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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2012

Honduras
El festn de los buitres

Ricardo Salgado
Rebelin


Viendo el revuelo que han querido darle a la celebracin del aniversario CXXI de fundacin de Partido Liberal de Honduras, nos llaman la atencin mltiples comentarios de sus partidarios acerca de todas las cosas buenas que hicieron por nuestro pas, y como algunos escritores hasta hablan de gloria para referirse a los hechos de este instituto poltico, que, a lo largo del siglo XX, y comienzos del XXI, construyeron, junto con los militares y los otros reaccionarios, una troika infernal de entreguismo sin lmites.

Sera absurdo negar muchos momentos en los que, especialmente durante la primera mitad del siglo anterior, este partido poltico aport una cuota significativa de sacrificio frente a la actitud arrogante de la dictadura. Tampoco podemos obviar que el tan llevado y trado liberalismo social, moderno en la poca de los fundadores del liberalismo hondureo, pero hoy tan obsoleto como los lderes de esa caduca institucin poltica, era sin duda una propuesta atrevida a finales del XIX. Sin embargo, ciento veinte aos no solo reflejan el paso del tiempo, sino un cmulo terrible de resultados amargos para nuestra atrasada sociedad.

Desde la administracin de Villeda Morales, en la que no se poda obviar la presin de la Alianza para el progreso, ni los efectos claros que siguieron a la Huelga Obrera de 1954, el partido cumpleaero no volvi a mostrar una cara progresista. De hecho, hacia el final de su administracin, Villeda mismo se confabula, con la venia de los Estados Unidos, con las Fuerzas Armadas para evitar el ascenso al poder del lder Modesto Rodas Alvarado. La cpula de ese partido siempre fue fundamentalmente reaccionaria, a pesar de una elevada membreca que proceda de la izquierda y otros sectores nacionalistas (de nacionalismo no del partido nacional).

Toda esta es una historia conocida, y no valdra la pena mencionarla de nuevo si no estuviramos frente al mismo partido que a partir de 1980 ha gobernado el pas por casi 20 aos, con intermitentes apariciones del otro partido conservador que llega a hacer desastres cada ocho aos. Este patrn se rompi gracias a la recomposicin de fuerzas que se da, en parte por el avance de los movimientos sociales, en parte por el giro poltico de la administracin de Manuel Zelaya, que sin llegar a plantear cambios estructurales o amenazar la existencia de los privilegios de la clase dominante, despert en el pueblo una visin cierta sobre sus terribles condiciones de vida, y sobre la posibilidad real de que esto poda cambiarse.

Ante la creciente inquietud de los Estados Unidos de que pudiera crecer un verdadero proyecto de izquierdas en Honduras, la clase dominante local se embarca en la aventura que culmina con el golpe de Estado del 28 de junio del ao 2009, guiada por, al menos, la inteligencia norteamericana y el comando sur. En ese momento, la leyenda democrtica y progresista del partido liberal que poda existir en el imaginario de la gente, sufre un duro revs, dando lugar a una confusin frente al mito de que los liberales nunca participaron el golpes de Estado. Esta historia tampoco tiene nada de novedoso, excepto por el hecho de que la coyuntura precipitada por el entreguismo de muchos que ayer celebraban, dio lugar a un nuevo mapa poltico en el que este partido, y el bipartidismo finalmente encuentran su punto de quiebre; aun frente a la posibilidad de que se frage un inmenso fraude en las elecciones venideras, el bipartidismo ya no tiene vida adicional, solamente es capaz de provocar una enorme tragedia dentro de la ya convulsa situacin hondurea.

Viendo los resultados de los gobiernos liberales y nacionalistas de los ltimos cincuenta aos (los militares cogobernaron con los dirigentes de estos partidos), no encontramos ms que sumisin abyecta frente al poder de los grupos transnacionales, profundizacin de la miseria del pueblo, y una dosis intensa y permanente de demagogia, que no produjo ningn buen recuerdo para las mayoras que se empobrecieron ms y ms, cada uno de los diez y ocho mil doscientos cincuenta das que, de una u otra forma, estos polticos han regido los destinos de la nacin.

La pobreza en que estos seores han sumido a este pequeo y desafortunado pas centroamericano es difcil de narrar, menos an caracterizar acertadamente mediante sortilegios estadsticos. El dao moral y material que le han producido a la nacin es intangible, mientras las prdidas producidas por su msera visin deben ascender a varios miles de millones de dlares, lo que est ligado a un atraso descomunal y un subdesarrollo generalizado, que abarca todas las esferas de la actividad humana. La sumisin ha guiado a toda la sociedad a ver hacia un horizonte enano, que nos condena al tercermundismo y la miseria intelectual, por esa razn sobresalen mercenarios del pensamiento que se atreven a auto denominarse intelectuales.

La carencia objetiva de un enfoque digno, hizo que el pas alcanzara rpidamente el mayor desarrollo de sus medios de produccin, sin que los mismos se hayan movido apenas en cien aos, lo que al final nos dio un capitalismo a medias, con rasgos feudales en muchos sectores del trabajo, con pocas posibilidades de sobrevivir al salto hacia el precipicio del neoliberalismo. La Honduras de los actos gloriosos que invocaron en la celebracin estn lejos de ser motivo de festejo para nuestro pueblo; por el contrario, una evaluacin rpida nos debe llevar a concluir, que esta gente pretende hoy que le demos las gracias por lo poco que hicieron en ms de cien aos, y nos olvidemos de lo que dejaron de hacer y los crmenes que en nombre de la democracia cometieron contra el pueblo que los eligi.

Aprendimos que la realidad objetiva existe fuera de nuestra consciencia; sin embargo, por cuestiones de conveniencia, estos polticos confunden la realidad con su enfoque subjetivo de la misma, olvidando que los resultados catastrficos que tenemos frente a nosotros, no dejan duda de lo que verdaderamente han hecho. Si tuvieran un poco de decencia, guardaran silencio y esperaran que la ya interminable indulgencia del pueblo dejara de pedirles cuentas por un siglo de oscuridad, pero no es as, pretenden seguir cultivando sus privilegios, pasndolos de generacin a generacin, como que fueran derechos divinos.

Afortunadamente, el pueblo tiene ahora la oportunidad de ajustar cuentas con la historia, sepultar toda la ignominia que encierran esos ciento y pico de aos de tragedia, y comenzar a escribir la historia que nos merecemos. No debemos dejar de ver el pas que tenemos, y recordar cada minuto a quien se lo debemos, entonces, que guarden el pastel los buitres y saquen la carroa, eso es lo que les corresponde.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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