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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2012

No son las finanzas, es el capitalismo

Jos Antonio Errejn
Rebelin


Es cada vez ms amplio el coro de voces que seala a la dominante poltica de austeridad y consolidacin fiscal como la responsable de haber metido a la UE e indirectamente al resto de las economas del mundo en una senda de recesin a la que ya se vaticinan peores perspectivas que a la producida en 2008.

La pregunta inevitable es a quin puede haber beneficiado este disparate de poltica econmica, ya que hasta los conservadores alemanes reconocen que ha puesto en peligro la salud de su saldo de exportaciones, lgicamente afectado por el estancamiento de sus clientes.

No creo exagerado sospechar que el capital financiero, principal causante de esta ltima parte de la crisis capitalista (en mi opinin, no pueden separarse las crisis financieras de las ltimas dcadas de la crisis de valorizacin de los aos setenta del pasado siglo, pero ese es otro cantar)y beneficiario principal de las subastas a inters negativo del BCE, se est beneficiando de la llamada desconfianza de los mercados que se ha venido traduciendo en la exigencia de ms altas rentabilidades para cubrir las emisiones de deudas pblica de los pases del sur y, recientemente, de Francia y Blgica.

En absoluto estoy planteando algo parecido a una conspiracin del capital financiero para someter a su dictado a los Estados y, con ellos, al conjunto de las poblaciones. La oposicin mercados financieros/Estados/democracia es sugestiva pero me parece que oculta ms de lo que describe. La denuncia de los mercados financieros, ms que una crtica del capitalismo, parece una nostlgica evocacin del capitalismo fordista regulado por el Estado providencia, cuando el mundo estaba en orden y la certezas sealaban a cada uno su sitio en la lucha de clases.

La experiencia histrica muestra que la aparicin de vastas masas de capitales especulativos y burbujas de crdito no han sido la causa de de ninguna crisis capitalista sino ms buen el producto de la desaceleracin del proceso de valorizacin en la economa productiva. En la que abre el largo ciclo en el que, en mi opinin, an estamos, ha sido el agotamiento de las reservas de productividad imputables al fordismo y su consiguiente reduccin de las tasas de ganancia, acentuada por los mayores costes de la fuerza de trabajo fruto del ciclo de luchas de los sesenta, la que ha empujado a los capitales excedentarios (p.ej. los petrodlares generados por las dos subidas del petrleo de los setenta) a emigrar a las finanzas en busca de las rentabilidades perdidas

Creo que lo mismo que toda emisin de deuda viene a representar un adelanto sobre la futura creacin de valor por la empresa que la emite, la emisin de deuda pblica se hace contra la promesa ms o menos incierta de generacin de ingresos por los Estados que la emiten.

De la misma manera que los capitales excedentarios de los setenta vagaron por los mercados en busca de rentabilidades que no encontraban en la llamada economa real y al final se colocaron en activos financieros, descontando as el futuro valor a crear, ahora los capitales que pretenden huir de los sectores en declive como la construccin residencial y el negocio inmobiliario tras el pinchazo de sus burbujas, buscan en la deuda pblica la rentabilidad que les permita mantenerse. Su problema es que una buena parte de los Estados, esta vez los ms desarrollados, dan seales de asfixia por el taponamiento de sus fuentes de recursos y la dificultad de encontrar un sector que haga de locomotora de las economas nacionales y global.

Los efectos de lo que en su momento se llam 3 revolucin industrial- la microelectrnica y la introduccin de las tecnologas de la informacin y la comunicacin-ha supuesto una inmensa operacin de expulsin de fuerza de trabajo y, por ello, de reduccin de la tasa de ganancia (que es funcin, no se puede olvidar, del capital variable representado por la fuerza colectiva de trabajo ocupada por los empresarios capitalistas). La operacin de lo que Marx llam las contratendencias a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ha visto agotadas sus posibilidades en la medida que el capital ha colonizado la prctica totalidad de las regiones y los pases del planeta sometindolos a su lgica implacable. En estas condiciones, la pregunta no es por qu estalla la crisis sino porqu no ha estallado antes y en forma todava ms intensa, habida cuenta los riesgos de desvalorizacin de estos capitales excedentarios. Y es aqu donde nos encontramos con la esfera financiera, una fase absolutamente normal en toda crisis capitalista, tal y como el propio Marx lo analiz con su concepto de capital ficticio.

La expansin de las finanzas, contra la que tantos progresistas honrados claman, ha sido la va de escape de un sistema global incapaz de encontrar nuevos sectores y regiones que impulsaran la acumulacin. En Espaa tras la recesin 1992-1994, los fundamentos de lo que se llam el milagro econmico espaol ha descansado en una alocada carrera d endeudamiento de hogares y familias, fundamentalmente en inversiones in mobiliarias, con los abundantes recursos financieros procedentes de la acumulacin capitalista centro europea, y hecha posible por la expansiva poltica monetaria de la UEM que ha dotado de prstamos a inters negativo a hogares y empresas.

La transferencia de inversiones desde la economa productiva a las finanzas no ha sido el resultado de una decisin consciente y premeditada de los capitalistas para fragmentar la fuerza del movimiento obrero y acabar con el Estado del Bienestar. Ni siquiera el consejo de administracin de la burguesa, el Estado al decir de Marx, ha sido capaz de planificar esta ofensiva en contra de los trabajadores que se prolonga desde hace ms de tres dcadas. Ha sido la tendencia objetiva de los capitales en busca de rentabilidades que no obtena en los sectores industriales lo que ha provocado su abandono, una vez que las tasas de ganancia en aquellos han comenzado a caer por efecto del incremento del aumento incesante de capital por unidad de producto y la disminucin del capital variable que constituye la fuerza de trabajo, al fin y al cabo la nica fruente de produccin de valor. Es verdad que esta tendencia ha sido reforzada en sus efectos por dos factores de gran influencia en los setenta: de un lado, el brusco aumento de los precios de la energa; y, de otro, el incremento de los costes de la fuerza de trabajo, por efecto del aumento de la combatividad obrera.

Los inversionistas, desde los ms pequeos ahorristas hasta los grandes inversores, han colocado sus fondos, en un comportamiento racional en la lgica capitalista, all dnde podan esperar expectativas ms altas de rentabilidad. Los bienintencionados esfuerzos de los gobiernos por inyectar recursos para estimular la demanda de productos, cuando ya haba comenzado el movimiento de migracin hacia las finanzas y la cada de la rentabilidad de las inversiones, no ha hecho sino amplificar los efectos de la crisis, aadiendo a los sntomas de estancamiento los de inflacin, lo que no ha hecho sino legitimar los discursos y las polticas de austeridad y ajustes, abriendo con ello la espiral de contraccin de la actividad, desempleo, incremento de los dficits pblicos de los que tan debilitado han salido el movimiento obrero y, en general, las polticas de izquierda, siquiera reformistas.

Ha sido el propsito de romper este crculo vicioso de austeridad y polticas neoliberales lo que ha llevado a muchas gentes de izquierda, incluso situadas en el campo anticapitalista, a postular polticas keynesianas de estmulo de la demanda orientadas a reactivar la produccin y la creacin de empleos. La vuelta a la primaca de la economa productiva generadora de empleos y recursos para financiar el Estado del Bienestar, recuperando la regulacin y el control del movimiento de capitales mediante instrumentos diversos de los que el ms popular es la Tasa Tobin

Es la vuelta a la economa productiva empujada hecha posible por una poltica recuperada para los ciudadanos, la solucin a la tremenda crisis que asola a los pases de la UE y con ellos al resto de las economas capitalistas?. Contestar en forma adecuada este interrogante exigira analizar en detalle cules podran ser las condiciones en las que esa recuperacin ciudadana de la poltica podra hacerse realidad orientando la actividad econmica hacia el crecimiento y la inversin productiva. Las condiciones presentes en estas latitudes y a pesar de la inyeccin de vigor ciudadano que ha representado el 15M, no parecen ir por ah, como demuestra el apoyo mayoritario recibido por un partido como el PP que no tiene el menor empacho en reconocer, no con discursos sino con polticas concretas (ver RD leyes de 30 de diciembre y 4 de febrero), la vuelta de la poltica econmica al fomento de los sectores motores del crecimiento a finales de los noventa y principios de este siglo, el sector inmobiliario y la construccin.

En el mbito internacional es, cuanto menos, dudoso este cambio de orientacin. No parece previsible que los Estados en la UE, an si estuvieran pilotados por gobiernos progresistas, puedan jugar un papel distinto al jugado hasta la fecha en un contexto en el que las previsiones de todas las instituciones especializadas anuncian un par de aos especialmente duros de retroceso en el crecimiento, incluso para aquellos pases como los BRIC, que se libraron de los efectos de la crisis del 2008.

China no podr ejercer el papel de sustituto de la economa USA en su funcin de locomotora de la economa global por causa de sus crecientes problemas relacionados con la aparicin de una tarda pero muy intensa burbuja i mobiliaria y por el recalentamiento de su economa que obliga a las autoridades a aplicar medidas de contencin en el consumo que frustran las esperanzas de su emergente clase media.

La otra gran economa exportadora, Alemania, se va a ver cada vez ms amenazada por los problemas del euro que tan decisivamente ha contribuido a crear con su tozuda poltica de austeridad. A estas alturas es, incluso dudoso que una poltica abiertamente de demanda orientada a fomentar la recuperacin del consumo a travs de aumentos salariales complementadas con incrementos en las pensiones y otras prestaciones pblicas pudieran alterar significativamente el panorama.

As que parece lo ms probable que asistamos a un perodo en el que se profundizarn an ms las polticas de ajuste, se detriorarn ms las condiciones de trabajo y salariales para ofrecer seguridad a los tenedores de deuda y para poder financiar el coste de la reestructuraciones bancarias recientemente aprobadas en sedes comunitaria y estatal y tendentes a operar una fuerte concentracin de las entidades d crdito de la UE para aumentar su competitividad en el mercado global del crdito.

En tan sombro cuadro cualquier noticia que pueda aadir incertidumbre a las maltrechas economas nacionales y global puede desatar una autntica oleada de pnico, al tiempo que puede servir de justificacin a los seores de la guerra en Israel y Estados Unidos para intentar un golpe de mano que ayude a reequilibrar el juego de fuerzas en Asia central; y, desde luego, las amenazas iranes de cerrar el estrecho de Ormuz pueden servir para ambas funciones. La cotizacin del barril por encima de los cien dlares y la continua cada del tipo de cambio del euro respecto al dlar pueden ahondar la recesin en aquellas economas que como la espaola, dependen mucho de las importaciones petrolferas.

De fondo estar, una vez ms en la historia norteamericana, el peso y la influencia del complejo militar industrial para jugar sus bazas de recuperacin de influencia en la Casa Blanca y en el conjunto de la escena geopoltica global.

Histricamente el capitalismo ha transportado el germen de la guerra, con mayores probabilidades cuanto ms agudas han sido sus crisis. La desaparicin de su exterior, aliviadero socorrido en ocasin de sus frecuentes crisis de sobreproduccin, aumenta la sensacin de asfixia del sistema. El recurso a la deuda de Estados, empresas y hogares ha sido la va de escape que permitido salir de las recesiones a golpes de crditos cada vez ms voluminosos.

El cierre del crculo de estos comentarios expresa bien el del crculo vicioso, la espiral infernal en la que el capitalismo arrastra al conjunto de nuestra especie. No hay muchas razones para el optimismo pero las hay menos para confiar en las salidas dentro de la lgica que nos ha conducido a esta situacin. La lgica del capitalismo, tanto el de la poca fordista cuya crisis abri el paso al capitalismo neoliberal, cmo este ltimo ahora tambin igualmente en crisis. La lgica de la produccin para obtener beneficio, dinero, capital, sin importarle la satisfaccin de las necesidades de las personas, el cuidado del medio ambiente, la dignidad y la convivencia de las sociedades humanas.

No hay certezas, ni lneas correctas desde las que nadie pueda descalificar a nadie, solo el pensamiento, la voluntad y la urgencia de acabar con esta iniquidad de relaciones sociales que nos conducen a la degradacin y a la muerte cotidiana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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