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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-02-2012

A propsito de la reciente edicin de las notas sobre cultura popular de Antonio Gramsci

Joaqun Miras Albarrn
Rebelin


La editorial de la Universidad de Valencia acaba de publicar en castellano una antologa de textos extrados de los Cuadernos de la crcel de Antonio Gramsci (Antonio Gramsci, Qu es la cultura popular? , Publicacions de Universitat de Valncia, 2011, 190 pginas. Edicin y presentacin a cargo de Justo Serna y Anaclet Pons. Me permito incluir el ISBN, dadas las peculiaridades de los servicios de distribucin de libros espaoles: 978-84-370-8197-7).

Esta nueva edicin de los escritos del pensador sardo es una excepcin de relieve en el mundo editorial y cultural espaol, ya que rompe con el asombroso silencio y descuido en que se tiene la obra de este clsico del pensamiento, tanto en lo que respecta a la edicin de sus escritos como en lo que hace a la elaboracin y publicacin de investigaciones sobre su obra. Esta es una de las tantas peculiaridades de nuestra magra cultura intelectual. El lector informado sabe que, por el contrario, en otros pases -basta slo con registrar el mundo editorial latinoamericano- menudean las ediciones de sus textos y que la publicacin de trabajos sobre Gramsci es una avalancha incontrolable para quien trate de seguirlos.

La presente edicin consta de una presentacin, a cuyo final se aaden un par de pginas con apuntes biogrficos de Antonio Gramsci, y de cuatro captulos con textos extrados de los Cuadernos : el primero sobre Filosofa de la praxis; el segundo acerca de Intelectuales y clases subalternas; el tercero sobre Cultura popular; y el cuarto, que trata del Periodismo y de su influencia efectiva y concreta sobre la cultura. Estos dos ltimos captulos, muy interesantes, pueden ser considerados como dos partes de una misma seccin.

Los textos seleccionados han sido tomados de la edicin de la editorial romana Editori Riuniti, que ordena los apuntes y notas de Gramsci, elaborados durante su encarcelamiento, de forma temtica y en seis tomos. El ordenamiento de los textos y los ttulos de los volmenes es obra del primer equipo encargado de la difusin de la obra de Gramsci bajo la supervisin del mismo Palmiro Togliatti hace cincuenta aos. Esta edicin es anterior a la publicacin en cuatro tomos de la edicin crtica de los Cuadernos elaborada por el equipo de Valentino Gerratana (Einaudi, Turn, 1976), en la que se reproduce la escritura de Gramsci tal como l la elabor en sus cuadernos caligrafiados y se la presenta en el mismo orden cronolgico de elaboracin originaria.

En la antologa, el nmero de referencia de cada cuaderno incluido entre parntesis al final de cada nota seleccionada viene dado en cifras romanas, lo cual genera un equvoco. En efecto, se considera que la numeracin segn cifras romanas es la que estableci en un primer momento Tatiana Schucht, cuada de Gramsci y primera legataria de los textos, quien, al recibir los cuadernos originales, estamp sobre sus tapas en nmeros romanos una cifra correlativa en cada uno de ellos, sin tener otro criterio que el de numerarlos para evitar prdidas. Posteriormente, esta numeracin fue sustituida por otra en cifras arbigas que se corresponde con el orden cronolgico de la elaboracin de los textos y que fue establecida por el equipo de Gerratana. Esta ordenacin cronolgica y sus correspondientes cifras arbigas es la que consta ya en el ndice de cada tomo de la edicin de Editori Riuniti, al menos desde la reedicin de 1977. En consecuencia, la numeracin que consta en las notas seleccionadas es la que se corresponde con el orden cronolgico de escritura de los cuadernos aunque est en cifras romanas. Pero todo esto, es cosa de poca monta.

La traduccin elaborada por los editores es pulcra y correcta, salvo algn pequeo lapsus atribuible sin duda a los duendes editoriales. Hay uno que s deseo sealar para que el lector evite un error conceptual. Se encuentra en una frase procedente del cuaderno 3, publicada en la pgina 98 de la antologa i. La frase, que yo traduzco a continuacin, dice que los miembros de la direccin poltica del movimiento consejista turins haban utilizado en su discurso poltico la palabra espontaneidad y que: esa afirmacin () daba a la masa una conciencia teortica de creadora de valores histricos e institucionales, fundadora de estados. Este texto, en la redaccin presentada por la antologa, pierde la preposicin de que yo he destacado en negrita. Con ello, el texto pasa a decir que la conciencia terica, elaborada previamente desde fuera de las masas, y que les es dada u otorgada a las masas, ya elaborada (conciencia exterior), es la que introduce valores y es la que resulta ser la verdadera creadora de estados. Pero el texto de Gramsci, por el contrario, explica que la tarea de la teora es, tan slo, hacer reflexionar a las masas obreras sobre su propia praxis, dotarlas de disciplina intelectual e instrumentos polticos para que se percaten del carcter creador de la misma: creador de un ethos o cultura material nueva y, en consecuencia, fundadora de estados, expresin que nos trae a la memoria a los mitolgicos Licurgo y Soln, que dejan de ser figuras necesarias para explicar la fundacin histrica de estados.

 

Los textos seleccionados


En la primera seccin de la antologa se seleccionan con acierto, al igual que en todas las dems, textos de Gramsci en los que ste elabora su concepcin de la filosofa de la praxis. Queda reflejada, en consecuencia, su profunda creencia en la creatividad del espritu humano, tambin sealada atinadamente por los editores en su prlogo, esto es, la creencia en la historicidad humana y en la no posibilidad de previsin o prognosis del futuro. La imposibilidad de tal tarea no es consecuencia prctica de la complejidad de la sociedad humana entendida como conjunto integrado por multitud de subsistemas -cuya dinmica enmaraada no es asequible-, sino de la aparicin de nuevas ideas prcticas, nuevas formas de hacer, nuevas iniciativas humanas imprevisibles, creadas por la mente humana y que alimentan su praxis. La creatividad -historicidad- no slo se da potencialmente en las clases subalternas, sino que es atributo de la humanidad y se muestra tambin en la clase dominante: en su creacin, en el periodo ascendente de la misma como clase social, en la cultura y civilizacin orgnica de su desarrollo econmico, y tambin en las medidas que ingenia y arbitra para modificar el orden cultural cuando, una vez en el poder, se enfrenta a las clases subalternas.

En los textos de esta seccin se presenta tambin la idea segn la cual la filosofa de la prctica es la instancia segunda de pensamiento que permite desarrollar en todo ser humano subalterno la capacidad de reflexionar sobre su vida y sus actos, y por ende, poder protagonizar su accin. La filosofa de la prctica se entiende a s misma como saber segundo que se elabora en relacin con la experiencia de vida que genera, en los sujetos humanos, la actividad y la vida. La filosofa de la prctica es el saber que nos permite tomar conciencia y reflexionar sobre nuestro nuevo hacer distinto que, en ciernes, desarrollamos; nos impulsa a no ser contradictorios con nosotros mismos y a no apartarnos de nuestra axiologa de valor, a ser disciplinados y constantes en nuestro pensar. Tal como escribi un clsico nuestro -Manuel Sacristn Luzn- al referirse a la filosofa de la prctica, el sentido que en Gramsci posee el genitivo de la prctica es el del genitivo subjetivo, y pretende darnos a entender que lo que persigue este filosofar es favorecer la reflexin desde dentro de la propia actividad y en el seno de cada cultura material de vida en la que se desempea la actividad prctica de las clases subalternas. Se parte, por lo tanto, de la visin del mundo que cada individuo posee y que es la que le proporciona el mundo de ideas que gobiernan su actividad como fines, intenciones, formas de vida o costumbres en general -ethos/eticidad- y que se encuentran en el sentido comn de las personas, para reflexionarlo y hacerlo coherente en virtud de la propia realidad histrica, de la propia experiencia de vida, del propio nuevo hacer ya en desarrollo y de los valores axiolgicos. El filosofar praxeolgico pretende convertir el sentido comn de cada persona en buen sentido, en un pensamiento coherente y sistemtico (pgina 168 de la antologa) protagonizado por la misma persona mediante los nuevos instrumentos intelectuales adquiridos. No pretende, en cambio, sustituirlo por el pensamiento elaborado de una elite.

En virtud de esas ideas expuestas en la antologa se comprende la preocupacin de Gramsci por las concepciones del mundo: estas no son meros conjuntos de creencias sobrestructurales, legitimadoras del pensamiento prctico que produce el orden existente, sino ideas que organizan la actividad de las masas humanas -y de cada individuo- y la dirigen desde dentro de la misma. Por ello, la filosofa de la praxis pretende ayudar a la reflexin de los subalternos organizados para que puedan elaborar una nueva cultura de masas, un nuevo orden de costumbres mores/riforme morale-, una nueva eticidad. El modelo en el que se inspira Gramsci para pensar en este cambio de concepcin del mundo que genere una nueva praxis cultural es el de la Reforma luterana, frente a los modelos del catolicismo y del Renacimiento (pginas 74 y 136 de la antologa). Para la Reforma, cada ser humano era un sacerdote al que se le exiga que estuviese a la altura, que se formase, que conociese la Biblia e interpretase su vida a la luz de esos instrumentos, interpretados, a su vez, por el mismo creyente sin mediacin alguna. El catolicismo, por el contrario, pone la elaboracin de la concepcin del mundo en manos de una minora de clrigos, externa a los fieles ii ; lo mismo que el humanismo renacentista, que elabor un pensamiento a partir de la experiencia de vida de un mundo emergente, pero sin organicidad o contacto de retorno con ese mundo.

La comparacin entre ramas del cristianismo es importantsima para comprender la idea que Gramsci se hace sobre lo que debe ser el intelectual orgnico -ya no un partido al uso convencional del trmino, como se ve-. El problema de la tarea de los intelectuales desborda el captulo primero y sigue en el segundo -pero tambin en los dos ltimos-, que trata precisamente sobre esta categora y su relacin con las clases subalternas. Pero no deseo pasar a este segundo captulo sin destacar antes que entre los textos recogidos en el primer captulo se encuentra la importante nota en la que Gramsci concibe al ser humano y, ms en concreto, a la personalidad humana o individualidad, como un conjunto de relaciones que cada individuo sostiene con los dems (pginas 64-65).

En el segundo captulo se recogen textos en los que Gramsci reflexiona sobre el papel de la intelectualidad en la formacin de la nueva visin del mundo de las clases subalternas, e insiste en su funcin segunda, de elaboracin a partir de la experiencia y de las formas nuevas de hacer en ciernes, que son sistematizadas, ordenadas, limpiadas de viejas visiones del mundo. Este es el captulo en el que se encuentra el texto sobre la relacin entre direccin intelectual elaborada y espontaneidad, sobre cuya errata advert al comienzo.

La idea central, en continuidad con lo sugerido por las notas del primer captulo, es que los intelectuales, en el sentido tcnico del trmino, no pueden sino suministrar instrumentos de pensamiento al resto de los individuos pertenecientes a las clases subalternas, que son los que pueden crear ellos, el trabajador colectivo o conjunto de las individualidades que producen la cultura material y del que no se excluye el intelectual-, mediante su prctica objetivadora, una nueva forma de vida, un nuevo ethos. Slo ellos, mediante la razn prctica, pueden realizar la riforma morale, la reforma de las mores o costumbres, del ethos, de la eticidad. Esta idea se reitera a lo largo de toda la antologa y, en concreto, es muy clara en los textos en los que Gramsci trata sobre el cometido de las revistas (pginas 167-172 de la antologa). A esa vinculacin entre intelectualidad, tanto clsica como nueva, con el pueblo, cuando se da, Gramsci la denomina bloque popular nacional.

Para terminar mi resumen sobre este segundo apartado, deseo destacar la importancia de la idea que se encuentra en la primera pgina del mismo (pgina 89): un grupo social ha de haber logrado la direccin intelectual y moral () incluso antes de haber conquistado el gobierno y aade entre parntesis una frase que muestra que precisamente en esa conquista previa radica el verdadero poder: (esta es una de las condiciones especiales para la conquista del poder) . Recordemos que direccin moral, distinguida reiteradamente por Gramsci como diversa de la tambin necesaria direccin intelectual, nos habla de nuevo orden en las mores, en el ethos y en la cultura material de vida. Y que debe ser tarea previa y conditio sine qua non del acceso al gobierno, amn de tener que ser constantemente reproducida: un determinado tipo de civilizacin econmica () para ser desarrollado requiere un determinado modo de vida, determinadas reglas de conducta, un cierto hbito () Esta necesidad histrica () requiere () quien la sostenga de modo completo y casi capilar (pgina 83 de la antologa).

El tercer apartado, que est constituido por los dos ltimos captulos, est dedicado a recoger textos que presentan el anlisis concreto que realiza Gramsci de la articulacin cultural de la Italia de su poca: el pensamiento que integra el sentido comn de las gentes y que dirige su praxis (por ejemplo, las notas sobre folclore); el papel de la literatura, revistas y peridicos; qu relacin gentica tienen estos instrumentos respecto a las clases sociales, cmo influyen en su creacin y qu relacin dinmica guardan con el sentido comn de la gente.

Todos los textos seleccionados poseen un gran inters y su seleccin es muy acertada. Sin embargo, se echa en falta una seccin que recogiera las notas de Gramsci sobre su nocin de Estado por la extraordinaria importancia que posee el asunto en su obra y para dar sentido a la innumerable cantidad de veces que el trmino poltica -tambin democracia- aparece en los textos recogidos. Pero volver ms adelante sobre este asunto, a mi juicio, mayor.


El texto introductorio


La nota introductoria, elaborada por los dos autores de la antologa, est bien documentada. As como parece acertada tanto la presentacin de Antonio Gramsci para un pblico lector que en su mayora desconoce al personaje como el resumen de los debates y de las influencias provocados por la obra de Gramsci desde su puesta en circulacin despus de la Segunda Guerra mundial. Un resumen de la peripecia de la obra y de sus diversas interpretaciones desde intereses y problemas intelectuales concretos, para alumbrar soluciones y alternativas intelectuales. La varia fortuna de la obra de Gramsci.

Quiz, a la hora de tratar el caso espaol, los editores son demasiado indulgentes, pues el olvido y el silencio que hemos dedicado a Gramsci tras unos aos de uso, si no en exclusiva, s mayoritariamente instrumental del mismo, es flagrante. En cualquier caso, Serna y Pons sealan acertadamente la influencia que sobre el pensamiento de Gramsci tuvo tanto Hegel como el hegeliano italiano Benedetto Croce, adems de Marx y Antonio Labriola. Y se refieren tambin a la gran cantidad de equvocos y malinterpretaciones que ha provocado la recepcin fragmentaria de Gramsci (si bien es un hecho que precisamente la forma de escritura que ste se vio forzado a emplear por el peligro de la censura carcelaria posibilita esta situacin). Por lo tanto una antologa, que por su caracterstica fracciona an ms una obra, debe incorporar una interpretacin unitaria de los textos concretos seleccionados, que permita integrarlos en una perspectiva orgnica. Y un servidor echa en falta esta elaboracin, desde luego siempre arriesgada, pero necesaria para un lector que se inicia en Gramsci.

En el texto de presentacin los autores s formulan su propuesta de lectura acerca de la recepcin de la obra de Gramsci, desvinculando el inters de su obra de su perspectiva poltica, y proponiendo que se le lea como estudioso que analiza la cultura como totalidad (pgina 37). Con anterioridad (pgina 33), aceptan una interpretacin de su teora del Estado del todo estructuralista-institucionalista, justo la que corra en los aos setenta del anterior siglo, fechas a las que corresponden las lecturas que se citan en la nota 49 la poca en que, para referirse a Gramsci, se cre la frase: el Lenin de Occidente, etc. La propuesta es por tanto leer a Gramsci como crtico cultural particularmente agudo y como instrumento inspirador de estudios culturales para el presente o para el estudio de la historia desde una aproximacin totalizadora, no esquemtica, que comprenda el entero vivir social humano.

La propuesta es lcita. Sin embargo, es precisamente la carencia de una buena comprensin de la teora del Estado de Gramsci lo que empobrece la posible interpretacin cultural de su obra y debilita la comprensin de la trascendental importancia que posee el concepto de cultura en su pensamiento. Para poder mostrar esto con mayor claridad, permtaseme dos citas de la obra de Gramsci, la primera de las cuales suele ser reproducidas en las antologas con vocacin poltica. En uno de los innumerables pasos que Gramsci destina a la reflexin sobre el Estado -cuaderno 6, 1930 a 1932-, escribe: Estamos siempre en el terreno de la identificacin de Estado y Gobierno () puesto que es de notar que en la nocin general de Estado [en ocasiones Gramsci usa la otra nocin de estado, la liberal, restrictiva que lo asocia a aparatos poltico administrativos especializados] entran elementos que deben ser remitidos a la sociedad civil (en el sentido, se podra decir, de que Estado= sociedad poltica + sociedad civil, esto es, hegemona acorazada de coercin) iii .

Cmo entender este aparente galimatas? En la nocin de Estado entran elementos de la sociedad civil. Cules? La escuela, la Iglesia, los medios de comunicacin escritos, tal como propona la lectura estructuralista-institucionalista Los AIE: Aparatos Ideolgicos de Estado althusserianos-? Por otro lado, sabemos cul es el cometido de los instrumentos estatales-gubernativos: extraer impuestos, infraestructuras, defensa del orden pblico, etc. Pero cul es el cometido estatal de los otros, sean los que sean?

Me propongo ahora tratar de aclarar esto a la luz de otra cita de Gramsci la ltima licencia que me permito-. Es una nota en la que Gramsci critica la dejacin hecha por parte de la generacin adulta en la transmisin del ethos cultural, esto es, de los saberes que producen el orden cultural, las mores o costumbres: & 61. Lucha de generaciones () Lo ms grave es que la generacin anciana renuncia a su tarea educativa en determinadas situaciones, sobre la base de teoras mal comprendidas o aplicadas en situaciones diversas de aquellas de las que eran expresin. Se cae en formas estatoltricas: en realidad cada elemento social homogneo es Estado, representa el Estado, en cuanto se adhiere a su programa: de otra forma se confunde el Estado con la burocracia estatal. Todo ciudadano es funcionario si es activo en la direccin social trazada por el Estado-gobierno, y es tanto ms funcionario cuanto ms se adhiere al programa estatal y lo elabora inteligentementeiv.

Creo que resulta claro ahora qu es Estado como sociedad civil, y sobre todo, cul es su fin: sociedad civil es todo elemento humano que crea Estado, que transmite y ordena el conjunto de saberes humanos que, al objetivarse a travs de la praxis humana, producen y reproducen la cultura material, el ethos, las costumbres de vida, las mores. El Estado como sociedad civil, la parte ms importante del Estado, la que debe existir como condicin para poder acceder al gobierno, es la que produce un ethos, una cultura integral de vida. Y sus funcionarios metfora plstica de Gramsci tomando el trmino de referencia para el personal en el que, para la concepcin liberal de Estado, se agota el mismo- somos o podemos ser, todos: por poner un ejemplo, cualquier padre de familia que asuma su papel activo y consciente y ejecute esa accin de transmisin o de creacin de hbitos de vida inspirados por axiologas de valor firmes. El ethos cultural es el Estado. De ah, el inters de Gramsci en la hegemona, esto es, en tratar de crear una nueva cultura material antes de y como medio para instaurar un orden poltico nuevo.

Pero, debo insistir y el lector bien informado me lo perdonar, la hegemona no es una forma de ganar consenso previo a. La hegemona entendida como elaboracin de un ethos nuevo es ya la creacin de un nuevo Estado en los intersticios del otro, la accin cultural es ya la accin de fundacin poltica, la lucha cultural no es instrumento: es fin. Y la teora de la cultura que se inspire en Gramsci har bien en tener en cuenta este valor otorgado por nuestro clsico para poder comprenderla en toda su plenitud.

Llegados aqu, en qu teora del Estado nos hallamos? Pues, en la teora hegeliana del Estado. El Estado entendido como espritu objetivo, como ethos, como sustancia tica o cultura moral e intelectualv. El Estado como eticidad es una idea que se encuentra a lo largo de toda la obra del pensador alemn y, muy en particular, en una obra que posea Gramsci: Principios de Filosofa del derecho.

Escribe Hegel: &257. El Estado es la realidad efectiva de la idea tica, el espritu tico como voluntad sustancial revelada, clara para s misma, que se piensa y se sabe y cumple aquello que sabe precisamente porque lo sabe. En las costumbres tiene su existencia inmediata y en la autoconciencia del individuo, en su saber y en su actividad, su existencia mediata; el individuo tiene a su vez su libertad sustancial en el sentimiento de que l es su propia esencia, el fin y el producto de su actividadvi.

El sintagma sociedad civil posee el doble sentido de entramado humano de cuya praxis se genera el ethos cultural y, a la vez, de cultura generada por el mismo. La sociedad civil, urdimbre social y ethos producido por la urdimbre, es para Hegel la autntica clave de lo que es una realidad estatal, porque el ethos cultural concreto y su ordenamiento es la constitucin verdadera. Y toda constitucin escrita, jurdica, que llegue a estar en contradiccin con la verdadera constitucin de una sociedad, esto es, con el ethos, saltar por los aires. Hegel pone como modelo de solucin de este tipo de contradiccin la peripecia de la Constitucin Espaola que Napolen quiso imponervii.

Por supuesto, la poderosa elaboracin intelectual de Hegel sobre el Estado es una actualizacin formidable -pero actualizacin, al fin y al cabo- de la concepcin clsica del Estado procedente de nuestra gran tradicin clsica y nica alternativa a la disparatada concepcin liberal: la grecolatina. La polis clsica era la suma inextricable del nomos o ley -sociedad poltica- ms ethos o mores -sociedad civil-viii.

Como se puede ver, contrariamente a lo que se supone, comprender toda la potencia conferida por Gramsci a la cultura, y toda la potencia de la propia cultura, implica comprender previamente la nocin de Estado que maneja el autor de los Cuadernos. Solamente entonces se comprender la profundidad de su propuesta poltica y las caractersticas que debe poseer el intelectual orgnico que la sirva, tan distintas a las de los partidos clsicos, en cuanto que su tarea es impulsar creacin cultural y no desempear funciones administrativas. Y la importancia de la cultura, y del estudio de la misma, es por lo tanto el principio y fin de la vida humana.

Hasta aqu mis observaciones.

Para acabar: les debemos a los dos autores de esta antologa, Justo Serna y Anaclet Pons, a su perseverancia y a su nadar contra corriente, a su inteligencia y a su saber hondo y fuera de modas, el regalo de esta hermossima y bien elaborada antologa sobre Gramsci. El lector potencial, el curioso, el estudioso de las humanidades, el que posea preocupaciones polticas y sociales, har bien en dejarse tentar por su lectura y en avisar luego a otros amigos sobre el inters extraordinario de este libro.


i El texto original puede ser consultado en el primer volumen de la edicin crtica de los Cuadernos de Valentino Gerratana (Antonio Gramsci, Quaderni del carcere , Einaudi, Turn, 1976), concretamente en la pgina 330.

ii El topos intelectual de la oposicin Reforma luterana/catolicismo es de estirpe hegeliana. En esta particular formulacin puede encontrase por ejemplo en Lecciones sobre la filosofa de la historia universal, Alianza, Madrid, 1989, pp. 616-618, y en mltiples pasos hasta el final de la obra. Pero la crtica a un pensamiento que quiere imponerse desde fuera al mundo del ethos y al sujeto frente a un pensamiento que pretende que cada individuo reflexione sobre s mismo y elabore sus respuestas est ya en el joven Hegel con toda radicalidad. Es entonces la totalidad del cristianismo el pensamiento arbitrario, doctrinal, externo y tirnico que impone formas de vivir, frente a la filosofa cuyo mximo exponente es Scrates, como revela el hecho de que cada uno de sus discpulos pudo elaborar desde su libertad una filosofa propia. Por ejemplo: La positividad de la religin cristiana en G.W.F. Hegel, Escritos de juventud, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1978, pp. 73-161 y otros textos de juventud recogidos en el mismo volumen.

iii Antonio Gramsci, Quaderni del carcere , Einaudi, Turn, 2001, vol. II, pp. 763-764.

iv Antonio Gramsci, ibidem, pg. 340.

v G.W.F. Hegel, Principios de la Filosofa del derecho , Edhasa, Barcelona, 1988, traduccin a cargo de Juan Luis Vermal, pg. 272

vi G.W.F. Hegel, ibidem, pag. 318

vii G.W.F. Hegel, ibidem, pag. 357

viii Tambin el hegeliano Benedetto Croce, maestro intelectual de Gramsci, escribe que el Estado es la eticidad. De veras era Croce un liberal doctrinario? Lo era Hegel?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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