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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2012

Espaa
El "cambio" del PSOE al PP: un balance provisional

John Brown
Iohannes Maurus


Hay an quien se sorprende por el silencio de Mariano Rajoy respecto de su "programa econmico". Lo sorprendente, sin embargo, es que haya sorpresa, pues, desde hace muchos aos est claro que el "programa econmico" no lo define el gobierno, sino que se elabora y decide "en otro escenario". Si el PSOE nunca cumpli su programa econmico y social entre socialdemcrata y neoliberal y tuvo que apartar muy pronto en la segunda legislatura de Zapatero lo poco que quedaba de socialdemocracia en sus polticas, ello se debi a la supeditacin de toda la accin de gobierno a los dictados del sector hegemnico del capital: el capital financiero. La deuda pblica y privada se ha convertido as en el gran resorte del gobierno real de nuestras sociedades. Con la retrica de la "presin" de los mercados y la culpabilizacin colectiva a propsito de la deuda y del gasto excesivo "que nos nos podamos permitir" se intentaba justificar el cambio de poltica como una reaccin a un fenmeno a la vez natural y moral en el que los mercados castigaban nuestros "excesos" mediante la justicia inmanente del encarecimiento indefinido de la deuda. Tras esta moral natural es fcil reconocer la opcin preferencial de los distintos gobiernos espaoles y europeos por el capitalismo y su variante financiera. Es pattico hoy escuchar a Jos Luis Rodrguez Zapatero en una entrevista reciente de la cadena SER afirmando que "incluso una poltica socialdemcrata determinada" tiene sus lmites y que ese lmite l lo encontr en la amenaza de intervencin de la economa espaola. Para evitar esa intervencin, todo fue doblegamiento ante el capital financiero y sus gestores, denominados pdicamente "los mercados". Era necesario poner todos los medios para salvar la banca y mantener la confianza de los mercados en la solvencia del Estado.

En otros trminos, los mencionados "lmites" residen en el hecho de que se ha optado por una poltica "socialdemcrata" cuya base econmica es el neoliberalismo ms extremo. La socialdemocracia de Zapatero -al igual que la de Felipe Gonzlez- nunca fue una autntica socialdemocracia, sino un rgimen que contaba con la renta de la especulacin financiera e inmobiliaria para redistribuir entre la masa de la poblacin algo de riqueza, manteniendo o agravando la disparidad de ingresos entre las capas ms altas y las ms bajas. Era la poltica neoliberal del "trickle down", del "goteo" de arriba hacia abajo, basada en la la vieja idea de los fisicratas de que el incremento de la riqueza de los ms ricos tendra efectos positivos sobre los ms pobres. Esa poltica no es, sin embargo, una poltica socialdemcrata, como tampoco lo es la compensacin de la congelacin de los salarios reales mediante la renta especulativa financiera o inmobiliaria, pues en ese caso habra que integrar en la socialdemocracia a George W. Bush o a Jos Mara Aznar. Tal vez el pequeo matiz socialdemcrata que aadi el zapaterismo a una prctica genuinamente neoliberal fue la gestin parcialmente estatal de esta riqueza financiera, aunque esto tuvo tambin su otra vertiente, que fue la financiacin de redes clientelares mediante los propios instrumentos de redistribucin.

Zapatero insiste, sin embargo, en su entrevista en los aspectos realmente "de izquierda" de sus polticas. Entre ellos destaca el cambio liberalizador de la ley del aborto, el matrimonio gay, la leyes contra la violencia "de gnero" etc. Lo que no se hizo a nivel econmico quedaba as compensado a nivel "social" o de "costumbres" mediante la legislacin ms progresista de Europa o, tal vez del mundo. Ciertamente, estas leyes, a las que hay que aadir una tmida pero real ley de memoria histrica suscitaron gran escndalo en las filas de las derechas y en las jerarquas eclesisticas, pero en lo esencial no afectaron en nada a la estructura de base del sistema econmico y social que sigui rigindose por una fidelidad sin quiebras al mando del capital financiero y un discurso abiertamente neoliberal en poltica econmica. En ningn momento se plante Zapatero un cambio efectivo de las correlaciones de fuerzas econmicas y sociales, un cambio en la constitucin material como el que acometieron las autnticas socialdemocracias en los pases nrdicos o en la propia Alemania.

El zapaterismo, como los dems neoliberalismos, de izquierdas o de derechas, mantuvo rgidamente las prioridades del capitalismo actual. Ya no se trataba de dar garantas a la poblacin, en el marco de un rgimen de seguridad social y en general de un Estado del bienestar, frente a los "excesos" del capitalismo, sino de fomentar estos propios excesos esperando poder redistribuir algo de la riqueza generada por la sobreexplotacin de los trabajadores dentro y fuera de las fronteras. La seguridad y la garanta pblica pasan de amparar al trabajador y el ciudadano a proteger al propio capital financiero. En el neoliberalismo, existe un sistema de "seguridad social" para el capital que se traduce en polticas de preservacin de altas tasas de ganancia del capital financiero y de traslado de los riesgos de la especulacin desde los titulares del capital financiero al conjunto de la poblacin. No hay mejor ejemplo de estas polticas y de sus consecuencias que la salvacin pblica de los bancos amenazados de quiebra por la crisis de los "crditos basura" y la inscripcin en la constitucin del carcter prioritario del pago de la deuda. Desde la segunda legislatura de Zapatero, y hoy mismo con el gobierno del PP, la prioridad casi exclusiva es el pago de la deuda, lo que supone dar garantas al capital financiero de que sus ttulos de deuda (inflados por la especulacin) sern pagados religiosamente, a costa, por supuesto de los derechos sociales de los trabajadores y del gasto pblico en bienes de inters general como la enseanza o la salud.

El silencio de Rajoy responde en gran medida a la estricta continuidad de su poltica econmica con la del PSOE. Las prioridades son las mismas, aunque tal vez puedan ahora aplicarse de manera ms descarnada, con menos matices. Ya se tuvo en Catalua un anticipo de lo que el PP hara a escala estatal: una ofensiva brutal contra la enseanza y la sanidad pblicas y contra el conjunto de bienes comunes gestionados por el Estado. Esta ofensiva ya ha empezado a nivel estatal. El Estado recupera as de manera abierta su carcter de clase y se convierte en una mquina de liquidacin de bienes pblicos y en un gigantesco "cobrador del frac" que garantiza, a veces con mtodos poco elegantes, el pago de la deuda pblica o privada a las instituciones financieras y dems titulares de capital financiero. En cierto modo, nada nuevo respecto de lo que ya hiciera el PSOE, salvo una radicalizacin de las medidas de "austeridad" segn el ya conocido sendero griego, que con toda seguridad el PSOE se habra visto obligado a tomar cabo en la hiptesis improbable de que hubiese ganado las elecciones. En lo esencial PSOE y PP tienen la misma poltica, porque en realidad no es su poltica, sino la dictada por el capital financiero. La ms clara demostracin de que no se trata de una "poltica" sino de la mera administracin de la explotacin financiera de la riqueza social la tenemos en aquellos casos como el italiano o el griego donde los ejecutivos estn presididos por representantes directos de la banca y de las instituciones financieras. Hombres como Monti o Papadimos se presentan como "tcnicos" y no ya como polticos, pero son los agentes directos de una "dictadura comisaria" del capital.

La alternancia izquierda-derecha carece as de cualquier contenido real a nivel social o econmico. Para preservarla y para mantener con ella la "legitimidad" de la representacin poltica en la partitocracia espaola, hay que desplazar la diferenciacin a otro terreno que no es ya el econmico sino el de las "costumbres". En este terreno, las "conquistas" de Zapatero corren hoy grave peligro, pues slo en ese terreno, puede visibilizarse el "cambio" del PP. La jerarqua eclesistica y el PP tienen abiertamente entre sus objetivos la reforma o la derogacin de leyes como la del aborto o la del matrimonio gay que afectan al control biopoltico de la esfera de la reproduccin. Tambin en el terreno de la reproduccin ideolgica, es esencial en el caso espaol que la privatizacin progresiva de la enseanza se vea acompaada por el control cada vez mayor de la Iglesia Catlica sobre este negocio. En este aspecto, la polmica sobre la asignatura de "educacin para la ciudadana" es reveladora. La asignatura se planteaba como un contrapeso laico y cvico al adoctrinamiento religioso practicado en las escuelas a travs de la asignatura de religin. La Iglesia siempre vio con recelo esta amenaza a su monopolio y acus al goberno de Zapatero -sin ningn sentido del ridculo- de querer adoctrinar con ella a nios y adolescentes. Hoy, el nuevo ministro de educacin se plantea suprimirla devolviendo as el monopolio ideolgico a la doctrina catlica.

Son sumamente ilustrativas del cambio ideolgico que vivimos unas recientes declaraciones de la Viceconsejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Patricia Flores, en las que se preguntaba si "tiene sentido que un enfermo crnico viva gratis del sistema". A nadie escapa que una racionalizacin del sistema conforme a este planteamiento condenara a muerte a numerosas personas y degradara la calidad de vida de otras muchas. Esto parece contradictorio con el planteamiento de una corriente ideolgica catlica en la que se enmarca el PP, que defiende el "derecho a la vida" para oponerse al derecho al aborto. Sin embargo, la contradiccin no es tal. Si se atiende a que la misma derecha catlica tambin se opone al derecho a optar por una muerte digna, se puede inferir que lo que defiende el PP es una especie de autoritarismo biopoltico en el que la vida es obligatoria: es ilcito segn este planteamiento no dar la vida o quitarse a s mismo la vida, porque la vida es un don de Dios. Esto no significa, sin embargo que, los enfermos crnicos tengan derecho a asistencia para mantenerse en vida, pues con ello no cumplen la obligacin de estar vivos mientras Dios lo quiera, sino que se aferran a un sospechoso y econmicamente costoso deseo de vivir. A lo que se oponen estas polticas oscurantistas del PP es a la libertad del individuo de elegir en lo que a la vida se refiere, tanto respecto a su propia vida como a la vida que puede dar. La vida, segn este planteamiento es obligatoria para el individuo, pero ello no implica que el poder no pueda dejarlo morir, sobre todo si ello va en inters de la austeridad y del pago de la deuda. La nica vida verdaderamente tutelada es la que el poder puede imponer como obligatoria.

No cabe duda de que, movido por la misma prioridad de dar "seguridad" a los mercados, un hipottico gobierno del PSOE tambin habra recortado -como ya se hizo en Grecia con el gobierno socialdemcrata de Papandreu- la financiacin de los tratamientos para los enfermos crnicos. Probablemente habra intentado disimular y maquillarlo como una racionalizacin administrativa, pero lo habra hecho. La diferencia del PP con el PSOE es que el PP es capaz de asumir ideolgicamente estas medidas, de convertir lo que era para la pseudosocialdemocracia una especie de imperativo natural en una autntica virtud moral en nada reida con la racionalidad econmica. Si el PSOE consideraba el imperio del capital financiero como una fatalidad natural, el PP lo interpreta como una virtud teolgica, como el fuego donde todos purgamos el pecado de la deuda. Entre las necesidades de la naturaleza y de la teologa, lo que ha desaparecido es la poltica.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2012/02/el-cambio-del-psoe-al-pp-un-balance.html


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