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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2012

La soledad del Coronel Aureliano Buenda

Milson Salgado
Rebelin


Cuando la realidad nos enfrenta a la soledad experimentamos el vaco de ser una partcula perdida en los laberintos del caos, y aparte de las soluciones tericas y orales de la cultura, la incertidumbre martillea existencialmente nuestro espritu.

El Coronel Aureliano Buenda promovi 32 guerras civiles y las perdi todas. Escap a 14 atentados a 73 emboscadas y a un pelotn de fusilamiento. Sobrevivi a una carta de estricnina en el caf que habra bastado para matar a un caballo. Es el personaje lcido de la novela cien aos de Soledad. Mientras los otros deambulan por las encrucijadas de la vida buscando la cura a su soledad, la cama parece ser el santo remedio y los violentos arrebatos del paroxismo amoroso constituyen el muelle en que sta haya su sosiego, pues en los aplastamientos de cuerpos indmitos, la inocencia y la ternura encuentran la grieta por donde punzar el dolor y la avidez del vientre.

El Coronel Aureliano se enfrenta a los conservadores, pierde una guerra y empieza otra. Es indultado en un ltimo momento, segundos antes de su fusilamiento ante un pelotn y es sometido a cuantos consejos de guerra se puede enfrentar un enemigo del sistema. Es subyugado por los consabidos pecados que sobrevienen a cualquier decisin humana pero su recia voluntad de rebelde los trasciende. Hace el amor donde la noche le alcanza y despierta al estallido de los museres para contestar con bala viva los ataques. Tiene 17 hijos que son marcados con el destino de la muerte para que no reproduzcan su voluntad inquebrantable. Su espritu se enreda en los vericuetos de sus aoranzas domsticas, pero su razn lo lleva a la siguiente batalla. La Lgica de la sobrevivencia diaria es el escudo de la mayora. La tozudez de este personaje somete en mltiples ocasiones los ataques redundantes de la biologa.

Este quijote no busca glorias ni dulcineas ni se engaa con molinos de vientos ni con hostales ni con palacios, porque sabe que su ruindad es la vida acomodada, que su muerte son los terribles encantos de lo cotidiano, y que su deber es la lucha y la derrota, a la que se allana para empezar otra nueva aventura. Si tuviramos que escoger al arquetipo de hombre que auguraba el filsofo francs Jean Paul Sartre, el Coronel Aureliano figurara sin duda en esos seres que saben que nuestra nica libertad es el compromiso sin medida aun con la paranoia del absurdo merodeando nuestras mezquindades humanas.

Ni rsula ni Arcadio ni Mauricio Babilonia ni Amaranta ni Remedios la Bella caben en su soledad. Una vez retirado se dedica como la Penlope griega a hacer y mutilar pescaditos de oro para no humillar su sentido de la dignidad con los cafs nostlgicos o con los cdigos anodinos del ciudadano comn y para esperar la muerte sin palabras, esas que no valen la pena pronunciar cuando conducen a la intrascendencia. No acepta la Orden del Mrito que le otorg el gobierno y manda a la mierda a los que lo lisonjean. Cada injusticia que llega del exterior a sus odos marca una arruga de indignacin en su rostro y cuando todos duermen en el sueo de la mentira oficial, el sabe que fueron miles los campesinos llevados en vagones al mar y asesinados por las compaas bananeras de apellido Fruit Company, y el precipicio de su soledad lo abisma a la certidumbre de un mundo hecho a la medida del cinismo.

Con hondo sentido comn comprende que hay relevos generacionales, pero cuando ve que ninguno se indigna, que ninguno lanza una queja y que la burbuja familiar envuelve de estupidez la vida de la gente que le rodea, propone a su amigo Gerinaldo Mrquez empezar otra nueva guerra, pero ya es tarde, ste est postrado en una silla de ruedas, esas benditas sillas de la conformidad en donde rodamos cclicamente nuestras cobardas. Esas sillas del qudate all, del no camines, del no busques. Esas que te invitan a pararte y a quedarte.

Rumiando su ms profunda y terrible soledad muere dejando a los dems seres deambulando por las ltimas pginas y dilogos del libro, en un limbo de fantasmas y aparecidos, en acertijos propios de los que desean encontrar respuestas eternas en cdigos esotricos, hijos de la reciente civilizacin de la escritura; muere llevndose la rebelda y hundindose en la orfandad a un mundo que necesita ms gente de su estirpe. No es raro que Garca Mrquez quien es personaje tambin de esta historia conozca fuera de la convencionalidad de las pginas de la soledad al nico Aureliano de la Estirpe de los Buenda que solo pele una guerra civil y la gan, a su amigo cubano Fidel Castro, ese Comandante que ha dado su tiempo por construir la nica utopa histrica en una isla que no es un paraso social pero nunca ms volvi a ser la indignidad.

Muchos pueden alegar que los hombres transitan las sendas tericas de la ideologa y que cada paso lleva una sentencia o consonante con vocales y verbos diagramados en los laboratorio de las ciencias sociales, pero la injusticia tiene cara de tragedia en rostros de gentes y en estmagos vacos que mueren mustios en cualquier lugar de la opulencia, y las burlas con que se reparte la miseria tratan igualmente de minimizar cualquier victoria.

Para la alegra del coronel Aureliano Buenda que no se cansa de indignar en cada lectura que lo resucita, El Comandante Castro en el epicentro de nuestra Amrica exuberante, tropical y mgica asalt a la ficcin y ha llenado de contenidos las pginas vacas que se precisaban para construir un proyecto poltico alterno a la manida imposicin de los nuevos conservadores. No ha sido fcil en aos y en dcadas y han sido los enemigos los que han perdido guerras por Cochinos en la Baha y en las ms de un mil quinientos tentativas de asesinarlo. Hoy El Comandante como el Coronel Aureliano Buenda, lejos de aquel desembarco en el Granma se retir a su taller a fabricar pescaditos de oro, para nadar en el mar de las reflexiones geopolticas que nos regala en forma reluciente con su sabia experiencia de rebelde sin pausa, porque que morirse es mucho ms difcil de lo que uno cree y ms porque las estirpes condenadas a tantos aos de soledad si tuvieron el derecho a una oportunidad sobre la tierra.

Milson Salgado es escritor hondureo



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