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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2012

Paisajes neocoloniales de la minera transnacional en NuestrAmrica

Horacio Machado Aroz
Rebelin


Los primeros meses de 2012 se abrieron en el Noroeste Argentino con la intensificacin del crnico conflicto que atraviesa a nuestras sociedades por la instalacin de megaproyectos de minera metalfera a gran escala. Los detonantes de este nuevo ciclo de resistencias populares fueron, otra vez, las arremetidas del poder gubernamental, que insisten en llevar adelante proyectos extractivos en contra de la voluntad de sus poblaciones. Primero, el levantamiento del Pueblo de Famatina, amenazada por un nuevo contrato de exploracin entre el gobierno de La Rioja con la canadiense Osisko Mining Co. Luego, los bloqueos selectivos que en distintos puntos de la ruta minera cicatrizada en la provincia de Catamarca se levantaron con la intencin de impedir el suministro de los insumos txicos a Minera Alumbrera, una empresa controlada por la gigante suiza Xstrata. Estos bloqueos fueron la modalidad de protesta adoptada ante el inicio de las exploraciones de Xstrata de un nuevo proyecto, Agua Rica, distante a 35 km de Alumbrera y que cuenta con una histrica y mayoritaria resistencia del pueblo de Andalgal.

Tras ms de veinte das de bloqueos, ante el escenario de paralizacin de las actividades de la transnacional Xstrata, el poder represivo del Estado no se hizo esperar: violento desajolo de los bloqueos en Santa Mara, Aimacha del Valle, Beln; aplicacin de la ley anti-terrorista recientemente sancionada por el congreso de la Nacin, bajo las instrucciones de Washington; y violenta represin de fuerzas especiales de la polica de Catamarca contra los pobladores de Tinogasta que mantenan la medida de protesta en la Ruta Nacional N 60. Varones, mujeres, adultos, ancianos, nios, adolescentes, familias enteras, alrededor de un millar, de una localidad de 10000 habitantes, fueron indiscriminadamente blanco de balas de goma, gases lacrimgenos y bastonazos por parte del Grupo Kuntur y la guardia de Infantera de la polica provincial Ac en el Norte argentino, tiene lugar el desarrollo de una escena que se replica trgica y montonamente a lo largo de toda regin mineralgica de NuestrAmrica: la violencia represiva del Estado usada en contra de sus propios ciudadana/os para viabilizar el inters depredador del capital transnacional Triste paisaje del colonialismo de nuestros das, donde la devastacin ecolgica se consuma con la expropiacin poltica y la represin.

En el breve lapso que se desarrollaron los bloqueos selectivos ac, en Catamarca, el modelo minero transnacional se carg tres (nuevos) muertos en Amrica Latina: Bernardo Mndez, en San Jos del Progreso (Oaxaca, Mxico), Jernimo Rodrguez Tugri y Francisco Miranda, del pueblo originario Ngb-Bugle (Panam). En distintas circunstancias, fueron vctimas de los mismos intereses y factores de poder: Bernardo, asesinado por un grupo paramilitar comandado por el Presidente Municipal por intentar impedir la concesin de agua a la minera canadiense Fortuna Silver Mines Inc.; los hermanos del pueblo Ngbe-Bugle, asesinados durante una represin ordenada por el presidente Martinelli a un bloqueo de la carretera Intercontinental en oposicin a un proyecto minero en territorio de sus comunidades. A ellos, hay que sumar un largo centenar de heridos, y encima, judicializados. Si tambin tuviramos en cuenta la cantidad de personas que fueron reprimidas en Cajamarca (Per) por oposicin al proyecto Conga (de la empresa Yanacocha, contralada por la norteamericana Newmont), las vctimas se contaran por millares. All, en el norte del Per -como Beder en La Rioja- Ollanta Humala hizo campaa diciendo proteger las cuatro lagunas altoandinas amenazadas por el proyecto minero y prometiendo decretar su inviabilidad. Ahora, siendo presidente, cambi su postura: Conga se hace s o s, dijo, y lanz una fuerte escalada represiva que incluy la militarizacin el dictado del estado de y la excepcin y la militarizacin de la regin.

No slo ac, en nuestro pueblito chico, sino a lo largo de toda Amrica Latina, la minera transnacional a gran escala genera resistencias populares, por los devastadores impactos de su voraz metodologa extractiva que implica la voladura de cerros enteros, la destruccin de acuferos y ecosistemas, y el consumo descomunal de agua y energa. En toda Amrica Latina, vemos tambin el mismo paisaje poltico: gobiernos e instituciones estatales, funcionando como capataces de las transnacionales, usando la fuerza pblica para reprimir las resistencias. Ganando elecciones con clientelismo o falsas promesas; luego, ms all de toda ideologa, gobernando para las empresas. Lo hacen, dicen, para combatir la pobreza; para fomentar el progreso Es que es la nica va que tenemos para desarrollarnos, afirman

Desde que fue descubierta, NuestrAmrica naci subdesarrollada; se nos conquist para civilizarnos, pues ramos una tierra de brbaros y salvajes; desde que nos independizamos, las clases dirigentes y patricias han gobernado persiguiendo el desarrollo; han construido y destruido en nombre del desarrollo; han prosperado (ellos) y han empobrecido (a las mayoras); han dictado leyes y han matado en nombre del desarrollo Cuanto ms esfuerzos y recursos se invierten en pos de l, tanto ms subdesarrollados nos hacemos

Es que el desarrollo es el nombre de la colonialidad, ese estado mental, afectivo y poltico en el que la dominacin y la depredacin de nuestras energas vitales, de nuestras riquezas y de nuestros sueos no precisa ya de fuerzas de ocupacin extranjeras, ni de virreinatos; se administra ms econmicamente (como quera Jeremy Bentham en su Manual de Economa Poltica, de fines del siglo XVIII). Los colonos son celosos guardianes de nuestros intereses, no implican ningn costo a las finanzas de la metrpoli y son incluso ms decididamente violentos con su propio pueblo que los mismos (y onerosos) ejrcitos de ocupacin As, Bentham instaba a la corona britnica a cesar en su poltica de imperialismo militarista; el libre comercio, las finanzas y los encantos de la inversin del capital podran hacer todo mucho ms barato y ms civilizadamente

En pleno siglo XXI, seguimos inmersos en ese viejo trauma colonial; slo que ahora, tras ms de cinco siglos de desarrollismo voraz, estamos llegando a un estadio definitorio de agotamiento del mundo. La crisis climtica, la crisis energtica mundial y la drstica reduccin del stock de recursos no renovables (entre ellos, las fuentes de agua, los hidrocarburos y los minerales) plantean un escenario geopoltico para nada pacifista. La guerra, motor impulsor del desarrollo de Occidente, est ms extendida y diversificada que nunca. No hablamos slo de las convencionales; los colonos ahorran esas barbaridades a los centros de poder mundial; llevan adelante una cotidiana guerra de intensidad variable, que nos va acostumbrando a niveles crecientes de violencia y (auto)destruccin La ilusin desarrollista se acompaa cclicamente de momentos de auge, donde la plata dulce y el consumismo de las novedades tecnolgicas va anestesiando las sensibilidades colectivas sujetas-a-expropiacin

A la expropiacin de nuestras fuentes de agua, de nuestra energa y recursos minerales, le sigue la expropiacin poltica: la expropiacin de derechos y la defraudacin de la voluntad popular. Sistemticamente vemos a los partidos polticos ganar elecciones prometiendo defensa de las fuentes de agua, proteccin de derechos, y recurrentemente los vemos despus defraudar esas promesas en nombre del desarrollo La oficialidad del poder asume el discurso de las empresas: es que las inversiones son necesarias para generar empleo y activar la economa Oponerse a las explotaciones es, en el lenguaje del poder, fundamentalismo El extractivismo senil persigue a los pobladores tildndolos de ecologistas ingenuos; oscurantistas, ignorantes, eco-terroristas, hasta aliados de los poderes del imperialismo(?!!)

La expropiacin poltica se consuma en estas tierras donde el extractivismo es poltica de estado. Oficialistas y opositores terminan defendiendo la minera transnacional a gran escala como una poltica de estado. Pero entendamos bien, ac la expresin no alude a la existencia de un amplio consenso mayoritario y transparente, a un mandato de la voluntad popular que es respetado por todo el arco poltico-partidario; ac, la minera como poltica de estado significa que en estos territorios gobiernan las grandes corporaciones transnacionales; que nada ni nadie puede ir contra sus intereses; que stos, son poltica de estado.

As, los gobiernos, ms all de sus diferentes adscripciones partidarias e ideolgicas, terminan avalando la depredacin y ejecutando la represin. Ganan elecciones prometiendo acabar con la represin y el saqueo, pero, ms temprano que tarde, terminan reprimiendo

La represin parece ser un acto reflejo, ms cuando de defender los intereses de las grandes empresas se trata Es que, en contextos (neo)coloniales de depredacin, la represin no es un exceso; es una necesidad. La violencia represiva del estado es el recurso ltimo al que apela la oficialidad del poder. Dosis diversificadas y variables de asistencialismo, de resignacin y de represin configuran la ecuacin de gobernabilidad del coloniaje administrado por colonos Parece que Bentham tena razn: esto es ms eficaz y ms barato que el colonialismo a secas Lo que no calcul bien el filsofo londinense es el costo de las rebeliones internas

Afortunadamente -lo digo como deseo y por conviccin-, tenemos alternativas No tenemos por qu resignarnos a ser el open pit y los diques de colas para la industrializacin de China, India y los pases del Norte Ms que crear vas alternativas de desarrollo, necesitamos y podemos crear alternativas al desarrollo otro desarrollo

El destino minero es un destino colonial. Pero lo que se pretende imponer como tal, no es una fatalidad. Podemos cambiarlo. Necesitamos hacerlo. Desde lo ms profundo de NuestrAmrica, la resistencia histrica al colonialismo re-surge con renovada fuerza Los nuevos salvajes que se oponen al progreso crecen da a da en comunidades campesinas, pueblos originarios, asambleas de vecinxs, movimientos de estudiantes y trabajadores Imaginando, soando y construyendo un nuevo futuro Un futuro radicalmente otro...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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