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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2012

Soberana alimentaria, una perspectiva feminista

Esther Vivas
Rebelin


Los sistemas de produccin y consumo de alimentos han estado siempre socialmente organizados, pero sus formas han variado histricamente. En las ltimas dcadas, bajo el impacto de las polticas neoliberales, la lgica capitalista se ha impuesto, cada vez ms, en la forma en que se produce y se distribuyen los alimentos (Bello, 2009) 2 .

Con el presente artculo queremos analizar el impacto de estas polticas agroindustriales en las mujeres y el papel clave que desempean las mujeres campesinas, tanto en los pases del Norte como del Sur, en la produccin y la distribucin de los alimentos. Asimismo, analizaremos como una propuesta alternativa al modelo agrcola dominante necesariamente tiene que incorporar una perspectiva feminista y cmo los movimientos sociales que trabajan en esta direccin, a favor de la soberana alimentaria, apuestan por incluirla.

Campesinaseinvisibles

En los pases del Sur, las mujeres son las principales productoras de comida, las encargadas de trabajar la tierra, mantener las semillas, recolectar los frutos, conseguir agua, cuidar del ganado... Entre un 60 y un 80% de la produccin de alimentos en estos pases recae en las mujeres, un 50% a nivel mundial (FAO, 1996). stas son las principales productoras de cultivos bsicos como el arroz, el trigo y el maz, que alimentan a las poblaciones ms empobrecidas del Sur global. Pero a pesar de su papel clave en la agricultura y en la alimentacin, ella s son, junto a los nios y nias, las ms afectadas por el hambre.

Las mujeres campesinas se han responsabilizado, durante siglos, de las tareas domsticas, del cuidado de las personas, de la alimentacin de sus familias, del cultivo para el auto-consumo y de los intercambios y la comercializacin de algunos excedentes de sus huertas, cargando con el trabajo reproductivo, productivo y comunitario, y ocupando una esfera privada e invisible. En cambio, las principales transacciones econmicas agrcolas han estado, tradicionalmente, llevadas a cabo por los hombres, en las ferias, con la compra y venta de animales, la comercializacin de grandes cantidades de cereales... ocupando la esfera pblica campesina.

Esta divisin de roles, asigna a las mujeres el cuidado de la casa, de la salud, de la educacin y de sus familias y otorga a los hombres el manejo de la tierra y de la maquinaria, en definitiva de la tcnica, y mantiene intactos los papeles asignados como masculinos y femeninos, y que durante siglos, y an hoy, perduran en nuestras sociedades (Oceransky Losana, 2006).

Si miramos las cifras, stas hablan por si solas. Segn datos de la Organizacin de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO) (1996), en mucho pases de frica las mujeres representan el 70% de la mano de obra en el campo; se encargan, en un 90%, del suministro de agua en los hogares; son las responsables, entre un 60 y un 80%, de la produccin de los alimentos para el consumo familiar y la venta; y realizan el 100% del procesamiento de los alimentos, el 80% de las actividades de almacenamiento y transporte de comida y el 90% de las labores de preparacin de la tierra. U nas cifras ponen de relieve el papel crucial que las mujeres africanas tienen en la produccin agrcola a pequea escala y en el mantenimiento y la subsistencia familiar.

Sin embargo, en muchas regiones del Sur global, en Amrica Latina, frica subsahariana y sur de Asia, existe una notable feminizacin del trabajo agrcola asalariado, especialmente en los sectores orientados a la exportacin no tradicional (Fraser, 2009). Entre 1994 y 2000, segn White y Leavy (2003), las mujeres ocuparon un 83% de los nuevos empleos en el sector de la exportacin agrcola no tradicional. De este modo, muchas mujeres accedieron por vez primera a un puesto de trabajo remunerado, con ingresos econmicos que les permitieron un mayor poder en la toma de decisiones y la posibilidad de participar en organizaciones al margen del hogar familiar ( Fraser, 2009). Pero esta dinmica va acompaada de una marcada divisin de gnero en los puestos de trabajo: en las plantaciones las mujeres realizan las tareas no cualificadas, como la recogida y el empaquetado, mientras que los hombres llevan a cabo la cosecha y la plantacin.

Esta incorporacin de la mujer al mbito laboral remunerado implica una doble carga de trabajo para las mujeres, quienes siguen llevando a cabo el cuidado de sus familiares a la vez que trabajan para obtener ingresos, mayoritariamente, en empleos precarios. stas cuentan con unas condiciones laborales peores que las de sus compaeros recibiendo una remuneracin econmica inferior por las mismas tareas y teniendo que trabajar ms tiempo para percibir los mismos ingresos. En la India, por ejemplo, el salario medio por el trabajo ocasional en la agricultura para las mujeres es un 30% inferior al de los hombres (Banco Mundial, 2007). En el Estado espaol, las mujeres cobran un 30% menos y esta diferencia puede llegar al 40% (Oceransky Losana, 2006).

Impacto de las polticas neoliberales

La aplicacin de los Programas de Ajuste Estructural (PAE), en los aos 80 y 90, en los pases del Sur por parte del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, para que stos pudieran hacer frente al pago de la deuda externa, agrav an ms las ya de por si difciles condiciones de vida de la mayor parte de la poblacin en estos pases y golpe, de forma especialmente dura, a las mujeres.

Las medidas de choque impuestas por los PAE consistieron en forzar a los gobiernos del Sur a retirar las subvenciones a los productos de primera necesidad como el pan, el arroz, la leche, el azcar...; se impuso una reduccin drstica del gasto pblico en educacin, sanidad, vivienda, infraestructuras...; se forz la devaluacin de la moneda nacional, con el objetivo de abaratar los productos destinados a la exportacin pero disminuyendo la capacidad de compra de la poblacin autctona; aumentaron los tipos de inters con el objetivo de atraer capitales extranjeros con una alta remuneracin, generando una espiral especulativa, etc. En definitiva, una serie de medidas que sumieron en la pobreza ms extrema a las poblaciones de estos pases (Vivas, 2008).

Las polticas de ajustes y las privatizaciones repercutieron de forma particular sobre las mujeres. Como sealaba Juana Ferrer, responsable de la Comisin Internacional de Gnero de La Va Campesina: En los procesos de privatizacin de los servicios pblicos las ms afectadas hemos sido las mujeres, sobre todo en campos como la salud y la educacin, ya que las mujeres, histricamente, cargamos con las responsabilidades familiares ms fuertes. En la medida en que no tenemos acceso a los recursos y a los servicios pblicos, se torna ms difcil tener una vida digna para las mujeres (La Va Campesina, 2006: 30).

El hundimiento del campo en los pases del Sur y la intensificacin de la migracin hacia las ciudades ha provocado un proceso de descampesinizacin (Bello, 2009), que, en muchos pases, no ha tomado la forma de un movimiento clsico campo-ciudad, donde los excampesinos van a las ciudades a trabajar en las fbricas en el marco de un proceso de industrializacin, sino que se ha dado, lo que Davis (2006) llama, un proceso de urbanizacin desconectada de la industrializacin, donde los excampesinos, empujados a las ciudades, pasan a engrosar la periferia de las grandes urbes (favelas, slumps...), viviendo muchos de la economa informal y configurando, lo que el autor llama, el proletariado informal.

Las mujeres son un componente esencial de los flujos migratorios, nacionales e internacionales, que provocan la desarticulacin y el abandono de las familias, de la tierra y de los procesos de produccin, a la vez que aumentan la carga familiar y comunitaria de las mujeres que se quedan. En Europa, Estados Unidos, Canad... las mujeres migrantes acaban asumiendo trabajos que aos atrs realizaban las mujeres autctonas, reproduciendo una espiral de opresin, carga e invisibilizacin de los cuidados y externalizando sus costes sociales y econmicos a las comunidades de origen de las mujeres migrantes.

La incapacidad para resolver la actual crisis de los cuidados en los pases occidentales, fruto de la incorporacin masiva de las mujeres al mercado laboral, el envejecimiento de la poblacin y la no respuesta del Estado a estas necesidades, sirve como coartada para la importacin de millones de cuidadoras de los pases del Sur global. Como seala Ezquerra (2010: 39): [Esta] dispora cumple la funcin de invisibilizar la incompatibilidad existente entre el auge del sistema capitalista y el mantenimiento de la vida en el Centro, y agudiza de manera profunda la crisis de los cuidados, entre otras crisis, en los pases del Sur (...) La cadena internacional del cuidado se convierte en un dramtico crculo vicioso que garantiza la pervivencia del sistema capitalista patriarcal.

Acceso a la tierra

El acceso a la tierra no es un derecho garantizado para muchas mujeres: en varios pases del Sur las leyes les prohben este derecho y en aquellos donde legalmente tienen acceso las tradiciones y las prcticas les impiden disponer de ellas. Como explica Fraser (2009: 34): En Camboya, por ejemplo, pese a que no es ilegal que las mujeres posean tierra, la norma cultural dicta que no la poseen, y a pesar de que ellas son responsables de la produccin de las explotaciones agrcolas, no tienen ningn control sobre la venta de la tierra o la forma en la que sta se transmite a los hijos.

Una situacin extrapolable a muchos otros pases. En la India, como seala Chukki Nanjundaswamy de la organizacin campesina Karnataka State Farmers' Association 3 , la situacin de las mujeres para acceder a la tierra y contar con asistencia sanitaria es muy difcil: Socialmente las campesinas indias casi no tienen derechos y estn consideradas como un aadido de los varones. Las campesinas son las ms intocables dentro de los intocables, en el sistema social de castas (La Va Campesina, 2006: 16).

El acceso a la tierra de las mujeres en frica es, en la actualidad, an ms dramtico debido al aumento de muertes a causa del SIDA. Por un lado, las mujeres tienen ms posibilidades de ser infectadas, pero cuando uno de sus familiares varones muere, y ste ostenta la titularidad de la tierra, las mujeres tienen muchas dificultades para acceder a su control. En varias comunidades, stas no tienen derecho a heredar y, por tanto, pierden la propiedad de la tierra y otros bienes al quedarse viudas (Jayne et   al, 2006).

La tierra es un activo muy importante: permite la produccin de alimentos, sirve como inversin para el futuro y como aval, implica acceso al crdito, etc. Las dificultades de las mujeres para poseer tierras es una muestra ms de cmo el sistema agrcola capitalista y patriarcal las golpea especialmente. Y cuando stas ostentan la titularidad se trata, mayoritariamente, de tierras con menor valor o extensin.

Asimismo, las mujeres enfrentan ms dificultades para conseguir crditos, servicios e insumos. A nivel mundial, se estima que las mujeres reciben slo un 1% del total de prstamos agrcolas, y aunque las mujeres los reciban no queda claro si el control sobre los mismos es ejercido por sus compaeros o familiares (Fraser, 2009).

Pero estas prcticas no slo se dan en los pases del Sur global, en Europa, por ejemplo, muchas campesinas padecen una total inseguridad jurdica, ya que la mayora de ellas trabajan en explotaciones familiares donde los derechos administrativos son propiedad exclusiva del titular de la explotacin y las mujeres, a pesar de trabajar en ella, no tienen derecho a ayudas, a la plantacin, a una cuota lctica, etc.

Como explica Isabel Vilalba Seivane, secretaria de mujeres del Sindicato Labrego Galego en Galicia, las problemticas de las mujeres en el campo, tanto en los pases del Sur como en el Norte, son comunes aunque con diferencias: Las mujeres europeas estamos ms centradas en la lucha por nuestros derechos administrativos en la explotacin; mientras que en otros lugares reclaman cambios profundos que tienen que ver con la reforma agraria, o con el acceso a la tierra y a otros recursos bsicos (La Va Campesina, 2006: 26). En Estados Unidos, Debra Eschmeyer de la National Family Farm Coalition explica como tambin existen prcticas que muestran esta desigualdad: Por ejemplo, cuando una campesina va sola a pedir un crdito a un banco tiene ms complicado obtenerlo que si fuera un hombre (La Va Campesina, 2006: 14).

Agroindustria versus soberana alimentaria

Hoy en da, el actual modelo agroindustrial se ha demostrado totalmente incapaz de satisfacer las necesidades alimentarias de las personas e incompatible con el respeto a la naturaleza. Nos encontramos ante un sistema agrcola y alimentario sometido a una alta concentracin empresarial a lo largo de toda la cadena comercial, siendo monopolizado por un puado de multinacionales de los agronegocios que cuentan con el respaldo de gobiernos e instituciones internacionales que se han convertido en cmplices, cuando no en cobeneficiarios, de un sistema alimentario productivista, insostenible y privatizado. Un modelo que es a su vez utilizado como instrumento imperialista de control poltico, econmico y social por parte de las principales potencias econmicas del Norte, como Estados Unidos y la Unin Europea (as como de sus multinacionales agroalimentarias), respecto a los pases del Sur global (Toussaint, 2008; Vivas, 2009).

Como seala Desmarais (2007), el sistema alimentario puede entenderse como una extensa cadena horizontal que se ha ido alargando cada vez ms, alejando produccin y consumo, y favoreciendo la apropiacin de las distintas etapas de la produccin por las empresas agroindustriales y la prdida de autonoma de los campesinos frente a stas.

La situacin de crisis alimentaria, que estall a lo largo del ao 2007 y 2008 con un fuerte aumento del precio de los alimentos bsicos 4 , puso de relieve la extrema vulnerabilidad del sistema agrcola y alimentario, y dej tras s la cifra de ms de mil millones de personas en el mundo que pasan hambre, una de cada seis, segn datos de la FAO (2009).

Pero el problema actual no es la falta de alimentos, sino la imposibilidad para acceder a ellos. De hecho, la produccin de cereales a nivel mundial se ha triplicado desde los aos 60, mientras que la poblacin a escala global tan solo se ha duplicado (GRAIN, 2008). Con estas cifras, podemos afirmar que se produce suficiente comida para alimentar a toda la poblacin, pero para los millones de personas en los pases del Sur que destinan entre un 50 y un 60% de la renta a la compra de alimentos, cifra que puede llegar incluso hasta el 80% en los pases ms pobres, el aumento del precio de la comida hace imposible el acceso a la misma.

Hay razones de fondo que explican el porqu de la profunda crisis alimentaria. Las polticas neoliberales aplicadas indiscriminadamente en el transcurso de los ltimos treinta aos a escala planetaria (liberalizacin comercial a ultranza, el pago de la deuda externa por parte de los pases del Sur, la privatizacin de los servicios y bienes pblicos...) as como un modelo de agricultura y alimentacin al servicio de una lgica capitalista son las principales responsables de esta situacin que ha desmantelado un modelo de agricultura campesina garante de la seguridad alimentaria de los pueblos durante dcadas (Holt-Gimnez y Patel, 2010).

Frente a este modelo agrcola dominante que tiene un impacto muy negativo en las personas, especialmente en las mujeres, y en el medio ambiente, se plantea el paradigma de la soberana alimentaria. Una alternativa poltica que consiste en el derecho de cada pueblo a definir sus propias polticas agropecuarias y en materia de alimentacin, a proteger y reglamentar la produccin agropecuaria nacional y el mercado domstico (VVAA, 2003: 1). Se trata de recuperar nuestro derecho a decidir sobre qu, cmo y dnde se produce aquello que comemos; que la tierra, el agua, las semillas estn en manos de las y los campesinos; que seamos soberanos en lo que respecta a nuestra alimentacin.

Pero, si las mujeres son la mitad de la mano de obra en el campo a escala mundial, una soberana alimentaria que no incluya una perspectiva feminista estar condenada al fracaso. La soberana alimentaria implica romper no slo con un modelo agrcola capitalista sino tambin con un sistema patriarcal que oprime y supedita a las mujeres.

Se trata de incorporar la perspectiva feminista a la soberana alimentaria. Como seala Yoon Geum Soon de la asociacin de mujeres campesinas coreanas KWPA y representante de La Va Campesina en Asia: El feminismo es un proceso que permite conseguir un lugar digno para las mujeres dentro de la sociedad, para combatir la violencia contra las mujeres, y tambin para reivindicar y reclamar nuestras tierras y salvarlas de las manos de las transnacionales y de las grandes empresas. El feminismo es la va para que las mujeres campesinas puedan tener un papel activo y digno en el seno de la sociedad (La Va Campesina, 2006:12).

La Va Campesina

La Va Campesina es el principal movimiento internacional de pequeas y pequeos agricultores y promotor del derecho de los pueblos a la soberana alimentaria. La Va se constituy en 1993, en los albores del movimiento antiglobalizacin, y progresivamente se convertira en una de las organizaciones de referencia en la crtica a la globalizacin neoliberal. Su ascenso es la expresin de la resistencia campesina al hundimiento del mundo rural, provocado por las polticas neoliberales y la intensificacin de las mismas con la creacin de la Organizacin Mundial del Comercio (Antentas y Vivas, 2009a).

Desde su creacin, La Va Campesina ha configurado una identidad campesina politizada, ligada a la tierra, a la produccin de los alimentos y a la defensa de la soberana alimentaria, construida en oposicin al actual modelo del agronegocio (Desmarais, 2007). La Va encarna un nuevo tipo de internacionalismo campesino (Bello, 2009), que podemos conceptualizar como el componente campesino del nuevo internacionalismo de las resistencias representado por el movimiento antiglobalizacin (Antentas y Vivas, 2009b).

En el ao 1996, coincidiendo con la Cumbre Mundial sobre la Alimentacin de la FAO en Roma, La Va plante la propuesta de la soberana alimentaria como una alternativa poltica a un sistema agrcola y alimentario profundamente injusto y depredador. Esta demanda no implica un retorno romntico al pasado, sino que se trata de recuperar el conocimiento y las prcticas tradicionales y combinarlas con las nuevas tecnologas y los nuevos saberes (Desmarais, 2007). No debe consistir tampoco, como seala McMichael (2006), en un planteamiento localista ni en una mistificacin de lo pequeo sino en repensar el sistema alimentario mundial para favorecer formas democrticas de produccin y distribucin de alimentos.

Una perspectiva feminista

Con el tiempo, La Va ha ido incorporando una perspectiva feminista, trabajando para conseguir la igualdad de gnero en el seno de sus organizaciones as como estableciendo alianzas con grupos feministas como la red internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres, entre otros.

En el seno de La Va Campesina, la lucha de las mujeres se sita en dos niveles. Por un lado, la defensa de sus derechos como mujeres dentro de las organizaciones y en la sociedad en general y, por otro lado, la lucha como campesinas, junto a sus compaeros, contra el modelo de agricultura neoliberal (EHNE y La Va Campesina, 2009).

Desde su constitucin, el trabajo feminista en La Va ha dado importantes pasos adelante. En la 1 Conferencia Internacional en Mons (Blgica), en 1993, todos los coordinadores electos fueron hombres y la situacin de la mujer campesina prcticamente no recibi ninguna mencin en la declaracin final, aunque se identific la necesidad de integrar sus necesidades en el trabajo de La Va. Pero esta conferencia fall en establecer mecanismos que asegurasen la participacin de las mujeres en encuentros sucesivos. De este modo, en la 2 Conferencia Internacional en Tlaxcala (Mxico), en 1996, el porcentaje de mujeres asistentes fue igual que en la 1 Conferencia Internacional, un 20% del total. Para solventar esta cuestin, se acordaron mecanismos que permitiesen una mejor representacin y participacin y se cre un comit especial de mujeres, que ms adelante sera conocido como la Comisin de Mujeres de La Va Campesina.

Esta orientacin poltica facilit la incorporacin de aportaciones feministas a los anlisis de La Va. Por ejemplo, cuando se present pblicamente el concepto de soberana alimentaria, coincidiendo con la Cumbre Mundial sobre la Alimentacin de la FAO en Roma, en 1996, las mujeres aportaron demandas propias como la necesidad de producir los alimentos localmente, a las prcticas agrcolas sostenibles aadieron la dimensin de la salud humana, exigieron la reduccin drstica los insumos qumicos, perjudiciales para la salud, y defendieron la promocin activa de la agricultura orgnica. Asimismo, y debido al acceso desigual de las mujeres a los recursos productivos, insistieron en que la soberana alimentaria no poda llevarse a cabo sin una mayor participacin femenina en la definicin de las polticas campesinas (Desmarais, 2007).

Para Francisca Rodrguez de la asociacin campesina ANAMURI en Chile: Asumir la realidad y demandas de las mujeres rurales ha sido un reto dentro de todos los movimientos de campesinos (...) La historia de este reconocimiento ha pasado por diversas etapas: de la lucha desde dentro por el reconocimiento, a la ruptura con las organizaciones machistas (...) A lo largo de estos ltimos veinte aos las organizaciones de mujeres campesinas han ganado identidad (...), nos hemos reconstruido como mujeres en un medio rural machacado (Mugarik Gabe, 2006:254).

El trabajo de la Comisin de Mujeres permiti fortalecer el intercambio entre mujeres de diferentes pases, organizando, por ejemplo, encuentros especficos de mujeres coincidiendo con cumbres y reuniones internacionales. Entre los aos 1996 y 2000, el trabajo de la Comisin se centr, principalmente, en Amrica Latina, donde a travs de la formacin, el intercambio, la discusin y el empoderamiento de las campesinas aument la participacin de stas en todos los niveles y actividades de La Va.

Como seala Desmarais (2007: 265): En la mayora de los pases, las organizaciones campesinas y agrcolas estn dominadas por hombres. Las mujeres de La Va Campesina se niegan a aceptar estas posiciones subordinadas. Aun reconociendo el largo y difcil camino que queda por delante, ellas aceptan de forma entusiasta el desafo y juran llevar a cabo un papel destacado en moldear La Va Campesina como un movimiento comprometido con la igualdad de gnero.

En octubre del 2000, justo antes de la 3a Conferencia Internacional de La Va en Bangalore (India), se organiz la 1a Asamblea Internacional de Mujeres Campesinas, que permiti una mayor participacin de mujeres en la misma. La Asamblea aprob tres grandes objetivos para llevar a cabo: a) Garantizar la participacin del 50% de las mujeres en todos los niveles de decisiones y en las actividades de La Va Campesina. b) Mantener y fortalecer la Comisin de Mujeres. c) Garantizar que los documentos, los eventos de formacin y los discursos de La Va superasen un contenido sexista y un lenguaje machista (Desmarais, 2007).

De este modo, en la 3 Conferencia Internacional, se acord un cambio de estructura que garantizara la equidad de gnero. Como seala Paul Nicholson de La Va Campesina: [En Bangalore] se decidi la equidad hombre y mujer en los espacios de representacin y cargos de nuestra organizacin, y se inici todo un proceso interno de reflexin sobre el papel de las mujeres en la lucha campesina (...). La perspectiva de gnero se est abordando ahora de una manera seria, no slo en el mbito de la paridad en los cargos, sino tambin con un debate profundo sobre las races y tentculos del patriarcado y sobre la violencia contra la mujer en el mundo rural (Soberana alimentaria, biodiversidad y culturas, 2010: 8).

Esta estrategia forz a las organizaciones miembros de La Va a nivel nacional y regional a replantearse su trabajo en una perspectiva de gnero e incorporar nuevas acciones encaminadas a fortalecer el papel de la mujer (Desmarais, 2007). As lo ratifica Josie Riffaud del Confdration Paysanne en Francia al afirmar que fue fundamental la decisin de la paridad en La Va Campesina, pues posibilit que en mi organizacin, la Confdration Paysanne, pudiramos aplicar tambin esta medida (La Va Campesina, 2006: 15).

En el marco de la 4 Conferencia Internacional en Sao Paulo, Brasil, en junio 2004, se celebr la 2 Asamblea Internacional de Mujeres Campesinas que reuni a ms de un centenar de mujeres de 47 pases de todos los continentes. Las principales lneas de accin surgidas del encuentro iban orientadas a tomar medidas contra la violencia fsica y sexual contra las mujeres, tanto en el mbito domstico como en el geopoltico, exigir la igualdad de derechos e invertir en formacin. Como sealaba su declaracin final: Exigimos nuestro derecho a una vida digna; el respeto a nuestros derechos sexuales y reproductivos; y la aplicacin inmediata de medidas para erradicar toda forma de violencia fsica, sexual, verbal y psicolgica (...). Exigimos a los Estados implementar medidas que garanticen nuestra autonoma econmica, acceso a la tierra, a la salud, a la educacin y a un estatus social igualitario (2 Asamblea Internacional de Mujeres Campesinas, 2004).

En octubre del 2006 se celebr el Congreso Mundial de las Mujeres de La Va Campesina en Santiago de Compostela (Estado espaol) al que asistieron mujeres de organizaciones agrarias de Asia, Norte-Amrica, Europa, frica, y Amrica Latina con el objetivo de analizar y debatir acerca de lo que significa la igualdad en el campo desde una perspectiva feminista y establecer un plan de accin para conseguirla. Como apuntaba Sergia Galvn del Colectivo Mujer y Salud de Repblica Dominicana, en una de las ponencias del Congreso, las mujeres de La Va tenan tres desafos por delante: a) Avanzar en la reflexin terica para incorporar la perspectiva campesina a los anlisis feministas. b) Continuar trabajando en la autonoma como referente vital para la consolidacin del movimiento de mujeres campesinas. c) Superar el sentimiento de culpa en la lucha por conseguir mayores espacios de poder frente a los hombres (La Va Campesina, 2006).

El Congreso Mundial de las Mujeres de La Va puso de relieve la necesidad de fortalecer an ms la articulacin de las mujeres de La Va y aprob la creacin de mecanismos para un mayor intercambio de experiencias y planes de lucha especficos. Asimismo se observaron avances en la reduccin de la discriminacin de las mujeres, a pesar de lo mucho que quedaba por hacer. Entre las propuestas concretas que se aprobaron estaba articular una campaa mundial para luchar contra las violencias que se ejercen contra las mujeres; extender los debates a todas las organizaciones que forman parte de La Va; y trabajar para que se reconozcan los derechos de las mujeres campesinas exigiendo igualdad real en el acceso a la tierra, a los crditos, a los mercados y en los derechos administrativos (La Va Campesina, 2006).

Coincidiendo con la 5a Conferencia Internacional de La Va Campesina en Maputo, Mozambique, octubre 2008, se celebr la 3 Asamblea Internacional de Mujeres. En sta se aprob lanzar una campaa especfica contra la violencia contra las mujeres, al constatar cmo todas las formas de violencia que enfrentan las mujeres en la sociedad (violencia fsica, econmica, social, machista, de diferencias de poder, cultural) estn tambin presentes en las comunidades rurales y en sus organizaciones.

Pero el trabajo enfocado a conseguir una mayor igualdad de gnero no es fcil. A pesar de la paridad formal, las mujeres tienen mayores dificultades para viajar o asistir a encuentros y reuniones. Como seala Desmarais (2007: 282): Hay muchas razones por las que las mujeres no participan a este nivel. Quiz la ms importante es la persistencia de ideologas y prcticas culturales que perpetan relaciones de gnero desiguales e injustas. Por ejemplo, la divisin de las labores por gnero significa que las mujeres rurales tienen mucho menos acceso al recurso ms preciado, el tiempo, para participar como lderes en las organizaciones agrcolas. Dado que las mujeres son las principales responsables del cuidado de los nios y los ancianos (...). La triple jornada de las mujeres que implica trabajo reproductivo, productivo y comunitario- hace mucho menos probable que tengan tiempo para sesiones de formacin y aprendizaje para su capacitacin como lderes.

Se trata de una lucha a contracorriente y, a pesar de algunas victorias concretas, nos encontramos frente a un combate de largo recorrido, tanto en las organizaciones como, ms en general, en lo social.

Tejiendo alianzas

En lo que respecta a las alianzas, La Va Campesina ha establecido colaboracin con varias organizaciones y movimientos sociales a nivel internacional, regional y nacional. Una de las ms significativas ha sido el trabajo conjunto, en cada uno de estos niveles, con la Marcha Mundial de las Mujeres, una de las principales redes globales feministas con quien se ha convocado acciones conjuntas, encuentros y se ha colaborado en actividades y conferencias internacionales, junto con otros movimientos sociales, como, por ejemplo, en el Foro Internacional por la Soberana Alimentaria que tuvo lugar en Mal, en 2007, entre otros.

El encuentro entre ambas redes se dio, inicialmente, en el marco del movimiento antiglobalizacin, al coincidir en contra-cumbres internacionales as como en las actividades del Foro Social Mundial y ser ambas, junto con otras redes, promotoras de la Asamblea de Movimientos Sociales del Foro Social Mundial. Asimismo, la incorporacin de una perspectiva feminista en el seno de La Va y al trabajo campesino y a favor de la soberana alimentaria gener mayores puentes de encuentro que se intensificaron con el paso del tiempo.

As qued patente en el Foro por la Soberana Alimentaria celebrado a principios del 2007 en Slingu, una pequea poblacin rural del sudeste de Mal. Un encuentro convocado por los principales movimientos sociales a escala internacional como la Va Campesina, la Marcha Mundial de las Mujeres, el Foro Mundial de los Pueblos Pescadores, entre otros, y que permiti avanzar en la definicin de estrategias conjuntas entre un amplio abanico de movimientos sociales (campesinos, pescadores, ganaderos, consumidores...) a favor de la soberana alimentaria.

Las mujeres tuvieron un papel central en este encuentro como dinamizadoras, organizadoras y participantes. stas reclamaron el mito de Nylni, una mujer campesina maliense que luch por afirmarse como mujer en un entorno desfavorable. De hecho, el Foro por la Soberana Alimentaria recibi el nombre de Nylni en homenaje a esta leyenda. Delegadas de pases de frica, Amrica, Europa, Asia y Oceana, integrantes de diferentes sectores y movimientos sociales, asistieron al encuentro y sealaron al sistema capitalista y patriarcal como responsable de las violaciones de los derechos de las mujeres, a la vez que reafirmaron su compromiso para transformarlo.

La Marcha Mundial de las Mujeres, fruto de este trabajo y colaboracin, ha asumido la demanda de la soberana alimentaria, como un derecho inalienable de los pueblos y, en especial, de las mujeres. Miriam Nobre, coordinadora del secretariado internacional de la Marcha, particip en octubre del 2006 en el Congreso Mundial de las Mujeres de La Va Campesina con una intervencin sobre el movimiento feminista global. Y el 7 Encuentro Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres en Vigo, en el Estado espaol, en octubre 2008, cont con la organizacin de un foro y una feria por la soberana alimentaria, mostrando la capacidad de vincular la lucha feminista con la de las mujeres campesinas.

Esta colaboracin se observa tambin a partir de la doble militancia de algunas mujeres que son miembros activas en la Marcha Mundial de las Mujeres, a la vez que forman parte de las organizaciones de La Va Campesina. Estas experiencias permiten estrechar vnculos y colaboraciones entre ambas redes y fortalecen tanto la lucha feminista como campesina, ya que ambas se insertan en un combate ms amplio contra el capitalismo y el patriarcado.

A modo de conclusin

A lo largo de las ltimas dcadas, el sistema agrcola y alimentario global ha puesto de relieve su total incapacidad para garantizar la seguridad alimentaria de las comunidades, actualmente ms de mil millones de personas en el mundo pasan hambre, a la vez que ha demostrado su fuerte impacto medioambiental con un modelo agroindustrial kilomtrico, intensivo, generador de cambio climtico, que acaba con la agrodiversidad, etc. ste sistema se ha revelado especialmente agresivo con las mujeres. A pesar de que stas producen entre un 60 y un 80% de los alimentos en los pases del Sur global, y un 50% en todo el mundo, son las que ms padecen hambre.

Avanzar en la construccin de alternativas al actual modelo agrcola y alimentario implica incorporar una perspectiva de gnero. La alternativa de la soberana alimentaria al modelo agroindustrial dominante tiene que tener un posicionamiento feminista de ruptura con la lgica patriarcal y capitalista.

La Va Campesina, el principal movimiento internacional a favor de la soberana alimentaria, lo tiene claro. Se trata de avanzar en esta direccin y crear alianzas con otros movimientos sociales, en especial con organizaciones y redes feministas, como la Marcha Mundial de las Mujeres. Promover redes y solidaridades entre las mujeres del Norte y del Sur, urbanas y rurales, y de stas con sus compaeros para, como dice La Va: Globalizar la lucha. Globalizar la esperanza.

Bibliografa

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Notas:

2 Para un anlisis ms detallado de la evolucin histrica del sistema alimentario mundial ver McMichael (2000).

3 Todas las campesinas citadas en el presente artculo forman parte de organizaciones miembros de La Va Campesina.

4 Segn el ndice de precios de los alimentos de la FAO, estos registraron, entre el 2005 y el 2006, un aumento del 12%; al ao siguiente, en 2007, un crecimiento del 24%; y entre enero y julio del 2008 una subida de cerca del 50%. Los cereales y otros alimentos bsicos fueron los que sufrieron los aumentos ms importantes (Vivas, 2009).

Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales en la Universidad Pompeu Fabra y es autora de En piecontrala deuda externa (El Viejo Topo, 2008), coautora, junto a JM Antentas, de Resistencias globales (Ed. Popular, 2009), entre otros libros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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