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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2012

Una primera y falaz sentencia que cubre aunque no esconda una abisal infamia poltica

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Desaprobar y criticar sin ambages la sentencia contra Baltasar Garzn no implica de ninguna de las maneras aprobar o admirar toda su trayectoria jurdica -s algunos nudos imborrables, el caso Pinochet por ejemplo, que no eliminan otros muy poco presentables en mi opinin- ni, claro est, su trayectoria y posiciones polticas que no viene al cuento ahora recordar.

J. A. Martn Palln [1] ha sealado un nudo esencial de lo ocurrido: Se le dice a los jueces que la interpretacin de la jurisprudencia puede ser prevaricacin. No se sabe qu puede pasar con el trabajo cotidiano de los magistrados a partir de la sentencia que inhabilita a Garzn por 11 aos. El Supremo ha sentado un precedente peligroso. Juega con fuego. Tal vez no les importe.

Mercedes Garca Arn, catedrtica de derecho penal de la UAB, de cuya prudencia y moderacin es difcil dudar, ha transitado por la misma senda que el ex magistrado del Supremo: Por mucho esfuerzo que se haga es evidente que no logra sostenerse la acusacin de prevaricacin que slo es posible cuando la actuacin del juez es completamente insostenible, sin ninguna posible explicacin jurdica. Es evidente que nunca puede darse este supuesto cuando la misma decisin ha sido avalada despus por otro juez instructor, por la fiscala y por un magistrado en un voto particular y slo se persigue a uno de ellos.

Jaume Asens, un jurista y activista imprescindible donde las haya, ha iluminado tambin la situacin: Lo que hay en la sentencia es un mensaje para todos los jueces: cuidado con lo que hacis porque si os saltis el guin os arriesgis a que se os considere prevaricaciones. La sentencia es un ataque a la independencia de los jueces. No es slo eso desde luego. Se consolida una doble vara de medir en Derecho Penal. Una, exquisita para los amigos, y la otra, dursima, para los adversarios. An ms y apuntando directo a la diana: Lo que los jueces del Tribunal Supremo [hay que seguir llamndoles jueces?] han dejado claro es que es un peligro investigador a los poderosos. Y lo que ya es el colmo es que la sentencia coincida adems con que el Poder Judicial est investigando al juez que instruye la causa de Iaki Urdangarin. Vemos como se enlazan los hilos?

Es la crnica de una muerte anunciada, ha declarado Hernn Hormazbal, a nadie ha sorprendido, no hay rastro jurdico de prevaricacin, una sentencia, en sntesis, que es un sinsentido que no tiene ni pies ni cabeza. Este catedrtico de Derecho Penal ha sealado, en mi opinin, uno de los vrtices (algo oculto y ocultado) de la operacin poltico-jurdica, del desaguisado antidemocrtico en marcha: el Supremo, no cualquier tribunal, necesitaba una sentencia condenatoria antes de la causa de la memoria histrica y, aunque est completamente fuera de lugar, la de las escuchas es la nica que tena posibilidades de construirse desde un punto de vista tcnico. No est nada mal la hiptesis.

No hay que quitar valor a la sentencia en s misma Asens ha apuntado con acierto, como se indic, hacia la corrupcin, los poderosos y este cortijo en manos de 200 familias al que llamamos Espaa- pero no hay que desechar que el crculo se cierre con el otro punto: el de la memoria histrica, el intento de Garzn -con el admirable y tenaz apoyo de Asociaciones y familiares- de adentrarse, con pies de plomo ciertamente, en aguas turbulentas y prohibidas, en un territorio intocable lleno de desaparecidos, asesinatos, tiros en la nuca, cunetas, juicios militares fascistas, cadveres arrojados de cualquier forma, nios robados y as siguiendo. El drama contina, peor imposible. Por ah no: los hijos o nietos de asesinados tenemos que seguir sin saber donde estn nuestros familiares y/o tenemos que seguir siendo nietos o hijos de delincuentes -que sigue siendo considerados como tales- que cometieron el delito imperdonable de defender la Repblica, en muchas ocasiones sin pegar un solo tiro, y luchar contra la gran cruzada franquista nacional-catlica.

Algunas perlas para finalizar que valdra la pena fijar bien nuestra memoria: No hay ninguna valoracin poltica que hacer Alberto Ruiz-Gallardn. Demuestra [la sentencia] que el fin no justifica los medios, doa Esperanza Aguirre. En lo personal lo lamento; en lo institucional, la sentencia hay que respetarla y acatarla, Guillermo Fernndez Vara. El Partido Socialista respeta y acata la sentencia de todo tribunal y si se trata del Tribunal Supremo espaol, si cabe, todava ms, Julio Villarrubia, portavoz socialista de Justicia. La justicia es igual para todos, Rosa Dez. Se compartir o no, pero se respeta profundamente, Josep A. Duran i Lleida. Tal como son.

Cayo Lara ha declarado que fue ayer un da triste para los demcratas. Se entienden sus palabras y no es que uno est siempre de acuerdo -ms bien todo lo contrario- con aquel lema de contra peor, mejor, pero en este caso, hay miles y miles mucho menos conocidos, la (in)justicia institucional espaola se ha quitado la venda de los ojos a la luz pblica y esto, bien mirado, no est mal del todo. Quien despus de lo sucedido siga creyendo en el equilibrio, la ecuanimidad, la prudencia, la consistencia, la honestidad de la justicia espaola, pues tal vez no tenga remedio: no hay hechos que refuten teoras, principios o dogmas, sino hechos interpretados segn esas mismas pseudoteoras, dogmas sesgados y principios grouchomarxianos. Segn Pablo Larena, portavoz de la Asociacin Profesional de la Magistratura, La sentencia era esperada porque el auto tiene una gran solidez jurdica... El fallo demuestra que Espaa es un Estado de derecho en el que el Tribunal Supremo enjuicia, nada ms y nada menos, con equidistancia y neutralidad.

Nota:

[1] Tomo las informaciones y declaraciones de los artculos de Pere Rusiol, Iigo Aduriz, ngeles Vzquez y M. A. Marfull aparecidos en Pblico, 10 de febrero de 2012, pp. 2-8.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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