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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2012

Ms all de la crisis

Josep Fontana
Rebelin


De lo que quisiera hablarles [1] no es tanto de la crisis actual como de lo que est ocurriendo ms all de la crisis: de algo que se nos oculta tras su apariencia. Para explicarlo necesitar empezar un tanto atrs en el tiempo.

Nos educamos con una visin de la historia que haca del progreso la base de una explicacin global de la evolucin humana. Primero en el terreno de la produccin de bienes y riquezas: la humanidad haba avanzado hasta la abundancia de los tiempos modernos a travs de las etapas de la revolucin neoltica y la revolucin industrial. Despus haba venido la lucha por las libertades y por los derechos sociales, desde la Revolucin francesa hasta la victoria sobre el fascismo en la Segunda guerra mundial, que permiti el asentamiento del estado de bienestar. No me estoy refiriendo a una visin sectaria de la izquierda, ni menos aun marxista, sino a algo tan respetable como lo que los anglosajones llaman la visin whig de la historia, segn la cual, cito por la wikipedia, se representa el pasado como una progresin inevitable hacia cada vez ms libertad y ms ilustracin.

Hasta cierto punto esto era verdad, pero no era, como se nos deca, el fruto de una regla interna de la evolucin humana que implicaba que el avance del progreso fuese inevitable la ilusin de que tenamos la historia de nuestro lado, lo que nos consolaba de cada fracaso-, sino la consecuencia de unos equilibrios de fuerzas en que las victorias alcanzadas eran menos el fruto de revoluciones triunfantes, que el resultado de pactos y concesiones obtenidos de las clases dominantes, con frecuencia a travs de los sindicatos, a cambio de evitar una autntica revolucin que transformase por completo las cosas.

Para decirlo simplemente, desde la Revolucin francesa hasta los aos setenta del siglo pasado las clases dominantes de nuestra sociedad vivieron atemorizadas por fantasmas que perturbaban su sueo, llevndoles a temer que podan perderlo todo a manos de un enemigo revolucionario: primero fueron los jacobinos, despus los carbonarios, los masones, ms adelante los anarquistas y finalmente los comunistas. Eran en realidad amenazas fantasmales, que no tenan posibilidad alguna de convertirse en realidad; pero ello no impide que el miedo que despertaban fuese autntico.

En un articulo sobre la situacin actual de Italia publicado en La Vanguardia el pasado mes de octubre se poda leer: los beneficios sociales fueron el fruto de un pacto poltico durante la guerra fra. No slo durante la guerra fra, a no ser que hablemos de una guerra de doscientos aos, desde la revolucin francesa para ac. Lo que este reconocimiento significa, por otra parte, es que ahora no tienen ya inconveniente en confesar que nos engaaron: que no se trataba de establecer un sistema que nos garantizase un futuro indefinido de mejora para todos, sino que slo les interesaba neutralizar a los disidentes mientras eliminaban cualquier riesgo de subversin.

Los miedos que perturbaron los sueos de la burguesa a lo largo de cerca de doscientos aos se acabaron en los setenta del siglo pasado. Cada vez estaba ms claro que ni los comunistas estaban por hacer revoluciones en 1968 se haban desentendido de la de Pars y haban aplastado la de Praga-, ni tenan la fuerza suficiente para imponerse en el escenario de la guerra fra. Fue a partir de entonces cuando, habiendo perdido el miedo a la revolucin, los burgueses decidieron que no necesitaban seguir haciendo concesiones. Y as siguen hoy.

Djenme examinar esta cuestin en su ltima etapa. El perodo de 1945 a 1975 haba sido en el conjunto de los pases desarrollados una poca en que un reparto ms equitativo de los ingresos haba permitido mejorar la suerte de la mayora. Los salarios crecan al mismo ritmo a que aumentaba la productividad, y con ellos creca la demanda de bienes de consumo por parte de los asalariados, lo cual conduca a un aumento de la produccin. Es lo que Robert Reich, que fue secretario de Trabajo con Clinton, describe como el acuerdo tcito por el que los patronos pagaban a sus trabajadores lo suficiente para que stos comprasen lo que sus patronos vendan. Era, se ha dicho, una democracia de clase media que implicaba un contrato social no escrito entre el trabajo, los negocios y el gobierno, entre las lites y las masas, que garantizaba un reparto equitativo de los aumentos en la riqueza.

Esta tendencia se invirti en los aos setenta, despus de la crisis del petrleo, que sirvi de pretexto para iniciar el cambio. La primera consecuencia de la crisis econmica haba sido que la produccin industrial del mundo disminuyera en un diez por ciento y que millones de trabajadores quedaran en paro, tanto en Europa occidental como en los Estados Unidos. Estos fueron, por esta razn, aos de conmmocin social, con los sindicatos movilizados en Europa en defensa de los intereses de los trabajadores, lo que permiti retrasar aqu unas dcadas los cambios que se estaban produciendo ya en los Estados Unidos y en Gran Bretaa, donde los empresarios, bajo el patrocinio de Ronald Reagan y de la seora Thatcher, decidieron que ste era el momento para iniciar una poltica de lucha contra los sindicatos, de desguace del estado de bienestar y de liberalizacin de la actividad empresarial.

La lucha contra los sindicatos se complet con una serie de acuerdos de libertad de comercio que permitieron deslocalizar la produccin a otros pases, donde los salarios eran ms bajos y los controles sindicales ms dbiles, e importar sus productos, con lo que los empresarios no slo hacan mayores beneficios, al disminuir sus costes de produccin, sino que debilitaban la capacidad de los obreros de su pas para luchar por la mejora de sus condiciones de trabajo y de su remuneracin: los salarios reales bajaron en un 7 por ciento de 1976 a 2007 en los Estados Unidos, y lo han seguido haciendo despus de la crisis.

Asi se inici lo que Paul Krugman ha llamado la gran divergencia, el proceso por el cual se produjo un enriquecimiento considerable del 1 por ciento de los ms ricos y el empobrecimiento de todos los dems. En los Estados Unidos, que citar con frecuencia por dos razones porque disponemos de buenas estadsticas sobre su evolucin y porque lo que sucede all es el anuncio de lo que va a pasar aqu ms adelante-, se pudo ver en vsperas de la crisis de 2008 que este 1 por ciento de los ms ricos reciba el 53 por ciento de todos los ingresos (esto es ms que el 99 por ciento restante).

En las primeras etapas este proceso tal vez resultaba poco perceptible; pero cuando sus efectos se fueron acumulando acabaron despertando la conciencia de una desigualdad social en constante aumento. En mayo de 2011 Joseph Stiglitz public un artculo que se titualaba: Del 1%, para el 1% y por el 1%, donde deca que los norteamericanos, que estaban contemplando cmo se producan en muchos pases, por ejemplo en los de la primavera rabe, protestas contra regmenes opresivos que concentraban una gran masa de riqueza en las manos de una lite integrada por muy pocos, no se daban cuenta de que esto ocurra tambin en su propio pas.

Este del 1 por ciento ha sido uno de los lemas principales de los movimientos de ocupacin que se han desarrollado en diversas ciudades norteamericanas. Pero Krugman ha hecho un anlisis an ms afinado que muestra que es en realidad el 01 %, esto es el uno por mil de los norteamericanos, los que concentran la mayor parte de esta riqueza. Quines son estos del 1 por mil?, se pregunta Son heroicos emprendedores que crean lugares de trabajo? No. En su mayor parte son dirigentes de compaas (...) o ganan el dinero en las finanzas.

Los resultados a largo plazo de la gran divergencia, que se iniciaba en Estados Unidos y en Gran Bretaa en los aos setenta y se extendi despus a Europa, transformaron profundamente nuestras sociedades. Las consecuencias de una inmensa redistribucin de la riqueza hacia arriba no slo se han manifestado en el empobrecimiento relativo de los trabajadores y de las clases medias, sino que han dado a los empresarios una influencia poltica con la cual, a partir de ese momento, les resulta cada vez ms fcil fijar las reglas que les permiten consolidar su poder.

Esta redistribucin hacia arriba no es el resultado natural del funcionamiento del mercado, como se pretende que creamos, sino el de una accin deliberada. Su origen es netamente poltico. El primer programa que inspir este movimiento lo expres Lewis Powell en agosto de 1971 en un Memorndum confidencial. Ataque al sistema americano de libre empresa, escrito para la United States Chamber of Commerce, que se encarg de hacerlo circular entre sus asociados. Powell denunciaba el riesgo que implicaba el avance en la sociedad norteamericana de ideas contrarias al sistema de libre empresa, expuestas no slo por extremistas de izquierda, sino por elementos totalmente respetables del sistema, e insista en la necesidad de combatirlas, sobre todo en el terreno de la educacin.

El memorndum tena una primera parte sobre la amenaza que representaban los estudiantes universitarios, los profesores, el mundo de los medios de comunicacin, los intelectuales y las revistas literarias, los artistas y los cientficos, y propona planes de ataque para limpiar las universidades y vigilar los libros de texto, para lo cual peda a las organizaciones empresariales que actuasen con firmeza. No me ocupar ahora de esta batalla de las ideas, que ha llegado hoy al extremo de proponer la eliminacin de la escuela pblica, sino de otra parte del memorndum que tendra consecuencias ms inmediatas y trascendentales. Powell adverta: No se debe menospreciar la accin poltica, mientras esperamos el cambio gradual de la opinin pblica que ha de conseguirse a travs de la educacin y la informacin. El mundo de los negocios debe aprender la leccin que hace tiempo aprendieron los sindicatos y otros grupos de intereses. La leccin de que el poder poltico es necesario; que este poder debe cultivarse asiduamente y que, cuando convenga, hay que usarlo agresivamente y con determinacin.

Para emprender este programa se necesitaban organizaciones empresariales potentes, que dispusieran de recursos suficientes. La fuerza reside en la organizacin, en una planificacin y realizacin persistentes durante un perodo indefinido de aos. Este llamamiento a la lucha poltica tuvo efectos de inmediato en la actividad de las asociaciones empresariales y sobre todo de la United States Chamber of Commerce, que pretende ser hoy la mayor federacin empresarial del mundo, en representacin de los intereses de ms de 3 millones de empresas. Estas asociaciones no solo emprendieron grandes campaas de propaganda, sino que acentuaron su participacin en las campaas electorales a travs de Comits de Accin Poltica, en una actividad que ha aumentado considerablemente desde 2009, tras la decisin del Tribunal supremo Citizens United, que ha liberalizado las inversiones de las empresas en la poltica, en nombre del derecho a la libre expresin (esto es, considerando a las empresas como personas y atribuyndoles los mismos derechos). La gran cuanta de recursos proporcionados por los empresarios explica, por ejemplo, que la United States Chamber of Commerce invirtiese en las elecciones norteamericanas de 2010 ms que los comits de los dos partidos, demcrata y republicano, juntos.

No se trata tan slo de donativos para las campaas, sino tambin de formas diversas de pagar sus servicios a los polticos, entre ellas la de asegurarles una compensacin cuando dejan la poltica. Y, sobre todo, de la aactuacin constante de los llamados lobbyists, que atienden las peticiones de los polticos. En el pasado ao 2011 se calcula que las empresas han gastado 3.270 millones de dlares en atender a los congresistas y a los altos funcionarios federales. Las 30 mayores compaas gastaron entre 2008 y 2010 ms en esto que en pagar impuestos.

Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? En julio del ao pasado, Michael Cembalest, jefe de inversiones de JPMorgan Chase, escriba, en una carta dirigida tan slo a sus clientes, que se conoci porque la descubri un periodista, que los mrgenes de beneficio han conseguido niveles que no se haban visto desde hace dcadas, y que las reducciones de salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora. La compensacin por el trabajo est en los Estados Unidos en la actualidad al mnimo en cincuenta aos en relacin tanto con las cifras de ventas de las empresas como del PIB de los Estados Unidos.

Otro beneficio indiscutible ha sido la disminucin de sus contribuciones al sostn del estado. El peso poltico creciente de las empresas ha conducido a la situacin paradjica de que stas escapen a la fiscalidad por la doble va de negociar recortes de impuestos y exenciones particulares, y de tener libertad para aflorar los beneficios en las subsidiarias que tienen en parasos fiscales, donde apenas pagan impuestos. Un estudio de noviembre de 2011 concluye que el conjunto de las 280 mayores empresas de los Estados Unidos no han pagado en los tres aos ltimos ms que un 185 % de sus beneficios. Pero es que una cuarta parte de stas han pagado menos del 10%, y 30 de las ms grandes no han pagado nada en tres aos, sino que encima han recibido devoluciones. Lo que se dice de las empresas se aplica tambin a los empresarios: de 1985 a 2004 los 400 americanos ms ricos han pasado de pagar un 29 por ciento de sus ingresos a tan slo un 18 por ciento, mucho menos que los pequeos comerciantes o los trabajadores a sueldo. Y cuando Obama pretendi que quienes ganasen ms de un milln de dlares al ao pagasen el mismo tipo que el ciudadano medio norteamericano, no consigui que el congreso aprobase la medida. Como ha dicho Stiglitz "Los ricos estn usando su dinero para asegurarse medidas fiscales que les permitan hacerse aun ms ricos. En lugar de invertir en tecnologa o en investigacin, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en Washington.

Hay un tercer aspecto de estos beneficios que es la desregulacin de la leyes que controlan algunos aspectos de la actividad empresarial. Un estudio reciente de dos economistas del Fondo Monetario Internacional, que han analizado el papel de las contribuciones econmicas de las empresas en la poltica, llega a la conclusin, que les leo literalmente, de que el gasto realizado est directamente relacionado con la posibilidad de que un legislador cambie de postura en favor de la desregulacin. Esto, que en el sector de la industria les ha permitido reducir, o incluso anular, los gastos relacionados con el control de la polucin, ha tenido en la actividad financiera unas consecuencias que son las que han conducido directamente a la crisis de 2008.

Gracias a la supresin de controles sobre sus actividades, que culmin durante la presidencia de Clinton, las entidades financieras pudieron lanzarse a un juego especulativo con derivados y otros productos de alto riesgo, que parecan ms propios de un casino de juego que de la banca, mientras los dirigentes de la Reserva Federal estimulaban el optimismo de los especuladores, rebajando los tipos de inters y animando al pblico a que gastase, a que comprase casas con crditos hipotecarios e invirtiese en operaciones financieras de riesgo.

Esta fiebre especuladora se produca en un pas que, como resultado de su desindustrializacin, estaba convirtiendo en una actividad fundamental el sector FIRE (Finance, Insurance and Real Estate; o sea Finanzas, seguros y negocio inmobiliario). Una desindustrialitzacin semejante se ha producido en Gran Bretaa, que de ser la fbrica del mundo quiso convertirse en el banco del mundo, y que vive ahora con la angustia de lo que puede suceder si pierde esta gran fuente de exportacin de servicios, teniendo en cuenta la situacin de una economa en que la demanda domstica ser probablemente escasa en muchos aos (...), mientras los consumidores se esfuerzan en hacer frente a sus deudas y el gobierno batalla por reducir el dficit presupuestario.

Nuestra situacin es ms compleja, ya que si bien hemos perdido el tejido industrial tradicional, contamos con una consideable industria de propiedad extranjera a la que proporcionamos trabajo barato, o sea que nos ha tocado el papel de receptores de la industria que otros pases ms prsperos deslocalizan, y que conservaremos mientras les sigamos garantizando salarios bajos. Lo cual me mueve a preguntarme cmo se explica que, si el trabajo de nuestros obreros es poco competitivo, como se argumenta para proponerles rebajas de sueldos y derechos, Volkswagen, Ford, o Renault se vengan a fabricar coches aqu. En lo que s nos vamos pareciendo a las economas avanzadas es en el peso dominante que ha adquirido entre nosotros el sector financiero.

La influencia poltica adquirida por los empresarios explica por qu, cuando se ha producido la crisis -en Norteamrica, en Gran Bretaa o en Espaa- el estado ha corrido a salvar las empresas financieras con rescates multimillonarios; pero no ha hecho un esfuerzo equivalente por remediar la situacin de los muchos ciudadanos que pierden sus hogares, al ser incapaces de seguir pagando las hipotecas, ni por asegurar estmulos a las actividades productivas con el fin de combatir el paro.

Lejos de ello, lo que se ha hecho, para justificar los sacrificios que se estn imponiendo a la mayora, es difundir la fbula de que la crisis econmica se debe al excesivo coste de los gastos sociales del estado, y que la solucin consiste en aplicar una brutal poltica de austeridad hasta que se acabe con el dficit del presupuesto, lo cual, como veremos, resulta imposible a partir de esta poltica.

Merece la pena escuchar esta historia como la cuenta Krugman: En el primer acto los banqueros se aprovecharon de la desregulacin para lanzarse a una especulacin desbordada, hinchando las burbujas con prstamos incontrolados; en el segundo las burbujas estallaron y los banqueros fueron rescatados con dinero de los contribuyentes, mientras los trabajadores sufran las consecuencias, y en el tercero, los banqueros decidieron emplear el dinero que haban recuperado en apoyar a polticos que les prometan bajarles los impuestos y desmontar las pocas regulaciones que se haban impuesto tras la crisis. Piensan ustedes que esta es una historia extica, que slo puede referirse a los Estados Unidos? Pues no; nosotros tambin tuvimos una burbuja inmobiliaria desbordada, hinchada con los crditos que concedieron bancos y cajas de ahorro. Ahora estamos en el segundo acto, el del rescate mientras los trabajadores sufren las consecuencias. Nos queda el desenlace, ese tercer acto que, si no se hace algo para evitarlo, ser parecido: esto es, que se recuperarn los bancos, pero no los puestos de trabajo, tal como est ocurriendo hoy en los Estados Unidos.

Nadie ignora que la austeridad es incompatible con el crecimiento econmico. Peter Radford lo sintetiza en pocas palabras: La austeridad disminuye una economa. Es un acto de retroceso. Disminuye la demanda. Los ingresos caen. Pagar las deudas a partir de una menor cantidad de dinero significa que hay menos dinero para otros gastos. Del crecimiento se pasa a la decadencia.

Una revisin del pasado demuestra que la poltica de austeridad nunca ha funcionado y que no tiene sentido en la situacin actual. Lo sostiene, por ejemplo, Richard Koo, economista jefe del Nomura Research Institute de Tokio, quien, tras haber analizado comparativamente la crisis econmica de los aos treinta, las dcadas perdidas de Japn y la crisis actual en Estados Unidos y en la eurozona, concluye que:

Aunque evitar el gasto pblico exagerado es el modo adecuado de proceder cuando el sector privado de la economa est en plena forma y maximiza los beneficios, nada resulta peor que la restriccin del gasto pblico cuando un sector privado en mal estado est reduciendo sus deudas. Actuar sobre una economa que ahorra pero no invierte reduciendo el gasto pblico no hace ms que agravar su situacin. Koo sostiene que la crisis, que empez en el sector inmobiliario estadounidense, sigue siendo una crisis bancaria, que ha acabado contagiando a la economa y a las cuentas pblicas, y que pensar que estos problemas se resuelven con una sobredosis de ajustes y con reformas constitucionales es un completo disparate.

Ms contundente aun es la opinin que Krugman ha expresado esta misma semana: Lo ms indignante de esta tragedia es que es totalmente innecesaria. Hace medio siglo, cualquier economista () os poda haber dicho que austeridad en tiempos de depresin era una muy mala idea. Pero los polticos, los entendidos y, siento decirlo, muchos economistas decidieron, sobre todo por razones polticas, olvidar lo que saban. Y millones de trabajadores estn pagando el precio de su deliberada amnesia.

No ha sido la deuda pblica la causa de la crisis de los pases del sur de Europa. Un anlisis de las cifras de las ltimas dcadas muestra que los problemas de estos pases no proceden de un exceso de gasto pblico, sino que son una consecuencia de la propia crisis. Un anlisis de la relacin que ha existido entre la deuda pblica y el PIB de estos pases, demuestra que estuvo mejorando (esto es disminuyendo) hasta 2007. El endeudamiento posterior del estado es consecuencia de las cargas que ha asumido como consecuencia de la crisis bancaria, no de un exceso anterior de gasto pblico. Si leen ustedes la prensa, fijndose en los datos que ofrece y no en la doctrina que predica, vern que lo que realmente preocupa a nuestros gobernantes es cmo remediar el problema que para el sistema bancario representan las grandes inversiones inmobiliarias efectuadas en aos de euforia en que estas fantasas se estaban financiando con nuestros ahorros.

No importa que economistas galardonados con el Premio Nobel, como Stiglitz y Krugman, condenen la poltica de austeridad. Porque resulta que, en realidad, esta poltica beneficia a los mismos que han causado el desastre y favorece la continuidad de su enriquecimiento. Como dice Michael Hudson: No hay ninguna necesidad (...) de que los dirigentes financieros de Europa impongan una depresin a la mayor parte de su poblacin. Pero es una gran oportunidad de ganancia para los bancos, que han conseguido el control de la poltica econmica del Banco Central Europeo (...). Una crisis de la deuda permite a la la lite financiera domstica y a los banqueros extranjeros endeudar al resto de la sociedad.

Los resultados se pueden ver ya en la experiencia de Grecia, donde las medidas de austeridad impuestas por la Unin Europa y el FMI estn poniendo en peligro el propio crecimiento econmico, y tienen unas dursimas consecuencias sociales: los suicidios y el crimen aumentan, la masa de los nuevos pobres est integrada por jvenes que no encuentran trabajo y por personas de media edad que han perdido el suyo, mientras faltan en los hospitales los medicamentos esenciales, incluyendo las vacunas, lo que puede conducir a que resurjan all la poliomielitis o la difteria.

Este comienza a ser tambin el caso de Espaa, donde la prensa anuncia que el PP se propone ahorrar este ao 6.000 millones en medicamentos. Como dice Peter Radford: Que se lo digan a los espaoles! Ellos han probado ya toda esta historia de la austeridad. Tanto que la tasa de paro es del 23%, mientras las medidas que lo han producido no han conseguido frenar el dficit pblico, que est a punto de superar el lmite del 8% que el gobierno espaol se haba fijado como objetivo. Se imaginan lo que ocurrir ahora? Que los espaoles van a ver aumentar su sufrimiento. Estn insistiendo en ms austeridad para estrujar su economa cada vez ms. Y ello, aade, para reducir un dficit que es menor que el de los Estados Unidos o el de Gran Bretaa.

Una reflexin adicional acerca del carcter ms empresarial que pblico de la crisis nos la puede proporcionar una informacin publicada por el New York Times el 25 de diciembre pasado, que nos advierte que la crisis de los bancos europeos, que les est obligando a deshacerse de activos, crea buenas oportunidades de negocio para las empresas financieras norteamericanas que, a pesar de sus problemas, estn lanzndose a comprar en Europa. En efecto, en un artculo publicado en La Vanguardia del 15 de enero pasado y el hecho mismo de que un peridico conservador publique este tipo de anlisis demuestra el desconcierto reinante entre nuestra burguesa- no slo se explica que los fondos de inversin norteamericanos se han lanzado a comprar gangas europeas, como empresas y bancos devaluados por la propia poltica de austeridad, sino que se nos dan las razones: La crisis bancaria europea est beneficiando a los fondos extranjeros que aguardan a las puertas de Europa. Por una parte compran empresas que han perdido valor porque los bancos se niegan a darles crdito, a lo cual se aade que las medidas de recapitalizacin impuestas a los bancos les han forzado a vender activos por un valor de billones de euros. Wim Butler, del Citi Group, no dud en decir en una conferencia pronunciada en Bruselas: De aqui a unos aos todos los bancos europeos pertenecern a extranjeros.

Las polticas restrictivas han llegado a tal punto de irracionalidad que desde el propio Fondo Monetario Internacional se ha comenzado a advertir a los dirigentes polticos europeos: En la medida en que los gobiernos piensan que deben responder a los mercados, pueden ser inducidos a consolidar demasiado aprisa, incluso desde el simple punto de la sostenibilidad de la deuda. Como ustedes saben, el presidente actual de nuestro gobierno ya ha dicho, cuando se aprestaba a rendir pleitesa a la seora Merkel, que lo primero es cumplir con el deber de sanear los bancos y reducir el gasto pblico: los puestos de trabajo, los hospitales o las escuelas no son prioritarios.

Hay razones que ayudan a entender la inhumanidad de este capitalismo depredador. Richard Eskow, que trabaj en un tiempo para Wall Street dice: La gente que sufre por los efectos de los presupuestos austeros no son de la clase de los que [estos capitalistas] conocen personalmente, sino que se trata de empleados pblicos, como maestros, policas, bomberos o funcionarios de programas sociales; de gente que necesita de ayudas del gobierno, como los pobres; y de otros de la clase media que han tenido la temeridad o de hacerse viejos o de sufrir una incapacidad. En realidad los super-ricos no slo se sienten ajenos a todos estos, sino que en el fondo los desprecian.

Lo ocurrido en los ltimos aos en la sociedad norteamericana, que fue la primera en implantar estas reglas, nos indica la clase de futuro a que nos conduce a todos la austeridad. Dos noticias de prensa publicadas alrededor de la Navidad del ao pasado ilustran sus dos caras. Sabemos, por una parte, que la paga de los dirigentes de las 500 mayores empresas aument en un 365 por ciento en 2010, al propio tiempo que aumentaba en 1.600.000 el nmero de los nios norteamericanos sin hogar, lo que representa un aumento de un 38 por ciento respecto de 2007. El ao pasado, el de 2011, no ha sido tan bueno para los negocios de Wall Street; pero sabemos ya que esto no va a afectar las pagas millonarias de los dirigentes de Citigroup o de Morgan Chase, que van a cobrar ms de veinte millones de dlares.

Los empresarios son conscientes de que el aumento de la desigualdad es nefasto para el crecimiento econmico, en trminos globales. Como seala Robert Reich: Con tanta parte de los ingresos y de la riqueza concentrada en los ms ricos, la amplia clase media no tiene ya el poder adquisitivo necesario para comprar lo que la economa es capaz de producir (...). El resultado es la generalizacin del estancamiento y del paro. Un memorndum de la Reserva Federal norteamericana de 4 de enero recuerda que el 70 por ciento de la economa nacional depende del gasto de los consumidores, y que la recuperacin no ser posible si no aumenta la capacidad de consumo de la clase media.

Este planteamiento sobre el inters general no afecta sin embargo a los intereses inmediatos de los ms ricos, puesto que una reduccin global del crecimiento no implica una reduccin simultnea de sus beneficios, que han seguido aumentando. Y se estn, adems, adaptando a la nueva situacin, con la esperanza de obtener cada vez mayores beneficios. El 16 de octubre de 2005 Citigroup, la mayor empresa financiera del mundo, publicaba un informe con el ttulo de Plutonoma, al que de momento se prest poca atencin, hasta que, cuando comenz a hacerse famoso, Citigroup se preocup de eliminarlo por completo de la red.

El informe propona el trmino plutonoma para designar los pases en que el crecimiento econmico se haba visto promovido, y en gran medida consumido, por el pequeo grupo de los ms ricos. Sostena que el encarecimiento de los activos, una participacin creciente en los beneficios y el trato favorable por parte de gobiernos partidarios del mercado han permitido a los ricos prosperar y capitalizar una proporcin creciente de la economa en los pases de plutonoma. Lo ilustraba con las cifras de la desigualdad de la distribucin de la riqueza en los Estados Unidos, que comentaba con estas palabras: No tenemos una opinin moral acerca de si esta desigualdad de los ingresos es buena o mala; lo que nos interesa es que es importante. Opinaban, adems, que las fuerzas que haban llevado a este aumento de la desigualdad en los veinte aos ltimos era probable que continuasen en los aos prximos. De lo cual haba que deducir que se creara un entorno positivo para la actividad de empresas que vendiesen bienes o servicios a los ricos.

Su conclusin final era: Hemos de preocuparnos menos de lo que el consumidor medio vaya a hacer, ya que la conducta de este consumidor es menos relevante para el agregado final, que de lo que los ricos vayan a hacer. Esta es simplemene una cuestin de matemticas, no de moralidad, concluan.

Y deban tener razn, porque sabemos que las empresas de bienes de lujo (o, como se dice en el negocio, de bienes para individuos de un valor extremo, que The Economist nos aclara que son aquellos pra los que un bolso de 8.000 dlares es una ganga) estn aumentando espectacularmente. LVMH o sea Louis Vuitton Mot Hennessy- creci en un 13% en la primera mitad de 2011 con ventas de 10.300 millones. Una noticia publicada recientemente en la prensa nos dice que mientras la matriculacin de automviles disminuy en su conjunto en Espaa en el ao 2011, la excepcin han sido los de lujo, cuya matriculacin ha aumentado en un 831 por ciento.

En algn momento haban avisado los analistas de Citigroup- es probable que los trabajadores se opongan al aumento de beneficios de los ricos y puede haber una reaccin poltica contra el enriquecimiento de los ms acomodados, pero no vemos que esto est ocurriendo, aunque hay sntomas de crecientes tensiones polticas. De todos modos mantendremos una extrecha observacin de los acontecimientos.

La ofensiva empresarial no se limita, por otra parte, a buscar ventajas temporales, sino que aspira a una transformacin permanente del sistema poltico. En los Estados Unidos se est tratando de dificultar el acceso al voto a amplias capas de la poblacin que se consideran poco afines a los principios de la derecha: ancianos, minoras tnicas, pobres... En la actualidad hay en Norteamrica 12 estados que han introducido medidas restrictivas del derecho a votar (otros 26 las estn gestionando), la ms importante de las cuales es la exigencia de un documento de identidad como votante, para cuya obtencin se exige la presentacin de documentos como el carnet de conducir o la acreditacin de una cuenta bancaria. No sin problemas. En julio de 2011 el documento le fue negado en Wisconsin a un joven, con el argumento de que el comprobante de su cuenta de ahorro, que presentaba como identificacin, no mostraba bastante actividad reciente com para servir para esta finalidad. Ms del 10 por ciento de ciudadanos norteamericanos no tienen estas identificaciones, y la proporcin es todava mayor entre sectores que normalmente votan por los demcratas, incluyendo un 18 por ciento de votantes jvenes y un 25 % de los afroamericanos.

Pero la amenaza a la democracia no necesita formularse con medidas legales de limitacin del voto, porque el camino ms efectivo es el control de los polticos por parte de la oligarqua financiera. Robert Fisk haca recientemente una comparacin entre las revueltas rabes y las protestas de los jvenes europeos y norteamericanos en un artculo que se titulaba Los banqueros son los dictadores de Occidente, en que deca: Los bancos y las agencias de evaluacin se han convertido en los dictadores de occidente. Como los Mubarak y Ben Al, creen ser los propietarios de sus pases. Las elecciones que les dan el poder a travs de la cobarda y la complicidad de los gobiernos- han acabado siendo tan falsas como las que los rabes se vean obligados a repetir, dcada tras dcada, para ungir a los propietarios de su propia riqueza nacional. Los partidos polticos, afirma Fisk, entregan el poder que han recibido de los votantes a los bancos, los traficantes de derivados y las agencias de evaluacin, respaldados por la deshonesta panda de expertos de las grandes universidades norteamericanas, () que mantienen la ficcin de que esta es una crisis de la globalizacin en lugar de una trampa financiera impuesta a los votantes.

Michael Hudson, profesor de la Universidad de Missouri, que haba sido analista y asesor en Wall Street, denuncia en un texto sobre lo que llama la transicin de Europa de la socialdmeocracia a la oligarqua financiera, los efectos de las polticas de austeridad: Una crisis de la deuda facilita que la lite financiera domstica y los banqueros extranjeros endeuden al resto de la sociedad (...) para apoderarse de los activos y reducir el conjunto de la poblacin a un estado de dependencia. A lo que aade que la clase de guerra que se extiende ahora por Europa tiene objetivos que van ms all de la economa, puesto que amenaza convertirse en una lnea de separacin histrica entre una poca caracterizada por la esperanza y el potencial tecnolgico, y una nueva era de desigualdad, a medida que una oligarqua financiera va reemplazando a los gobiernos democrticos y somete a las poblaciones a una servidumbre por deudas. El resultado es un golpe de estado oligrquico en que los impuestos y la planificacin y el control de los presupuestos estn pasando a manos de unos ejecutivos nombrados por el crtel internacional de los banqueros (no s si ser oportuno recordar que nuestro actual ministro de economa procede del sector bancario norteamericano).

Hay un aspecto de estos problemas en el que nos conviene reflexionar. Randall Wray sostiene que la crisis norteamericana de 2008 no la caus la insolvencia de las hipotecas basura, porque su volumen no era suficiente como para haber provocado por si slo este desastre, sino que sta fue simplemente la chispa que desencaden un incendio cuyas causas profundas eran el estancamiento de los salarios reales y la desigualdad creciente, que empujaban a la economa lejos de una actividad centrada en la produccin hacia otra esencialmente financiera, dedicada al manejo del dinero. Lo ms grave de esta interpretacin advierte- es que, dado que estas causas profundas no slo no se han remediado, sino que son ms graves ahora que en 2008, pudiera ocurrir que una chispa semejante, como la insolvencia de uno de los grandes bancos norteamericanos o un problema grave en la banca europea, volviera a iniciar una nueva crisis, tal vez peor.

Es por esto que necesitamos evitar el error de analizar la situacin que estamos viviendo en trminos de una mera crisis econmica esto es, como un problema que obedece a una situacin temporal, que cambiar, para volver a la normalidad, cuando se superen las circunstancias actuales-, ya que esto conduce a que aceptemos soluciones que se nos plantean como provisionales, pero que se corre el riesgo de que conduzcan a la renuncia de unos derechos sociales que despus resultarn irrecuperables. Lo que se est produciendo no es una crisis ms, como las que se suceden regularmente en el capitalismo, sino una transformacin a largo plazo de las reglas del juego social, que hace ya cuarenta aos que dura y que no se ve que haya de acabar, si no hacemos nada para lograrlo. Y que la propia crisis econmica no es ms que una consecuencia de la gran divergencia.

Qu hemos de hacer? Hay, evidentmente, un primer nivel de urgencia en que resulta obligado luchar por salvar los puestos de trabajo y los niveles de vida. El Banco de Espaa se ha encargado de comunicarnos hace pocos das que lo que vamos a tener este ao, y muy probablemente el siguiente, es ms recesin y ms de seis millones de parados. Cuesta poco imaginar la cantidad de EREs y de recortes que esto va a implicar, lo que nos va a obligar a muchos esfuerzos puntuales para salvar todo lo que se pueda.

Pero lo que revela la naturaleza especial de la situacin actual es el hecho de que para la generacin que ahora tiene entre 20 y 30 aos no va a haber ni siquiera EREs, sino una ausencia total de futuro. Y eso slo podr resolverse con una poltica que vaya ms all de la defensa inmediata de nuestras condiciones de vida, para enfrentarse a las polticas de austeridad y que, sobre todo, se proponga acabar con el gran proyecto de la divergencia social que las inspira.

Como demostr la gran depresin de los aos treinta, cuando eran muchos los que pensaban que el viejo sistema capitalista se haba acabado y que el futuro era de la economa planificada por el estilo de la de la Rusia sovitica, la capacidad del capitalismo para superar sus crisis y rehacerse es considerable.

El problema inmediato al que hemos de enfrentarnos hoy no es, como algunos pensbamos hace unos aos, la liquidacin del capitalismo, que debe ser en todo caso un objetivo a largo plazo, porque la verdad es que no disponemos ahora de una alternativa viable que resulte aceptable para una mayora. Y lo que no puede ser compartido con los ms, por razonable que parezca, est condenado a quedar en el terreno de la utopa, que es necesaria para alimentar nuestras aspiraciones a largo plazo, pero intil para la lucha poltica cotidiana.

Lo que nos corresponde resolver con urgencia es decidir si luchamos por recuperar cuanto antes un capitalismo regulado, con el estado del bienestar incluido, como se haba conseguido cuando los sindicatos y los partidos de izquierda eran interlocutores eficaces en el debate sobre la poltica social, o nos resginamos a seguir sufriendo bajo la garra de un capitalisno depredador y salvaje como el que se nos est imponiendo. De hecho, lo que nos proponen las polticas de austeridad es simplemente que paguemos la factura de los costes de consolidar el sistema en su situacin actual, renunciando a una gran parte de las conquistas que se consiguieron en dos siglos de luchas sociales.

No es que no haya signos esperanzadores de resistencia. No cabe duda de que las ocupaciones de plazas y las manifestaciones de protesta van a volver a brotar esta primavera, empujadas por la desesperacin. Pero lo ms importante es saber si la experiencia de los efectos combinados de los recortes y del aumento de las cargas servir para devolver el sentido comn a quienes dieron el voto a una derecha que prometa soluciones y se limita ahora a pedirnos sacrificios, o si sus votantes se resignarn a aceptar mansamente las consecuencias de su error.

Pienso que es urgente, para dar sentido y coherencia a las protestas, que la izquierda una izquierda real que nazca de ms all de la traicin de la socialdemocracia de las terceras vas- elabore nuevas formas de lucha y de mejora, ahora que ya hemos aprendido que la idea de que el progreso era el motor de la historia es un engao y que los avances para el conjunto de los hombres y las mujeres solo se han conseguido a travs de las luchas colectivas. La semana pasada me pidieron en un diario de Barcelona que opinase acerca de cmo sera dentro de cinco aos este capitalismo con el que nos ha tocado vivir. Y lo que respond fue que eso dependa de nosotros: que lo que tengamos dentro de cinco aos ser lo que habremos merecido.

Nota: [1] Texto ntegro de la conferencia pronunciada en Len por el profesor Josep Fontana (salvo pequeas variaciones, es la misma que pronunci en la sede de Comisiones Obreras de Catalunya en el consell de Comfia).

Fuente: http://lopezbulla.blogspot.com/2012/02/mas-alla-de-la-crisis-habla-josep.html



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