominio contemporneo, Un mundo feliz de A.Huxley, y 1984 de G. Orwell. La segunda ellas nos habla de una sociedad en la que el poder es omnipresente, todo lo quiere controlar y funciona desde la vigilancia y la coercin. Se ajusta bastante correctamente a lo que supuso el modelo de poder totalitario, sea fascista o estalinista. La primera describe una sociedad en la que a travs de estrategias psicolgicas se controla el comportamiento de los individuos; no hace falta vigilarles ni obligarles, pues se hallan perfectamente construidos para ajustarse al modelo social. La novela de Huxley sirve de metfora de nuestra sociedad capitalista de consumo.

Efectivamente, frente al modelo autoritario, en el que al sujeto se le permite o se le niega, se le obliga o se le impide, nuestra sociedad de consumo parece ser la sociedad de la libertad, en la que los lmites son difusos y el poder parece estar ausente de la realidad. El sujeto consumidor consume libremente, lo que l decide, porque quiere. Las posibilidades de eleccin son tan amplias que la sensacin de libertad es constante. Nadie nos obliga a consumir, consumimos libremente y aquello que deseamos. Pero precisamente ah se encuentra la clave.

La seduccin consumista consiste, precisamente, en construir los deseos de las personas. No se trata de decirles lo que tienen que hacer, sino de hacerles ver, a travs de la publicidad, lo magnfica que ser su vida si consumen determinados productos: xito (sexual, laboral, social), felicidad sern nuestra recompensa. El consumo nos conduce hacia el objeto , nos seduce, producindonos la necesidad de tener productos que quiz nunca hubiramos necesitado, deseado, si la publicidad no nos hubiera incitado a ello.

La tremenda inteligencia del capitalismo consiste en someter a la dinmica del consumo tambin los elementos ideolgicos. En cuanto surge una tendencia social potente, el consumismo la fagocita. As ocurre, por ejemplo, con la ecologa, que ha dado lugar a toda una gama de productos que nada tienen de ecolgicos pero que contribuyen a producir en el consumidor, tambin, una satisfaccin de carcter ideolgico. O qu decir de esa obscena empresa de telefona, famosa por sus reducciones de plantilla en tiempos de beneficios astronmicos, que nos vende sus productos escenificando una asamblea del 15-M. Porque lo que en el mbito del discurso, debe vender tambin en el mbito comercial. Y, desde luego, lo saludable, lo ecolgico, o el 15-M, venden en la sociedad contempornea. Aunque, como disociamos las prcticas de consumo, podemos echar en la misma cesta, imaginaria, un producto respetuoso con el medioambiente, un todoterreno y una cafetera de estas que van a llenar de capsulitas todos los vertederos del planeta. Porque ahora, nos han seducido con la idea de que para beber caf hay que, previamente, encapsularlo.

Ya he dicho en alguna ocasin que el socilogo Jess Ibez deca que el individuo es el objeto que mejor ha producido el capitalismo de consumo, pues nos construye tal como nos necesita. Por eso se hace tan difcil buscar alternativas en esta sociedad. Porque su dominio coincide con nuestro modo de vida aceptado. No se trata de luchar contra una sociedad que nos oprime y explota, sino contra un sistema que nos dice que nos hace felices. Y le creemos. Y si realmente no nos sentimos felices, pensamos que el problema no es del sistema, repleto de oportunidades y tentaciones, sino nuestro, que no sabemos aprovechar todo lo que nos ofrece.

Esa es la estrategia final del sistema: responsabilizar al individuo de sus fracasos como sistema. Si no tenemos trabajo, es porque no estamos bien formados, porque no somos suficientemente , insisten los , si no estamos sanos es porque no nos cuidamos lo suficiente, si no somos felices es porque no sabemos encontrar nuestro camino. Y si nuestros pases no salen adelante es porque no saben generar suficiente confianza en los mercados. Ante una estrategia tan impdica, aunque envuelta en papel de celofn, tardaremos mucho ms en dar un puetazo sobre la mesa?


*Juan Manuel Arags Estragus es profesor de Filosofa en la Universidad de Zaragoza

** Una versin reducida de este texto fu publicada por El Peridico de Aragn en http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/seduccion-y-capitalismo_732078.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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