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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2012

Baltasar Garzn y la trampa de la Transicin

John Brown
Iohannes Maurus


Je suis la plaie et le couteau ! Je suis le soufflet et la joue ! Je suis les membres et la roue, Et la victime et le bourreau ! (Soy la herida y el cuchillo! Soy la bofetada y la mejilla! Soy los miembros y la rueda del tormento y la vctima y el verdugo.) Charles Baudelaire L'hautontimoroumnos (el verdugo de s mismo)


Puede decirse, con la distancia de ms de treinta aos que hoy nos separa de ella, que la Transicin espaola fue una trampa para las mayoras sociales y para las fuerzas que quisieron sustituir el rgimen franquista por una democracia efectiva. Una trampa es, en efecto, un dispositivo en el que es muy fcil entrar y del que resulta difcil o incluso imposible salir. La liga en que se posan los pjaros atraidos por la comida, o la ratonera que se cierra sobre el ratn que acude al olor del queso son ejemplos comunes de trampas, pero tal vez la mejor trampa es la ms sutil, la ms ligera y casi inmaterial: la red. Cuando los peces entran en la red, esta los acoge sin violencia: slo cuando intentan liberarse de ella quedan apresados en las mallas de manera que ya no pueden moverse. As nos cogi la transicin. Lo ms fcil para unos movimientos sociales dbiles y desorientados y unas direcciones polticas de la izquierda ms ambiciosas en lo personal que decentes en lo poltico era aceptar la oferta del rgimen: legitimacin de las estructuras y cargos fundamentales del Estado del 18 de julio y de su continuidad legal a cambio de una transformacin interna de ste que diese un lugar a las direcciones de los partidos y sindicatos de la oposicin dentro de un marco de poder ampliado. Inicialmente el coste de eta opcin no pareca excesivo. A pesar de los centenares de muertos y los miles de heridos en manifestaciones en el quinquenio posterior a la muerte de Franco y de las acciones armadas de ETA, la transicin hacia un rgimen de libertades controladas fue relativamente "pacfica" si se compara con la caida del Shah en Irn o la de Somoza en Nicaragua. Bastante menos si se toma como punto de comparacin la revolucin postuguesa que s represent una autntica ruptura con el rgimen anterior y que se realiz sin muertes (salvo la de una agente de la PIDE que se suicid). Todo es relativo.

El rgimen se convirti as, por un lado en una partitocracia en la que la vida parlamentaria est secuestrada por las direcciones de los partidos polticos que hicieron la transicin y en una "democracia antiterrorista" que mantiene, renovndolo, el conjunto de los cuerpos represivos y de las leyes y tribunales de excepcin de la fase anterior. La excusa ideal para mantener este aparato fue la -a menudo brutal y polticamente absurda- lucha armada de ETA, pero la legislacin de excepcin y sus instancias judiciales podan utilizarse tambin en cualquier momento contra cualquier ciudadano. Las clases dominantes espaolas que en algn momento llegaron a concebir temor por la "incertidumbre" de la transicin podan dormir tranquilas: all estaba el rey que puso Franco, alli estaba su fiel Fraga Iribarne, all estaban la polica y el ejrcito de la dictadura intactos, alli estaba tambin la pieza ms sensible del aparato judicial, el Tribunal de Orden Pblico sucesor del Tribunal de Represin de la Masonera y el Comunismo y denominado ahora Audiencia Nacional. El poder social perteneca a los de siempre con el aadido de algunos advenedizos que hicieron fortuna con la transicin. A los de siempre vinieron a juntarse los "para siempre", uniendo ntimamente sus intereses a los del rgimen.

En cuanto a la monstruosa represin franquista, rayana en el genocidio en sus primeros aos y mantenida como signo de identidad a travs de un largo rosario de asesinatos legales (Grimau, Puig Antich, los cinco de 1975 etc.) y de actos sistemticos de tortura tuvo que desaparecer de la memoria oficial. Toda responsabilidad qued borrada por la ley de amnisita. A cambio, otros personajes como Santiago Carrillo no tendran que dar cuenta ante la justicia de sus responsabilidades en crmenes de guerra y, en concreto, en el asesinato masivo de presos del bando franquista en Paracuellos del Jarama que Paul Preston ha documentado en un libro reciente. El holocausto espaol del que habla Preston qued as saldado y se fortaleci el mito de que los centenares de miles de muertos eran el resultado del encono y el odio propios de una guerra civil en la que "ambos bandos fueron igualmente reponsables". Esta versin ha quedado enteramente demolida por los ms recientes trabajos de historiadores del perodo que han demostrado con abundante documentacin que, si bien la violencia del lado republicano obedeca a los "excesos" propios de una guerra civil, las matanzas franquistas formaban parte de un plan de exterminio premeditado. El exterminio franquista de los "rojos" era, en efecto, como demuestra Gustau Nern en La guerra que vino de frica una matanza colonial operada por el ejrcito africanista y sus oficiales sobre unos espaoles republicanos que los oficiales de Franco llegaron a denominar "los moros del norte". El abandono de la memoria histrica a los vencedores del 39 fue tambin una de las gravsimas concesiones efectuadas por la izquierda mayoritaria en la transicin.

La trampa de la transicin surti sus primeros efectos en los pactos de la Moncloa en los que las direcciones sindicales y polticas de la izquierda decidieron "luchar contra la inflacin" conteniendo el aumento de los salarios que trajo consigo la libertad sindical. La misma trampa volvi a capturar los cuerpos y las mentes de la poblacin, cuando, el 23 de febrero de 1981, apoyaron a un rey que, como mnimo vi con simpata el intento de golpe de Estado, como salvador de la "democracia".Tras un golpe no tan fallido y que haba sido precedido por la defenestracin de un Adolfo Surez que se haba tomado demasiado en serio la democratizacin del pas, el PSOE aplic en buena parte el programa de los golpistas frenando el desarrollo autonmico, organizando una respuesta legal e ilegal contundente frente a las acciones de ETA y poniendo en marcha la contrarrevolucin neoliberal. La poltica, que pareca haber ganado un cierto espacio en los primeros aos de la transicin se vi engullida por una gestin partitocrtica y esencialmente bipartidista del rgimen (transfranquista y capitalista) que consigui su objetivo: mantener a raya a la poblacin.

El juez Baltasar Garzn que hoy juzga el Tribunal Supremo por varios presuntos delitos de prevaricacin fue uno de los mximos paladines de la democracia antiterrorista. Sus diversos sumarios contra ETA, pero tambin contra el independentismo poltico vasco cimentaron su carrera de juez. En estos sumarios, el "juez estrella" se tom, al amparo de las leyes de excepcin y de cierto consenso pblico antiterrorista, todas las libertades posibles en cuanto a conculcacin del derecho de defensa y en cuanto al uso "creativo" de los tipos delictivos. El resultado es la presencia, an hoy en las crceles espaolas de verios centenares de presos polticos vascos que nunca tuvieron que ver con la preparacin de ningn atentado y cumplen condena debido a la aplicacin de leyes de excepcin que establecen antijurdicamente una analoga entre los atentados y otras conductas con idnticos fines polticos. La aplicacin de la "analoga" al derecho penal por parte de Garzn y sus colegas de la Audiencia Nacional viola los principios bsicos de todo ordenamiento jurdico liberal. Rara vez en un rgimen que se denomina "democrtico" se ha hecho un uso tan extenso de la amalgama en materia de derecho penal como el que hizo Baltasar Garzn con su famosa teora del "entorno". En cuanto a las alegaciones de tortura de muchos de sus encausados, jams se dign Garzn a investigarlas seriamente.

Este juez desmesuradamente politizado, pretendi convertirse en defensor de la democracia contra las dictaduras encausando al viejo dictador chileno Augusto Pinochet por delitos de genocidio. La cosa tena algo de humor involuntario, pues el juez que persegua al dictador chileno autor de la muerte de 3000 de sus ciudadanos era el representante de la continuidad legal e institucional de un rgimen que haba exterminado friamente en sus momentos fundacionales a ms de 300.000 ciudadanos y haba acogido con todos los honores al mismo Pinochet cuando ste acudi al funeral del general Franco. La causa contra Pinochet no sigui adelante, en parte por defectos del sumario, pero tambin por las presiones polticas internacionales, y el sanguinario "Tata" pudo morir en su pas y en su cama. Tras hacerse famoso gracias a la causa contra Pinochet, Garzn sigui persiguiendo a integrantes de la izquierda abertzale y de otros sectores de la izquierda radical , cerrando peridicos, prohibiendo organizaciones polticas y culturales, etc. en nombre de la defensa del Estado de derecho. La incoacin por parte de Garzn de un sumario sobre las matanzas y desapariciones del franquismo pareca confirmar su toma de partido contra todas las dictaduras y en favor de la democracia. Muchas esperanzas de familiares de desaparecidos y asesinados se depositaron en l. Tras instruir un primer sumario con excelente documentacin aportada por prestigiosos historiadores, abandon sin embargo el caso al no considerarlo competencia de la Audiencia Nacional. Esto no impidi al pseudosindicato "Manos Limpias" y a Falange espaola acusar a Garzn de prevaricacin por haber aceptado la causa. Investigar los crmenes del franquismo no tendra sentido segn estos grupos derechistas, pues los crmenes ya habran prescrito y Garzn slo habra aceptado instruir este sumario por razones polticas.

Hoy, el Tribunal Supremo ha juzgado a Baltasar Garzn por otra causa: las escuchas de Grtel. En flagrante violcin del derecho de defensa, Garzn habra ordenado que se escucharan algunas de las conversaciones de los acusados en el sumario Grtel con sus abogados. Esto, es una prctica ordinaria cuando se trata de la izquierda abertzale, pero si se aplican los mismos mtodos a los poderosos, a personas que tienen relaciones directas con el PP y, de forma ms indirecta, con la familia real, los poderosos encausados encausan al juez. Se ha visto exactamente lo mismo en el caso del yerno del rey, Iaki Urdangarn, contra cuyo juez se ha abierto recientemente una investigacin. En el caso de las escuchas de Grtel, Garzn ya ha sido condenado a 11 aos de inhabilitacin. Grande ha sido el revuelo en la izquierda oficial. Ciertamente, sorprende que el primer condenado del caso Grtel sea el propio juez, pero esta condena, perfectamente justificada, debe servir para compensar un fallo ms "clemente" en la causa relativa a los crmenes del franquismo, en la cual una condena excesivamente supondra un autntico escndalo internacional nocivo para la imagen del rgimen.

En cualquier caso, es un buen ejemplo de cmo funciona la trampa de la transicin la imagen de los dirigentes de izquierda y de una parte de la poblacin de izquierda apoyando a Baltasar Garzn con consignas y canciones como "Yo estoy con Garzn". Como si la causa de este burcrata judicial del propio rgimen pudiera tener alguna conexin con la justicia que reclaman los familiares de centenares de miles de vctimas. Las manifestaciones en torno a este muy medtico juicio son una buena ocasin para promover la causa de la verdad histrica en un sistema poltico basado en la "negacin" de un genocidio, pero todo apoyo a Garzn como paladn de la verdad y la justicia es peligroso. Cada vez que se apoya al juez que elabor la doctrina del "entorno" se apoya al conjunto de instituciones y normas que se edificaron sobre las cunetas rellenas de cadveres y sobre la cancelacin de su memoria. Apoyar a Garzn es incluir toda poltica en el rgimen, no salir de un sistema que no puede hacer justicia ni al pasado ni al presente, renunciar a romper con el rgimen de las cunetas. Las dos Espaas existen, pero hoy por hoy, la otra, la democrtica que no se atreve a ser republicana, est presa en la trampa de la transicin: cuando ms se esfuerza por salir de la red, ms se ve atrapada en ella. Para salir de esta trampa hay que colocarse fuera de ella negando toda legitimidad al rgimen criminal del 18 de julio: hace falta para ello otro 14 de abril, seguido de un largo y potente 15M.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2012/02/baltasar-garzon-y-la-trampa-de-la.html?spref=fb


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